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- 03/12/2006 Alejandro Celani:Hola Carlitos... Hola Carlitos... Cómo estas, vos y tu flia, espero que bien, bueno ese es mi
deseo... Si de ir a jugar, cuando quieras, nos reunimos en la salida
del pasaje por Catamarca, y vos y Gustavo, Rubén, Rolo y yo, nos
juntamos para ir al Bernasconi a jugar, a pasar por las rejas, ¿te acordas?, y después nos reunimos con los Pachecos, y hacemos dos
pelotones de soldados y arrancamos y nos encontramos y nos
enfrentamos por la entrada del colegio. ¿Te acordás?, los
disparos de Rubén, los sonidos de las ametralladoras, las
explosiones, los que caíamos heridos, los que morían y seguían
jugando... ja ja ja, las armas que hacíamos con maderas, con las
ramas, y las rodillas peladas de tanto vivir en el suelo... Hay tanto
para recordar, pantalones cortos, remeras, medias, y zapatillas, era
el laburo de nuestros viejos, y los lunes con los delantales
planchados, para ir al colegio, los medios días a las corridas, nos
faltaban algunas fibras (Sylvapen), los mapas, las hojas nro. 3 y
toda la inocencia que nos marcaba aquellos años, y volver a la tarde
y a las 17:30, a mirar Meteoro, café con leche con un alfajor de
chocolate, y así las semanas pasaban, los meses y los años, y aún
podemos cerrar los ojos y vernos, y sentir las risas, los olores,
los días fríos de invierno, los calores de aquellos veranos, y nos
vemos y nos reímos y también se nos escapa una lágrima, pero ¿sabés
porqué?... porque aún estamos viviendo todo eso en nuestro
corazón Carlitos, todo pasa pero queda esto, el habernos conocido
entre nosotros, y poder compartir todo aquello, y el pasado nos
empuja para este presente, y así proyectar nuestro futuro. Bueno,
espero que hayas viajado un poco, y aún hay mas, mucho mas, Carlitos espero que tus cosas anden bien, yo por acá con mucho
trabajo, y luchando esta vida, como lo hicieron ellos, ¿si?. Bueno
amigo cuidate, escribí pronto, un abrazo fuerte, y cariños a tu flia,
ya nos vamos a volver a ver, pronto, ¡ah! y ya te voy a mostrar
el juego de química que me regalo mi viejo, ¿te acordas?. Nos
vemos. Hasta siempre.
Este email hace
referencia al mensaje:
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13/12/2005:
Carlos Silva:
Mi casa en el Passaje de la Av. Caseros al 2700 |
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27/11/2006:
Ricardo Lopa: CON
EL GLOBO EN LA MENTE Domingo, siempre es grato el día del Señor, máxime si es primavera.
Sepa viejo, que Ricardo suele ir a correr al Parque. ¿cuál? El que
el viejo lo supo amigar de chiquito: el Chacabuco. Justamente,
persisto, para no llegar ‘chacabuco’ de jovato. Sabe, es hermoso reflexionar mientras se corre. Uno se evade, a
pesar del mundo, está solo, y reflexiona. Sabe, ese domingo, empecé a cumplir con la morosidad al afecto. Me
mando por la Av. Eva Perón, de repente un globo grande con una hache
roja se me viene encima. ¡Vamos todavía!. El pibe que lo portaba,
como acostumbrado a bancársela, ¡vamos que podemos!. Pucha, si le
escribí al Gasómetro de los primos, (ver.Al Gasómetro de mis recuerdos), se la debo a mi Globo. De la mano del abuelo Vicente, me veo en la Av. Garay y Quintino
Bocayuba esperando el colectivo 34. Trajeado el viejo y jopo
engominado Ricardito. Como oyó, pilcha para ir el domingo a la
cancha. Sí, solamente el domingo para el disfrute de la fiesta del
fútbol. El 34 no aparece, ‘oiga viejo, nos mandamos con un coche de
alquiler, a medias’, ¿Ud. también va la cancha?. Vea el tano
zapatero, uno de los primeros jubilados de Grimoldi, se mandaba con
un taxi. ¡Qué tal!. Año 1952. Indudablemente, fue Vicente la fuente de mi afecto. Papá era de los
primos. Ud. dirá; que me le hice contra. Rotundamente, no. Contra,
fuiste vos querido Antonio, que te hiciste ‘cuervo’, después que yo
‘quemero’. El amor por la camiseta viene de cuna, sino, uno enfila
para cualquier lado, ‘todo sé igual’, para el caso, según el barrio
con que se mire. Ya en la pista, la Medalla Milagrosa, me anima a continuar
reflexionando. Al tomar el taxi por Av. Garay y su cruce con el
pasaje Danel, veo mucha gente esperando el tranvía 73, ¿no estará el
gordo Homero para ir a alentar a nuestro Globo?. Lamentablemente,
hacía un año, que se nos había ido para sumarse a la hinchada
quemera del cielo. ‘Nostalgia de los años que han pasado’. El coche de alquiler, enfila por la Colonia plateista. La ‘popu’ por
Luna. El nene de ocho años; sorprendido. Le habían hablado en el ‘cole’,
sin entender mucho, sobre las maravillas del mundo y como arte de
magia le aparece una: El Palacio, a Ricardito la saltó un botón del
tirador, menos mal que le quedaba otro, sino se le caían los
‘lompas’ de la emoción. Ah, la pista. Un par de vueltas más, después de saludar el flaco
Abel, mi mente continúa absorbida por el Globo. Pucha que año el del
52’. Jubilado, trajeado, taxi, platea, no se andaba con pequeñeces.
Y le digo, hasta demandó tiempo, entreverarse con el vehículo. ¿Eran
pocos, ó la demanda era abundante?. Extasiado en la Alcorta, con torre de frente, de repente, “Sopla un
viento....” y la blanca con el globo rojo. Me va creer, si le digo,
que se me rompió el otro botón del tirador y chau. Los primeros
ídolos del nene aparecen. La guapeza de Caggino. El peruano
Valeriano López, que en reserva, de visita, a San Martín, le hizo un
gol al Chaca de zabeca de media cancha ¿será verdad?, y Ricagni,
goleador como pocos. Pero el que persistió, fue el bueno de Cacho
Filgueiras, marcador seleccionado. Además, creo, que todavía por ahí
andan, con el globo en el pecho, Naya y Romeral. Bravo muchachos. Ojo al pomo, que antes de mi debut en el Palacio, ya la abuela
‘China’, me hizo sufrir la pelea por el descenso. Hacía los nudos en
el pañuelo, prometiendo, y haciéndome prometer, que no lo desataba
si Huracán no ganaba. El famoso ‘santo pilato’ Mamá Elsa, la ‘profe’ de piano, no se quedaba atrás. Por ella, supe
la existencia del “Mortero del Globito”, hasta me enseñó la pieza
musical; “Y si tira Massantonio, no hay que hacerle ya está el
gol....” Con el tiempo, me enteré que había otro Mortero, pero no de
mi palo. Aunque no lo crea, tiro unas vueltas más a la pista, ¡qué tal Beto!,
pero al Globo lo tengo, además del corazón, pegado en la mente; y
reflexiono. Lamentablemente el 52’, que empezó bien, terminó mal. ¡Qué ocasión!,
se imagina Ricardito, el primer año y campeonar. Posibilidades,
muchas, con el triunfo, el campeonato era casi un hecho. Primer
tiempo uno por bando. Final 7 a 1 abajo. Decían los grandes, que un
anuncio inoportuno, provocó el desastre. Al presidente, que
contribuyó en mucho a hacernos grandes, le faltó tacto para el
manejo de ciertos códigos futboleros y chau, la cosecha no se pudo
levantar. La verticalidad hay que aplicarla en el ámbito pertinente.
No fue así. Si habré pataleado para ir al famoso partido con River.
A pesar del mar de lágrimas, el destino o la experiencia de Vicente,
me exiliaron en un teatro. Entre acto y acto, apareció un tipo con
una pinta bárbara. ¡y este de qué la va!. Simplemente, anunció el
resultado. Fue, 50 años atrás, todavía recuerdo su cara de
satisfacción, la mía, de bronca, ni le cuento. Me resistí a creerlo
y persisto. ¿no habrá sido una joda? Las piernas de Ricardo aguantan, mientras la mente fluya, las
‘napier’ tiran. Busco al profesor Miori, y no lo encuentro ¿sé
piantó para arriba? Y reflexiono, monotemático. Globo, las alegrías fueron escasas. Pues, para una Institución
que tiene, supuestamente, cinco tan solo por encima, salir segundo
es un fracaso. Pero a veces, hay que saber salir segundo, para luego
primero. No hay festejo, sí experiencia y optimismo. El 73’ fue y no usufructuamos el envión, estábamos para un lustro de
reafirmación de grandeza, lástima. Se acuerda, le conté mi primera experiencia clásica en el Gasómetro,
allá por el 53’. Platea baja de los pibes, gol del ‘payo’ Pelegrina,
trifulca y otras yerbas (v.Barriada). Trataré de contarle la última,
le aseguro que vale la pena, no me deje solo, no lo voy a defraudar.
Mientras tanto corro, el flaco Abel y Beto, esta vez juntos, me
zarpan y saludan jocosamente, no saben que estoy en otra, chau, yo
sigo con mi Globo en la mente. Era la primavera avanzada del 90’. Ricardo, estaba saliendo de
las secuelas que le dejó un accidente casero. Los primos, locales en
Ferro. Me veo, caminando por Avellaneda en busca de la tribuna
visitante, que para la ocasión se había mudado a la local. Remera,
pantalón amplio, pues debía darle lugar al de lycra que desde la
cintura a los pies, inclusive, llevaba desde febrero como remedo de
quemaduras. Mamita, ¿qué lorca?. Sentado, relojeba el ambiente desde
temprano; era como pispear las cartas a ver que sapa. La acumulación
de personas, originó el parate y problema a la vez. Efectivamente,
no estaba en condiciones de bancarme en par de horas de dorapa. ¿Qué
joraca hago?. Me mandé a la platea. Ah, no le dije, era ‘boga’ del
Globo, como si fuera letrado en causa propia, sabe. Y Huracán, para
el caso, lo era. Viera viejo se sufre el doble, hasta hacerse
imposible el ejercicio de la profesión; como si un médico atendiera
a su madre y demás familiares directos. Muy a pesar mío, y con las incomodidades, que Ud. futbolero, sabrá
comprender, me instalé en la platea. Por lo menos estaba sentado y
cerca de nuestro Turquito, que ese día no jugaba. ¿lesión?
¿suspensión?, la verdad no recuerdo. Pero ahí estaba, era una
compañía que me daba fuerza, a pesar que no tenía el gusto de
conocerlo personalmente. Estadio repleto, dos grandes, jugando el clásico en cancha chica. El
primer tiempo se pasó, como quien no quiere la cosa. Allá por los
treinta y monedas del segundo, Borghi ‘el exquisito’, muestra su
calidad en un pase a Hugito, sí ‘moralito’, el mocoso no se amilanó
y en su debut, le mete un semipase de gol al querido Herrero, la
otra mitad del gol fue entera del Negro, que dibujó dos amagues para
que un par de hombres del Ciclón siguieran de largo, toque
‘huracanado’ y .... grito el gol como nunca, un poco por el clásico
y otra por la revancha de la vida que Dios me estaba otorgando. Me
veo besando una pelada desconocida, y abrazado con Mohamed a la
distancia. Si habré dado sobe a desconocidos. Nunca con beneficio de
inventario, lo que venga; barbas, sobacos en mal estado, todo
permitido. El gol del Globo, habría el camino a la orgía de abrazos
y besuqueos. No crea, que con el relato, detuve la corrida, van 10 vueltas y tiro
un rato más. Por ahí imagino a mi compadre Carlos, imposible, fue el
que me llevó al vicio y luego me largó en banda, gracias igual. Y
reflexiono con el Globo. Vieran al finadito de hace unos meses,
elevando los brazos al Señor, agradeciendo y gritando desaforado el
gol del Negro. Cuando aterricé, todo el estadio obró como una
tremenda opresión, no pude soportar más la emoción y entre jugada y
jugada, medio de disimulo me rajé. Bueno es un decir, me piré de mi
lugar ocasional y empecé a dar vueltas por las afueras, en pos de la
finalización del partido. Créame, ´fueron los quince minutos más
largos de mi vida’, sufrí más que las 16 veces que había entrado al
quirófano. Caminaba y caminaba, como haciéndole caso al ‘tordo’.
“sus piernas van a mejorar, con gimnasia y trote” “dele y dele”. A
mi juego me llamaron. “y coma mucho”, Parece que el accidente había
dejado algo positivo: el deporte y el ‘mangare’. Faltando diez
minutos, veo rostros disconformes que se retiran de la oficial.
“¿Cómo va el partido? “Estos quemeros pu....”.Si supieran, en
realidad mi intención no era gozarlos, ni mucho menos, era que
quería dejar de sufrir. Faltando cinco minutos, por lo menos no se
escucha ningún grito, es un aliciente. Por mi reloj, es la hora.
Pero, el adicional. Mi mente, repasó los tres sanatorios que
deambulé, y mi vida como quemero; ¿Ésta es la última que me
faltaba?, no bancarme el partido. Yo, que me había anotado en todas,
hasta en el famoso 5 a 0 a Central en el 73’. Viejo, sepa
comprender: hincha seguidor, vitalicio, letrado sentimentaloide en
recuperación. En vez de disfrutar, lo sufría el cuasi triunfo. Esa
tarde comprendí, que había sido mi último partido clásico. El ‘bobo’
se la venía aguantando desde el 52’. A la finalización, me mandé a
la visitante a cantar con mi gente. Luego al vestuario. Abrazos por
aquí, y besos por allá. El tesorero, después de cumplir el rito,
cumplió con otro: “Tomá Tito, otro embargo”. Ahí comprendí, la
incompatibilidad entre el goce sufrido, que solo el futbolero lo
meritúa y ser letrado en causa propia. Aguanté lo que pude, hay
afectos que no se compatibilizan con la profesión. Ud. me dirá que
fui y soy un gil, puede ser. De pronto, me quedé sin nada, por propia decisión. Sin clásico y sin
laburo, pero en paz. La de los cementerios dirá, NO. Libre de
ataduras, SÍ. El saber nos hace libres, la posibilidad de optar, y
encontré la paz en la docencia y no precisamente la de los
cementerios, la de la VIDA. La gratitud de los jóvenes no se
emparda. El Globo me da ánimo para arribar sacando pecho, al tramo final
de mi corrida. Pero como podrá darse cuenta, lo sigo teniendo pegado
en la mente y en el corazón. Lástima que cuando un crece
físicamente, también madura mentalmente, y ‘la pelotita’ se
transformó en insalubre para un tipo que trabaja con la mente y debe
estar al frente de la juventud dando el ejemplo responsable, como
hombre y profe, y el fútbol de lunes a viernes se transforma en un
obstáculo para desarrollar la vida en un tipo normal, de cualquier
edad. Pero ojo, si bien no lo veo, el consquilleo me acompaña donde me
encuentre, cuando está jugando mi Huracán. Aun hoy, a la medianoche
de lunes, radio, ¿cómo le fue al Globo?. Euforia o desazón. De
cualquier manera: desequilibrio. Es martes, suena el despertador 6
hs., siete y cuarenta dando clases. ¿Es normal?. Che Globo, gracias por acompañarme en la corrida. Che Globo, gracias
por ser compañía. Che Globo, gracias por ayudarme a vivir. A pesar
de los vaivenes de tu vida, che Globo estoy orgulloso de vos y a
pesar de los vaivenes de mi vida, cuando en el más allá me encuentre
y pueda elegir, seguro que el globo rojo con la hache de Huracán lo
tendré en el nuevo cuore y buscaré al inolvidable Miguelito para que
me dé la formación del equipo, anunciada por el querido Cacho, pues,
sabe el Domingo, con presencia del ‘chiba’, jugamos con los cuervos. Ricardo Lopa - Boedo, noviembre del 2006 |