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18/06/2007 Jorge Edgardo
Sapia - Me encantó la página del barrio
Me llamo Jorge Edgardo Sapia, viví en Parque de los Patricios hasta la edad de
15 años (1970 o 71 aproximadamente). Vivo - en la plenitud de lo que vivir
significa - en Rio de Janeiro desde 1976. Me encantó la página del barrio y los
recuerdos que diversos ex-vecinos, generosamente, enviaron para
publicación.
Nací y me crié en Patagones 1910. Al lado del bar, de mi tocayo Jorge Pereyro(finito)
hermano de Héctor, quien nos abandonó en una época en que la muerte no nos
visitaba con la frecuencia con que lo hizo algunos años mas tarde. En frente de
la casa de Jorge (Napoleón) hermano de Tito. Al ladito de los hermanos Bruzoni,
Jorge y Luis, de una delicadeza heredada con seguridad de su padre "Don Luis";
vecinos de Cachito, casado posteriormente con Ana, la panadera. Panadería que
quedaba exactamente en frente al corralón de Patagones donde vivían, entre
otros, el cabezón Oscar, Loreto y el tano Vicente y en donde había dos canchas
de bolitas, en plena vereda. Si habré perdido!
Ese grupo y otros "Jorges", acostumbrábamos jugar a la pelota, durante la
semana, en la vereda de atrás del Mercado (y para no olvidarme, en el techo del
mercado guardábamos las maderas para la fogata de San Juan y San Pedro).
Los sábados, los mayores ( entre ellos Miguel Angel Brindisi) ocupaban la cancha
improvisada del parque, ya mencionada por alguno de Uds. Tuve el placer de jugar
con los "grandes" en algunas oportunidades y siempre rezando para que, en esos
días, no se agarraran a trompadas con era tradición en los picados de los
sábados.
Claro que estudié en el Bernasconi y fue por eso que llegué a ésta página. Desde
mi exilio Carioca, hoy voluntario. Me emocioné al ver al instituto como
escenario de dos películas relativamente recientes y, que este momento no
consigo recordar, disculpen...
Como era tradición, los pibes y pibas del séptimo, realizaban su ritual de
pasaje a la adolescencia. Las parejitas se formaban como por encanto en las dos
o tres semanas iniciales del séptimo grado. Esos romances "colectivos" se
consagraban en la sección triple del cine Ribas. La tarde, generalmente acababa,
en un ritual culinario de la pizzeria El Globito, para mi, hasta hoy, una de las
mejores pizzas del mundo.
Jugué en los campeonatos de la pileta Municipal, defendiendo los colores del
Trebol, que me parece era el nombre de un club que quedaba o queda por la calle
Rioja. El equipito era comandado por una Señora -hincha de boca- madre de
Alejandro que completaba nuestro equipo. Históricamente obtuvimos siempre el
segundo lugar. Perdíamos siempre para un equipo fantástico que usaba una
camiseta azul y negra, linda y, creo que representaban un club que quedaba a la
derecha de quien ve el Bernasconi de frente de lo que era la entrada de las
chicas, esto es, arriba de las escaleras. Los mejores bailes de carnaval estaban
en ese club. Maravillosos.
Espero poder, de a poquito, socializar esos recuerdos. Envío a todos un enorme
abrazo.
PS: Aqui hay una herramienta de encuentros de amigos muy utilizada que es el
ORKUT, les voy enviar un invitación para que podamos abrir una página de entrada
con esa herramienta.
Abrazos
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18/06/2007 Ricardo Lopa -
Te Imagino Homero
Te imagino Homero, siempre tirando al Sur por Boedo, anclando en La Puñalada
esquina Rondeau. Tú retina, guarda la preciosa imagen del tano que te prestaba y
le prestabas la cuota de oreja fresca, a tus realidades y sus realidades,
traducidas, en letras en una servilleta arrugada. Charlas imborrables, cobijadas
por el Sol de Chiclana, del que vino en el Conte Rosso y se hizo porteño por
vocación. Llegar al boliche, era abrevar la cultura porteña de Amleto Enrico
Vergiati, siempre presto y seco, entonado para leerte y darte opinión de tu
nuevo proyecto de canción. Vos un cortado y el una copita, seguro que los
encuentros fueron muchos en interminables noches. Y vos, al compinche de tantas
aventuras, lo consolaste, más de una vez: “Sabés Tano, volverá, mirá, ¡ahí
viene¡ ” Y se mandó La Ví Llegar, y en su retina apareció Gori, la que nunca se
fue y siempre está aparecida en el bulín de Diógenes Taborda. La pobre que te
bancó hasta donde pudo, inclusive el desalojo con Oficial de Justicia y todo. Y
te fuiste a ver al punto que la iba de Juez y le chamuyaste “Usté me juna a mi.
Esta ciudad no la fundaron ni Mendoza ni Garay. A Buenos Aires la inventamos
Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo y yo. Yo soy Julián Centeya.” (Informes
del Sur. Roberto Selles. Julián Centeya. Ediciones BP. Pág.21). Ah, no lo
busques al italiano, se perdió en la búsqueda de Claudinette en la neblinosa
medianoche parisina, para no garparte el feca. “…Muchacho de cafetín,
adornao con pilchas pobres. Feliz con la fortuna, de no tener un cobre..”
Te cuento, que la actualidad nos marca un restaurant; Gran Sur, y una placa en
el frente del boliche, que canta: “Esquina Julián Centeya”. ¡ porteñazo el
hombre !
Ahí nomás está Chiclana, supo ser barrio y calle también. La diagonal persiste,
la yeca también, pero el rrioba se fue a acoyalarse con Patricios y Boedo.
Te imagino, un domingo cualquiera saliendo del feca con Julián, cruzar Boedo,
pasar, guiñándole un ojo pedigueño a San Bartolomé rumbo al feca La Grasita de
los hermanos Ignacio y Martín Ciordia. Chiclana 3407, lugar de reunión de los
simpatizantes de Huracán, previo partido y partida hacia Chiclana y Alagón, casi
Av. La Plata, donde se encontraba la cancha. Te imagino, con “….Tuco”, el
extraño vagabundo de la calle Garay, mirando “medio partido” desde las
montañitas de Chiclana…” Te imagino, con “Mario Luppi, Malerba, Ginebra,
Banchero, Pepe Barreiro, Bivernat, Cantoni, Armando, Bergantito, Durán, Sabelli,
Ader, Tamangotes Rabanal, y todos los que entonces parecían muchos en la tribuna
de Chiclana…” (Poemas, prosa y cuentos cortos. H.Manzi. Ed. Corregidor “Treinta
Años de Recuerdos Alrededor de un Globo”.) Te la bato de una, comprenderás que
la barra que “parecían muchos” ‘fueron’, al igual que ‘los hermanos’, no
obstante se mantiene el boliche, bien boliche, con otro nombre y dueño.
Coqueta, firme y orgullosa, la San Bartolomé, vieras lo linda que está, recién
pintadita. Tu Globo, que lo llegaste a ver “dueño de una sede lujosa y del
primer estadio sudamericano” (“Poemas..Treinta Años…) a veces, con poco aire,
sigue volando para tu tranquilidad y la de Julián.
Te imagino, haciéndote una escapadita por Parque de los Patricios, un domingo
cualquiera, para matar el vicio tanguero en el glorioso feca, de Rioja y
Caseros, “¿ Es que el Café Benigno,….en cuya pizarra de billar se colocaba el
resultado de los partidos de primera cuando no había radio ni sextas
ediciones…no formaba parte de la historia de Huracán..?” (“Poemas..Treinta
Años…)
Y te imagino, siempre enfocando al sur, de once así nomás. ¡Cómo te gustaba
patear por las calles porteñas!, y vas llegando a tu Pompeya. De jonca, que el
colegio de don Abraham Luppi, con su curtiembre familiar y el paredón, como
límite extramuros a la pampa, cada tanto bañada por el Riachuelo, ya son
historia, “…Sur, paredón y después…Más allá la inundación”, como también
tu admirado Director de Estudio, el tano garibaldino Eduardo Colombo Leoni.
Sabés, que tus compañeros de travesuras, ya no están, pero, tenés ganas de
mandarte igual, y te acompaño. Añorás la campana que llamaba a descanso, el
piberío corriendo detrás de la pelotita “…en cuyos recreos del lunes se
comentaban los goles y las jugadas del domingo…no era un vivero de jugadores y
simpatizantes de Huracán..?” (“ Poemas…Treinta años ...)
Centernera y Esquiú, ahí nomás de Nta. Sra. de Pompeya, “…Barrio de tango, luna
y misterio, calles lejanas, ¡cómo estarán! Viejos amigos que hoy ni recuerdo
¡qué se habrán hecho, dónde estarán…!
Te ves y me imagino verte, en la ventana del cole, fichando allá la pampa y acá
la herrería del tropero Antonio Musladino, en Centenera y Tabaré. “…la esquina
del herrero, barro y pampa…” (Sur)
Buscás y sabés que no lo vas a encontrar, al hijo del herrero, compañero y
amigo, Oscar. ¿si lo habrás cargado? ¡cómo le piantaba al laburo! Un señorito.
Pulcro de la cabeza a los pies, pasando por las manos, que le escapaban al
martillo. La herradura de la suerte era una falacia, inventada por los
trabajadores del gremio, para el recambio. Por tal motivo, él, no, siempre con
manos relucientes. “…¡Porteñito! ¡Manoblanca!...Vamos ¡fuerza, que viene
barranca! ¡Manoblanca!...¡ Porteñito! ¡Fuerza! ¡vámos, que falta un poquito!
¡Bueno! ¡bueno!...¡Ya salimos!...Ahora sigan parejo otra vez, que esta noche me
esperan sus ojos en la Avenida Centenera y Tabaré…” “ La herrería es la
pampa del barrio, donde todavía se anuncia la mañana, con el clarín del gallo…”
(“Poemas..”) Te tiro una buena, el bulín del primer piso del Colegio Luppi,
persiste. Un consejo, no se te ocurra, subir a fichar la herrería de Musladino,
como presentís, igual que su dueño, pasó a mejor vida. Pero, te tiro otra buena,
la esquina de Centenera con Tabaré, fue abierta, para que pasara tu apreciado
Eduardo Colombo Leoni, en un pasaje de una cuadra. ¡ Qué tal !
Viste Barba, todavía en el rrioba porteño se respira Arrabal. “Arrabales
porteños de casitas rosadas… Donde asoma la higuera…en tus patios abiertos las
estrellas se asoman…” Te imagino, caminando por Esquiú con José Dames. El Pepe,
que una día se piantó de Pompeya a la Pepirí de Patricios, en la búsqueda
infructuosa de la piba más mimada por la muchachada. Y fuiste y Fuimos, vos la
letra, y el, la música. “…Fuimos abrazados a la angustia de un presagio
por la noche de un camino sin salidas,…” Para que te pongas contento, una
plazoleta entre las calles Esquiú, Tilcara y Abraham Luppi, lleva su nombre.
Toda la hinchada junta. Por supuesto, vos no podías faltar, ahí nomás figurás
como una calle más de tu Pompeya. Ah, no se si notaste, enfrente de la
plazoleta, por Esquiú, está la famosa casa, todavía pintada de rosa. Grande
patio abierto, donde asoma la higuera, que de seguro cobijará innumerables
estrellas, para iluminar la paz de los ancianos moradores, hasta que les llegue
la noche. Ahora, se le dice, Residencia Geriátrica.
Se me hace, que el amor anduvo por Pompeya, lo viniste a imaginar, sabiendo que
no lo encontrarás. Te tienta, patear por esas calles juveniles, buscando las
travesuras que no volverán, pero, que forman parte de tu vida. Fueron, grabadas
en tu retina están, andá a buscarlas. Mandate por Corrales al 1200 Date el
gusto, quien dice que por ahí, tu porteña imaginación, te hace aparecer a la
Juanita, una pebeta de aquellas, que, con dejo nostalgioso y cabello rubio, una
dulce sonrisa te obsequiará. “Barrio de tango, que fue de aquella, Juana, la
rubia, que tanto amé. ¡Sabrá que sufro, pensando en ella, desde la tarde que la
dejé…! Se y lo sabés que con Juana simbolizás la piba de barrio, que
fueron muchas y ninguna, cuando el metejón te brotaba cada día, cada noche,
pasajero sí, pero imborrable. “…No habrá ninguna igual, no habrá ninguna,
ninguna con tu piel ni con tu voz…” Que también, quizás, pudo haber sido una en
particular y ninguna en general. Vaya uno a saber. En las cosas del querer,
siempre queda más pituco busca afuera, lo que, respetuosamente, está en casa,
querida Casilda.
“¡Corazón…! En aquella noche larga maduró la fruta amarga de esta enorme
soledad… ¡ Ya no estás..! Y tu ausencia que se alarga tiene gusto a fruta
amarga, a castigo y soledad..”
Te me estás poniendo demasiado melancólico. Claro son años de efervescente
masculinidad, añoranzas imborrables de lo femenino que participó de tu vida: “Es
tan triste vivir entre recuerdos…No habrá ninguna igual, todas murieron…”
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