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Tarija de Arrabal
por
Ricardo Lopa

03/04/2010
No vaya a creer que se habla de la histórica
Tarija del Virreinato, Departamento ubicado al
sur de Bolivia en la frontera con las Repúblicas
de Argentina y Paraguay.
La Tarija nuestra es más humilde en título, es
porteña.
En el caso del territorio de Tarija, dos cédulas
del rey de España del 17 de febrero de 1807
ordenaron segregar dicho territorio de la
Intendencia de Potosí e incorporarlo a la de
Salta y en su consecuencia la pertenencia
primero al Virreinato del Río de la Plata y a
posteriori de la independencia, a las Provincias
Unidas.
La Tarija nuestra es más humilde, es arrabal.
Claro que hubo discusiones por la Tarija, esa de
los productores de fruta, de viñedos, con ríos
amplios en los que es posible pescar, y con
yacimientos paleontológicos.
La Tarija nuestra es más humilde, es tango.
De las discusiones mencionadas, surgió el
tratado argentino-boliviano del 10 de mayo de
1889, Bolivia renunciaba a sus pretensiones
sobre el Chaco y aceptaba la frontera que
determina el río Pilcomayo, renunciando a la
demarcación de la línea del Bermejo. Por su
parte, la Argentina renunciaba a la provincia de
Tarija.
Y de ahí, que aquella Tarija ya no fue más
nuestra. Nos dejó el antecedente, fruto del
cual, surge la nuestra de arrabal.
Pero la cosa no comienza en la Tarija de allá,
sino en Boedo, barrio porteño, si los hay.
Y ahí, sentado en una mesa del Esquina Sur,
sobre San Juan, café de por medio, está
relojeando un diario deportivo, un señor canoso,
“a este lo juno”
- Qué tal, Coco
El quía de arranque no me dateó, es que habían
pasado cuarenta años de la última vez que la
parlamos.
El tacho de Jorge nos había juntado, para
mandarnos a La Plata a ver el debut, con el
Globo en el chope, del Bambino Veira. Era contra
el Pincha allá por el ’70. Le brillaron los ojos
al Coco, y tiró “el Bambi hizo el gol del
empate”, agregando, “salimos del Pasaje Pereyra
y Pavón, donde se nos acopló el Rubio Roberto,
ya ido”
Y el Coco, como quien no quiere la cosa, se fue
soltando;
- por aquel tiempo vivía en Tarija 3439, entre
Maza y Liniers, donde Boedo, se hace más
arrabal. El mismísimo Barba se había
aquerenciado en el 3421, trayendo consigo,
además de Casilda su jermu, al pibe de mi edad,
al que llamaron Acho. Era por el ’35, cuando
éramos un poco más que bebés.
Parece que lo estoy viendo a Homero. Tarde
estival, de esas que no se empardan, puerta de
su casa, como pilcha la respetuosa camiseta,
silla “al verre entre las napier”, organizando a
los pibes en carreras de triciclos y monopatín.
A todos los participantes, sin excepción, los
coronaba con una monedita de cobre. ¡qué tipo
humilde y bien de rrioba!
En rueda familiar, se comentaba, que por la casa
de los Manzione, bueno, ya era Manzi, solían
pasar Piana, Cátulo Castillo y un flaco de pucho
en boca, que le decían el tano Julián, que supo
tener bulín ahí nomás ¡qué me Contursi!
- Claro, ya había adoptado el seudónimo, y
decidido escribir letras para los hombres, en
ves de ser un hombre de letras. Te agrego Coco,
de jonca, que también frecuentaron la casa del
“Poeta del Sur”, Luisito Dellepiane, Gabriel Del
Mazo, y el gran Arturo Jauretche. Perdoname no
quise zarparme y meterme en política, pero ese
año del ’35, los quías con algunos más, fundaron
la Fuerza de Orientación Radical de la Joven
Argentina (FORJA), y tu vecino, Manzi, la
presentó en sociedad en el Teatro Boedo
- Bueno, la estadía de Homero en Tarija fue
breve, pero la suficiente para darnos cuenta lo
grande y humilde que era. Se piantó pa´ Palermo,
como queriendo estar cerca de los chuchos, que
lo tenían “seco y enfermo” - Coco
Pero, la historia de la Tarija arrabalera no
termina ahí, según cuenta el Coco.
- Es conocida la historia del compositor
Guillermo Desiderio Barbieri, el guitarrista que
más acompañó a Gardel, que de puro caprichoso
para no abandonarlo, se piantó en Medellín con
Carlitos, para un destino sin retorno. La Señora
Rosario, “la negra” para todos, su viuda, supo
radicarse en la Tarija de Arrabal, en el 3459,
para más datos. La acompañaban, sus tres hijos,
una niña y dos varones. La dama, cuando
tuvo edad de merecer, trabó simpatía, con un
primo de Enrique Santos Discépolo. Éste era
amigo de la familia, y como tal frecuentaba la
casa de Tarija, no tenía que patear mucho, pues
vivía en Rioja y Garro, a unas cuadras.
La charla, al arribar Carlos, el mozo, se
detiene por un instante, café, sacarina para él,
azúcar para el quía. Impaciente Coco me relojea,
como queriendo continuar. Advertido, le ruego
que prosiga, “dale”
- Guillermo, uno de los hijos, tocaba la
guitarra. Empezó interpretando tangos en reunión
de amigos, luego rumbeo para otro tipo de
música, integrando la orquesta de Oscar Alemán.
El otro hijo de doña Rosario, Alfredo. Más
travieso, más reo, (en el buen sentido, insiste
en aclarar) solía parar con la barra de la
esquina. Trabajaba en el Correo, y se le dio por
tocar la batería. Además, se hizo ducho en
imitaciones e impuso la mímica en su labor
artística, la que tuvo inicio en un boliche del
barrio.
Una vez... (Coco hace un alto en la narración,
respira, saca el pañuelo hace que se suena la napia, en realidad el blanco género abarca toda
la caripela, como queriendo ocultar un par de
lágrimas, y continúa… ) como te decía, una vez
actuando Alfredo en una divertida obra en el
cine teatro Nilo de Boedo 1069, enfrente a la
casa de los Castillo (González, padre y Cátulo,
hijo) invitó a la barra. Viérase, el loco se
piantó de la letra, nos agregó en el medio de la
comedia, mencionándonos a uno por uno, “como
Coquito, que la sabe lunga por el andarivel
derecho, y con llegada”
Claro, me la rebuscaba con la de goma, Alfredo
fichaba, y la mamá, ‘la negra”, me sacaba de la
cancha de adoquín “che Coqui, andame a comprar
un atado de negros” La ceremonia se completaba
en ‘los gordos’, el almacén de la esquina de
Liniers. No me gustaba un joraca que me borrara
del picado, pero era ‘la negra’, y su sola
presencia merecía obediencia. Lo que ahora llama
la atención, es que comprados los fasos, me
dirigía a la casa de inquilinato donde habitaban
los Barbieri, siempre abierta y me enfilaba
derechito sin oposición y sin llamado al fondo,
escalaba, y llegaba al “altillo”, como lo
apodábamos, donde, en un para de piezas, vivían
confortablemente.
Alfredito, que tenía su tapin, le hacía la
pasadita a una hermosa y joven piba rubia, que
vivía en Boedo y Tarija, justamente en los
fondos del 1256, de la calle-barrio. Ah, la
niña, lo engayoló, se casorió, y una bella hija,
a la que llamaron Carmen, le dio.
Alfredo que con el matrimonio piantó de Boedo,
pero, ni de ‘la Negra’ ni de la barra se olvidó
y junto con Carmencita Tarija frecuentó. Triunfó
y 21 películas interpretó.
Para no quedarme atrás, Coco te cuento, una nada
más;
- Uno supo crecer e hijas tener. Luciana la
menor, a la primaria hubo de concurrir por
Tarija a la Paula Albarracín. Cual sorpresa me
di, cuando una tarde a buscarla fui,
gustosamente tuve que esperar, pues Piana,
charlaba en el lugar. Si bien no era tan
Arrabal, como vos Coco sabés manifestar, con la
“Milonga Sentimental”, Sebastián a Tarija hubo
de adornar.
Este fue un pequeño relato de una calle con dos
historias, una de un tipo sin igual, poeta y
político, difícil de igualar, la otra, de una
familia de artistas con una madre sin par, las
dos, en la Tarija de Arrabal.
Gracias Coco
Ricardo Lopa
Castro y Tarija (Boedo)
Abril 2010
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