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Deuda Saldada
24/12/2010
por
Ricardo Lopa

Los
que somos de Boedo, nos enteramos, por la memoria oral y escrache
periodístico, que supo haber un café en San Juan y Loria, conocido más por
el apellido de su dueño, Carpintero, que por el nombre del
mismo “Argentino”.
“…y el café “Argentino”, de un tal
Carpintero, en la calle San Juan, cerca de Loria..”
(Silvestre Otazú. “Boedo también tiene su Historia” pág.78.
Papeles de Boedo. 2002)
En dicho boliche, solían parar los poetas del tango
boedense; Manzi, Cátulo, Piana, y Centeya, entre otros.
“En torno a la mesa de codillo nos reuníamos con él
(Manzi), el taciturno Sebastián Piana,...Cátulo Castillo…” (La Maga
Colección, dic./95 pág.36. .. Julián Centeya.)
También solía concurrir todas las noches con un
lazarillo, un viejo ciego con su violín, con su rara silueta de flaco
rocín.
La barra y el puntual parroquiano, tan viejo y tan ciego,
no dejaron de imputarle a Homero la morosidad del tango que
etiquetara al café
“…Homero Manzi se fue debiéndole su tango al almacén de
San Juan y Loria, (“Carpintero”) que fue su paradero inicial
en el barrio…” (La Maga Colección ..Idem).
Y acá aparezco yo, copo la parada, banco la morosidad, yo
no soy Cátulo, Sebastián o Julián, soy el alma de Homero que vino a Boedo
la deuda a saldar.
Fuiste mi parada
Parada inicial
Con Cátulo y Sebastián
Y también, el tano
Julián
En la mesa sobre San Juan
Solíamos estar
Con un par de amigos
A ver la vida pasar
El parroquiano con el violín
Por las noches solía llegar
El puntual parroquiano
Para sus penas contar
Tan viejo y tan ciego
Solía por San Juan entrar
Siempre con un lazarillo
Y un tango nostálgico entonar
Ahora, ni boliche, ni Catulín
Ni la barra que solía concurrir
Piantaron junto al viejo del violín
Hacerle compañía a Discepolín
Muchos jóvenes pasarán
Por Loria y San Juan, ignorarán
Que ahí en Carpintero, Cátulo y Julián
Junto al quía y Sebastián hicieron el arrabal
Fuiste mi parada, parada inicial
Con Cátulo, Sebastián y el tano Julián
Y yo soy Homero Nicolás,
El Barba, para lo que
guste mandar
Ricardo Lopa
Diciembre 2010
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