Te Imagino Homero
por
Ricardo Lopa

18/06/2007
Te imagino Homero, siempre tirando al Sur por
Boedo, anclando en La Puñalada esquina Rondeau.
Tú retina, guarda la preciosa imagen del tano
que te prestaba y le prestabas la cuota de oreja
fresca, a tus realidades y sus realidades,
traducidas, en letras en una servilleta
arrugada. Charlas imborrables, cobijadas por el
Sol de Chiclana, del que vino en el Conte Rosso
y se hizo porteño por vocación. Llegar al
boliche, era abrevar la cultura porteña de
Amleto Enrico Vergiati, siempre presto y seco,
entonado para leerte y darte opinión de tu nuevo
proyecto de canción. Vos un cortado y el una
copita, seguro que los encuentros fueron muchos
en interminables noches. Y vos, al compinche de
tantas aventuras, lo consolaste, más de una vez:
“Sabés Tano, volverá, mirá, ¡ahí viene¡ ” Y se
mandó La Ví Llegar, y en su retina apareció Gori,
la que nunca se fue y siempre está aparecida en
el bulín de Diógenes Taborda. La pobre que te
bancó hasta donde pudo, inclusive el desalojo
con Oficial de Justicia y todo. Y te fuiste a
ver al punto que la iba de Juez y le chamuyaste
“Usté me juna a mi. Esta ciudad no la fundaron
ni Mendoza ni Garay. A Buenos Aires la
inventamos Homero Manzi, Enrique Santos
Discépolo y yo. Yo soy Julián Centeya.”
(Informes del Sur. Roberto Selles. Julián
Centeya. Ediciones BP. Pág.21). Ah, no lo
busques al italiano, se perdió en la búsqueda de
Claudinette en la neblinosa medianoche
parisina, para no garparte el feca.
“…Muchacho de cafetín, adornao con pilchas
pobres. Feliz con la fortuna, de no tener un
cobre..”
Te cuento, que la actualidad nos
marca un restaurant; Gran Sur, y una placa en el
frente del boliche, que canta: “Esquina Julián
Centeya”. ¡ porteñazo el hombre !
Ahí
nomás está Chiclana, supo ser barrio y calle
también. La diagonal persiste, la yeca también,
pero el rrioba se fue a acoyalarse con Patricios
y Boedo.
Te imagino, un domingo cualquiera
saliendo del feca con Julián, cruzar Boedo,
pasar, guiñándole un ojo pedigueño a San
Bartolomé rumbo al feca La Grasita de los
hermanos Ignacio y Martín Ciordia. Chiclana
3407, lugar de reunión de los simpatizantes de
Huracán, previo partido y partida hacia Chiclana
y Alagón, casi Av. La Plata, donde se encontraba
la cancha. Te imagino, con “….Tuco”, el extraño
vagabundo de la calle Garay, mirando “medio
partido” desde las montañitas de Chiclana…” Te
imagino, con “Mario Luppi, Malerba, Ginebra,
Banchero, Pepe Barreiro, Bivernat, Cantoni,
Armando, Bergantito, Durán, Sabelli, Ader,
Tamangotes Rabanal, y todos los que entonces
parecían muchos en la tribuna de Chiclana…”
(Poemas, prosa y cuentos cortos. H.Manzi. Ed.
Corregidor “Treinta Años de Recuerdos Alrededor
de un Globo”.) Te la bato de una, comprenderás
que la barra que “parecían muchos” ‘fueron’, al
igual que ‘los hermanos’, no obstante se
mantiene el boliche, bien boliche, con
otro nombre y dueño. Coqueta, firme y orgullosa,
la San Bartolomé, vieras lo linda que está,
recién pintadita. Tu Globo, que lo llegaste a
ver “dueño de una sede lujosa y del primer
estadio sudamericano” (“Poemas..Treinta Años…) a
veces, con poco aire, sigue volando para tu
tranquilidad y la de Julián.
Te imagino,
haciéndote una escapadita por Parque de los
Patricios, un domingo cualquiera, para matar el
vicio tanguero en el glorioso feca, de Rioja y
Caseros, “¿ Es que el Café Benigno,….en cuya
pizarra de billar se colocaba el resultado de
los partidos de primera cuando no había radio ni
sextas ediciones…no formaba parte de la historia
de Huracán..?” (“Poemas..Treinta Años…)
Y te imagino, siempre enfocando al sur, de once
así nomás. ¡Cómo te gustaba patear por las
calles porteñas!, y vas llegando a tu Pompeya.
De jonca, que el colegio de don Abraham Luppi,
con su curtiembre familiar y el paredón, como
límite extramuros a la pampa, cada tanto bañada
por el Riachuelo, ya son historia, “…Sur,
paredón y después…Más allá la inundación”, como
también tu admirado Director de Estudio, el tano
garibaldino Eduardo Colombo Leoni. Sabés, que
tus compañeros de travesuras, ya no están, pero,
tenés ganas de mandarte igual, y te acompaño.
Añorás la campana que llamaba a descanso, el
piberío corriendo detrás de la pelotita “…en
cuyos recreos del lunes se comentaban los goles
y las jugadas del domingo…no era un vivero de
jugadores y simpatizantes de Huracán..?” (“
Poemas…Treinta años ...)
Centernera y
Esquiú, ahí nomás de Nta. Sra. de Pompeya,
“…Barrio de tango, luna y misterio, calles
lejanas, ¡cómo estarán! Viejos amigos que hoy ni
recuerdo ¡qué se habrán hecho, dónde estarán…!
Te ves y me imagino verte, en la ventana del
cole, fichando allá la pampa y acá la herrería
del tropero Antonio Musladino, en Centenera y
Tabaré. “…la esquina del herrero, barro y
pampa…” (Sur)
Buscás y sabés que no lo vas a
encontrar, al hijo del herrero, compañero y
amigo, Oscar. ¿si lo habrás cargado? ¡cómo le
piantaba al laburo! Un señorito. Pulcro de la
cabeza a los pies, pasando por las manos, que le
escapaban al martillo. La herradura de la suerte
era una falacia, inventada por los trabajadores
del gremio, para el recambio. Por tal motivo,
él, no, siempre con manos relucientes.
“…¡Porteñito! ¡Manoblanca!...Vamos ¡fuerza, que
viene barranca! ¡Manoblanca!...¡ Porteñito!
¡Fuerza! ¡vámos, que falta un poquito! ¡Bueno!
¡bueno!...¡Ya salimos!...Ahora sigan parejo otra
vez, que esta noche me esperan sus ojos en la
Avenida Centenera y Tabaré…” “ La herrería
es la pampa del barrio, donde todavía se anuncia
la mañana, con el clarín del gallo…”
(“Poemas..”) Te tiro una buena, el bulín del
primer piso del Colegio Luppi, persiste. Un
consejo, no se te ocurra, subir a fichar la
herrería de Musladino, como presentís, igual que
su dueño, pasó a mejor vida. Pero, te tiro otra
buena, la esquina de Centenera con Tabaré, fue
abierta, para que pasara tu apreciado Eduardo
Colombo Leoni, en un pasaje de una cuadra. ¡ Qué
tal !
Viste Barba, todavía en el rrioba
porteño se respira Arrabal. “Arrabales porteños
de casitas rosadas… Donde asoma la higuera…en
tus patios abiertos las estrellas se asoman…” Te
imagino, caminando por Esquiú con José Dames. El
Pepe, que una día se piantó de Pompeya a la
Pepirí de Patricios, en la búsqueda infructuosa
de la piba más mimada por la muchachada. Y
fuiste y Fuimos, vos la letra, y el, la
música. “…Fuimos abrazados a la angustia de un
presagio por la noche de un camino sin
salidas,…” Para que te pongas contento,
una plazoleta entre las calles Esquiú, Tilcara y
Abraham Luppi, lleva su nombre. Toda la hinchada
junta. Por supuesto, vos no podías faltar, ahí
nomás figurás como una calle más de tu Pompeya.
Ah, no se si notaste, enfrente de la plazoleta,
por Esquiú, está la famosa casa, todavía pintada
de rosa. Grande patio abierto, donde asoma la
higuera, que de seguro cobijará innumerables
estrellas, para iluminar la paz de los ancianos
moradores, hasta que les llegue la noche. Ahora,
se le dice, Residencia Geriátrica.
Se me
hace, que el amor anduvo por Pompeya, lo viniste
a imaginar, sabiendo que no lo encontrarás. Te
tienta, patear por esas calles juveniles,
buscando las travesuras que no volverán, pero,
que forman parte de tu vida. Fueron, grabadas en
tu retina están, andá a buscarlas. Mandate por
Corrales al 1200 Date el gusto, quien dice que
por ahí, tu porteña imaginación, te hace
aparecer a la Juanita, una pebeta de aquellas,
que, con dejo nostalgioso y cabello rubio, una
dulce sonrisa te obsequiará. “Barrio de tango,
que fue de aquella, Juana, la rubia, que tanto
amé. ¡Sabrá que sufro, pensando en ella, desde
la tarde que la dejé…! Se y lo sabés que
con Juana simbolizás la piba de barrio, que
fueron muchas y ninguna, cuando el metejón te
brotaba cada día, cada noche, pasajero sí, pero
imborrable. “…No habrá ninguna igual, no
habrá ninguna, ninguna con tu piel ni con tu
voz…” Que también, quizás, pudo haber sido una
en particular y ninguna en general. Vaya uno a
saber. En las cosas del querer, siempre queda
más pituco busca afuera, lo que,
respetuosamente, está en casa, querida Casilda.
“¡Corazón…! En aquella noche larga maduró la
fruta amarga de esta enorme soledad… ¡ Ya no
estás..! Y tu ausencia que se alarga tiene gusto
a fruta amarga, a castigo y soledad..”
Te me
estás poniendo demasiado melancólico. Claro son
años de efervescente masculinidad, añoranzas
imborrables de lo femenino que participó de tu
vida: “Es tan triste vivir entre recuerdos…No
habrá ninguna igual, todas murieron…”