Mi nombre es Daiana Micaela Lemcke, tengo 18 años.
Amo todo tipo de expresiones, es decir, el Arte.
La música, el teatro,
el cine, la literatura, entre otros.
Finalmente opté por estudiar
Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires.
A raíz de esto,
surgió la idea de investigar acerca de un barrio camino al olvido y así
poder desmantelar esa gran capa de prejuicios que lo recubre.
He aquí mi trabajo terminado y
deseo compartirlo con todos....
- Villa Soldati -
Soldati, cuando comenzó todo...
Daiana Micaela Lemcke

Todo comenzó cuando Jose Soldati, colaboró con la compañía de ferrocarril
donando parcelas de tierra y así se pudo construir la actual estación
que lleva su nombre. El 29 de noviembre de 1908 se fundó Soldati.
Zona baja, casas bajas bastante precarias, calles sin asfaltar… Su
último farol a kerosén se apagó en 1931 siendo Villa Soldati el último
barrio en recibir luz eléctrica.
Soldati vivió unos de sus peores años desde 1911 hasta 1913. Años en los
cuales el peligro a la inundación era inminente.
La zona fue declarada insalubre (1930) y apta para ganados y no para
familias, frente a esto la asociación de fomento tomó partida y
gracias a ella se permitió que vivan familias.
Personajes inolvidables como el Dr. José Amor Marinas, luchaban contra
viento y marea para poder cumplir su misión. En el caso del Doctor Amor:
repartir alimentos en bote durante las inundaciones. Si bien su función en
el barrio era atender a los enfermos en su consultorio, su gran
corazón y el amor a sus vecinos lo llevó a tomar semejante iniciativa. Más
tarde, en la parroquia San Blas, se creó el primer comedor. Familias con
bajos recursos asistían a él. La señorita Sara Novillo Viola, creó un
consultorio, e insistió a médicos especialistas a colaborar. El más
destacado fue Don Emilio.
De esta manera vemos como la iniciativa del Doctor Amor, empujó tanto a
personas físicas como a organizaciones hacia la solidaridad entre vecinos…
Vecinos, vecinos, vecinos…
En las calles del Barrio era cotidiano ver a los niños jugando, mientras
las señoras se encontraban para hablar de diversos temas en tanto
esperaban la llegada del carro lechero, de la mano de Enrique Taglione,
quien en sus comienzos repartía en tarros y más tarde en sachets.
Todos los vecinos del barrio se conocían y se tenían gran aprecio.
Se vivía sin preocupaciones, sin temor. Los niños salían por las noches
calurosas, luego de la cena, a andar en bici. La gente disfrutaba sentada en
la puerta de sus casas el aire, la tranquilidad en la noche.
El robo no era una palabra utilizada con frecuencia. Era impensable la
entrada de ladrones a la casa, era impensable el maltrato a los abuelos.
Vecinos, vecinos, vecinos…
Un barrio caracterizado en aquel entonces por sus vecinos trabajadores.
Trabajadores que se trasladaban desde sus casas hacia sus lugares de empleo
en ferrocarril; otros preferían el transporte a caballos, los famosos Buicks,
los cuales contaban con capacidad para 5 pasajeros y una tarifa de 10
centavos…
Los niños por su parte concurrían a las escuelas. En su mayoría humildes,
acudían a establecimientos públicos, puesto que no solamente eran de
buen nivel académico y exigentes, sino que además les daban de comer.
Vecinos , vecinos , vecinos …
Gente trabajadora que en su tiempo libre optaba por visitar a sus
abuelos, asistir a clubes sociales, a sociedades de fomento, a parques.
Gente que gozaba sanamente de su tiempo de ocio.
Hoy 100 años después, la solidaridad es un valor perdido en el tiempo.
Tal vez podamos atribuirlo al crecimiento demográfico.
Hoy 100 años después, la imagen de los niños jugando en las veredas del
barrio ha perdido bastante su nitidez.
Hoy 100 años después, la catalogación de los vecinos como gente
trabajadora, ha sido manchada por creciente delincuencia.
Hoy 100 años después, las escuelas públicas han perdido su fama de
exigentes.
Hoy 100 años después, el barrio no es mal visto por la inundaciones ni
por el hedor que emanaba del basural, si no por una popularidad negativa
gestada quien sabe cómo.
Hoy 100 años después, nos preguntamos por que se han deformado las viejas
costumbres, aquellas en las que todo el barrio participaba.
Hoy 100 años después, no debemos perder la esperanza de que
en algún momento recuperemos viejas costumbres y logremos poner en alza al
barrio, en igualdad ante los demás barrios…
Daiana Micaela Lemcke

Foto del monumento a José Soldati, ubicado en la
plaza Unidad Nacional, en el barrio de Villa Lugano, obtenida del sitio:
http://elsuperluganitodelaescuela14de21.blogspot.com/2008_05_16_archive.html