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Con El Globo En La Mente
por
Ricardo Lopa

27/11/2006
Domingo, siempre es grato el día del Señor,
máxime si es primavera. Sepa viejo, que Ricardo
suele ir a correr al Parque. ¿cuál? El que el
viejo lo supo amigar de chiquito: el Chacabuco.
Justamente, persisto, para no llegar ‘chacabuco’
de jovato. Sabe, es hermoso reflexionar
mientras se corre. Uno se evade, a pesar del
mundo, está solo, y reflexiona. Sabe, ese
domingo, empecé a cumplir con la morosidad al
afecto. Me mando por la Av. Eva Perón, de
repente un globo grande con una hache roja se me
viene encima. ¡Vamos todavía!. El pibe que lo
portaba, como acostumbrado a bancársela, ¡vamos
que podemos!. Pucha, si le escribí al Gasómetro
de los primos, (ver.
Al Gasómetro de mis recuerdos), se la debo a
mi Globo. De la mano del abuelo Vicente, me
veo en la Av. Garay y Quintino Bocayuba
esperando el colectivo 34. Trajeado el viejo y
jopo engominado Ricardito. Como oyó, pilcha para
ir el domingo a la cancha. Sí, solamente el
domingo para el disfrute de la fiesta del
fútbol. El 34 no aparece, ‘oiga viejo, nos
mandamos con un coche de alquiler, a medias’,
¿Ud. también va la cancha?. Vea el tano
zapatero, uno de los primeros jubilados de
Grimoldi, se mandaba con un taxi. ¡Qué tal!. Año
1952. Indudablemente, fue Vicente la fuente
de mi afecto. Papá era de los primos. Ud. dirá;
que me le hice contra. Rotundamente, no. Contra,
fuiste vos querido Antonio, que te hiciste
‘cuervo’, después que yo ‘quemero’. El amor por
la camiseta viene de cuna, sino, uno enfila para
cualquier lado, ‘todo sé igual’, para el caso,
según el barrio con que se mire. Ya en la
pista, la Medalla Milagrosa, me anima a
continuar reflexionando. Al tomar el taxi por
Av. Garay y su cruce con el pasaje Danel, veo
mucha gente esperando el tranvía 73, ¿no estará
el gordo Homero para ir a alentar a nuestro
Globo?. Lamentablemente, hacía un año, que se
nos había ido para sumarse a la hinchada quemera
del cielo. ‘Nostalgia de los años que han
pasado’. El coche de alquiler, enfila por la
Colonia plateista. La ‘popu’ por Luna. El nene
de ocho años; sorprendido. Le habían hablado en
el ‘cole’, sin entender mucho, sobre las
maravillas del mundo y como arte de magia le
aparece una: El Palacio, a Ricardito la saltó un
botón del tirador, menos mal que le quedaba
otro, sino se le caían los ‘lompas’ de la
emoción. Ah, la pista. Un par de vueltas más,
después de saludar el flaco Abel, mi mente
continúa absorbida por el Globo. Pucha que año
el del 52’. Jubilado, trajeado, taxi, platea, no
se andaba con pequeñeces. Y le digo, hasta
demandó tiempo, entreverarse con el vehículo.
¿Eran pocos, ó la demanda era abundante?.
Extasiado en la Alcorta, con torre de frente, de
repente, “Sopla un viento....” y la blanca con
el globo rojo. Me va creer, si le digo, que se
me rompió el otro botón del tirador y chau. Los
primeros ídolos del nene aparecen. La guapeza de
Caggino. El peruano Valeriano López, que en
reserva, de visita, a San Martín, le hizo un gol
al Chaca de zabeca de media cancha ¿será
verdad?, y Ricagni, goleador como pocos. Pero el
que persistió, fue el bueno de Cacho Filgueiras,
marcador seleccionado. Además, creo, que todavía
por ahí andan, con el globo en el pecho, Naya y
Romeral. Bravo muchachos. Ojo al pomo, que
antes de mi debut en el Palacio, ya la abuela
‘China’, me hizo sufrir la pelea por el
descenso. Hacía los nudos en el pañuelo,
prometiendo, y haciéndome prometer, que no lo
desataba si Huracán no ganaba. El famoso ‘santo
pilato’ Mamá Elsa, la ‘profe’ de piano, no se
quedaba atrás. Por ella, supe la existencia del
“Mortero del Globito”, hasta me enseñó la pieza
musical; “Y si tira Massantonio, no hay que
hacerle ya está el gol....” Con el tiempo, me
enteré que había otro Mortero, pero no de mi
palo. Aunque no lo crea, tiro unas vueltas
más a la pista, ¡qué tal Beto!, pero al Globo lo
tengo, además del corazón, pegado en la mente; y
reflexiono. Lamentablemente el 52’, que
empezó bien, terminó mal. ¡Qué ocasión!, se
imagina Ricardito, el primer año y campeonar.
Posibilidades, muchas, con el triunfo, el
campeonato era casi un hecho. Primer tiempo uno
por bando. Final 7 a 1 abajo. Decían los
grandes, que un anuncio inoportuno, provocó el
desastre. Al presidente, que contribuyó en mucho
a hacernos grandes, le faltó tacto para el
manejo de ciertos códigos futboleros y chau, la
cosecha no se pudo levantar. La verticalidad hay
que aplicarla en el ámbito pertinente. No fue
así. Si habré pataleado para ir al famoso
partido con River. A pesar del mar de lágrimas,
el destino o la experiencia de Vicente, me
exiliaron en un teatro. Entre acto y acto,
apareció un tipo con una pinta bárbara. ¡y este
de qué la va!. Simplemente, anunció el
resultado. Fue, 50 años atrás, todavía recuerdo
su cara de satisfacción, la mía, de bronca, ni
le cuento. Me resistí a creerlo y persisto. ¿no
habrá sido una joda? Las piernas de Ricardo
aguantan, mientras la mente fluya, las ‘napier’
tiran. Busco al profesor Miori, y no lo
encuentro ¿sé piantó para arriba? Y reflexiono,
monotemático.
Globo, las alegrías fueron escasas. Pues, para una Institución que tiene,
supuestamente, cinco tan solo por encima, salir segundo es un fracaso. Pero
a veces, hay que saber salir segundo, para luego primero. No hay festejo, sí
experiencia y optimismo. El 73’ fue y no usufructuamos el envión,
estábamos para un lustro de reafirmación de grandeza, lástima. Se
acuerda, le conté mi primera experiencia clásica en el Gasómetro, allá por
el 53’. Platea baja de los pibes, gol del ‘payo’ Pelegrina, trifulca y otras
yerbas (v.Barriada). Trataré de contarle la última, le aseguro que vale la
pena, no me deje solo, no lo voy a defraudar. Mientras tanto corro, el flaco
Abel y Beto, esta vez juntos, me zarpan y saludan jocosamente, no saben que
estoy en otra, chau, yo sigo con mi Globo en la mente.
Era la primavera avanzada del 90’. Ricardo, estaba saliendo de las
secuelas que le dejó un accidente casero. Los primos, locales en Ferro. Me
veo, caminando por Avellaneda en busca de la tribuna visitante, que para la
ocasión se había mudado a la local. Remera, pantalón amplio, pues debía
darle lugar al de lycra que desde la cintura a los pies, inclusive, llevaba
desde febrero como remedo de quemaduras. Mamita, ¿qué lorca?. Sentado,
relojeba el ambiente desde temprano; era como pispear las cartas a ver que
sapa. La acumulación de personas, originó el parate y problema a la vez.
Efectivamente, no estaba en condiciones de bancarme en par de horas de
dorapa. ¿Qué joraca hago?. Me mandé a la platea. Ah, no le dije, era ‘boga’
del Globo, como si fuera letrado en causa propia, sabe. Y Huracán, para el
caso, lo era. Viera viejo se sufre el doble, hasta hacerse imposible el
ejercicio de la profesión; como si un médico atendiera a su madre y demás
familiares directos. Muy a pesar mío, y con las incomodidades, que Ud.
futbolero, sabrá comprender, me instalé en la platea. Por lo menos estaba
sentado y cerca de nuestro Turquito, que ese día no jugaba. ¿lesión?
¿suspensión?, la verdad no recuerdo. Pero ahí estaba, era una compañía que
me daba fuerza, a pesar que no tenía el gusto de conocerlo personalmente.
Estadio repleto, dos grandes, jugando el clásico en cancha chica. El primer
tiempo se pasó, como quien no quiere la cosa. Allá por los treinta y monedas
del segundo, Borghi ‘el exquisito’, muestra su calidad en un pase a Hugito,
sí ‘moralito’, el mocoso no se amilanó y en su debut, le mete un semipase de
gol al querido Herrero, la otra mitad del gol fue entera del Negro, que
dibujó dos amagues para que un par de hombres del Ciclón siguieran de largo,
toque ‘huracanado’ y .... grito el gol como nunca, un poco por el clásico y
otra por la revancha de la vida que Dios me estaba otorgando. Me veo besando
una pelada desconocida, y abrazado con Mohamed a la distancia. Si habré dado
sobe a desconocidos. Nunca con beneficio de inventario, lo que venga;
barbas, sobacos en mal estado, todo permitido. El gol del Globo, habría el
camino a la orgía de abrazos y besuqueos. No crea, que con el relato,
detuve la corrida, van 10 vueltas y tiro un rato más. Por ahí imagino a mi
compadre Carlos, imposible, fue el que me llevó al vicio y luego me largó en
banda, gracias igual. Y reflexiono con el Globo. Vieran al finadito de hace
unos meses, elevando los brazos al Señor, agradeciendo y gritando desaforado
el gol del Negro. Cuando aterricé, todo el estadio obró como una tremenda
opresión, no pude soportar más la emoción y entre jugada y jugada, medio de
disimulo me rajé. Bueno es un decir, me piré de mi lugar ocasional y empecé
a dar vueltas por las afueras, en pos de la finalización del partido.
Créame, ´fueron los quince minutos más largos de mi vida’, sufrí más que las
16 veces que había entrado al quirófano. Caminaba y caminaba, como
haciéndole caso al ‘tordo’. “sus piernas van a mejorar, con gimnasia y
trote” “dele y dele”. A mi juego me llamaron. “y coma mucho”, Parece que el
accidente había dejado algo positivo: el deporte y el ‘mangare’. Faltando
diez minutos, veo rostros disconformes que se retiran de la oficial. “¿Cómo
va el partido? “Estos quemeros pu....”.Si supieran, en realidad mi intención
no era gozarlos, ni mucho menos, era que quería dejar de sufrir. Faltando
cinco minutos, por lo menos no se escucha ningún grito, es un aliciente. Por
mi reloj, es la hora. Pero, el adicional. Mi mente, repasó los tres
sanatorios que deambulé, y mi vida como quemero; ¿Ésta es la última que me
faltaba?, no bancarme el partido. Yo, que me había anotado en todas, hasta
en el famoso 5 a 0 a Central en el 73’. Viejo, sepa comprender: hincha
seguidor, vitalicio, letrado sentimentaloide en recuperación. En vez de
disfrutar, lo sufría el cuasi triunfo. Esa tarde comprendí, que había sido
mi último partido clásico. El ‘bobo’ se la venía aguantando desde el 52’. A
la finalización, me mandé a la visitante a cantar con mi gente. Luego al
vestuario. Abrazos por aquí, y besos por allá. El tesorero, después de
cumplir el rito, cumplió con otro: “Tomá Tito, otro embargo”. Ahí comprendí,
la incompatibilidad entre el goce sufrido, que solo el futbolero lo meritúa
y ser letrado en causa propia. Aguanté lo que pude, hay afectos que no se
compatibilizan con la profesión. Ud. me dirá que fui y soy un gil, puede
ser. De pronto, me quedé sin nada, por propia decisión. Sin clásico y
sin laburo, pero en paz. La de los cementerios dirá, NO. Libre de ataduras,
SÍ. El saber nos hace libres, la posibilidad de optar, y encontré la paz en
la docencia y no precisamente la de los cementerios, la de la VIDA. La
gratitud de los jóvenes no se emparda.
El Globo me da ánimo para arribar sacando pecho, al tramo final de mi
corrida. Pero como podrá darse cuenta, lo sigo teniendo pegado en la mente y
en el corazón. Lástima que cuando un crece físicamente, también madura
mentalmente, y ‘la pelotita’ se transformó en insalubre para un tipo que
trabaja con la mente y debe estar al frente de la juventud dando el ejemplo
responsable, como hombre y profe, y el fútbol de lunes a viernes se
transforma en un obstáculo para desarrollar la vida en un tipo normal, de
cualquier edad. Pero ojo, si bien no lo veo, el consquilleo me acompaña
donde me encuentre, cuando está jugando mi Huracán. Aun hoy, a la medianoche
de lunes, radio, ¿cómo le fue al Globo?. Euforia o desazón. De cualquier
manera: desequilibrio. Es martes, suena el despertador 6 hs., siete y
cuarenta dando clases. ¿Es normal?. Che Globo, gracias por acompañarme
en la corrida. Che Globo, gracias por ser compañía. Che Globo, gracias por
ayudarme a vivir. A pesar de los vaivenes de tu vida, che Globo estoy
orgulloso de vos y a pesar de los vaivenes de mi vida, cuando en el más allá
me encuentre y pueda elegir, seguro que el globo rojo con la hache de
Huracán lo tendré en el nuevo cuore y buscaré al inolvidable Miguelito para
que me dé la formación del equipo, anunciada por el querido Cacho, pues,
sabe el Domingo, con presencia del ‘chiba’, jugamos con los cuervos.
Ricardo Lopa
- Boedo, noviembre del 2006
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