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Nuestros Paisanos De La Calle Pavón
Eran Buenos "Troesmas"
por
Ricardo Lopa

17/12/2006
Viérase a Ricardito,
al final sabía de burros. Cantó la fija nº 1 (el 10/12 que fue
publicado enwww.barriada.com.ar el día 15/12). Storm Mayor, ganó elCarlos Pellegrini nomás el día 16/12. El primero en conseguir
doblete en 50 años. Evidentemente "Los
paisanos de la calle Pavón" eran buenos 'troesmas' . La ficción
se hizo realidad. Bueno, la vida tiene estas cosas, depara
realidades que fueron ficciones.
Chau, afectuosamente.
Nuestros Paisanos Nuestros Paisanos De La Calle Pavón
por
Ricardo Lopa

15/12/2006
Así
que se manda al Pellegrini. Sabe no mangio del tema. Alguna vez
presencié una carrera de caballos, y me la creí. Era muy pibe me
tragaba todos los sapos, aunque no tuviere hambre, aunque no me
convidaran, me los comía solito. Y solito me la creí. Allá por los 50’, el barrio, que era más barrio y más porteño,
también era más de lo nuestro. La identidad sabe. Se suele decir,
que todo tiempo pasado fue mejor, no es tan así. Como tampoco que el
presente lo es, por el solo hecho de serlo. Pero que lo pasado era
distinto, es tan así. De hecho por ser pasado no puede ser igual al
presente. Pero puede ser más nacional, seguro y seguro que sí. ¿ Por quién se juega en el Gran Premio?, por ¿Storm Mayor? ó, por ¿Sixty
Finder?. Que nombres raros, ¿son nuestros los pingos? No vaya creer
que soy burrero, con el clarín en la mano, cualquiera lo toca, el
problema es entonar. Ah son nuestros, aunque no parezca. ¿nosotros
somos nosotros?, o queremos ser lo otros. Ud. dirá, ¿a qué viene esto de los caballos?, le cuento: Alguna vez la calle Pavón, entre Castro Barros y Boedo, estuvo
engalanada por una verdolaga plazoleta. Los antiguos del barrio
solían, contar que en el lugar supo haber una pulpería a principio
de siglo. Bueno es un supuesto, pero lo que deja de serlo y fue una
realidad para Ricardito, que durante las fiestas patrias se armaba
en el verde césped una gran celebración. En el festejo no podía
faltar la carrera de caballos. Ahí estaba Rosendo, montando a
Cielito y Jacinto a Patas Largas. Que emoción ver a nuestros
gauchos, montando pingos criollos. ¡eran de verdad!. Lamentablemente
luego fueron reemplazados por los ‘cowboy’ que no lo eran, pero si
rubios y de ojos celestes y además sacaban el arma ‘para matar’ como
los dioses. ¡Qué canallada! ¡Qué golpe trapero a la mentalidad de
jóvenes en formación! De esos entreveros barriales boedenses, viene mi creencia burrera.
¡Qué cosa Boedo!, el único barrio, llamado así por su calle
principal. En realidad los nativos persistimos, lo llamamos
deformándolo, pero con orgullo, ‘Buedo’. Juro, que me había hecho hincha de un alazán blanco con pintitas
negras, que lo llamaban el Tuerto, ¿por su jinete, el Alfonso?: No
¿por su andar de costado?, Si, medio compadrito el pingo había sido. Sin mucho aire, continúo tocando el clarinete. Estábamos en San
Isidro, unos boletos a Shuaily el peruano o, a Shock Plus Que
nombres raros, ¿son nuestros los pingos? Ah, son latinoamericanos
aunque no parezca, pero, ¿nosotros somos nosotros?, no deseamos
serlo; pero queremos ser los otros, pero tampoco lo somos. En realidad, lo que me atraía no eran los caballos, ni la destreza
de los paisanos, que supuestamente era mucha, pero para el nene no
había diferencia. El pañuelo, si el que llevaban anudado al cuello,
era lo que llamaba la atención; unos eran rojos, otros amarillos,
otros marrones, el de la monta de mi elegido alazán; azul y blanco. Ah, el 16 de diciembre se corre nomás, la nómina de la caballada
prosigue, vea el clarín ya emite sonido acompasado, al ritmo de
Porto Blue, Northener, Mr. Fun y continúa. Otra vez la pregunta de
estilo, pero, ¿son nuestros?. Aunque no lo crea, sí. Pero, perdóneme
si me equivoco, creo que lo cree. Porque queremos ser ellos, no lo
somos. Somos nosotros, pero queremos ser los otros. ¿no hay un poco
de esquizofrenia en nosotros? Para cerrar la velada, venía el plato fuerte, por lo menos para los
pibes de 'Buedo', “La carrera de sortijas”. Cielito y el Rosendo,
Patas Largas y el Jacinto, el Tuerto y el Alfonso, prestos al
triunfo, a los que se agregaban Porteño y el Martín, La Nena,
montado por el Beto, entre otros. El ganado, ostentaba como premio desfilar portando nuestra bandera,
las dos cuadras de la cuadrera, con los vítores y pañuelos al viento
de los parroquianos, entre ellos Ricardito. Si me parece verlo a mi
Rosendo, con la azul y blanca en la diestra.. El ejemplo de los mayores, siempre nos guía en cualquier tiempo. La
purretada de Castro y Pavón, no era la excepción, ¡pero era
distinta!. A pesar que había muchos cines en ‘Buedo’; El Nilo,
Moderno, Select, Cuyo, Los Andes, sin contar los de San Juan y el
Teatro Boedo, que cada tanto se mandaba una peliculita, no éramos
Gary Cooper, ni Kirk Douglas, con sus cartucheras y pistolas siempre
listas para dar en el blanco. A pesar que nos infestaban con el
celuloide yanqui, los pibes del barrio nos sentíamos gauchos. Le
pedíamos a los viejos piolín lo atábamos del balcón al árbol de
turno, le agregábamos una arandela, y nos la rebuscábamos con algo
para ensartar, ah, casi me olvido, todos sin excepción nos
anudábamos en el cuello un pañuelo. Éramos paisanos. El pañuelo de
Ricardito era azul celeste, lo más parecido al azul y blanco que la
vieja le consiguió. Nos fabricábamos nuestra propia carrera de
sortijas. ¡la identidad nacional se cosecha, con hechos que siembran
con su ejemplo!. Sin petulancia creo que Ricardo es fruto, de lo
sembrado en tiempo oportuno. No se olvide el 16 de diciembre de 2006, el Gran Premio Carlos
Pellegrini en San Isidro, ya le tiré alguna fija con nombres que
huelen feo, les mando otros al toque de clarín, no se olvide,
agréguelos a la nómina: Body Gold, Cirque Du Soleil Emotion Parade,
Flag’s Boy, Guill Advantage. ¿y éstos de qué la van? Son también
nuestros. Pero, ¿los hacen mejores los nombres foráneos? ¿corren más
rápido? Minga, yo les peleo con Cielito, Patas Largas, el Tuerto,
Porteño y La Nena. Mire, ¡si aparece el Rosendo y ve este
zafarrancho de nombres! Hasta los mismos pingos, no entienden nada
cuando le susurran al oído su nombre ¿quién es el fulano? Rosendo lo
mira sobrándolo; gil sos vos, no ves cuando terminas de comprender
la orden, yo ya me pianté con Cielito. Como
puede observar los paisanos de la calle Pavón fueron nuestro
ejemplo, porque eran nuestros, y nosotros éramos nosotros. Por la
ley natural, esos pebetes gauchitos, fuimos creciendo. Nos
enseñaron, que el gaucho era pendenciero, haragán, matrero y otras
yerbas. Pero no es tan así. Le ruego, investigue.
Ricardo Lopa
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