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Monserrat, barrio de valientes
candomberos
13/03/2010 por Susana Pussacq
publicado
en
Macondo
Erigido gracias al aporte de algunos vecinos catalanes de la ciudad de
Buenos Aires quienes lo consagraron a su Virgen Morena, Nuestra Señora de
Monserrat, fue declarado Parroquia en 1769.
Contó con una Plaza de Toros
que trajeron a la incipiente barriada prosperidad y también riesgos.
Así
como ahora, la inseguridad también preocupaba a los porteños.
Y al decir
de José Antonio Pillado, “por la calle del pecado, vecina al templo, hacían
su entrada en horas de la noche, a la solitaria y oscura plaza de toros,
vagos y maleantes quienes aprovechaban esa circunstancia para ejercer su
osadía”
Parece ser que ni la policía de entonces se atrevía a recorrerla
y fue necesario iluminarla con dos faroles de gas en cada acera. La
recorrieron serenos para que la gente pudiera atravesarla sin temor.
Finalmente, decidieron cambiarle el nombre por el de Aroma, aunque esto no
bastó para cambiarle la reputación.
Pero no todo era zozobra y malos
ratos en el antiguo barrio de Monserrat.
También contaba con una
población valiente y heroica que hizo que, una vez pasadas las Invasiones
Inglesas, se le cambiara el nombre a la Plaza de Monserrat por el de Plaza
de la Fidelidad por el desempeño decidido que demostraron durante la defensa
y reconquista de la ciudad.
Fue destacada en esa oportunidad, la actitud
decidida de negros, mulatos y pardos contra el invasor inglés.
En el
barrio, los negros se agrupaban por su procedencia africana en “naciones”,
algunas de las cuales llegaron a ser organizaciones con poder y prestigio.
Algunas de estas naciones eran Cabunda, Banguela, Humbuero, Congo y Tanca.
Sus barrios de residencia eran conocidos como “barrios del tambor”, por el
instrumento cuyos redobles acompañaban preferentemente sus celebraciones y
también del Mondongo, nombre derivado, según afirma Vicente Rossi en “Cosa
de negros”, de las “vísceras vacunas”, que eran codiciadas por las negras
achuradoras de Mataderos y según otros, de una nación africana llamada así o
de modo semejante.
Los bailes y cantos en honor de san Benito y del rey
mago Baltasar se realizaban en ranchos habilitados a tal efecto. Un rey y
una reina ocupaban sus sitiales y en determinado momento se iniciaba el
baile dirigido por un bastonero.
El carnaval era la principal fiesta de
las naciones. Las calles principales eran recorridas por comparsas que
se detenían en las casas de buena apariencia o entraban en los
salones de baile para entonar sus canciones, ejecutar sus bailes y recibir
un óbolo que, con los años, se fue haciendo más modesto.
Una época feliz,
allá lejos en el tiempo, en Monserrat.
Susana Pussacq
Fuente: “Paseos Literarios por Buenos Aires” (de Delfín Leocadio Garasa Ed. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. 1981
Imagen:
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