“HISTORIAS DE
LOS BARRIOS DEL SUR” Los barrios del sur
fueron los mas afectados por
la fiebre amarilla por
Mabel Alicia Crego

Cuando
uno camina por los barrios del Sur, suele asociar la inseguridad a
algún asaltante furtivo, o quizá algún colectivo cruzando en rojo.
Pero cuesta imaginar a la muerte rondando, en el aire, en el agua,
en la habitación de conventillo, como en la mansión más elegante.
La epidemia de fiebre amarilla de 1871 fue la catástrofe más
terrible que sufriera nuestro país, en el gobierno de Sarmiento, que
mató al 8% de los porteños, paralizó la ciudad, hundió algunos
barrios pero surgieron otros, clausuró el Cementerio de Sur, pero se
inauguró Chacarita. Develó el verdadero rostro de muchos, heroísmo y
solidaridad en algunos, traición y oportunismo en otros. Estos fueron los “rostros de la Peste”. La peste que diezmó la población de buenos Aires durante los 6
primeros meses de 1871, no fue casual sino debida a una serie de
circunstancias. La guerra del Paraguay finaliza, a través de la vía fluvial del
Paraná el flagelo penetra en la nuestra ciudad por el puerto,
radicándose en San Telmo y los barrios Barracas, Catedral al Sur,
San Miguel, Balvanera, Montserrat, San Nicolás, La Boca entre otros. La población de Buenos Aires, bebía el agua de los pozos de la
primera napa, con aguas pluviales en los aljibes, en su mayor
parte contaminada por materia fecal de los “watter closset”,
recién instalados. El servicio de aguas corrientes era casi nulo, lo administraba la
empresa de Ferrocarril del Oeste. Los pantanos en las calles y los bajos de la ciudad se rellenaban
con basura. Los aguateros vendían el agua del río, sin importarles en
qué condiciones se encontraba. El flujo inmigratorio se acrecentaba, hacinándose en los barrios
del Sur, en conventillos, sin que se dispusiera desde el punto de
vista sanitario, las medidas necesarias para contenerla. Todo era foco de epidemia, los conventillos, los mercados, los
corrales, los saladeros, las aguas del riachuelo. El excesivo calor, la gran sequía que asola la ciudad y las
deficientes condiciones sanitarias, favorecieron el desarrollo del
mosquito Aedes aegypti por los barrios de la ciudad, la comisión de
higiene y los médicos ignoraban al enemigo oculto del cual poco se
sabía y nada se sospechaba. En estas condiciones encontró la epidemia a esta ciudad, las
autoridades se encontraron sin saber que hacer, superando su
incremento a todo calculo y causando un pánico difícil de
describir. En medio de este caos las autoridades nacionales y provinciales
huyeron al campo abandonando la ciudad a su suerte. Algunos vecinos se reúnen y nombran una Comisión Popular para
combatir la epidemia, encabezada por José Roque Pérez, Héctor
Florencio Varela, Manuel Argerich, Manuel Bilbao, Carlos Guido y
Spano, Aristóbulo de Valle, Lucio V. Mansilla, Francisco López
Torres, Bartolomé Mitre, José C. Paz , Cosme Mariño, Manuel
Quintana, entre otros. Las calles eran un ir y venir de vehículos de todas clase, que
conducían cadáveres en cajones de todas formas. El día 10 de Abril fue el día mas nefasto, se produjeron 546
victimas. Las oficinas nacionales, las iglesias y los colegios se cerraron,
el gobierno decretó feria, la bolsa quedó desierta, los alquileres
en los pueblos rurales alcanzaron precios fabulosos, la inmigración
se reembarcó. Los cementerios se llenaron entre ellos el del Sud. Hubo que
habilitar la Chacarita el 25 de Abril, que juntamente con el
del norte dieron sepultura a centenares de cadáveres. Cuenta Manuel Bilbao en su libro Buenos Aires, que hubo un día en
que el administrador del nuevo cementerio de la Chacarita,
señor Munilla, comunicaba que tenía 630 cadáveres sin
sepultar, fuera de los que había encontrado por el camino y que doce
sepultureros habían muerto ejerciendo su trabajo. A mediados de Marzo se produjo el éxodo de las dos terceras
partes de la población de San Telmo. Las familias y los comerciantes
huyeron hacia los pueblos de la campaña, olvidando algunos en cerrar
las puertas de sus casas, por esta causa fue incesante la actividad
cumplida por el personal de la comisaría 14 al mando de Lisandro
Suárez. Permanentemente de día y noche el personal policial recorría las
calles colocando candados en las casas abandonadas, expuestas a la
piratería y los ladrones. Manuel Domínguez sereno de la manzana 72 notó que la puerta de
una casa en la calle Balcarce 384 estaba abierta; en cumplimento de
su deber entró en el inquilinato y halló en una pieza del último
patio, el cadáver de una mujer con una criatura de pecho mamando,
condolido llamó a sus superiores. La madre se llamaba Ana
Cristina residía con su marido enfermo en La Boca, desde donde había
sido conducida en carro, a la casa antedicha, que estaba abandonada. Esta trágica escena fue lo que motivó al pintor uruguayo Juan
Manuel Blanes a pintar su famoso cuadro. Hospitales y lazaretos trabajaron a un ritmo agotador, morían
médicos y enfermeros, mientras se arbitraban medidas desesperadas.
La Cruz de Hierro, primera orden de caballería Argentina, fue
destinada a honrar a los conductores de la defensa civil. Los
ejemplos de altruismo se multiplicaron. En el mes de Junio la peste se alejó para siempre, dejando 13.614
victimas. El gobierno proclamó su culpa y se impulsaron las medidas
de salubridad y saneamiento que de haberse adoptado antes, sin
duda hubieran impedido en mucho la propagación de la
enfermedad. Fotos del lazareto ubicado en la
Costanera Sur, allí ponían en cuarentena a los inmigrantes y también
se usó cuando fue el brote de fiebre amarilla. El Lazareto
Cuarentenario está ubicado en Elvira Rawson de Dellepiane
(Ex-Brasil) y José C. Balbín (Dársena Sur Puerto de Bs. As.).
Proporcionadas por Mabel Crego. Ilustración: Cuadro de Juan Manuel
Blanes, Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, 1871 -
Oleo sobre tela, 230 x 180 cm. FUENTES: “La epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires” de
Esteban Ignacio Garramone “Historia de la fiebre amarilla en Buenos Aires de 1871” de
Diego Howlin “Buenos Aires” de Manuel Bilbao “Historias de Barracas de ayer y hoy” de Enrique Puccia
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