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La De Constitución Y El Año De Los Paraísos Perdidos
por
Ricardo Lopa

05/09/2006
Le cuento que el profe Ricardo, supo ser una vez Ricardito, y
como integrante de la familia boedense no podía escapar de la
primaria en la Escuela de Constitución, entonces Intendente Alvear.
Al pibe le laburaba el bocho; “voy a ir al colegio donde fueron
todos los muchachos grandes, que orgullo”. De la mano de mamá Elsa, y previo jopo engominado, obra de arte
de la abuela China, hace su aparición en el turno tarde, en aquel
glorioso año del Libertador General San Martín. Se lo ve bajando las
escaleras enfrascado en el delantal que hacía de guiaba de tan duro
que estaba. Testigo mudo es la foto familiar que por ahí debe andar,
que uno no se anima a desempolvar, será; ¿de puro nostálgico? ó para
que no deschave la falta de un par de molares. Aseguro que la
ausencia de los masticables inflacionariamente fue en aumento; con
la diferencia que ahora no se nota, bueno eso creo. ¿por qué el
recuerdo de la salida y no la entrada al colegio? ¿Será el alivio
lógico de la tensión del primer día ó que como a todos los pibes les
gusta más salir que entrar?. Aconsejo, para acertar, hay que jugarle
sin miedo a lo último. ¿Quizás no cuente nada en especial que no difiera de otro
cualquier inicio de clases de un pibe de seis años?. Nada distinto
por aquel tiempo, pero hay que recordar que efectivamente era el
primer día que pasaba unas horas fuera del hogar, pues minga jardín
de infantes ó las famosas salitas de la actualidad. Además hijo y
nieto único. Si hasta contrataron a un tipo con pinta de profesional
para que sellara el acontecimiento; ¡nene!, ya te empezaba a pesar
la mochila. Tercer grado, Ricardito porta la nacional, arrebatándole el
derecho consuetudinario a los de sexto. ¡qué tal! Era tan chiquito
que en el primer intento de ensartarla en el apoyo de la banda casi
sucumbe, ¿será por la Brancato que recargaba el elevado peinado de
moda? o seguramente por ser la nuestra la de más peso. ¡Qué orgullo!
Juro por Dios nuestro Señor que en lo posible hago lo imposible por
lo nacional, pero a veces me siento contramano en mi patria y hasta
en mi barrio. ¿Cómo, sos tangero? Y que corno querés si nací y vivo
en el Boedo de Homero, Julián, Cátulo, entre otros muchos, que no es
poco. Pobre Homero, el que eligió escribir letras para los hombres
en vez de ser un hombre de letras, si se viera encapsulado en una
esquina. Pero en realidad la culpa no la tiene la esquina, que
encima lo rescata, sino los hombres para los cuales escribió que no
lo leen, ni se preocupan por saber que el tipo que los eligió para
escribirles era algo más que una esquina. ¡Hay la bandera!. Confieso que doña Elsa, de vez en cuando, una
atención le enviaba a la maestra, pero doy palabra de honor, que el
nene a pesar de su corta edad, se negó en todas las ocasiones de
arrimarle personalmente el obsequio, no quita que llegara a destino
por vía materna. Grado va grado viene llegó el quinto, con Torraza, el primer
maestro varón. Año jodido, como quien dice. Primero una gran decepción, no todas
son flores. Había clase de canto grupal. La profesora de música en
uno de esos días cantando la Zamba de Vargas, “vení Ricardito”,
primero el jopo rabioso y luego el nene sacando pecho, ”esta es la
mía”, “Si señorita”, “mirá , vos serás muy buen alumno pero en mi
clase tan solo mové los labios hacé que cantás pero no emitas
sonido, te libero. ¿qué habrá pasado en la mente de un pibe de 11
años, seguramente desentonaba, un rrope como quien dice?; la
cuestión que Ricardito tuvo la voz prohibida al igual que el pobre
Felipe, que cayó en el Pozo del que nunca pudo salir. No pierdo el optimismo, que algún día de esos, me sorprendan en el
cole, violando la orden de la de música, cantando la Zamba de
Vargas, pero, con los retoques que le debe dar la otra historia a
los blancos bigotes del caudillo. Supongo que la señorita me estará
fichando desde el cielo y comprenderá. ¡Año complicado!. Era un día de esos que no se empardan, prueba
de lengua. Ricardito meta y ponga, nervios, baño, responsabilidad,
colegio, pizarrón, tema a la vista. Cuando apareció, tipo mediodía,
la salvación para los pibes y la muerte para muchos. Estruendos en
la calle, (“festejos no puede ser, pues lo único que le faltaría al
pobre Belgrano, que encima que quedó estacado en la Bandera, tiremos
anticipadamente cuetes por el aniversario de su fallecimiento”)
movimientos en el colegio. De repente el jovato, pucha si era la
primera vez que aparecía y trajeado el hombre. ¡pasará algo en
casa!. El temor individual se fue disipando al aparecer familiares
de compañeros, y pasó a ser colectivo. El retiro fue masivo. Ya en
la calle los confites continuaban con mayor intensidad en aquel
fatídico mediodía del 16 de junio de 1955. El rumor fue corriendo de
boca en boca, era la aviación naval, junto con algunos prestigiosos
civiles, que según se comentaba tratando de matar al presidente,
bombardeaba y ametrallaba al pueblo indefenso; o su verdadero
objetivo, según decían algunos mayores más serenos, era darle un
escarmiento a la masa popular último sustento del poder político,
¿vaya uno a saber?. La realidad fue que quedó un reguero de sangre
argentina, que es la única verdad. ¿Qué hizo Ricardito?. Que puede pensar y hacer un pibe de 11 años.
Primero abrir lo más grande posible los ojos y observar extasiado el
espectáculo que lo circunda. Como pretendiéndose alejar de la plata
de la avenida, aliado a la constitución que le enseñaron a respetar,
dejando atrás a los orientales y a Quintino el brasileño, aparece
Castro como escala previa a don Mariano, la encara, siempre con la
mano apretada de papá Antonio. Se dibujan en la mente recargada,
infinidad de camionetas de una empresa de productos lácteos de la
época que se apropian de la calle, desplazando ese día aciago el
monopolio de la Nena, si la yegua de Carlitos el lechero que lo
acompañaba en la recorrida de los clientes vecinos tan solo por un
simple silbo. Está de más aclarar que nuestro lechero iba a pie y la
pobre Nena le hacía el aguante a su manera, llevándole la carga
abastecedora de recambio. No me diga ¿qué de chico no le gustó ser
lechero?. La presencia de vehículos se justificaba pues el edificio del
sindicato de los lecheros se encontraba un poco más allá de la mitad
de cuadra, tirando Justo para la liminar Pavón de la doblez . Al
rato nomás, se le agregan, unos cuantos camiones repletos de hombres
con palos y banderas argentinas, vitoreando al presidente. Por ahí
se escucha, “van a La Plaza a defender a Pocho”, “están locos, palos
contra bombas y metralla”. Con el alboroto de los acontecimientos junianos, los viejos en un
momento dado perdieron a Ricardito que para no desentonar también
hizo travesuras, claro, menos atroces. En la confusión aparece en la
casa vecina de su amiguito Coqui que abarcaba toda la esquina
juntándose con nuestra Tarija. Inmensa; pero lo más preciado era LA
TERRAZA, no cualquiera la tenía, que va a hacer son lujos que se
daban los porteños del 50’, tener un lugar bien alto para contemplar
más cerca nuestro cielo. Para la ocasión el nene fue testigo de lo
que nunca hubiera querido ver; innumerables aviones que se lanzaban
en picada sobre el centro de la Ciudad de Buenos Aires, bombardeando
una y otra vez. La réplica se hizo esperar un poco, pero llegó y
llenó de fuego el panorama; eran bolas que iluminaban la tarde
oscura como queriendo que los habitantes vieran como se mataban
entre argentinos. Mientras se pudo, y lo fue por largo rato,
presenció como por su cabeza boedense usaban el barrio para efectuar
el radio de giro los revolucionarios para volver a atacar. Mientras
se pudo, porque tipo media hora apareció mamá Elsa al rescate.
Descifrar su expresión al día de hoy es un enigma, mezcla de alegría
por el hallazgo y de azorada porque no podía creer que su Ricardito
se le hubiera piantado provocándole la angustia que solo ella sería
capaz de experimentar. La vieja era tan piola, que hasta me dejó el
tiempo necesario para que fuese testigo calificado del horror de
aquel día aciago de junio del 55’. ¿Cómo siguió la cosa?, escuchar, escuchar; a los viejos, la radio
en su apogeo. “Se rajaron a Montevideo”. Pucha empezaron a brotar
dudas, preguntas; ¿esto no es la ficción de las películas yanquis de
moda? Era la cruda realidad. Muertos en serio. La cosa venía fulería.
“uno se amasijó” evidentemente no era el muchachito, que minga va a
morir. ¿Tomó consciencia?. El pibe no alcanzaba a comprender ¿por
qué eran recibidos como héroes en la vecina orilla? ¿daba para tanto
la cosa? ¿el odio, justifica lo injustificable? Fracasada la revoluta, el invierno del 55’ llegó sin muchas
ganas, llevaba demasiadas muertes de argentinos a cuesta, hubo que
pasarlo, el frío se hizo sentir con mayor intensidad que otros años,
hasta le diría que con algo de nieve en julio, parecía que la
huesuda lo acompañaba en el duro trajinar en busca de las flores de
primavera. Acercándonos a la nueva estación, se conmociona nuevamente el barrio
¡renunció el presidente! La recidiva del desfile en apoyatura del
líder. La cuadra lechera cambia los palos de junio, por bandera y
bombos en apoyo a su hombre. La tragedia toma otra cara, se nota en
los rostros de esos hombres el fervor ingenuo del amor sin
condiciones, a pesar de las imputaciones de maniobra política del
hecho en que se involucran. El agosto 31 de la renuncia y del cinco por uno ya es pasado,
mientras a Ricardito se le pronuncian sus vellos juveniles, la
primavera es reacia a imitarlo y decir presente. En sus
proximidades, la sensacionalista radio Colonia anuncia un nuevo foco
revolucionario tantas veces amagado y esta vez no desmentido;
Córdoba. Esa noche del 16 de setiembre, la novedad; reflectores
sobre el cielo boedense que si bien decían que buscaban aviones que
nunca aparecieron, para los pibes del barrio era un chiche nuevo,
descubrir estrellas que jamás hubieran podido reconocer sino por
culpa de la incipiente revolución. ¡para algo sirvieron!. Otra vez
la sensación horrible e imborrable del bombardeo y la metralla.
¿será posible?. Noches frías, heladas por lo temerosas, ¡recuerde
viejo que el que bombardea y metralla una vez! . La amenaza de los
buques de la armada sublevada era cierta, los pibes del barrio nos
preguntábamos ¿llegarán los refucilos hasta Boedo? ¿se dice que
tienen alcance hasta Liniers? ¡Será verdad!. ¿nos visitará otra vez
la parca? El presidente no les dio ocasión de probarlo, renunció y
se tomó el piro al Paraguay. Para muestra vale un botón. Ese año, los porteños no abrimos la ventanas a la vida. La primavera
no pasó por Boedo, los árboles angustiosamente recién brotaron
tenuemente llegando el verano, el odio impidió el normal
crecimiento. Fue el año de los paraísos perdidos. Ricardo, sube como unos muchos cuantos años atrás las escaleras
del ahora el secundario Comercial 22, y le confieso, gracias a Dios,
sin dificultad. Me están esperando mis alumnos a los que todos los
años, indefectiblemente, les cuento la experiencia primaria del 55’,
en realidad dudo si el relato es para ellos o para mí. Bueno que más
da, es indudable que aquel fatídico año se archivó en la mente de
Ricardito y cada tanto reaparece como un virus imposible de borrar.
Boedo, año lectivo de 2006
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