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24/06/2006
- Milagros Luna
: Me despojaron de mi querido barrio de Saavedra..
Buenas a toda la gente que en este
momento este leyendo esto ...
Me presento, mi nombre es Milagros Luna, tengo 23 años y hace ya
5 meses que me despojaron de mi querido Saavedra. Por qué?
Porque un día, a una persona sin escrúpulos y sin corazón, se le
ocurrió que mi familia nos teníamos que ir de la casa en la que
estábamos. Si bien se arregló de la mejor manera legal (que por
supuesto lo benefició a él, a quien sinó, ya que no somos
nosotros, los Luna, despojados, los que trabajamos en
tribunales). Bueno, en fin, eso es propio de la burocracia
argentina y de quien se llena los bolsillos de plata y no se
acuerda de nada y se le borran todos los ideales y no existe ni
familia ni amigos que valgan... en fin... entre acá con un poco
de ganas de poder ver algo de mi gran y querido barrio SAAVEDRA,
el cual está en mi corazón en cada momento y cada palabra de mi
vida, en cada recuerdo y en cada acción (se que por ahí estas
leyendo esto y dirás .. ufa nena no es la muerte). Claro que no
lo es... no para vos que estas ahí, no para vos que estás en ese
barrio en el que te criaste, en el cual te da día a día su
felicidad de recorrerlo y tener toda tu vida ahí. O para vos que
sabés que nunca te vas a ir de ahí, y no para vos que a raíz de
ese despegue abrupto se te fue lo mejor de tu vida (si, si, a
los que no lo crean, a raíz de esto mi abuelo enfermó cada vez
mas hasta que su corazón no soportó mas y se fue!). Bueno, en
fin, nadie podrá comprender mi dolor aunque me digan "¡nena,
dejate de joder, das asco!".
A ellos les digo: si, estoy a dos pasos, pero no es lo mismo
estar a dos pasos que vivir en él. Bueno, en fin, era para que
todos se enteren de mi historia, que si bien para algunos será
un comentario medio idiota, espero a algunos les haya gustado mi
comentario y les doy las gracias por haberse tomado el tiempo de
leerlo, muchas gracias. Y sepan que los que viven en SAAVEDRA
son las personas mas dichosas y no renieguen de las cosas que no
son malas, sino que a uno no les gustan, porque no saben
cuánto se extraña ese gran barrio cuando uno no está en el .
Desde ya muchas gracias por dejarme expresar en este pequeño
pero gigante espacio. Saludos a todos los que leen y los que no
lo leen también. Besos . |
02/03/2006 -
Jorge Nadín:
Reencuentros
Qué tal Mónica?, tanto tiempo, no me había olvidado de vos y de
la barriada, es que estaba muy ocupado. Me gustaría que en la
barriada pusieras, si es posible, un agradecimiento grande a
esta pagina, ya que de a poco nos vamos reencontrando viejos
compañeros de colegio, viejos amigos del barrio, Carlitos
Manteo, Marcelo Romano, Rosana Fortunato, compañeros del
Instituto "La Asunción", el chino Gonzalez, Daniel Milanesi,
amigos del barrio, amigos que escriben del exterior, pero que
alguna vez corrieron por Saavedra. Nora Portela, en fin, se que
soy ingrato y que alguno se me pianta, pero sepan disculpar,
cada vez que aparece un nuevo viejo amigo en la red me llena de
alegría y de recuerdos, la última en aparecer fue Rosana
Fortunato, prácticamente desde la primaria fuimos compañeros y
amigos, como con todos, porque uno con el tiempo se hace amigo y
más cuando los años peinan canas y tus pibes recorren el mismo
camino que vos. La red no sólo sirve para jugar, sirve para el
reencuentro, aunque sea un café virtual los sentimientos siguen
siendo reales, la desesperación de buscar las fotos viejas, el
distintivo del cole, o algún encuentro furtivo en los famosos
asaltos, todavía tengo presente tus quince abriles, Rosana, en
fin, querida barriada, hoy no le escribo a Saavedra, le escribo
al reencuentro, que nada sabe de barrios o distancias, sino de
querencias y recuerdos, pinceladas de picardías y puchos fumados
a escondidas y chiclets de menta, ilusiones y pasiones,
pedacitos de papeles que fueron haciendo un collage en el
tiempo, un tiempo que se empeña de a poco en devolvernos
nuestras alegrías, de las tristezas que se ocupen otros. Gracias
barriada, gracias Mónica por darnos un espacio para el
reencuentro , café virtual por medio, desde aquí en San Juan,
con un día gris, desapacible, casi lluvioso, pero radiante del
calor de los amigos y del sol del reencuentro, una flor más se
agrega al jardín de la nostalgia. Hasta Siempre.
(Nota de
www.barriada.com.ar : Jorge, con tu email se me piantó un
lagrimón, gracias por escribirme) |
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02/10/2005 -
Jorge Nadín -
Todo tiene un final, todo termina...
Todo tiene un final, todo termina, dice
Vox Dei, en su canción presente. Y es cierto, allá por el año
1971, qué lejano parece ahora y pensar que está tan cerca con
solo cerrar los ojos, o ver un par de fotos viejas, decía que por
aquél año, o mejor dicho por marzo del 72, la heladería Venezia
cerraba sus puertas, dejando oír el ultimo chirriar de sus
gastadas persianas, atrás habían quedados los años de niñez sana,
mis primeros amigos, mi primera bici, la querencia de todos mis
seres queridos, los tenia a todos para mi, atrás quedo el año 67
con la llegada de mi hermano, Ricardo Hugo, a quien el segundo
nombre lo elegí yo en honor al hermano de Daniel que se llama
Víctor Hugo, hasta ese punto uno quería compartir la amistad.
atrás quedaba la casa de Carlitos, el 68 con el primer campeonato
de mi Velez pasión, en fin un mundo que uno había ido
construyendo de a poco. Decía en un escrito anterior que mi mundo
llegaba hasta la calle Vilela y Vidal, y de golpe aprendí que
después venían Besares, R. Huidobro, Correa, Ramallo, Arias,
Deheza donde empecé a crecer como adolescente, las vueltas de la
vida me llevaron a vivir a la vuelta del colegio donde había
cursado 7 grado, el San Isidro Labrador, sobre la Av. San Isidro
y Deheza, allí tuve compañeros, no recuerdo todos los apellidos,
ahí si me falla la memoria, como el negro Aguirre, Aldo Varice ,
fue arquero de platense, el japonés Yama....., en fin recuerdo
los rostros pero se me escapan los nombres. Me di cuenta que
existía un puente y se llamaba Saavedra, que platense seguía
existiendo del otro lado de la General Paz, vi empezar a
construir la actual cancha, una plaza que se llama Vicuña Makena,
sobre Cramer y Ramallo. Durante cinco años, los de mi secundario
en la Asunción, recorrí cada centímetro de sus calles y veredas.
Una nueva barra de amigos apareció, Carlos Manteo, Viviana Nigro
y su hermana Susana, Daniel, Roberto González, Andrea, Fernando,
en fin era unos de los tantos cambios que nos presentan la vida,
descubrir que Saavedra era mucho más grande y más linda, allí vi
crecer a la heladería Chungo, ir a cenar a El Cajón o a comer
empanadas a La Pachamama, ya no había tranvías, había algunos
troles, como el 30 y el 31, que pasaban por Cabildo, que con el
tiempo, y aun siendo hincha de Velez, lo tome durante todo el
tiempo que Tense jugó en cancha de Atlanta en Villa Crespo. Todo
tiene un final, nada puede escaparse, el llanto y la risa allí
terminan ( Vox Dei ), el llanto por la parte de mi infancia, que
había pasado, entre traqueteos de carros de lecheros y tranvías
destartalados, la risa por el nuevo horizonte y por una libertad
que en ese momento me asustaba, no entendía que pasaba a ser
adolescente, que ahora iba y veían una vez y otra vez por esas
calles con total libertad, como esta ultima vez que estuve en
buenos aires y subí despacito por Vidal hasta llegar a Deheza,
fugazmente pase por donde había vivido, Deheza 2636,y me pareció
sentir la voz de la vieja que mandaba al almacén de la vuelta y
Arias y Vidal, los pasos de mí viejo llegando a la madrugada de
la heladería, se había trasladado a Rivadavia y Cuenca, mi
hermano con sus juegos y el esperar el micro a la mañana para ir
al colegio, y mi compañera la guitarra, con sus mal tocadas
canciones, mis amigos los bailes. Saavedra, corazón de papel que
con el tiempo se va poniendo amarillento, pero que en mi interior
sigue siendo rojo como la pasión que siento por vos. |
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01/09/2005 -
Jorge Nadín:
Cuando éramos niños
DÍA FRÍO EN SAN JUAN, QUIEN SALE A LA CALLE, MEJOR QUEDARSE EN
CASA A TOMAR UNOS MATES CON FACTURAS O SEMITAS, ENTONCES SE ME
OCURRE QUE TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR, AL MENOS EL QUE ME TOCO
VIVIR A MI, QUIZÁS TAMBIÉN A MIS AMIGOS Y COMPAÑEROS Y ME ACORDE
DEL PIBE, UNA CARICIA EN EL CORAZÓN. UNO QUE VIVIÓ EN LOS AÑOS
50, LOS 60, LOS 70 O HASTA PRINCIPIOS DE LOS 80... ¿ COMO
HACÍAMOS PARA SOBREVIVIR ?. DE NIÑOS ANDÁBAMOS EN AUTOS QUE NO TENÍAN CINTURONES DE
SEGURIDAD NI BOLSAS DE AIRE... IR EN LA PARTE DE ATRÁS DE UNA
CAMIONETA ERA UN PASEO ESPECIAL Y TODAVÍA LO RECUERDO ( LA
CHATITA DEL VIEJO DE CARLITOS ).
LAS CUNAS ESTABAN PINTADAS CON BRILLANTES COLORES DE PINTURA A
BASE DE PLOMO O SINTÉTICO BLANCO, DE UNA CANASTA DE MIMBRE QUE YA
NO SE USABA. NO TENÍAMOS TAPAS CON SEGURO, CONTRA NIÑOS, EN LAS
BOTELLAS DE MEDICINA, GABINETES, PUERTAS.
CUANDO ÍBAMOS EN BICICLETA NO USÁBAMOS CASCOS NI CANDADOS..
TOMÁBAMOS AGUA DE LA MANGUERA DEL JARDÍN Y NO DE UNA BOTELLA DE
AGUA MINERAL. GASTÁBAMOS HORAS Y HORAS CONSTRUYENDO CARRITOS A
RULEMANES Y LOS QUE TENÍAN LA FORTUNA DE TENER CALLES CON
PENDIENTES LOS HACÍAN RODAR CUESTA ABAJO, Y POR LA MITAD DEL
TRAYECTO RECORDAR QUE NO TENÍAN FRENOS. LAS FIGURITAS, EL MIDE,
EL PARTIDO DE FÚTBOL EN LA CALLE, LA ESCONDIDA EL POLI LADRÓN.
SALÍAMOS A JUGAR CON LA ÚNICA CONDICIÓN DE VOLVER A CASA ANTES
DEL ANOCHECER. NO TENÍAMOS CELULAR, ASÍ QUE NADIE PODÍA
UBICARNOS. NOS CORTÁBAMOS, NOS ROMPÍAMOS UN HUESO, PERDÍAMOS UN
DIENTE, PERO NUNCA HABÍA UNA DEMANDA POR ESTOS ACCIDENTES. NADIE
TENIA LA CULPA SINO NOSOTROS MISMOS. COMÍAMOS BIZCOCHITOS, PAN Y
MANTECA, TOMÁBAMOS BEBIDAS CON AZÚCAR Y NUNCA TENÍAMOS EXCESO DE
PESO PORQUE SIEMPRE ESTÁBAMOS AFUERA JUGANDO, CORRIENDO. AL
TERMINAR UN PARTIDO COMPARTÍAMOS UNA GASEOSA EN TRES CUATRO,
CINCO...TOMANDO DE LA MISMA BOTELLA Y NADIE SE MORÍA POR ESTO.
NO TENÍAMOS JUEGOS DE COMPUTADORAS, JUEGOS DE VIDEOS CANALES
DE TV POR CABLE, TINELLI, VIDEOGRABADORAS, CELULARES PERSONALES,
PC, NI INTERNET, LA CANCHA ERA LOS DOMINGOS Y A SALTAR Y A GRITAR
DESDE EL TABLÓN Y NO DESDE UN CAFÉ TEMÁTICO, SINO QUE TENÍAMOS
AMIGOS REALES Y NO VIRTUALES. SALÍAMOS, NOS SUBÍAMOS A LA BICI O
ÍBAMOS A CASA DE ALGÚN AMIGO, TOCÁBAMOS EL TIMBRE O SENCILLAMENTE
ENTRÁBAMOS SIN TOCAR. ALLÍ ESTABAN Y SALÍAMOS A JUGAR,¡ ALLÍ
AFUERA! ¡ EN EL MUNDO CRUEL. SIN UN GUARDIÁN ! ¿ COMO HACÍAMOS ?.
INVENTÁBAMOS JUEGOS Y FORMÁBAMOS EQUIPOS PARA HACER UN PICADO, A
VECES ALGUNO SE QUEDABA AFUERA, PERO NO HABÍA DESENCANTOS NI
TRAUMAS. ALGUNOS ESTUDIANTES NO ERAN TAN BRILLANTES COMO OTROS Y
CUANDO PERDÍAN UN AÑO LO REPETÍAN. NADIE IBA AL PSICÓLOGO, AL
PSICOPEDAGOGO, NADIE TENIA DISLEXIA, SIMPLEMENTE REPETÍA Y TENIA
UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD. TENÍAMOS LIBERTAD, FRACASOS, ÉXITOS,
RESPONSABILIDADES... Y APRENDÍAMOS A MANEJARLOS. SEGURAMENTE
ALGUNOS DIRÁN QUE SI NO FUERA POR INTERNET NO ME HUBIERA
ENCONTRADO CON VIEJOS AMIGOS DESPUÉS DE MUCHOS AÑOS, DANIEL
MILANESSI, CARLOS MANTEO, CARLITOS MALALEL, Y ME HUBIERA ESCRITO
CON MARCELO ROMANO, EN FIN TAMBIÉN ESTO TIENE SUS VENTAJAS. ES UN
DIA DE AGOSTO FRÍO, AGUA NIEVE CAE DESPACIO, PERO SAAVEDRA ESTA
AHÍ CON SUS RECUERDO DE SIEMPRE, SEGURAMENTE LOS MAS JÓVENES QUE
LEAN ESTO DIRÁN QUE ÉRAMOS UNOS ABURRIDOS PERO P...UCHA, QUE
ERAMOS FELICES.
18/07/2005 -
Jorge Nadín -
El regreso al barrio
Mónica, que tal tanto tiempo, aquí estoy de vuelta con otra
entrega después de tanto tiempo, estoy en Baires hasta la semana
que viene y me llevo un montón de cosas más para escribir. No
tenés una idea la cantidad de emails, que gracias a tus páginas
me llegan, desde todas partes del globo, eso me da ánimo para
seguir escribiendo. Gracias Mónica por este pequeño gran espacio
que me diste para reecontrarme con mi presente pasado.
"Querido Saavedra, estoy caminando por tus calles, es una
tarde fría de invierno, se me sacude el alma y se me estruja el
corazón cuando piso , después de tantos años, Republiquetas,
Cramer, Vidal, Nuñez, García del Río, en fin esas calles de m i
niñez, siempre escribí desde San Juan y hasta donde mi memoria me
lo permitía, pero ese sábado fue distinto, hoy es diferente,
frente a una Monroe transitada, y esperando encontrarme con uno
de mis amigos de antaño, Daniel Milanesi, me transporto al ayer y
al hoy, fui caminando despacio, con paso de viejo para llegar
como joven hasta la ultima esquina, recordé mi ultimo cumpleaños,
12, en Republiquetas, y cuando pase el umbral de la heladería era
el 24 de noviembre de 1972. La foto todavía la recuerdo,
reunidos alrededor de la mesa, atrás del negocio del viejo, no
podía imaginar que quedarían para siempre esas risas y juegos en
las cuatro paredes e mi casa. Fue un diciembre que las persianas
se cerraron por ultima vez, la heladería Venezia si iba al barrio
de flores y yo no me sentaría más en su umbral a ver pasar las
chicas de minifaldas, al viejo Balila, a Recio, jugador de
Platense y de River, no vendrían más los pibes de la barra a
buscarme para un picado. Hoy todavía veo la foto y la sonrisa de
Patricia existe, el porte de gigante de Horacio, un bonachón de
aquellos, ¿ habrá sido piloto?, las caras pícaras de Daniel,
Carlitos, Pelusa, Edgardo, en fin los cumpleaños se festejaban
así, en casa, con los amigos y compañeros, se jugaba, se reía,
pero eso fue acabando, las persianas ya no chirriaban al
levantarse, el bebedero se secó cual fuente abandonada, y mi
mundo que era esa y que llegaba hasta Vidal y Besares se
extendió, hasta Deheza y Vidal, Daniel se mudo a Naón y Olazabal,
Calitos a Zapiola y Republiquetas ( C. Larralde), y ese encanto
de pibes dio suelta a otra etapa de preadolescentes y jóvenes, se
acallaron los gritos al balcón de Daniel, Carlitos ya no venía
desde la vuelta y la heladería no fue más el centro de reunión.
Cuando terminé de pasar el umbral estaba otra
vez en el 2005, muchos años más, más canas, más kilos, y muchos
recuerdos, me apené al ver mi colegio, La Asunción, cerrado.
Edificios altos reemplazaron algunas casonas y fabricas, solo la
heladería, El Garage de al lado, la fiambrería de Yimi siguen
casi iguales en la cuadra, sin dejar de recordar a Capitán Galán,
la relojería de Duerte, el garage de enfrente del negocio, la
ferretería, en fin era una tarde fría y desapasible de invierno,
agarre por Vidal hacia Puente Saavedra, iba a ver a otro gran
amigo, Carlitos Manteo, me puse las manos en el bolsillo, apreté
los puños con un puñado de aire de Saavedra y a pesar clima volví
a dejar un pedazo de mi corazón ardiente en mi querida heladería." |
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25/02/2005
Jorge Nadín:
Los Carnavales
Carnavales eran los de antes, en todas las épocas y en todos los
tiempos se dijo siempre lo mismo. Pero el tiempo que pasa, pero que
no olvida, hace esto cierto. Llegaba el carnaval y empezábamos a
salir a las tres, cuatro, cinco de la tarde con la barra, a correr
chicas y no tan chicas por la calle con las añoradas bombitas de
agua, a veces con pomos, si hubiera habido una maratón, seguro que
ganábamos. Ibamos y veníamos toda la tarde, hasta que por allí
aparecía la presa, la espera no era muy larga, y por mas que rogara,
generalmente salía empapada. A nuestras viejas les zumbaban los
oídos, pero el carnaval era el carnaval y había que disfrutarlo, era
la última diversión antes de las clases. Saavedra se disfrazaba de
Rey Momo, la gente grande jugaba desde sus casas, cada cuadra era
sana diversión, no había malicia, era un entretenimiento barato que
terminaba a eso de las siete de la tarde. Muchas veces salíamos con
los pibes en la chatita (un FORD T) del viejo de Carlitos (Malalel),
y nos llevaba por ahi a mojar y ser mojados. Cuando ya caía la tarde
la gente se empezaba a preparar para ir al corso de Avenida Cabildo.
Esas noches se unían en un solo jolgorio Saavedra, Nuñez y Belgrano.
A eso de la ocho de la noche empezaba el incesante desfile de
mascaritas por Republiquetas, yo sentado en el umbral de la
heladería, los veia pasar y me contagiaba, sabía que la vieja me
llevaba, pero había que ser paciente, cuando veía que agarraba un
viejo monedero y los pilotos, no aguantaba más y empezaba a hacer
cálculos de minutos, horas, cuadras que iba a estar en ese aquelarre
de agua, espuma, papel picado y serpentinas (aclaro que los pilotos
eran unas capas que se usaban y que servían en carnaval para no
salir tan empapados y pescarse un resfrio). El jolgorio era
completo, Cabildo se cortaba y el alma de los barrios se trasladaba
a Cabildo y Juramento, nueve, diez, once de la noche, hora de
emprender la retirada, pero no a casa, nos sentabamos con la vieja
en la vieja pizzeria El Clarín a comer pizza, la felicidad era
completa. Hoy, al ver las calles vacías en esa fecha, me llena de
nostalgia y de pena, las calles de Saavedra ya no juegan ni sueñan
con su corso. Alguna vez fue transitada por la comparsa Ara Vera, la
inocencia de nosotros los pibes, y también de los grandes, fue
quedando en ese pomo vacío que quedó tirado en la vereda, o esa
serpentina enredada en un arbol, como dice el tango, la nieve del
tiempo mi pelo cubrió, esa nieve que tirada al aire nos hacía creer
en un invierno corto. Pero aunque no corra un purrete por la calle
persiguiendo a una piba y las mascaritas ya no transiten por
Republiquetas, el espiritu de mis carnavales en Saavedra se seguirá
sintiendo en cada baldosa de mi barrio |
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29/12/2004
Jorge Katz :
Reloj de Sol
Barrio que marco mi infancia y Juventud, recorrido centimetro a centimetro en bicicleta, donde las placitas de Garcia del Rio fueron testigos de nuestras carreras, partidos de futbol y remontadas de barriletes. Parque Saavedra con sus Eucaliptus enormes y su reloj de Sol (donde más de una vez me preguntaba, como diablos se leía la hora ahí) a la entrada por Pinto y Garcia del Rio, sus calles internas con polvillo rojo, que cada vez que te caías se te ensuciaba hasta el calzoncillo; en Primavera empezaban a aparecer los vendedores de pororo, manzanas acarameladas, el piruli y los molinetes de varios colores colocados por todo el carrito. La zona de juegos delimitada con troncos de alguna especie tropical colocados en horizontal unidos por una especie de gancho de hierro, nos servían para hacer equilibrio en ellos y saltarlos cuando veníamos corriendo, 2 toboganes, al cual siempre se accedía por los hierros laterales, que para aquellas edades era mucho más rápido que subir por la escalera, y allá abajo te esperaba el cuadrado de arena que evitaba que te lastimaras, el problema venía después de los días de lluvia, que siempre estaba encharcado y tenías que tener la astucia de saltarlo antes de embarrarte. Desde la perspectiva actual, los que hemos podido potrear por todos los rincones del barrio nos deberíamos sentir privilegiados, solo de pensar que el barrio ha sido el medio simbiótico de nuestro desarrollo psico-fisico, hemos aprendido a valorar a nuestros vecinos, a convivir con ellos, a intercambiar largas tertulias sin importar raza ni religión, simplemente nos manteníamos con la escencia, era un vecino.
Las calles y los parque han sido nuestros gimnasios naturales, nuestras pistas de atletismo, velódromo y campo de futbol.
Finalizo este recopilación, deseando:
UN FELIZ AÑO NUEVO.
Felíz 2005 |
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12/12/2004:
Jorge Nadín:
El boliche de Domine y la Navidad.
Se acerca Navidad, a veces los recuerdos se agolpan y dan lugar a
lindos pero emotivos momentos, como por ejemplo la juguetería y
kiosco de la esquina de Republiquetas y Vidal, el boliche de
Domine, de techos altos, pisos de madera. Tenía colgados en su
interior mil juguetes, hacia la calle tenia la golosinera con su
vidrio para que no le tocaran nada. Allí muchas tardes me para
ver y comprar los chupetines Topolín, los bocaditos Cabsha, los
chocolates con sorpresa Jack, los caramelos Pirulín, los
Paraguitas de chocolate, o los chocolatines blancos Milkibar, que
me compraba mi abuelo. El sabor de ir con las monedas a comprar
algo rico era inevitable, como inevitable era para esta época
empezar a comprar los petardos, las cañitas voladoras, los
triángulos, se acuerdan amigos, Dany y Carlitos, poníamos los
cohetes en tierra humedad para que la explosión fuera mas grande,
o dentro de una lata para que hiciera mas ruido, o sacrificábamos
un helado para ver hasta donde llegaba y a quien salpicaba, cosas
de pibes, peligrosas, pero cosas de pibes al fin. El 24 de
Diciembre la calle se vestía de fiesta, Domine sacaba todo su
arsenal de juguetes a la vereda, horas y horas nos pasábamos
contemplando los chiches que mas tarde papa Noel nos iba a traer,
las ansiedad nos comía, nos sentábamos en el umbral de la
heladería de mi viejo y fantaseábamos, tratábamos de adivinar que
arreglo tendría Domine con papa Noel para saber la hora que este
iba a venir a buscar los regalos, imposible verlo y saberlo, así
se iba muriendo la tarde para dar paso a las luces de navidad, la
calle por un instante se iba despoblando, solo se escuchaba el
rumor de la gente en las ventanas, nosotros cada uno con los
suyos, hasta que por arte de magia aparecían los regalos en el
arbolito, ¿ en que momento había entrado?, ¿Domine lo había
llamado?, los viejos se dieron cuenta?, la verdad que era una
incógnita, pero lo cierto es que allí estaban, envueltos en papel
regalo, 10, 9, 8.... Feliz navidad, y a abrir los regalos, Domine
mira lo que me trajo papa Noel, él estaba sentado en la puerta y
esbozaba una sonrisa cómplice, quizás como rememorando su
infancia, uno a uno nos íbamos encontrando, mostrábamos nuestros
trofeos, nunca supimos porqué Papá Noel llegaba a todos lados a
la misma hora, lo que sí se que un día el negocio de Domine no
abrió mas, la dulzura de sus golosinas se fue con el al cielo, y
se que desde allí le daba sus juguetes a Papá Noel y los reyes
para que siguieran estando todos juntos a la misma hora. |
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20/10/2004:
Jorge Nadín,
escribe sobre el Club Atlético Platense
ALMA DE TABLON
Club Atlético Platense, sentimiento de un barrio en
crecimiento. La canchita de tablones de Pedraza y Cramer, domingos de futbol
grande, los altavoces sonaban con si su piloto no es Acuamar no es impermeable
lo puedo asegurar y salía el tense a la cancha. Nosotros con nuestros grandes 9
años nos entusiasmaba el griterío de la tribuna, aunque en realidad lo que
hacíamos a veces era buscar monedas abajo de la tribuna. El olor del choripán,
los panchos. Entrabamos gratis, si un mayor te hacia la pata adentro, así que
nos parábamos en la boletería y esperábamos, después a la salida volvíamos a
Vidal a cuidar autos y ligábamos lindas propinas, no necesitábamos la plata,
pero era el sabor de ganar unas chirolas y juntar para comprar las camisetas del
equipo. En la semana era distinto, había que ser socio para entrar, el cuidador
creo que se llamaba julio, no te dejaba entrar. Recuerdo que después de muchas
corridas y escondidas nos hicimos compinches y amigos de aquel viejo guardián y
nos dejaba pasar a jugar en la cancha auxiliar a jugar partidazos, siempre eran
desafíos con algunos chicos que estaban en el club, allí se albergaban los
sueños de muchos de nosotros de llegar a primera, la imaginación y la ilusión
volaban, un toque, una gambeta, un caño, una pisada un gol al ángulo, todo
servía para ser pichón de crack. Un día como todos estábamos haciendo un picado
entre nosotros, no nos dimos cuenta que unos grandulones nos estaban viendo, uno
de ellos se acerco a pelusa (Alberto Batet) y le dijo porque no hacíamos un
picado entre todos. Con el tiempo nos enteraríamos que ese había sido el
partido de nuestras vidas, corríamos como locos para demostrarles a esos
grandulones que éramos hábiles, no pibe me grito uno si cruzo la pelota pica al
vacio, en la segunda le hice caso, pique en diagonal, era un pase mágico, quedé
solo frente a Pelusa, que era el arquero, el imitaba al loco Gatti, lo mire y
con un quiebre de cintura lo deje tirado en el suelo, todo el arco era mío y
como si fuera la final del campeonato del mundo le pegue el zapatazo y salí como
loco a gritar el gol con alma y vida, es quizás la jugada que mas recuerdo , el
resultado fue historia, de pronto Daniel Milanessi, él era hincha de platense,
y me dice que esos grandulones eran jugadores de primera, que conocía a la
mayoría, Aranda, Mansueto, Togneri, la chancha Topini, Recio, Murua, Miranda,
Muggione, Bulla, Subiat, medina, habían tenido la humildad de los grandes para
prenderse en ese picado, había potrero, había sentido de vida. Fue el comentario
de la barra durante mucho tiempo, después ellos siguieron su camino y nosotros
fuimos creciendo, cada uno tomo rumbos distintos, la vieja y querida cancha de
platense desapareció como desapareció ese partidazo, pero quien no guarda en
sus retinas los colores marrón y blanco de una camiseta calamar y el sonido de
un gol que aun hoy recorren las calles de Saavedra. |
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20/09/2004:
Jorge Nadín
,nos cuenta sus recuerdos de las canchas de futbol.
Muchos son los momentos en que me sentía feliz con la barra de amigos, hoy
voy a evocar un pedacito de las plazoletas de García del
Río. Desde cabildo hasta pintos estaban las mismas
canchas de fútbol de todo el barrio, pasaba un auto cada
tanto, el primer campeonato que jugamos fue en García
del Río y Vidal, como no teníamos camisetas,
improvisamos unas blancas y le hicimos dos franjas
verticales una azul y otra roja mas corta, el resto de
la vestimenta no era uniforme, como éramos los mas
chicos demás esta decir que no ganamos un partido, pero
teníamos el orgullo de decir que jugamos con los mas
grandes, los sábados por la tarde se organizaban
campeonatos en otra plazoleta que estaba entre Zapiola y
Conesa, lo organizaba la unidad básica, allí ya teníamos
14 o 15 años, y jugábamos con la camiseta del Ajax de
Holanda, el equipo se llamaba Balcarce, pero no por la
plaza del otro lado de cabildo. Sino porque el nombre
pegaba, ese era un equipazo, y aunque era delantero fue
la única vez que fui al arco. Carlos Closter era el
cinco, tenia 10 pulmones, salimos campeones y lo
gritamos por todo el barrio, era lindo porque hasta la
gente te apoyaba, se llenaba la placita y a uno lo
alentaba mas, el remate de esas plazoletas era el
parque, la cancha grande, de desafíos ,los sábados a la
mañana, partidos de dos horas a 12 goles, me crié
saltando en esa plaza, la calesita era un escape a
tierra, cuando éramos pibes y sacabas la sortija, una
vuelta gratis y en ocasiones hasta un disco, la música
sonaba fuerte y nos peleábamos con la pera para sacar la
misma, el calesitero sabia a quien se la daba, ehh don
no vale porque a ese o esa, después nos fuimos dando
cuenta de que era ecuánime, que había pibes que solo
podían pagar una vuelta, o que eran muy chiquitos y al
sacarla hasta los padres se ponían contentos, en cosas
que uno ve después de grande, hoy todavía sigue girando,
creo, el bebedero del parque, la montanita que separaba
los picados del otro lado a veces venían los de barrio
mitre, generalmente el partido no terminaba, detrás de
los arbustos era villa cariño, al caer la tarde a veces
nos juntábamos para embromar, y aparecían las parejas,
también juntábamos los coquitos de eucaliptos para poner
en agua hirviendo, lo mas lindo era cuando terminábamos
de jugar y nos sentábamos en la esquina de Cramer y
García del Río a tomar una coca, estábamos palmos, se
ganábamos no importa pero si perdíamos te dolía todo, a
veces cuando pibe, solíamos mirar por las alcantarillas,
por abajo pasa el arroyo Medrano, tirábamos piedra,
papeles, cohetes, y en la imaginación creíamos ver como
se iban nuestras ilusiones, ilusiones que realmente
pasaron con esos seis que salíamos a jugar nuestro final
del mundo.
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5/09/2004:
Jorge Katz,
a 12000km de distancia,
reconoce a Jorge Nadin y sus relatos y comienza a aportar los
suyos.
Buscando fotos de mi barrio fui a parar a la página web de
los mensajes de www.barriada.com.ar y me leí tus 5 relatos, la
fidelidad de ellos me produjeron una emoción que me indujo a
escribir estas líneas. Creo acordarme de vos, haberte visto
alguna vez de chico sentado en la heladeria de tu viejo, que como
coincidencias de la vida hace 3 días le preguntaba a mis viejos
si se acordaban de cómo se llamaba la heladería de Republiquetas,
creo llevarte unos años (1953) seguramente nos habremos cruzado
mil veces. Vivía a mitad de cuadra de Jaramillo entre Cramer y
Conesa, mi nombre es
Jorge Katz, hijo de Günter (el alemán, como lo conocen los que
quedan en el barrio) y doña María como le llamaban a mi madre.
Mis recuerdos de infancia y juventud están unidos al barrio
Saavedra, a la heladeria Venezia, helados de verano a la tarde y
a la noche, tengo un enorme recuerdo de ella, con su máquina de
hacer helados a la vista, su bebedero de agua fría, el parque
Saavedra, su calesita de colores vistosos, donde nos
desesperábamos por agarrar la anilla del calesitero y dar una
vuelta gratis. Remontar los
barriletes en la plazita de Garcia del Rio, hechos con engrudo,
cañas, papel de diario o papel cebolla de colores. Partidos de
futbol en Jaramillo, donde pasaba un coche cada quince minutos o
media hora, donde el vecino de enfrnte el austríaco y su esposa
Doña Mónica, nos echaban la bronca cada vez que se nos iba la
pelota de goma (Pulpo, la fabrica estaba en Pinto entre
Manzanares y Jaramillo) dentro de su pequeño jardín.
Capitan Galan donde los domingos hacías unas colas hasta la calle
para comprar el pan, y en su puerta el buzón rojo donde nos
trepábamos para sentarnos encima, a 5 metros sobre Cramer, el
diariero que abría a las 5 de la mañana en la misma parada del
151.
En la esquina de enfrente estaba la fiambrería de Julio, que
luego la llevaba Tito, su hijo (de mi edad o un par de años
mayor). Recuerdo cada baldosa rota sobre Cramer, que tenía que
esquivar con la bicicleta, que de tanto subir y bajar los
cordones le rompí el cuadro. Llegué a viajar en el tranvía que
venía por Republiquetas, daba la vuelta en Cramer, que creo que
llegaba hasta Monroe, se subía por la vereda, mejor dicho un
trozo que había entre la vereda y la calle, frente al Bodensee.
Mi infancia y juventud multicolor se la debo indudablemente al
barrio de Saavedra. Tengo tal cúmulo de imágenes que ocuparían
muchas hojas relatarlas todas. Me las reservo para ir contándolas
en próximos correos. Solo decir que vivo a 12000Km de Bs. As.
Un saludo Jorge Katz |
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25/08/2004:
Jorge Nadín, nos cuenta sus recuerdos del tranvía
PINCELADAS DE MI NIÑEZ - EL ULTIMO TRANVIA
Mil novecientos sesenta y dos, no recuerdo tal vez era verano, tal
vez invierno, sin darme cuenta, frente a la heladería de mi viejo, paso el
ultimo tranvía, por la vieja y empedrada Republiquetas, en ese momento no me
llamo la atención, lo vi, y con un dejo despreocupado de un purrete de cinco
años contemple como se iba perdiendo de mi vista hasta que su cola la vi
perderse al llegar a Pinitos.
La calle empedrada, la vía muerta, fue sirviendo con el tiempo para que la
barra se riera de los que cruzaban y tropezaban con los salientes de los
rieles, apostábamos figus para ver quien o cuantos se caían, creo que no se
salvo nadie, hasta yo una tórrido tarde de enero cruce a buscar una gaseosa,
los envases eran de litro y de vidrio, me tropecé, hice una pirueta y me
desparrame a lo largo de la calle, el tiempo fue pasando, vinieron los
troles, no pasaban por Republiquetas, mas tarde empezaron a pasar el 405, se
subía y se bajaba por adelante, aunque ahora por que tienen tres puertas
siguen bajando por adelante, se sentía de lejos el traqueteo del bondi ya
que el empedrado, nunca pareja, asi estragos en la carrocería. Asi mi calle
fue creciendo, el barrio fue creciendo, las casas bajas, los baldíos, dieron
pasos a modernos edificios. Vidal, siempre fue novedad para nosotros, porque
estaba asfaltada, era nuestra cancha de fútbol preferida, la pelota de goma,
que traía siempre pelusa (Alberto Batet), picaba como los dioses, ¡¡¡ guarda
que viene el cole !!!, y el partido se paraba, con la pared no vale, pista
de carrera para las bicis.
Un día de otoño había un silencio distinto, me iba temprano al cole y la
calle estaba vacía, uno a uno fueron levantando los adoquines, las vías no
llegue a verlas, al cabo de unos meses mi vieja y querida Republiquetas era
de asfalto, creo que fue entre el 66 y 69, no recuerdo bien, ahora venían
todas las recomendaciones de la vieja, ojalá hubiera mail en el cielo para
que leyera todas estas historias, ella también era una enamorada de
Saavedra, como decía venían las recomendaciones, cuidado al cruzar la calle,
ira si viene alguien de contramano, mira que los autos vienen volando, en
fin había perdido el encanto colonial que le daba al barrio para dar paso ¿
al progreso ?, que en ese entonces no llegue a captar.
Muchos años después, ya casado, volví al barrio y con un dejo de nostalgia
me senté en el umbral, ahora vacío, de la heladería de mi viejo, mire la
calle, transitada, ahora por miles de autos y líneas de colectivos, en un
parate, que no pasaba, recordé el paso de aquel ultimo tranvía. |
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23/08/2004:
Jorge Nadín, nos habla de paso por la escuela
del barrio
Hoy mas que nunca me senté frente al gran ventanal de mi casa,
casualidad o no llovía en San Juan, solo con mi amigo el mate me puse a ver
las pocas fotos que el tiempo me dejo, encontré medio amarilla una de mis
primeros pasos por el colegio, mi querido colegio, el instituto La Asunción,
queda, creo que todavía está, en la calle Núñez entre Conesa y Cramer,
pasaba por la puerta el colectivo 405 mas tarde 157, empezó siendo una casa
con su jardín de infantes y primaria, en realidad era una escuela familiar,
la directora era María Baccino que vivía enfrente, fue creciendo con el
tiempo y cuando di mis primeros pasos en el jardín de infantes, no había
sala de 3 y 4 años, ya había secundario, como decía era una escuela
familiar. La maestra de primer grado, mi maestra, la que me enseño a leer y
a escribir era la hermana. Otro hermano era Ricardo Baccino, rector del
secundario y profesor de matemáticas, excepcional para hacer cálculos en el
aire. José Baccino, profesor de historia de primer a tercer año, sabia un
montón, esos eran los que recuerdo de la familia, nunca me voy a olvidar
esas mañanas frías en el patio,.....tu que fuiste tejida, con los
colores del cielo y con la imagen de María...., asi comenzaba,
la oración de la escuela era una sentimiento, llegó hasta formar parte de
nuestras vidas como quien reza el padrenuestro, después cada uno a su aula,
por la mañana castellano, por la tarde ingles, también recuerdo mi primera
maestra de ingles, miss Alcira, todavía hoy guardo
los cuadernos de primer grado. Qué alegría el muy bien 10 felicitado, cuanto
orgullo, o el very good, por haber conjugado el verb to be correctamente,
realmente era una familia, con la mayoría de los chicos y chicas que
empezamos ese jardín de infantes allá por el año 1963 egresamos después en
el 1976, algunos bachilleres otros peritos mercantiles, mirando la foto,
algunos nombres . Sepan disculpar se me borran con los años, los tengo
presente, Daniel Dursi, Beto González, Patricia Fraga, Denaro, Mónica
Fernández. La negra (cariñosamente) Pratt, tocaba el piano como los dioses y
bailaba muy bien, Ciliberto, Franco, Goyi, Morrone, Casella, Mónica
Gallegos, Daniel Iglesias, Roxana Fortunato con el tiempo se fueron
agregando mas hasta llegar a la secundaria, con Carlitos Manteo, José
Santos, Héctor Fuentes, Eguia, Romano, en fin había muchos más, si alguno lo
lee espero me sepa disculpar pero los años no pasan solos, asi fue como esa
casita se transformo en un edificio de tres pisos, en el ultimo estaba el
gimnasio techado, donde también hicimos un baile para recaudar fondos de
viaje de egresados, cuantos noviazgos, cuantas horas compartidas, la salida
de la tarde es lo que mas me quedo como recuerdo de vida, los martes y los
jueves mi abuelo me esperaba en la esquina de Cramer, era empedrada y de una
sola mano, y Núñez, con mis pantaloncitos cortos, grises, mi camisa celeste
corbata azul y blazer azul marino, cruzaba ante su atenta mirada y me
abrazaba después del beso me regalaba siempre, con mirada cómplice, de
compinche, unos chocolatines Milkibar, el trayecto hasta casa, vivía a la
vuelta, Republiquetas y Vidal, era en silencio, disfrutando el chocolate y
su compañía, contando las baldosas, mirando las hojas de otoño y las flores
en el verano, atrás quedaba la ultima campanada de salida, no éramos blancas
palomitas, éramos gorriones azules desperdigados por la calle, sabiendo que
mañana nos volvíamos a ver, hasta que 30 de noviembre de 1976, el timbre
sonó por ultimas vez para nosotros, no se cerraron las puertas de la
escuela, se abrieron las de la vida, muchas veces, cuando viajo a buenos
aires mi paseo infaltable es mi barrio, y pasar frente a mi escuela, Núñez
ahora esta asfaltada, Cramer es avenida de doble mano, pero esa esquina
sigue guardando el encanto del chocolatín Milkibar que me regalaba mi
abuela, y ese campanazo de amor que sentíamos todas las mañanas. |
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11/08/2004:
Jorge Nadín, sigue enviándonos sus recuerdos:
"Es lindo saber que aunque estoy a 1200 Km., un teclado, una
pantalla y muchos recuerdos pueden unir personas que aman y sienten su
barriada. Hoy me levanté con la nostalgia de los días tórridos de verano,
aquellos 6 de enero en que con los pibes de la barra, Carlitos (Malalel),
Daniel (Milanesi), ojalá pudieran leer esto, esperábamos sentados en el
umbral de la heladería de mi viejo, estaba sobre Republiquetas 2810 y
actualmente sigue teniendo la misma fachada con sus mármoles rojos, la
llegada de los reyes magos. Teníamos 4 o 5 años, yo era el mayor con 5,
mirábamos el atardecer aferrados a nuestros sueños e ilusiones, la tarde
caía tan lentamente como nuestras mentes podían asimilarlo, en la esquina el
negocio de Chuzo, ponía sus mejores juguetes en la calle, ojo a no tocar que
se enoja. En la vereda de enfrente la tienda de Lucho, todavía está y la
atiende, al menos hasta el año pasado él mismo, también tenía sus regalos. A
veces, como en esa ocasión cuando ya entraban las primeras luces de la noche
una luna llena y amarilla, nos hacia mirar hacia arriba, si hasta parecía
que los reyes venían por allí, los tres aferrados a nuestras bicis. Carlitos
una bici negra chiquita, en esa aprendí a andar, Daniel con una amarilla
piñón fijo, y yo con una mixta que me habían regalado el año anterior de la
bicicletería Nino (García del Río y Vidal). Era tanta la ansiedad que a las
nueve de la noche estábamos todos durmiendo, los pibes de Saavedra dormían,
los reyes grandes andaban por el barrio, al alba la empedrada Republiquetas
se poblaba de pibas y pibes con los regalos. El primero en venir era
Carlitos, después Daniel, mamita cuantos regalos, eran épocas de bonanzas,
donde podías sacar un juguete a la calle y no te lo robaban, bicicletas
nuevas, metegoles, pelotas, equipos de futbol, cada calle era una fiesta, la
fiesta de los reyes de Saavedra, que el 6 de enero mientras los viejos
dormían, se poblaban las calles de corazones infantiles." |
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09/08/2004:
Jorge Nadín, nos vuelve a escribir emocionándonos con sus
recuerdos. Pueden ponerse en contacto con él:
jorge_nadin@hotmail.com
"No se dan una idea de lo emocionante que es poder recibir y enviar
cosas del que, aunque a la distancia, sigue siendo mi barrio. No hay
problemas en publicar mi mensaje como tampoco en colocar mi mail para
quienes quieran escribirme: tengo mil imágenes y vivencias de Saavedra.
Tengo 45 años y todavía ni el corazón ni la memoria no me fallan.
Generalmente me siento en un ciber y desde acá recibo y mando mis mail,
generalmente haciendo un alto en la huella. Voy a seguir mandando recuerdos,
de los que también escribo para mi hija, para que ella conozca aunque más no
sea a través de mi relato lo que era hace 40 años esa popular barriada. Hoy
estuve recordando mi viejo equipo de Balcarce, con la camiseta del ajax de
holanda, aunque mucho antes teníamos un equipo con camisetas blancas y una
franja vertical azul y otra más larga roja con la cual nació el equipo. Pero
eso se los voy a mandar en otro envío, como tantos otros recuerdos.
Será pues hasta pronto, y gracias por acercarme a un pedazo enorme de mi
vida." |
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06/08/2004:
Jorge Nadín, desde San Juán escribe:
Por fin algo de mi
barrio, desde hace unos años vivo en la provincia de San Juan, pero
me crié, corrí, y me enamoré en mi viejo barrio de Saavedra, en la
vieja Republiquetas y Vidal, allí mi viejo tenía la heladería
Venezia. El parque de García del Río y Pinto fue mi primer potrero,
Manuel A Pedraza y Cramer, los tablones del tense del barrio, la
barra de la esquina, cuántos recuerdos... Ahora estoy escribiendo
pinceladas de Saavedra, de esas calles donde corría detrás de la
pelota de goma, el tranvía, después el colectivo, líneas algunas que
ya no están como el 10 y el 405, o el 157 por García del Río, por
Cabildo el 30 y el 31, que eran los troles, el empedrado, en fin el
olor del barrio, el negocio de chuzo en la esquina, la panadería
Capitán Galán, el almacén de Don Julio, la carbonería, mi escuela...
en fin hace mucho que no voy pero esta página de alguna manera me
acerca a mi infancia, que aunque el tiempo inexorable ya me haga
peinar canas, tendrá en mi corazón, ese encuentro furtivo de un
amor, y la barra de la esquina." |
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