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La mimbrería de DARDO
por
Ricardo Lopa

06/05/2009
Ahí está, relativamente bajo, sin ser sotipe.
Canoso, sin tener el cabello blanco, ¡qué tal!,
pardo, había sido. Nunca jovato. Lucía con
orgullo esa chispa de los elegidos que jamás
llegan a viejos, en oposición a los jóvenes, que
nunca llegan a serlo y siempre serán jovatos.
De Trenque Lauquen, el paisano, que no es
poca cosa. Bonachón y servicial, como todo
criollo. Para hacerla completa, le había
arrimado el bochín, a una dama nacida en Pehuajó.
Mirá que te estoy hablando, allá por los
primeros cinco pirulos de los años cincuenta.
Eran un pedazo de la pampa del oeste bonaerense
afincados en Boedo; en los bajos de Tarija y
Castro para más dato. Querés saber, ¿por qué
nombro la dupla? Bueno, porque justamente, ahí
estaba, si, la mimbrería de
Dardo, que recalaba ni en una ni en la
otra, en la esquina sudeste mirando al noroeste,
que si bien formalmente por numeración
pertenecía a Tarija, por escrache de la barra
era simplemente la ‘Esquina de Dardo”.
Sin exagerar, el tipo era un artesano del
mimbre. La sabía lunga. Cuantas tardes nos habrá
chamuyado de la vida, mientras sus manos
virtuosas dibujaban tanto una silla como un
sillón y otras yerbas. Verlo a él, era como ver
a doña Paula con el telar y su incipiente pyme,
confeccionando los ponchos que su hijo ayudó a
liquidar. La familia ‘le hacía pata’, tanto
Antonia, su esposa y Dardi, su hijo, no le
esquivaban al yugo. Eran empresas familiares,
que surgieron con el advenimiento de argentinos
laburantes, que migraban a la Capital.
¿Querés saber el nombre del negocio?. Te lo
debo. En realidad para la muchachada,
simplemente era
“La mimbrería de Dardo”
que le había arrebatado una esquina al barrio.
¿Dónde parás?: “en la esquina de Dardo”, con
orgullo y sacando chope. En la actualidad,
segurola que la identificación no escaparía de “
The Dardo’s” o algo parecido buscando
civilizarnos, como continuidad del complejo
matinal. ¿te acordás del hijo civilizado de doña
Paula, la bárbara del telar? La
mimbrería
era como las carteras de las damas, uno nunca
sabe con que se va a encontrar. Si te digo,
que no era ajena a la venta de artículos de
bazar, pinturas y otras menudencias, dalo por
hecho, además, por supuesto, de las artesanías
en mimbre. La verdad que la variedad de
la oferta era imprevisible. “Ojo al pomo que
viene carnaval”. Si, en uno de esos carnavales
que no se empardan, a Dardo se le ocurrió vender
pomos. Si esos de goma, que cargados, servía a
los pibes para ‘jugar al agua’, mientras los
mayores usaban baldes, algo es algo, había que
conformarse. Una dama empilchada, pulenta
pulenta, ‘carapintada’ que va a la guerra cuando
cae el sol, supo las consecuencias del pomo de
Chicho, y éste supo las consecuencias de los
groseros insultos de la jovata, que a ojo de
buen cubero, tendría unos treinta pirulos.
Negocio, con vivienda familiar. Pero ahí no
terminó la cosa. Pues ahora viene lo insólito,
por lo menos para la pebetada, dado que el
inmueble incluía un sótano que abarcaba toda la
esquina. ¡Un sótano¡ Sabés lo que era ¡un
sótano¡ no cualquiera lo tenía. No es novedad,
que a los pibes lo oculto atrae, y el sótano,
por el solo hecho de serlo, lo hacia apetecible.
La curiosidad se acrecentaba, por la escasa
posibilidad de frecuentarlo. El misterio, que no
era tal, existía en la imaginación infantil, en
la realidad configuraba un simple y amplio
depósito. Ante la eterna insistencia y
expediciones clandestinas, Dardo, decidió
blanquear la situación: - ¿Por qué no forman
un club? Como imaginarás, la propuesta era
jugosa y la aceptamos al voleo. ¿por qué mente
adolescente, no pasó la idea de fundar un club?,
no éramos la excepción. - Eso si, forman un
comisión directiva y fijamos día y hora de
reunión “ Pícaramente, Dardo nos dio el
dulce y luego nos acorraló. Club social y
deportivo hubo de ser. Lunes, miércoles y
viernes, reunión. Primero: Tarzán, Toddy y Radio
Splendid, a tal fin la Nona, abuela de Dardi,
prestó a la purretada su enorme radio eléctrica,
(minga, por ese entonces la de transistores a
pilas) bastante pasadita la pobre, pero cumplía
la función. Orden del día, indefectible
comentario de la mona Chita, el grito famoso del
héroe, etc., La voz de nuestro hombre mono,
César Llanos, nos alegraba la tarde, luego sí,
formación de la Honorable Comisión Directiva,
que no demandó mucho tiempo, ocho socios, ocho
directivos, sin cargos específicos. Asociación
Civil sin fines de lucro, se podría chamuyar,
pero, en miniatura. Ahora viene lo jodido; el
nombre. Dos posturas: “La Mimbrería” y “El
Dardo”. Discusiones de alto vuelo, léase,
recuerdos non santos a las madres, insultos de
aquí y de allá, etc. Se optó, luego, de un largo
y enriquecedor debate, por El Dardo. - Se
imaginan, ahí viene “La Mimbrería”, ¡feminoide!,
suavecitos; juntando las manos en la boca, gritó
Coqui. - Cierto, afirmó Chicho “El Dardo”, da
sensación de hombre dañino, de prima. - Eso
no quiere decir nada, bueno, pero ayuda a
fortalecer la imagen, completó Luisito - ¡
Qué no !, esta vez Dardi, “los ensartamos”. La
risa colectiva, fue la confirmación del nombre.
Luego fue el carnet de cartulina, con intento de
foto. Jeta de traste de los viejos, cuando
intentamos que nos llevaran a San Juan y Boedo,
donde reinaba Fermosaille; la casa de fotos del
barrio. La araca era por la mosca que tenían que
poner, no cualquiera se sacaba fotos.
Circunstancia excepcionales, casorio, comunión,
la ameritaban. Pero, para el caso, según los
drepas, no había mérito que testimoniar.
Consecuencia, pulgar ajoba y vuelta de página.
“Club Social y Deportivo El Dardo”, que
no era poca cosa. Se organizaron un par de
eventos sociales; embellecer Castro, de Tarija a
Pavón, ahí estaba el yeite Guirnaldas azules y
blancas de árbol a árbol en fiesta patria,
haciendo juego con los colores nacionales, que
eran, también, los del club. Complementaba la
joda, leche al chocolate, en mesa a la calle a
media tarde, cuando febo entra en decadencia. El
piberío, agradecido. Función importante
cumplió “El Dardo”, cuando la epidemia de
poliomielitis. En tren de desinfectar se
lecharon con cal árboles y cordones de nuestra
Castro, previa colecta vecinal. No creas, que
todo era tan dulce y romántico. ¿Qué sucedió? El
primer acto de corrupción, para el barrio, algo
así como la de Rivadavia en la Baring Brothers.
Luego del rejunte de la guita, los muchachos
mayores, mejor no los nombro, se ofrecieron a
efectuar la compra de los elementos; cal,
brochas, y acaroina. El laburo se realizó, ¡oh
casualidad! domingo a la tarde, solari y a
piachere de la banda. Soledad y silencio de los
cementerios en Castro. El rrioba entero, ¿adonde
podía haber ido? Era el día del Señor, pero a la
Iglesia, no. A la cancha, sí. Unos enfilaban
para Av. La Plata, otros, para la Amancio
Alcorta. Observarás, que para los cincuenta, el
tranway tenía pocos clientes para La Boca y
Belgrano. Bueno, a la vuelta del partido,
estábamos ansiosos por ver la obra de arte. A la
distancia, nada. Al acercarnos, observamos un
tenue, pero bien tenue, color blanco en árboles
y cordón. ¿Qué había sucedido?; los mayores
de la escuela media, no integrantes de El Dardo,
había retenido parte de la mosca, e invertido un
puchito, ‘clín caja’. Por supuesto, como no
alcanzaba la pintada, le agregaron tanta agua,
con resultado previsible. Además, los pelos
pegoteados en los árboles, de las brochas viejas
de favor, fueron también testigos de la infamia;
era como un resabio de la Década del Treinta. Se
corrió la bola “El Gran Choreo de Castro”
y ¡Papelón de El Dardo! Solución, los
drepas de los directivos pusieron, compraron y
nos ayudaron a blanquear, y a blanquear la
situación de los infames traidores al Dardo.
Es el día de hoy, que perdura en mi olfato, el
saludable olor a acaroina. La cuestión que
“El Dardo”, lavó su honor y chau la polio.
En realidad, lo que más nos interesaba era la
faz deportiva. No escapó a la misma, la carrera
pedestre, de Castro a Pavón. Lo novedoso, es que
se dividió en tres: para varones altos, bajitos
y las damas. ¿qué me decís? Toda una innovación.
El reglamento, no especificaba límite de edad.
Pero, quedate tranquilo, no hubo otra
corruptela, sólo se mandaron los pibes. En la
primera, Luisito, alias ‘biyiyi’, se anotó. En
la segunda, Ricardito, alias ‘Chicho’, fue el
triunfador. Premios: libros. Títulos, el de los
grandotes, no recuerdo, El de Chicho, “Una
Excursión a los Indios Ranqueles”, de Lucio V.
Mansilla. Con la cuestión del evento, ¡qué
fomento a la cultura nacional! Todavía hoy me
pregunto ¿cómo zafamos de Sandokán, Robin Hood,
etc? y me pongo ancho. Ah, las damas no
participaron, la prueba vacante, la falta de
stock por arrugue de minas, se hizo sentir y la
novela rosa de Corin Tellado, se sorteo entre
las presentes, la Carmelita fue la agraciada.
Pasaron años, se está yendo la vida. ¿A
dónde vas? Para la
‘mimbrería de Dardo’,
es la respuesta a flor de labio de los jovatos
del barrio, que alguna vez fueron pibes y
pararon en la ´esquina’
sudeste mirando al noroeste
de Tarija y Castro, donde supo haber en el
sótano, un club, con sello y todo, donde se leía
“Club Social y
Deportivo El Dardo”.
Ricardo Lopa
Castro y Tarija, Boedo Boedo, abril
23 de 2009
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