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Antojo de Arrabal
por
Ricardo Lopa

06/02/2009
Sabés Cachilo, hoy no es un día cualquiera,
pues, estoy de antojo en el Tuyú. Viste viejo,
los hombres también tenemos antojos. Bueno mi
jermu, en el embarazo de la Pichulina, la mayor,
lo tenía, y de orejones. Sí, entendiste bien,
¡orejones! O sea, la joda no era simple, venía
pesada la noma.
Todas las veredas de Boedo, desde Cochabamba
hasta Independencia fueron testigo de la súplica
por conseguir el objetivo. Al rato de la
travesía, pareciera que el mismísimo Jesús
intervino. Un señor delgado y con barba haciendo
juego, nos tira:
- en la cuadra que viene, ahí nomás, venden
Le bese la mano al Señor, que merecía la
canonización por el milagro.
Llegados al lugar, la Piru y el quía, la
euforia fue decayendo.
- ¿qué sucedió? Chau, falsa alarma, no
vendían orejones.
Te equivocaste Negro, había orejones.
- ¿y entonces?
Lo inesperado, parece que el antojo, había
tomado un dejo inflacionario.
- cómo, dejate de joder, eso ya es pasado.
- bueno, justamente el contexto lo ameritaba,
estaba a pleno, pero no apunta ahí el aumento.
- dale, batime para donde rumbeás.
- la que te jedi, los quería de pera. Sí,
escuchaste bien, “de pera”
- Ricardo, habías ganado una batalla nada más
¿y ahora?
- pugnaba por ganar la guerra, y lo logré
encarando San Juan, antes de aterrizar en Boedo,
estaba y está el añejo Mercado, y los viejos la
saben lunga, y traen soluciones.
- ¡y orejones de pera!
- efectivamente Cachilo. Se firmó el Acuerdo
y se hizo la paz tan buscada por ambas partes.
Bueno, decime Ricardo, empezaste que
estabas de antojo, pero, me chamuyaste el de tu
mujer. ¿a dónde apuntás?
Antojo de Arrabal, a eso apunto.
De patacón por Catamarca rumbeo al sur.
Pasalacua Boedo, llegando Patricios,
presintiendo Pompeya.
Anclao en el Parque, está el Bernasconi. El
de la donación del tano zapatero, que el Peludo
supo cuidar y ejecutar. Los del barrio la
escarcharon como la “Quinta de Pancho Moreno”,
del Perito Pascasio, un pedazo de pampa
enclavada en el Parque, envuelta en la tragedia
de Santos Godino, “el petiso orejudo”,
¡tragicomedia! El Bernasconi, donde Rosarito
enseño sin cesar y mamá Elsa, el primario, en su
primera promoción, supo cursar.
Catamarca llega hasta Caseros, y más
allá la historia con Luna, es otra.
Se la chamuya de fulerías. Pero la cosa no
comienza mal.
Ahí nomás, al 167 de Luna, un pibe del
barrio, médico se recibió, y siguiendo el
ejemplo del troesma Genaro Giacobini, chapa y
consultorio instaló. Pugliese era el tordo. A
los pobres atendió, consulta muchas veces no les
cobró, y a los bepís un mango les tiró.
Y fue el tradicional médico de la familia,
inclusive la del quía. Las amígdalas a los
cuatro años, el especialista extrajo, pero, los
brazos del doctor al pibe supo proteger.
Ir a visitar al tordo nunca es grato, pero,
siempre era una buena excusa, para respirar aire
de arrabal, mezclado con el olor que el
gasoducto de Alcorta solía desparramar.
Antojo de Arrabal, “y más allá la
historia con Luna, es otra”
Conventos no faltaron, el croar de las ranas
tampoco, ¡ y cirujas!
Y estaba ‘la quema’, y sí, había
cirujas. Consecuencia, el cirujeo no faltó. Los
puntos la iban de ‘cirujanos’ en el rebusque de
la basura, como quien labura en el cuerpo
humano. De tan ligeros que eran para el tajo,
nació duelo de guapos, y el tango, en el esquive
de meta y ponga.
- que decís Cachilo. ¿Qué omití en el
recorrido? No flaco no me olvido.
Colonia, Pasaje Mutualismo, la madrina, era otro
recorrido, que lamentablemente para la pobre, y
especialmente para el quía eran todos los 29 de
junio. Pues a la que te jedi, se le ocurrió
llamarse Petrona. Es decir, que me privaba de la
fogarata de San Pedro y San Pablo, que tan
ardorosamente contribuía a preparar.
Pero tal sacrificio tenía su compensación.
Ver al Palacio desde Jujuy era estremecer todo
mi ser y sentir. ¡viste Cachilo que no me zarpé!
Y ahí está el Globo centenario que nació en
Pompeya, paseó por un discutido Boedo y ancló en
Patricios. Como batía Homero “dueño de una sede
lujosa y del primer estadio sudamericano”
(“Treinta Años de Recuerdos Alrededor de un
Globo”. Poemas, Prosa y Cuentos Cortos. H.Manzi.
Ed. Corregidor).
Bueno Pompeya, cargada de fe y recuerdos
de casorio, me espera. ¡No te parece
Cachilo, que mi ‘Antojo de Arrabal’, fue más
sencillo que el de rastrear orejones!
Ponés jeta, bueno, claro, no me bancaba en la
panza al crío, que no era poca cosa la futura
quemerita.
¡Ejemplares únicos los porteños, antes de
partir estamos añorando y antes de llegar,
estamos volviendo!
Salute Ricardo
Lopa Mar del
Tuyú, enero 29 de 2009
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