El proyecto más ambicioso de San Martín por Mabel Crego

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“EL CRUCE DE LOS ANDES” el proyecto más ambicioso de San MartínCuando estuve en Mendoza y el avión comienza a descender, tuve oportunidad de ver esos inmensos picos con nieve eterna que me maravillaron por su majestuosidad. Pero  es difícil imaginar, para los años 1816 – 1817 un gigantesco ejército (el mayor de toda América), atravesar esos desfiladeros, precipicios y heladas cumbres a 5423 hombres (entre oficiales, soldados; auxiliares y civiles) 9280 mulas, 1500 caballos, 600 reses en pie para ser faenadas en el camino, con todo su parque, artillería, cañones y pertrechos de guerra.

San Martín entendió que habían fracasado todos los intentos de derrotar a los realistas por el camino del Alto Perú y, tomando muy en cuenta un plan elaborado en 1800 por el militar inglés Thomas Maitland, decidió que la estrategia más efectiva consistía en cruzar la cordillera, con la ayuda de los patriotas chilenos, liberar Chile y de allí marchar por mar hacia Lima y, en combinación con Simón Bolívar, terminar con la base del poder español en América.

Sólo la mente de San Martín tenía en cuenta,  además de la gran despoblación de la zona, la falta de caza, pastos, de caminos y mapas de la región, la función primordial de organizar todo un pueblo y entrenar militarmente a miles de paisanos. Camogli revela cuántos carpinteros, herreros, hojalateros, talabarteros, rienderos, sastres, mujeres y niños trabajaron para lograr el sueño de realizar tan grande empresa, sobre la base de los dos únicos núcleos de tropas que existían en Mendoza: el Cuerpo de Auxiliares de Chile, al mando del coronel Gregorio de Las Heras  (que fue llevado a Mendoza después de la derrota de Rancagua, en 1814) y las milicias cívicas de la provincia, agrupadas en dos cuerpos de  caballería y dos batallones de infantería denominados Cívicos Blancos y Cívicos Pardos (hubo muchos esclavos negros que se alistaban en el ejercito para conseguir su libertad, otros fueron “donados“ por sus dueños como aporte a la causa libertadora).

soldadosEn todo momento las fuerzas reclutadas recibían una cuidadosa instrucción, dirigida  personalmente por el general San Martín, la que se intensificó a mediados del año 1816. Se estableció un campamento en el paraje llamado El Plumerillo, pocos kilómetros al noroeste de Mendoza. En el frente del campamento se despejó un gran terreno que se destinó como plaza de instrucción y, hacia el oeste, se construyó un tapial doble, como espaldón de tiro.

Al finalizar el año 1816, la instrucción militar, había alcanzado un grado de perfeccionamiento no igualado, hasta entonces, por ejército americano alguno. Esta estructura bélica se completó con un Cuartel General, con el Estado Mayor (creado el 24 de diciembre de 1816), con las especialidades (barreteros de minas, arrieros y baqueanos) y con los servicios de vicaria castrense, sanidad, remonta, justicia, aprovisionamiento y custodia de bagajes.

Organizó su ejercito en dos divisiones, una al mando del general Miguel Estanislao Soler y otra al mando del general chileno Bernardo de O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Otra división ligera, que cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada con el objetivo de apoderarse de la ciudad chilena de Coquimbo, iba al mando de Juan Manuel Cabot. Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina. Por el Sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas lideradas por Manuel Rodríguez.

San Martín utilizó métodos de espionaje y engaño del enemigo llamados «guerra de zapa» durante sus campañas. El cruce de la cordillera se iba a hacer por los pasos de Los Patos y Uspallata pero para ello se necesitaba planos. Decidió enviar a Chile ejércitoal mayor tucumano, José Antonio Álvarez Condarco (que dibujaba muy bien y tenía una memoria increíble) por el Paso de los Patos, que se suponía, era el más largo, con una copia de la declaración de Independencia de las Provincias Unidas para el gobernador español de Santiago, Marcó del Pont, (sabiendo que esto provocaría su enojo, pero era la oportunidad de conocer cada paso y piedra del camino). A su regreso Condarco hizo un mapa minucioso y detallado de cada uno de los pasos y desfiladeros de la cordillera para entregar al libertador. San Martín escuchaba atentamente a su “baqueano” el chileno Estay que conocía, cada sendero de la cordillera y también tenía hábiles espías disfrazados.

San Martín pensaba que los auténticos dueños del país eran los pueblos originarios de América y se refería a ellos como «nuestros paisanos los indios”. Esto se expresaba, por ejemplo, en el nombre dado a su organización política: La Logia Lautaro, que tomaba su nombre de un guerrero araucano que encabezó la rebelión contra los españoles. Antes de cruzar los Andes se reunió con caciques pehuenches al pie de la cordillera y les solicitó permiso para pasar por sus tierras, porque «ustedes son los verdaderos dueños de este territorio».

Mientras aumentaba el ejército, se presentaban problemas de difícil solución, pues había que vestir a las tropas y poner en condiciones de uso al armamento que, en su mayor parte, se hallaba en mal estado. Escaseaban, además, la pólvora y las municiones, y se carecía de medios para proveerse de ellas, pues las únicas fábricas existentes (en Córdoba y La Rioja) no alcanzaban a satisfacer la demanda del Ejército del Alto Perú. El ingenio inagotable de San Martín sorteo en poco tiempo estas dificultades. Fray Luis Beltrán, imagen de http://asociacionsanmartinianasannicolas.blogspot.com.ar

Entre los emigrados chilenos que llegaban a Mendoza para engrosar las filas, San Martín conoce a un modesto fraile franciscano, nacido en Mendoza  que se dedicaba al estudio de la física, la química y matemática. Llevado por su intuición para elegir colaboradores, lo nombra a Fray Luis Beltrán  director de la maestranza con el grado de Teniente de artillería. Este comenzó a fundir cañones, balas y granadas, utilizando cuanto metal encontraba y hasta el de las campanas de las iglesias, que bajaba de los campanarios, mediante ingeniosos aparatos y aparejos, de su propia invención. También diseñó puentes colgantes, arneses, zorras, herraduras, herramientas y batanes de cañones.

Uno de los grandes  problemas de la época  era el aprovisionamiento de pólvora, pero otra vez San Martín encontró al hombre apropiado el ingeniero José Antonio Álvarez Condarco, que había estado en la fábrica de Mixtos en Córdoba.  Con el salitre abundante de Mendoza y después de 3 o 4 meses de experimentación se fabricaba pólvora de la mejor calidad comparable a la importada de Inglaterra y a menor precio de la elaborada en Córdoba o Tucumán.

El libertador se ocupaba hasta de los más mínimos detalles.

Para el vestuario de las tropas elige a un chileno  Dámaso Herrera, muy entendido en mecánica, que transformó el molino de Tejada en batán, accionado por un sistema hidráulico, inventó un mecanismo ingenioso, que abatanaba la “bayeta” (tejido rustico de lana de oveja fabricado en Córdoba) hasta el grado de consistencia que se creía conveniente, transformándose  en un  tejido abrigado, resistente a la humedad y cómodo.  En Mendoza, en cada rancho había un taller, donde mujeres y niños teñían, cortaban y cosían los uniformes de los soldados,  de estas bayetas o pañetes se vistió el ejército.

También le manda un oficio al gobernador de Córdoba, solicitando una gran partida de botas “fuertes y con doble suela” de cuero descarnado, altos de hebilla  y de tamaño grande, muy grandes, exceptuando algunos pares mas pequeños para los tambores.

Debían ser tan grandes, para poder rellenarlas con cuanto trapo, lana o pieles de animales encontrasen, para proteger del frío los pies de sus soldados.

Las chaquetas de los oficiales se forraban con pieles de animales. San Martín usaba un sombrero tipo falucho, de hule impermeable.elementos del campamento de Plumerillo, museo de Mendoza

San Martín para alimentar a sus hombres movilizó a los agricultores ampliando las zonas de siembra, pedidos de donaciones y contribuciones forzosas entre la población y exigencias explícitas de dinero a través de multas impuestas a personas que mostraban escaso “fervor patriótico”.

Fue necesario llevar a lomo de mula, todo el forraje necesario para alimentar a 10.000 bestias, durante unos veinte días. Desgraciadamente no se llevó el suficiente, puesto que no pocas mulas, que eran sin duda, las peor alimentadas, desfallecieron de puro flacas. Así lo manifestó el mismo Beltrán, a cuyo cargo corría el acarreo de la artillería: «Estoy sin mulas, porque con el trabajo se caen de flacas.»

Otro producto de primera necesidad, del que se debió llevar la necesaria cantidad fue la  leña, para hacer fuego y disponer el rancho para más de cinco mil hombres, como para ahuyentar el intenso frío de las noches, en algunas ocasiones, se llegó a prohibir el hacer fuego por la noche, por el peligro de que sirviera de guía a los espías enemigos.

Como no hay  arbustos en la cordillera, los arrieros usan una manera muy original de hacer fuego, consiste en juntar gran cantidad de bosta seca de mulas, que siempre hay en la senda. El día en que las fuerzas de Las Heras se aproximaron a la cumbre, y a ella ascendieron en la oscuridad, por temor a ser sorprendidos, prohibió el general encender fuego, aun para preparar los alimentos.

Todos los comestibles fueron llevados desde Mendoza por la misma tropa y a lomo de mula. En las mochilas cada soldado tenía, lonjas de charque, galletas, grasa y ají picante. Con la sola adición de agua caliente y harina de maíz tostado se prepara una sopa tan agradable como substanciosa. Sobre las mulas cargueras iban 3.000 arrobas de charqui (carne cortada en lonjas, salada y secada al sol), además de galletas de harina, maíz tostado, grasa, condimentos picantes, vino, aguardiente, ajos y cebollas. Estos últimos tubérculos eran para combatir el apunamiento o “soroche”.

No había dinero para comprar cantimploras y el ingenio volvió a ganar, con cuernos de vaca fabricaron  recipientes individuales llamados chifles, para cada soldado. Se dice que alguno que otro llevaba más de un cuerno, uno con agua y otro con aguardiente o vino para combatir el frío.

Las provisiones de quince días para 5.000 hombres ocuparon 510 mulas y las cargas de vino para ración diaria, 113 mulas. Según Miller, 483 era el número de reses en pie, vacunos todos ellos. Los arrieros, conocedores del terreno, realizaron el transporte gratuito de todos los elementos necesarios al ejército.

James Paroissien era un médico inglés radicado en Buenos Aires en 1803. De ideas liberales, en cuanto estalló la revolución ofreció sus servicios al nuevo gobierno y fue designado cirujano en el Ejército Auxiliar del Alto Perú.  En 1812 se hizo ciudadano de las Provincias Unidas y el Triunvirato le encargó la jefatura de la fábrica de pólvora de Córdoba.  Allí San Martín lo invitó a sumarse a sus planes y fue así como Paroissien fue el Cirujano Mayor del Ejército de los Andes. En varias ocasiones tuvo que atender al libertador afectado por alguna de sus diversas enfermedades.

La salud de San Martín era bastante precaria. Padecía de problemas pulmonares (producto de una puñalada en el pecho producida en una batalla en España en 1801), úlcera sangrante y dolores en el estómago, vómitos de sangre, asma, hemorroides, reumatismo y tos constante. Para calmar ese suplicio cotidiano recurría al opio, como lo dice Guido, según consigna el historiador José Luis Busaniche en su libro, San Martín visto por sus contemporáneos. Guido y Juan Martín de Pueyrredón le suplicaron al general que tratase de dejar el opio, pero en aquellos tiempos sólo esta droga podía atemperar su sufrimiento.   A  pesar de sus «achaques» siempre estaba dispuesto para la lucha.  Tramos del paso de la cordillera lo realizó enfermo, en una camilla, transportado por sus granaderos que se iban turnando para llevarlo (de allí la zamba-cueca cuyana “los 60 granaderos”). Dormía en un catre de campaña, donde por debajo le colocaban piedras calientes del fogón. Tuvieron que soportar grandes cambios de clima. La sensación térmica se agudiza con la altura. De día el sol es muy fuerte y se llega a temperaturas de más de 30 grados y durante la noche el viento helado, con mínimas de 10 grados bajo cero, puede llevar al congelamiento. La altura promedio es de 3000 metros, lo que provocó en muchos hombres fuertes dolores de cabeza, vómitos, fatiga e irritación pulmonar.

En Buenos Aires, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón, para combatir al caudillo José Gervasio Artigas, favoreció la invasión portuguesa de la Banda Oriental y le pidió a San Martín que se hiciera cargo con su Ejército de la represión de los orientales. San Martín saliendo del campamento del Plumerillo Boceto del Oleo y de dos tintos de José Bouchet, 1901. Museo Histórico Nacional.San Martín se negó diciéndole que «el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos» y se dispuso a continuar con sus campañas libertadoras.

El ejército de los Andes, con la Primera Bandera de los Andes, realizada por su esposa Remedios y sus amigas,  partió de Mendoza el 12 de enero de 1817 y llegó a Chile el 5 de febrero. A lo largo de esos 25 días, 5.423 patriotas con sus corazones exaltados de amor por su tierra, atravesaron  los andes por tortuosas huellas a pie, por senderos en que solo podían pasar en fila india, recurriendo a rústicos cabrestantes e improvisados trineos para salvar las abruptas pendientes con sus cañones, en el helado clima de las montañas más altas de toda  América.

Mabel Alicia Crego – Maestra Secretaria email
Docente JIC 4 d.e. 6º

 

FUENTES:

  • “Que sabe usted de San Martín” de Rene Favaloro
  • Notas escritas por San Martín en el destierro, a pedido del general Guillermo Millar (quien escribió sus memorias).
  • “Anécdotas, cartas y testimonios de San Martín”
  • “José de San Martín “Félix Luna
  • “El Santo de la Espada”  Ricardo Rojas.
  • “El Historiador” apuntes de Internet de Felipe Pigna

Imágenes y fotos de internet.
(fotos de los elementos del campamento del plumerillo, museo de Mendoza)

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