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Cuando
uno comienza a pensar o al menos lo intenta, acerca de la eternidad de
la vida, toma conciencia sobre cuan corta es la misma, y si a eso le
sumamos que nuestra ciudad se ha transformado en una terrible micro
polis con una gran cantidad de habitantes que desbordarían una
megalópolis, que uno puede tardar de Mataderos al micro centro casi dos
horas de viaje. Si uno pone esa cantidad de tiempo sobre un mapa se da
cuenta, que, tardo casi lo mismo que le llevaría realizar la mitad del
recorrido que le tomaría llegar a Mar del Plata, y lo que peor es el
espacio: no concuerda con el tiempo utilizado.
Y toda esta
introducción viene a cuento, que tomando subte y taxi, desde Cabildo y
Juramento hasta Mario Bravo y Jerónimo Cabrera tarde la “módica suma”
de cuarenta y cinco minutos y desde Mario Bravo y Cabrera hasta Puente
Saavedra: “el record” fue de una hora y media, no faltará quien lea
esta columna y diga: “Ah, pero un viernes a la hora pico”, no señor, no
fue un viernes, fue otro día de la semana y no era la hora pico, la
brisa de la mañana era la única fiel amiga de una Buenos Aires que no
puede crecer más y que sus brazos tampoco pueden extenderse para
abrasarnos. Avenida Córdoba, hoy quedó angosta, uno va cambiando de
paisaje, hasta el punto de creer que esta viviendo en otra ciudad, solo
basta cruzar Scalabrini Ortiz, ahí, es cuando entramos en un submundo
que se viste de tiendas, y negocios hasta cruzar las vías, es allí donde
la avenida se quita el maquillaje y entra en una suerte de conventillos,
casas tomadas, soledad, para arribar al límite del barrio de Colegiales,
donde la ex hilandería se transformó en una suerte de shopping y Dptos.
para oficinas. Suerte que no es de quintas y sin nada señorial, nos
recibe Federico Lacroze. Calle, de grandes adoquines quien olvidó el
tranvía y el viejo ómnibus Leyland que tardaba una hora desde San Juan y
Boedo hasta Lacroze y Cabildo, claro, esto… hace treinta años atrás y
era todo un paseo porque uno no hace tanto tiempo paseaba por la ciudad,
no la atravesaba, en danza furiosa para llegar a un trabajo, o a un
consultorio médico, sólo paseaba, es por eso que no se desesperaba pero
ahí no termina todo. Av. Lacroze nos da dos oportunidades: o entrar por
Cabildo y llegar a Belgrano Center o llegar al nuevo barrio, invento de
las inmobiliaria “Las Cañitas”,… hoy tomamos la ruta a Belgrano por
Cabildo porque puente Saavedra nos espera, al llegar Núñez, nos hemos
dormido, nos hemos despertado nos hemos querido morir y nos hemos
repetido una y mil veces porque vivimos en Buenos Aires, no nos importan
ni la historia ni el patrimonio urbano ni la brisa de la dulce primavera
ni siquiera pensamos: ¡¡¡que bueno somos un país que no ha tenido
guerras!!!, todos los barrios, hoy, nos muestran todas sus caras, es más
se reflejan como si la paredes de las casas fueran espejos que nos
devuelven nuestra propia imagen que no es otra que la del lugar donde
vivimos, es por eso tal vez que sea hora de olvidar la queja, vivir más
nuestras cortas vidas y disfrutar el largo recorrido, que nosotros
mismos hemos ido tejiendo con nuestras cortas historias. |