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| Mensajes de los Visitantes del barrio de
Villa Devoto |
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10/10/2010 Osvaldo
Romanelli Empedrado en Villa Devoto
Otro de los imperecederos recuerdos que tengo de Villa Devoto, mi barrio
natal, es el del original empedrado de sus calles, en especial Sanabria, que
se realizó a principios del año 1930. Viviendo en el 3223, casi esquina
Simbrón, todavía puedo visualizar a grupos de trabajadores haciendo su tarea
durante un largo plazo de tiempo y en una forma muy tediosa, avanzando
implacablemente varios metros de superficie en el cubrimiento de lo que era
una calle de tierra, con sendos “adoquines” después de darles la superficie
y la forma rectangular más perfecta con la ayuda de una herramienta, que si
bien tenía el diseño del común martillo, era de una “naturaleza” distinta en
su forma y fortaleza. Estos grupos de obreros eran, en realidad,
inmigrantes europeos, que al término de la primera Guerra mundial
(1914-1918) iniciaron una corriente inmigratoria hacia nuestro país, que
forjó la base de nuestra población, en su mayoría italianos, que luego
reclamaron el derecho de constituir el mayor “núcleo” de extranjeros en
nuestro país con un 86% de descendencia local. Villa Devoto y
sus extensos oplanes de expansión, fueron los motives ideales que ellos
necesitaban para el comienzo de una nueva etapa de sus vidas en este país.
Su labor y sus métodos eran característicos de esa época y el “hacer a
mano” fue imperioso, ya que era el método del “empedrado” el elegido en
lugar del actual “asfaltado”. Como consecuencia, ese mismo empedrado es el
que todavía sigue prestando el servicio para el cual fue diseñado, y esa
misma superficie de roca que recibe hoy el impacto del actual tipo de
tráfico fue, y es, la misma que recibió el de todos los otros a través de
los 80 años últimos, sin mostrar ninguna clase de desgaste ni
reparación. Al finalizar el trabajo en Sanabria y Simbrón, originándose
desde la Avda. Tres Cruces (Francisco Beiró), el mismo empezó a
extenderse con dirección a Tinogasta, teniendo en cuenta que toda esa zona
no era nada más que terrenos vacíos. En este caso, toda la superficie
de la manzana comprendida entre Sanabria, Tinogasta y J. P. Varela, era de
una granja de cuyo dueño (todavía lo puedo ver custodiando su propiedad
armado de una escopeta) no recuerdo su nombre, pero nos gritaba enojado cada
vez que se violaba su alambrado de puas al tratar de rescatar nuestra
pelota. Como todo otro similar desarrollo, las calles y las compras de
terreno, tal como lo hizo mi padre, y la consecuente construcción de las
casas y servicios públicos de alumbrado, etc., fueron paulatinamente
creciendo y constituyendo el barrio y con eso, el nuevo vecino empezó a
llegar y pasó a constituir la nueva ”familia” que resultó nuestra
población local. Con la disponibilidad de las calles, empezaron a ser
”usadas” por un nuevo tipo de tráfico, hasta ese momento casi desconocido,
el de carros que empujados por uno o más caballos, transportaban mercadería,
tal como el lechero que tenía un diseño interno de tres hoyos/recipientes en
cada lado del vehículo y en los cuales se “injertaban” sendos cilindros de
metal portadores de la leche. Otros eran los que vendían sendos pedazos de
hielo en el verano, los que eran cortados por sendos serruchos a deseo del
comprador. Con el transcurso de los años, este tráfico fue reemplazado por
el vehículo a motor, e incluso la primera línea de autobuses que corriera a
lo largo de Sanabria hacia Jonte y de ahí a Flores y más… En esos años,
nuestro país no tenia en número vehículos automotores y la propiedad
personal de los mismos era casi inexistente y, por lo tanto, las necesidades
de camino eran y siguen mínimas en la actualidad. El barrio todavía sigue,
prácticamente sin carteles de tráfico que ayuden a la prevención de
accidentes y, básicamente, lo que fue construido para ellos en el 1930,
todavía sigue en efectividad…
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02/10/2010 Osvaldo
Romanelli LA CELEBRACION DEL CARNAVAL EN EL
BARRIO DE VILLA DEVOTO ANOS 1935-1947
Con el correr del tiempo y el advenimiento de las nuevas generaciones, es
propicio el considerar y aceptar el cambio de procedimientos y costumbres,
que si bien fueron y son arraigadas por la rutinaria costumbre, no dejan de
ser susceptibles a los cambios. Uno de los cambios que tomaran lugar,
ya hace tiempo, fue la celebración anual del Carnaval. Afortunadamente
para el mundo, la misma sigue en pie en Brasil, permitiendo a sus
afortunados participantes celebrarlo intensamente para el deleite de los
mismos. Villa Devoto, en mis tiempos, no solamente que no era excepción a
dicha celebración, sino que también se constituyó en un barrio-líder
del festejo sino que también se constituyó en un barrio-líder de la
celebración máxima y más de una vez ganó el título honorario del mayor
“Corso” de la temporada. Empezando la primera semana del mes de
febrero, el barrio se “paralizaba” en sus actividades diarias y la mente y
la rutina del vecino se transformaban totalmente para dar lugar
a actividades, e inclusive a ideas, tendientes a la creación del mejor
disfraz y la forma de celebración. Para la juventud del barrio, era el
de juntarse en pequeños grupos de muchachos usando los disfraces que
las madres elaboraron por días y horas cosiendo en sus máquinas en
las casas. Los más innovadores, llevaban carteles pintados a
mano, identificando en sus grotescos nombres, a las diferentes “murgas” que
cantando, gritando, bailando y ejecutando sus instrumentos, producían el más
intenso resultado en movimiento y presentación. Otra de las actividades
que los niños gozaban era el de llenar diferentes tipos de globo con agua y
depositarlos en un balde llenos de la misma, para su conservación, hasta el
momento de ser utilizado como “bomba” a ser arrojada desde la distancia y
dejarla caer desde los techos a toda posible “victima” que tuvo la
mala suerte de pasar o caminar por un lugar y en un momento erróneo. Las
“victimas” ideales eran las niñas de corta edad pero de entendimiento normal
para aceptar semejante broma que las dejaba en medio de la calle totalmente
empapadas y sin saber qué hacer. La actual Avenida Francisco Beiró, por
su “anchura” y extensión, en mis tiempos se la conocía como la Avenida Tres
Cruces”, fue elegida como el lugar ideal para la celebración del “Corso” y
consecuente Desfile Anual. Básicamente, la celebración tomaba lugar
desde Chivilcoy hasta Segurola y los “palcos” (plataformas elevadas para la
ocupación por celebrantes) corrían paralelas a lo largo del tramo dividiendo
la Avenida, al ser colocados en forma continua desde su comienzo. Desde
allí, las familias disfrutaban de una ubicación muy estratégica que les
permitía, por la altura, arrojar serpentinas de papel, papel picado y el que
se atrevía, las bombitas de agua. La avenida, al término por la
medianoche, quedaba completamente cubierta por diversas “capas” de papel que
había servido como munición para esa forma especial de batalla entre los dos
bandos, los que estaban en los palcos y los que desfilaban. Como
complemento ideal para este “desfile-guerra”, todavía existía otro grupo de
participantes, generalmente familias, que para estar unidos , se habían
colocado parados/sentados en las aceras de las calles, y desde esa posición
se unían en el arrojo de serpentinas y papel picado, mas sus gritos y
ademanes, que en general, producían una euforia y alegría que solamente se
podría calificar como un esfuerzo en común de sentirse alegre y feliz. Era
solamente una vez al año, que el habitante de Villa Devoto formaba parte de
la comunidad, que en número, se unía para efectuar actos personales que en
otros momentos, podrían ser considerales anormales. Esto servía para
conocerse mutualmente y “tomarse confianza”, elementos necesarios para el
buen convivir, ocasión que era ofrecida solamente durante estos días de
Fiestas. Luego, al término del desfile, generalmente como a las l0 de la
noche, se producía el desbande de los participantes, quedando el individuo/s
que recorría nuevamente el trayecto del mismo para entablar o
reanudar el contacto con los vecinos y de esta manera, sociabilizar con
ellos en un ambiente de alegría más que propicio, hecho anormal durante el
año. Como resultado de todo esto, el Carnaval, más que una de nuestras
Fiestas durante el año, servía como renovación total de nuestros problemas
personales y afianzamiento de nuestras relaciones personales con los vecinos
de la Villa. El término de esta celebración era solamente el comienzo de
una segunda etapa de la misma, ya que ahora las personas jóvenes, después de
una bien merecida cena, se acicalaban en su presentación personal y se unían
para asistir a unos de los clubes sociales de la zona, sea el Club Villa
Devoto o el Gimnasia y Esgrima en el cercano barrio de Villa del Parque. Los
mismos ofrecían sendos “Bailes” y competían entre ellos para brindar lo
mejor de una orquesta típica de tangos como una de música de Jazz, que
en la década del ’40 era parte integrante de nuestro repertorio musical.
En esa semana de celebración contigua, desaparecían todos los
esfuerzos rutinarios que teníamos y el empleo, estudio y cualquier
obligación personal, desaparecían para dar lugar solamente al festejo y
diversión en un ámbito artificial que nos brindaba el Carnaval. El
pretender o esperar el poder dormir cuando se era vecino de estos Clubes,
era un sueño. La alta música propagada por sendos altoparlantes era
dominante hasta las 5 de la mañana, cuando terminaban y la gente recién se
iba a dormir hasta altas horas en la tarde y de esta manera, recuperar las
horas perdidas. Como comentario especial, y ahora que tengo la
oportunidad de analizar el hecho, desearía llamar la atención del lector, al
hecho de que a pesar de que estas Fiestas nunca fueron aceptadas como
“excusa” para beber bebidas alcohólicas y emborracharse con sus
consecuencias personales, como consecuencia, nunca existieron actos
anormales y siempre fueron festejadas con toda tranquilidad y en un ambiente
amistoso.
foto: Pintando las Máscaras para el Corso -
www.friki.net
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