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Historias del Bicentenario
06/08/2011
“ LA BANDERA DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES"
por
Mabel Alicia Crego

Las historias más interesantes son las más sencillas, aquellas donde los
próceres de nuestra historia, salen del bronce y nos muestran sus debilidades y
fortalezas. Las mujeres también dejaron su impronta en la historia, pero sus
huellas muchas veces son olvidadas.
El General San Martín ya estaba
finalizando la organización del Ejercito de los Andes, en la provincia de
Mendoza, cuando recibió la comunicación oficial de la declaración de la
Independencia de las Provincias Unidas, en Tucumán.
Así comprendió, que era
el momento oportuno para que sus tropas, de más de 5000 hombres, tuvieran un
estandarte propio, que conservaría los colores que el General Manuel Belgrano
tan brillantemente eligiera y que también fueran adoptados por la soberana
Asamblea del año XIIl.
Fue en la humilde capital Mendocina que las damas
patricias dejaron su huella en nuestra historia. Eran momentos de gran
patriotismo y las mujeres cuyanas participaron en todo lo que estuvo en sus
manos.
Confeccionaban y teñían los azules uniformes de los granaderos.
Preparaban y secaban al sol quemante de enero, “charque” que el ejército
llevaría, para pasar las altas cumbres, sembraban cebollas y ajos que ayudarían
a las tropas a no apunarse, cosían pieles por dentro de las chaquetas de los
soldados.
Implementaron unas novedosas coberturas con bayeta para las mulas
y los caballos, le adherían por dentro a las botas de los granaderos, una tela
que se fabricaba en telar en la provincia de San Luis que era muy calida.
También prepararon ponchos y cuanto abrigo pudiesen inventar, para mantener
caliente, a esos valientes patriotas. Pero por sobre todo, entregaban sus hijos
a la patria.
Las damas de la elite mendocina donaron sus joyas y
también a sus esclavos.
Los hombres entre 16 y 65 años se alistaban en los
distintos batallones, para engrosar el ejército que hábilmente se instruía en el
campamento del Plumerillo.
El Jefe de talleres fue el fraile, Luis
Beltrán, desde la maestranza fundía balas, sables, fusiles, municiones, cañones
y hasta fabricó pólvora, invento carros (plegables) para trasladar los pesados
cañones, puentes colgantes que se enrollaban, para pasar los picos de mas de
5000 mts de altura.
Engordó las mulas y caballos y fabricó y colocó
herraduras. Además invento unos sistemas de poleas para pasar los precipicios
con los cañones. Todos estos trabajos le produjeron sordera.
La sanidad del
ejército estaba en manos del cirujano inglés james Parossien.
El coronel
Álvarez Condarco se encargo de realizar los planos de los distintos cruces de la
Cordillera de los Andes.
Cuando ya casi todo estaba preparado, la
bandera de los andes nació como un reto.
En la cena de la navidad del año
1816 después de los postres se brindó por la patria, el general San Martín,
expreso el deseo de que el ejército de los Andes tuviera su propia bandera,
realizada por las damas de Mendoza antes del 5 de enero de 1817.
Las
damas eran fervientes patriotas y aceptaron gustosas el reto. Inmediatamente
Dolores Prats, Margarita Corvalan Mercedes Álvarez y Laureana Ferrari de
Olazábal, se comprometieron a cumplir el deseo del General y esa misma noche,
todos empezaron a diseñar el modelo.
Al día siguiente salieron junto a
Remedios a buscar la seda necesaria, pero no encontraron los colores adecuados.
En una tienda de la calle mayor, hallaron una seda, pero el color le pareció
demasiado azul a San Martín.
Tampoco consiguieron seda de color piel para
bordar las manos del escudo. Las damas recorrieron varias tiendas de Mendoza sin
encontrar lo que buscaban y el General las apremiaba, con que necesitaba la
bandera para el próximo día de reyes.
Ya resignadas a no encontrar lo
buscado y por milagro, hallaron en una humilde tiendita de las inmediaciones de
la ciudad, en la callejuela que llamaban “del cariño botado” muy cerca de San
Vicente (hoy Godoy Cruz), la preciosa tela color azul cielo, como quería el
libertador.
Aunque no era seda, sino sarga, tenía un lustre que le daba un
aspecto muy bonito. La compraron rápidamente, sin discutir el precio, juntamente
con otra de color blanco, de igual calidad y regresaron muy contentas a la casa
a iniciar los trabajos de costura y bordado.
El óvalo fue dibujado sobre
la tela, con una bandeja de plata que ingeniosamente tomo Dolores Prats del
comedor y parte de la seda roja usada para bordar el gorro frigio, fue
hervida con agua y lejía hasta que se decoloro lo suficiente como, para bordar
las manos con un “pasable color piel”.
Remedios sacó varias cuentas de su
collar de perlas que fueron colocadas en el sol, Narcisa Santander desarmó una
gargantilla de 342 pequeños diamantes de primera agua que fue bordándolos de a
tres en cada hoja de laurel.
Margarita Corvalán puso sus aros de topacio en
cada ojo del sol.
Colocaron en los 32 rayos, que salen del sol lentejuelas
de oro del abanico de Laureana Ferrari de Olazábal y para darle mas brillo y
esplendor colocaron pequeños diamantes de un anillo de Mercedes Álvarez.
La
señora Olazábal agregó también, de una roseta de diamantes de su madre, varias
gemas con engarce para adornar el óvalo y el sol del escudo.
A las dos
de la mañana del 5 de enero de 1817 todas se arrodillaron frente al crucifijo
del oratorio, para agradecer haber terminado la bandera en el tiempo
establecido. Pidiendo que aquella enseña de la patria, fuera acompañada siempre
por la victoria.
Ese mismo día a las 10 de la mañana agotadas por el
cansancio y casi sin dormir, acudieron a la ceremonia, donde una multitud
de patriotas se encontraban esperando el acto más importante que tuvo el
ejército de los Andes.
Desde la iglesia matriz ubicada en una de las
esquinas de la Plaza Mayor, adornada de gallardetes y distintos decorados
patrióticos, se realizo la bendición de la Bandera de los Andes, San Martín
ofreció a la virgen del carmen su bastón de mando.
Luego de la ceremonia el
libertador tomó la insignia patria e hizo jurar a todos sus soldados diciendo
“soldados esta es la primera bandera independiente que se ha levantado en
América”. Y la agitó tres veces en medio de un indescriptible júbilo de
campanas, salvas, vivas y músicas.
La festividad siguió todo el día y al
caer la noche se iluminaron los edificios públicos y hubo bailes hasta la
madrugada.
Cuando el ejército se embarco hacia Perú, en Valparaíso,
viajo con una bandera Chilena con tres estrellas agregadas, dejando la bandera a
resguardo del gobierno Chileno.
La bandera tras estar varios años perdida,
apareció en Chile y después de muchos inconvenientes, se la trasladó a Argentina
denominándola Bandera de los Andes.
Hoy podemos observarla en el “salón de la
Bandera” en el vestíbulo del acceso principal de planta baja, del palacio de
gobierno en Mendoza.
Se encuentra protegida en una caja de vidrio
revestido de mármol blanco sobre un pedestal de granito negro.
Es la bandera
de guerra más antigua de la Argentina, que sobrevivió a las guerras y al
terremoto de 1861 (fue rescatada de las ruinas).
Es custodiada por los
granaderos del Regimiento de Infantería de Montaña 11, que tiene base en
Tupungato.
Mabel Alicia Crego
Maestra Secretaria
JIC Nº 4 D.E. 6º
Fuentes de la recopilación histórica:
“Banderas Argentinas de la
Independencia” de Ismael Bucich Escobar, Buenos Aires 1941 “San Martín
visto por sus contemporáneos” José Luis Busaniche, Instituto Nacional
Sanmartiniano Buenos Aires 1995
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