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“…estoy
en un espacio que se pierde en la inmensidad. Pero esto no me pasa a mí
sola, sino a mucha gente, estoy exactamente donde debo estar.”
Esto fue escrito hace tres años atrás, y terminaba diciendo, si querés te
lo cuento otro día, y el día paso… y el día lo olvidé, pero no olvidé los
olores, los adoquines que ya no existen y menos las canciones.
Sin, faina, sin pizza ni medialunas resurjo, no se asusten no soy un
fantasma o si, lo virtual a veces no tiene límites.
Soy real y como escribía… lejos de medialunas exquisitas de una danza
infernal de humanos que se agolpan en los túneles de los subterráneos, te
extraño barriada, te extraño Buenos Aires, pero no es un extrañar
melancólico, no. Es un extrañar pasional. Si, es esa pasión que se
manifiesta frente a otra pasión, Buenos Aires te puedo asegurar que no
extraño tu obelisco, no extraño tu grandiosidad… no extraño tu
omnipotencia… extraño tus pequeñas cosas, tus sabores, como el de “la
faina”, las medialunas de la “Vieja Belgrano” y tu gente… y mi gente… sin
perjuicios, los porteños estamos muy ocupados a veces como para mirar de
reojo…
por suerte…
Extraño los viernes a la hora pico, la hora que se pierde en distancias
absurdas… y en esta noche estrellada me pregunto porque Buenos Aires dejó de
crecer.
¿Cuándo fue la última vez que los porteños vimos el sol???
Extraño la humedad, mi cabello frisado, el quedarme sin quejas, extraño
Avenida de Mayo, extraño mi barrio, Las Cañitas, el cruzar ese río moderno
de autos enloquecidos: corriente de la última industrialización, e
internarse en el plácido lago de Palermo. Extraño atravesar la ciudad en
danza furiosa….
Que bella se pone la calle Corrientes después de las 19 h., por supuesto
ignorando la inseguridad.
Los días Sin Rumbo y con frio, fueron distintos este año. El rumbo quedo
marcado al oeste y la nieve pinto este barrio, con baldosas blancas, árboles
blancos… que me recuerda a mi San Juan y Boedo pero con una historia
distinta.
Es muy poco el trecho del blanco al gris… ¿no? Ahora una primavera llena
de brotes y hermosos colores cubre la plaza que se impone a mi ventana, tan
cerca como tan lejana mi placita Martín Fierro.
San Juan y Boedo, preparaban su primavera y era casi tan importante como
la de la calle Santa Fe, sus negocios armaban grandes carteles y hasta un
año tuvimos un gran desfile con carrozas y estuvo Miss Argentina, que saludó
desde la Bomboniere.
Las violetas, lucían impecables en las esquinas y el paseo se hacía
interminable entre Cochabamba e Independencia, por Boedo, La Gepa,
anunciaba ofertas increíbles y la pizzería La Flor sacaba sus mesas a la
vereda, María José y yo caminábamos esas cuadras una y otra vez juntando
claveles, nos sentíamos felices y plenas, en una geografía vasta, segura…
María José se perdió en el álbum, ese que todos guardamos junto al lugar
que de alguna manera nos formó, nos marcó y nos permitió y nos permite decir
soy de ahí…
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