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Los Pelucas del
barrio
por
Ricardo Lopa

07/02/2010
Sábado
por la tarde, la muchachada se va a poner
pituca. Costumbre por los cincuenta del siglo
pasado, hacerse la carmelita antes de la
milonga. Día tradicional de consumo del lope.
Los pelucas no daban abasto. - pibe elegiste
mal día, ¡por qué no te das una vuelta el martes
que es un día tranquilo! El negocio de Oscar
estaba al mango, clientes de dorapa y todo.
Claro lo tiro al pibe para el martes, pues el
lunes no, no se labura en las peluquerías, pues
el sábado, el día de la joda, le dan de la
mañana hasta la nochecita. No solo corte de
cabello, que era lo menos, pues lo importante
era el retoque, sino también barba y otras
yerbas masculinas. En la espera, era común en
todas las peluquerías, la disputa de los mayores
era por el Mundo Deportivo, pues no cualquiera
estaba en condiciones, además de garpar al
peluca, comprar una revista. Algunos clientes
más osados, se atrevían a tratar de leer el
tabloide de La Nación, para tal fin le daban un
mamotreto de madera para engarzar el periódico.
Cuánta razón tenía un amigo al decir, que para
leer dicho diario hay que tener tiempo y
espacio; te imaginás un obrero viajando en
tranvía o colectivo, imposible, por eso siempre
tuvo un segmento limitado de lectores. En
casos excepcionales, se levantaba la veda del
sábado a los pibes; - Oscar, tengo el
cumpleaños de Jorge - bueno, la ocasión te
privilegia, quedate que te doy la viaba Y
nombré un par de veces a Oscar. El quía tenía la
peluquería sobre Castro, casi esquina
Constitución, ahí nomás del feca de Gorostigui.
Los pelucas también saben de la moda y racha,
como el caso del nombrado. Coqui, Dardi, Cuneca,
en resumen todos los pibes del barrio pasaban
por sus ágiles manos. Bueno, no todos, otros, a
pesar de hacer el aguante a los amigos leyendo
el Tony o Misterix, rumbeábamos para el corte a
otros pagos. De la mano del abuelo Vicente,
enfilaba para Garay y Castro Barros. Supongo,
que Valentino, tal el nombre de mi primer peluca
(que recuerde), por ser paisano lo atraía al
jovato mayor. No sin resistencia concurría
a lo del tano, pues a los 10 años interesa ir
donde hay pibes y no mayores. Pero Valentino,
suplía con afecto y confites la morosidad,
apuntalado por el abuelo, que me hacia creer que
el peluca era hincha del club de fútbol, con el
cual simpatizaba. Con intervalo de unos años,
volví a la misma, ahora se llamaba “Pepe”, hijo
de Valentino, y ahí, tuve la revelación, el
drepa, si bien tenía los mismos colores, pero
con una franja roja cortándole el chope. ¡qué
decepción!. Sin embargo, comprendí al abuelo,
cualquier estrategia es válida para suma
simpatizante. Además, ¡quien no hizo alguna vez,
una trampita con sus hijos! Bueno uno va
creciendo, patalea y busca otro peluca que se
chimenta que tiene un corte más juvenil, con el
tiempo te das cuenta que son bolasos para
atraer, pero en su momento surtió efecto. Y fue
nomás la peluquería “Villegas” la agraciada,
Pavón y Pasaje Pereyra, en la esquina como quien
mira el noreste. Además el titular don Pedro,
oriundo de Villegas, Pcia. de Bs.As, ese sí,
profesaba los mismos colores, ah, y sin franja
roja. Tenía un oficial famoso, el tano
Próspero, no muy alto él, pero era el hombre
manos de tijera. En realidad yo le rajaba,
porque te pelaba, y cuando llegabas a casa y
tomabas conciencia, “que fulero”, tirabas la
bronca. Pero, a fe de sincerarme, era el más
“próspero” de todos. Don Pedro, traía
ayudantes del Uruguay, entre ellos apareció
Roberto, tipo afable, de buena familia y eficaz
peluca. Benicio, tal su apellido, fue quien me
hizo el corte para el casorio, allá por el ’75.
Cuando “Villegas” desapareció, lo seguí a
Roberto, hasta el localcito de Castro Barros,
casi esquina Pavón, donde continuó modelándome y
charlando de la vida, hasta hace unos años, en
que cerró. Bueno, esos eran los pelucas que
frecuenté, todos cumplieron su misión en el
lugar y momento oportuno, y de todos guardo y
grato y afectuoso recuerdo. Ah, en la
actualidad deambulo por mi Boedo, de un peluca a
otro, porque ¡gracias a Dios!, todavía tengo
bastante para que se entretengan.
Salute
Ricardo Lopa
Castro y Tarija (Boedo)
Febrero 2010
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