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27/11/2012
Elida Acri
Recuerdos III
Me gustaría saber si la Poesía Saraza del señor Tomé,
hace referencia al Club Crisol de la calle Saraza próximo a
José María Moreno, que no sé si aún existe.
Y en cuanto a la nota de la destrucción del Parque
Chacabuco, me recordó la fuente con los sapitos de bronce
que tiraban agua de su boca y los chicos la tomábamos.
Además una anécdota que vino a mi memoria es sobre un
amiguito de la infancia, que saltando de uno a otro cuadrado
de cemento que estaban dentro de la pileta, calculó mal y se
cayó al agua.
No recuerdo en cambio la estatua que el señor que habló
del tema, dice estaba en el medio de la fuente.
Yo también lamenté que la traza de la autopista dividiera
el parque y que se perdieran espacios públicos.
Aunque la parte próxima a la Medalla Milagrosa, con la
calesita famosa de Tatín y los juegos la vi descuidada, no
sé ahora.
Pero, para ser positivos, digo que la zona que
suelo recorrer con mis nietas menores entrando por Asamblea
y Emilio Mitre, tiene muy arreglado el camino hacia la
fuente que me recuerda el barquito que se delizaba atado a
un piolín sobre el agua que caía lentamente hacia un nivel
más bajo, y alguna vez todos nos extrañábamos al ver uno
barquito a cuerda y luego otro a control remoto. Hoy está
hermosa la fuente con sus aguas fluyendo.
Y el gran “playón” donde los nenes andan en bicicleta,
patines, cochecitos muy bien.
Y la Feria Artesanal que algunas veces recorrí.
Positivo también el aprovechamiento de ese lugar para
distintos espectáculos. Un día pude comprar maníes caliente
en un cucurucho de papel de diario para que mis nietas,
consumidoras hoy de tantas golosinas sofisticadas,
revivieran esa experiencia vivida en mi infancia.
Y son imperdibles, levantando la vista, los frondosos
árboles de distintas especies que le debemos al paisajista
francés Carlos Thays, que nos deleitó con el arbolado de
muchas calles de ciudad y de muchos otros parques, así como
el Jardín Botánico.
Élida Acri
elidaacri@gmail.com
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15/11/2012
Elida Acri
Recuerdos II
Llegué a esta página a través de un contacto con Mónica
Rubio, quien gentilmente me invitó a publicar lo que había
escrito sobre el Barrio de mi Infancia y adolescencia.
También ejercí como maestra recién recibida en algunas
escuelas del barrio –suplencias cortas en general – como la
ubicada en Estrada, cerca de José María Moreno, en otra de
la calle Asamblea y Doblas, otra en Puán y Pedro Guyana, a
las que recuerdo con mucho cariño por haberme permitido
ejercer la docencia que fue mi vocación y a la que me
dediqué toda la vida. Y qué decir de mi escuela primaria en
la Calle Cachimayo y Saraza “Niñas de Ayohuma”, que hoy se
encuentra en el mismo Parque Chacabuco, no puedo dejar de
contarle a mis nietas cada vez que pasamos por esos lugares
queridos de mi infancia.
He leído los comentarios y me quedó una duda respecto de
la Poesía Saraza ¿no era ese el Club Crisol? el de los
bailes de Carnavales de Antaño, donde las mamás sentadas
alrededor de aquellas mesitas redondas observaban a las
jovencitas y terminaba la velada como dice allí con los
compases de la Cumparsita.
Un grato recuerdo.
Élida Acri
elidaacri@gmail.com
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15/11/2012
Elida Acri
Poema "Recuerdos "
RECUERDOS
A mí se me hace triste el
barrio de mi infancia
¡Cuántos muertos queridos! ¡Qué sola está mi calle!
A mí se me hacen lejos las horas de los juegos,
con amigas borrosas, ahora a la distancia;
Los chicos de la cuadra, mi hermano y sus amigos,
jugando a la bolita, pateando una pelota...
A mí se me hace un eco la letra de algún tango
cantado por mi padre, la voz de Fioravanti,
un domingo a la tarde, en la quietud del patio.
A mi se me agigantan, como dulces fantasmas,
el tranvía amarillo, el carro del lechero.
Y me suena lejana la voz del organito,
el pregón de un viejito ofreciendo un cartucho
cargado de maníes, calientes y dorados,
en una tarde fría, en la calle Asamblea.
¡Me parecía tan grande el Parque Chacabuco!,
el rosedal, la fuente, los “sapitos” y el chorro
cristalino del agua, mojándonos las manos.
Tan grande parecía caminando en mi infancia.
y hoy mis hijos lo cruzan por la nueva autopista
que indiferente y fría, en nombre del progreso
lo ha dividido en dos, lo mismo que a mi vida:
un antes y un ayer, mi infancia y mi presente.
¿Mi realidad de hoy?: una hermosa familia,
unos muy buenos hijos, y un marido ejemplar.
ÉLIDA ACRI elidaacri@gmail.com
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13/11/2012
Elida Acri
Recuerdos de mi infancia en Barrio de Parque Chacabuco, allá por los años
`50
El paso del Lechero que dejaba su botella de vidrio verde en la puerta de
calle aún cuando los vecinos dormían todavía. Claro que antes había sido el
lechero con su típico carrito con los grandes tarros de leche que despachaba
el producto directamente en el recipiente que usaba el vecino para luego
hervirla cuidadosamente. Y antes de esto, y muy especialmente, el recuerdo
de un hecho que sólo se daba en los Barrios del Sur: La vaca que era
ordeñaba en la puerta de las casas y se compraba el vaso de leche para
tomarlo de inmediato. Así también el vendedor de pavos que desfilaban
altivos por las calles (sin conocer cuál sería su destino, cuando un vecino
lo señalaba y su cuidador lo enganchaba con su larga vara que terminaba en
un gancho en la punta).
El Cartero con su enorme valijón lleno de cartas, al que muchas veces
esperábamos con ansiedad para recibir noticias de familiares del interior,
ya que no todos teníamos línea telefónica ni era fácil la comunicación a
ciertos lugares, aún de la misma provincia de Buenos Aires.
El teléfono por entonces era un lujo que tenían algunos vecinos de la
cuadra y que nos permitían hacer o recibir la llamada de algún familiar o
amigo.
El Panadero con el típico Carrito de la Panificadora, el Manicero que en
un simple cartucho de papel de diario, nos ofrecía un puñados de maníes en
su cáscara calentitos siempre.
El Lupinero con su balde repleto de mercancía.
El Plumerero, que las amas de casa elegían ya sea de plumas suaves o más
rústicas de acuerdo con el uso que les daban.
El Escobero al que la abuela le compraba la escoba que debía tener cinco
hilos ajustando la paja, porque eran las mejores.
El Paragüero que todas las semana pasaba con su pregón típico, llevando y
trayendo paraguas negros en su mayoría, que debían ser reparados ya que
entonces no eran “descartables”.
El Mimbrero con su carro cargado de artículos de mimbre o de junco como
sillas y sillones que se usaban en las casas y servían también para sacar a
la vereda y tomar fresco en las noches calurosas del verano.
Los Buzones Rojos, en las esquinas donde depositábamos nuestra
correspondencia –manuscrita siempre- con sobre con las indicaciones del
destinatario y su dirección y localidad al frente, y el remitente completo
al dorso y el costo de envío con las estampillas que correspondieran y que
se compraban en las Oficinas del Correo y se guardaban para tenerlas siempre
que se necesitaran.
Y un recuerdo infantil muy especial era el de recorrer el Parque
Chacabuco, mojarse las manos y tomar agua fresca que en una fuente rodeada
de sapitos de bronce, despedían agua por su boca. La gran ceremonia era
subirse al yaguareté, que todavía está en la entrada de la esquina de Emilio
Mitre y Asamblea. No menos atractivo era llevar un barco de juguete
que sujeto por una cuerda se deslizaba por las aguas de la fuente que estaba
a pocos metros de esa entrada.
Y por qué no una foto tomada por el típico fotógrafo de Plaza, que con su
maquinita sobre el soporte se cubría con una manta negra para evitar que se
velara la foto, que todavía húmeda llevábamos a casa. Conservo todavía
alguna de esas fotos.
ELIDA ACRI elidaacri@gmail.com
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