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Volvió una tarde
por
Ricardo Lopa

05/06/2009
Y un día sin buscarlo, pero de puro
nostálgico, me encuentro en la esquina que la
barra supo parar, como por arte de magia hay
algo que me detiene, es el recuerdo, que se
manifiesta hermoso por lo que fue y cruel por lo
que no es. Y de pronto se me hace la figura que
de pequeño supe ver y apreciar, y cuando grande
añorar. Y aquí está es el organito querendón,
que la suerte a las niñas en edad de merecer
supo adivinar, y a los muchachitos a la zaga
supo aconsejar.
Si me parece de purrete
pispiarlo a Manolo, que por portador de
ilusiones se ganó el cariño y la esperanza de
los que fuimos muchos y que ahora somos pocos.
Nítidamente recuerdo que el organito y el
organillero, era a patacón nomás, cargando solo
al loro que la suerte a de tirar. Pero don
Manolo, que supo parar en Castro y Tarija de mi
Boedo natal, no fue el único que por la ciudad
desfiló sin cesar.
Pero nuestro Manolo, puro
recuerdo, lógicamente no fue el primero. La
ciudad y sus barrios a los puntos con su carga
de felicidad, los vio patear y patear.
El
recuerdo constante no me genera monopolio en la
cuestión. Importantes hombres del rrioba le
chamuyaron al organito y al chabón que no
chamuyaba al cuete. Y fue Don José González
Castillo que por allá 1924 le dio letra y su
hijo Cátulo oriundo de Castro y San Juan, le
puso música, y el “Organito de la Tarde” a todo
Boedo conquistó.
Para no ser menos otro poeta
de Boedo, Homero Manzi de Garay y Danel no se
quedó atrás, y para cerrar el recuerdo
veinticuatro años después, se mando “El Último
Organito”, claro que para no desentonar ‘con los
cosos de al lado’, la música fue de Acho, su
hijo.
Viérase que cosa, dos gomías poetas con
sus hijos mancomunados en un mismo tema y un
mismo barrio. Uno dando nacimiento a la
veneración y otro cerrando la celebración unos
cuantos años después, le dieron apuntamento al
instrumento, a su ejecutor y a toda la cumparsa
que les arrimó alegría y esperanza a sus vidas.
Y el organillero pudo ser tanto el Manolo y su
lorito con parada en Castro y Tarija, o el de
Pepe de Castro y San Juan dándole vuelta a la
manija sin yobaca, o el del Barba con el flaco
caballo, el rengo y el monito.
Y como no imaginarte a vos Homero
volviendo y buscando la alegría del último
organito que solías relojear desde la casa
familiar de Garay 3251, ahí nomás del depósito
donde se alquilaban organitos portátiles
(Inter.. Sur, Barrio de Tango. H.Manzi, p.25.
Ed. Corregidor). Y batís que junabas a los
laburantes, diariamente tirando el instrumento y
meta yugo por la ciudad. Que raro encanto te
generaban los puntos, que zarpaban al laburo
bancándose, junto al pobre ‘yobaca’, al
organito, al loro y/o al monito. Y el loro
repetía sin cesar, vengan niñas que la cotorrita
la tarjetita va a sacar y la suerte divinar, y
el goren pata e palo el tango se atrevía a
bailar.
E imaginás pebetas buscando la
suerte vestida de rosa, y al caballo meta laburo
cinchando el pesado instrumento, incrementado
por el barro adherido a las ruedas fruto de la
sudestada, lo ratificás por las huellas
sangrantes socavadas por el noble animal en
calles de tierra de la ciudad.
“Las ruedas
embarradas del último organito /vendrán desde la
calle buscando el arrabal con un caballo flaco y
un rengo y un monito /y un coro de muchachas
vestidas de percal… (“El último organito”.
Tango: Letra: Homero Manzi. Música: Acho Manzi.
Año: 1948).
Y tenés reminiscencias del amigo
Cátulo y de Pepe, el drepa. Y sus influencias,
que te marcaron la vida, no podían escapar para
la ocasión. Y viene el deschave; la
profesión de organillero era por descarte, y ahí
están el jovato, y el rengo pata de palo,
milongueando al compás.
“ Al paso tardo de un
pobre viejo,/puebla de notas el arrabal /con un
concierto de vidrios rotos/el organillo
crepuscular. /Dándole vueltas a la manija /un
hombre rengo marcha detrás, /mientras la dura
pata de palo/marca del tango el compás… (“Organito de la tarde”. Tango. Letra: José
González Castillo. Música: Cátulo Castillo.
(1924)).
Que cosa, Los Manzi y los
Castillo, o, mejor dicho, Los Castillo y los
Manzi. El organito, el rengo, el tango y el
arrabal, siempre están.
Y te imagino,
fichando las percantas, meta y ponga al son del
tango que genera el organito, y el rengo, mezcla
de acompañante y bufón, completa la tragicomedia
del junado metejón.
Y te imagino antes de la
infaltable leche en primavera, y después de la
chele, que continúa irremplazable, en verano,
engominado y de empilche al caer la tarde,
esperando la aparición del punto del organito
compadrón.
Con pasos apagados elegirá la
esquina /donde se mezclen luces de luna y
almacén para que bailen valses detrás de la
hornacina /la pálida marquesa y el pálido
marqués… (“El último organito…”)
Y allá se
va, /de su tango al son, /como buscando la
noche, que apagará su canción… (“Organito
de la tarde…”)
Y te imagino,
imaginando el organito final, “que molerá
tangos” y el que nunca vas a volver a ver, al
igual que la vecina muerta, que se piró por el
amor del galán.
“ El último organito irá de
puerta en puerta /hasta encontrar la casa de la
vecina muerta, /de la vecina aquella que se
cansó de amar. /Y allí molerá tangos para que
llore el ciego, /el ciego inconsolable del verso
de Carriego, /que fuma, fuma y fuma sentado en
el umbral… (“El último organito…”)
”..Y al
triste son /de esa canción /sigue sembrando a su
paso /más pesar en el recuerdo, /más dolor en el
ocaso... (“Organito de la tarde…”)
Y
lo imaginás, también al organito, rodeados de
pibes, y sos vos Barberta, ahí estás, con el
flaquito del banco de al lado, con los purretes
del Pasaje, con el Loco Papa, con Pancho y
cuantos más que no están y no recordás. Y se
piantó la primavera con su verdor y el verano
con el cantar del ruiseñor, y, el organito y su
drama, al otoño suele acompañar.
“Tendrá una
caja blanca, el último organito; /y el alma del
otoño sacudirá su son, /y adornarán sus tablas
cabezas de angelitos, /y el eco de su piano será
como un adiós… (“El último organito…”)
Pero
cada bepi hinchaba por su organito, y vos, te
embanderaste con el del rengo. Y un día de esos
que no se empardan, las mentas de las jovatas se
te vinieron encima, y el rengo, no fue tal, y
fue bailarín de tallar. Supo afilar y milonguear
con la hija del viejo, que el organito sabía
tocar.
“…Cuentan las viejas, que todo saben
/y que el pianito juntó a charlar, /que aquel
viejito tuvo una hija /que era la gloria del
arrabal; /cuentan que el rengo que era su novio
/y que en el corte no tuvo igual, /supo con ella
y en las milongas /con aquel tango
triunfar… (“Organito de la tarde…”)
Y
cuentan las persianeras, cuyo único vicio era de
fichar y chamuyar, que la novedad supo al barrio
llegar. Nada despreciable el mozo, cuchillo supo
calzar. En el baile la escolaseaba y en levante
también. La mina, quiso cambiar de monta,
enfrentamiento provocó, y el organillero, con el
rengo y sin hija se quedó.
“…Pero cayó un día
un forastero /bailarín, buen mozo y peleador,
/que en una milonga /compañera y pierna le
quitó. /Desde entonces es que padre y novio /van
buscando por el arrabal /la ingrata muchacha /al
compás de aquel tango fatal… (“Organito de la
tarde…”)
Al paso tardo de un pobre
viejo, el organito y su musa, deja el arrabal, y
dicen, que un caballo flaco, un rengo y un
monito, lo suelen acompañar.
Saludarán su ausencia las novias encerradas
/abriendo las persianas detrás de su canción, /
el último organito se perderá en la Nada, /y el
alma del suburbio se quedará sin voz… (“El
último organito…”)
Chau Manolo, o como te
llames, gracias por la alegría desparramada por
los barrios, y por las ilusiones de las pibas,
que con un futuro venturoso las invitaste a
imaginar. El Barba de arriba, te tendrá de
aliado, para dar vuelta a la manija, y se
arrimaran los que alguna vez fueron jóvenes. Y
los que ahora somos mayores, soñaremos que el
Ultimo Organito persistirá de puro caprichoso en
la esquina de arrabal y en una Tarde cualquiera
volverá a tocar y Manolo dándole vuelta a la
manija nos hará enamorar.
Ricardo Lopa
Boedo, junio de 2009
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