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Historias del Bicentenario
02/07/2011
“
Los caminos, viajes, postas y pulperías en 1816
"
(2º
parte)
por
Mabel Alicia Crego

Quizás aquí, en nuestra porteña ciudad, no tengamos muy claro qué era
una pulpería, porque su definición no es fácil, puesto que con el correr de los
años han desaparecido, pero para los años de nuestra independencia, todo era
bastante claro. Había una diferenciación entre tienda y pulpería. Las
tiendas se dedicaban a la venta de los géneros de Castilla y las pulperías a
géneros de abasto, su función era la venta, para el abasto de la población.
La complejidad de las pulperías porteñas se refleja mejor en la caracterización que hizo de ellas el propio gremio de pulperos de la ciudad. “Las
pulperías de Buenos Aires tenían algo de taberna, algo de bastería (almacén) y algo de tienda” combinaban los tres tipos de negocios. Las
panaderías, recurrían a la pulpería para comercializar sus productos.
También se podía comprar, rosarios, pirotecnia, libros, anzuelos, ponchos,
guitarras, herramientas y un sin fin de artículos que el pulpero comercializaba
con (los pueblos originarios) diferentes caciques indios y con pequeños
productores de diferentes provincias, que venían en lentas carretas a la gran
aldea a ofrecer sus mercaderías, tardando tres o cuatro meses (según las
distancias desde donde vinieran). Por eso se encontraba en las
pulperías, frutas secas y aceitunas de Mendoza, vinos de San Juan, cítricos de
Tucumán y el litoral, ponchos y tejidos de Córdoba, yuyos para evitar dolores y
ungüentos que el pulpero intercambiaba con los aborígenes, cuencos y vasijas de
tierra cocida, que fabricaban diferentes tribus, etc. Los gauchos que
vivían con sus mujeres en los ranchos de la campaña, fabricaban velas,
trenzaban lonjas de cuero, con las que hacían arneses, monturas y aperos de uso
común, ya que todos tenían uno o varios caballos para trasladarse.
Asimismo vendían huevos y aves de corral y cuando carneaban alguna
vaca, preparaban embutidos que vendían al pulpero y éste a sus parroquianos.
Cuando el pulpero disponía de carnes y embutidos para vender a sus clientes, colocaba un trapo rojo en lo alto de una caña, frente a la pulpería y
cuando solo tenía aguardiente o ginebra, el trapo era blanco (sucio).
Las
pulperías surtían también de lumbre, tabaco y combustible y algunos
artículos de tocador, ferretería y vajilla que venían de Europa. Pero
creo que lo más importante, es que se respiraba un aire inconfundible de
taberna, donde los parroquianos pasaban su tiempo en compañía, bebiendo
aguardiente, ginebra, caña o vino carlón, jugando a los naipes, a la taba o payando con sus guitarras, (en verdaderos contrapuntos), contando y
cantando, las noticias que ocurrían en el pueblo. Para las fiestas religiosas
se organizaban carreras cuadreras y de sortijas (si la pulpería
estaba ubicada en la campaña) y a veces riñas de gallos donde los gauchos
apostaban dinero al ganador. Generalmente los juegos de naipes y
riñas se realizaban en la trastienda, al fondo del salón, en un pequeño
cuartucho escondido, cubierto por una manta o poncho, de las
miradas de los funcionarios del Cabildo.  Según los historiadores Mayo,
Miranda y Cabreja, Buenos Aires en aquellos tiempos tenía más pulperías por
habitantes, ya que en la época de la independencia, se llegó a contar con cuatro
pulperías por cuadra. Las pulperías se ubicaban en las esquinas, de las
calles, tanto que se las llamaba “esquinas” y captaban los clientes de las
cuatro cuadras.
Para el año de 1813 había un promedio de 30 habitantes por
pulpería. Los pulperos tendían a dividir a su clientela en dos grandes grupos,
los que venían a jugar y a beber y los que venían a comprar provisiones.
Las señoras “decentes” no pisaban el lugar, mandaban a sus criados, esclavos o
chicos de los mandados. Nos cuenta Wilde. “los miembros empobrecidos de la clase
“decente” por falta de criados, iban a las pulperías furtivamente y ocultaban
sus compras bajo las capas, para evitar ser sorprendidos por los vecinos del
barrio”.
Las pulperías tenían una lista de deudores designados por el color
de la piel. Existían las famosas libretas de “fiado”, donde el pulpero anotaba detalladamente lo que cada marchante compraba, y cuando podía
pagaba la deuda al pulpero. Hoy tenemos registro de los gastos y productos
que se compraban en la pulpería, gracias a esas libretas. Azara nos
cuenta una fresca descripción de una pulpería… “podía verse a los paisanos
llenar un vaso grande con aguardiente y pasarlo de mano en mano entre los
parroquianos, tomando como insulto el no beber, si era convidado,” Los
pulperos a veces no querían fiar el pan, pero los marchantes agudizaban su
ingenio para inducirlo a vender, comprándole otro producto que el pulpero
si quería vender, como por ejemplo, un vaso de aguardiente. El pulpero
también tenía sus astucias, puesto que después de varias copas de caña, cuando
el gaucho ya estaba muy contento con el alcohol, le cambiaba el vaso por otro,
que tenía detrás del mostrador, con una base de vidrio muy ancha, donde solo la
mitad de la bebida tenía lugar, pero la cobraba por un vaso lleno. Eran
muy diversas las relaciones que el pulpero establecía con su clientela, poniendo
en riesgo en algunos casos, su dinero y hasta su vida.
Cuenta Emeric Vidal “
Las pulperías son chozas de lo más miserables y sucias, donde puede comprarse un
poco de caña (un derivado de la caña de azúcar), cigarros, sal, cebollas tal
vez y pan de la ciudad, pero las que están ubicadas en la campaña y en el
interior del país, el pan no puede conseguirse, de manera que el
viajero si no lleva algún pan consigo en la travesía, debe alimentarse como la
gente del campo, con carne solamente”. “Estas chozas tiene
dos compartimientos, uno sirve de negocio y el otro de vivienda. Generalmente
están construidas sobre un terreno más alto”.
“Hacen a la vez de casa de
posta y cuenta con una docena de caballos pastando al fondo cerca de la
casa. Cuando llega un viajero, deja allí su caballo, el pulpero con un
lazo, sale en su caballejo, que siempre está ensillado tras de la vivienda,
hasta el pantano donde pasta la tropilla y enlazando a uno, lo trae, le coloca
la montura y sea manso o bravo, allá va el viajero al galope, hasta la próxima
posta, cuatro o cinco leguas mas lejos (que es la distancia que soporta
un caballo al galope)”.
”Las pulperías son el punto de reunión de las
gentes de campo, que no dan valor alguno al dinero y lo gastan solamente
en bebidas y juego, es costumbre entre ellos invitar a todos los que se hallan
presentes a que beban con ellos, se hacen servir con el pulpero una jarra llena
de caña, la que va pasando de mano en mano”. “Mientras les quede un penique
en el bolsillo repiten esta ceremonia y consideran una afrenta, que cualquiera
rehuse esta invitación.” “En la pulpería siempre hay una guitarra y
cualquiera que la toque es invitado a costa de todos los presentes. Estos
músicos, cantan nada más que canciones peruanas, llamadas varavis, que son las
más monótonas y tristes del mundo. Después de todo, estas pulperías miserables
como parecen, no son muy inferiores a algunas tabernas de la misma España.” Otro relato de un viajero, sobre postas y pulperías muy interesantes es el
de
H. Armaiqnac quien dice: “Al mediodía, después de mucho camino recorrido en la Sopanda, por interminables terrenos de la pampa, entramos en una casa para almorzar. Era un Pulpería, en la cual también se
puede adquirir todo lo que uno necesita: vinos, bizcochos, yerba, azúcar,
vestimentas para hombres y mujeres, baratijas, sombreros, armas y además
es bar, casa de comida y venden artículos de cuero para los caballos y
carruajes”. “El aspecto de esta pulpería me hizo cierta impresión. Todo
el salón estaba dividido por una reja de hierro y es a través de ésta que se
sirve a los clientes, lo que parece una cárcel, los clientes que son llamados
gauchos, visten de manera particular con poncho y chiripa, llevando alrededor de
la cintura un cinturón de cuero llamado tirador, adornado con monedas de plata”.
“En la pulpería nos sirvieron sardinas en aceite, carne de vaca asada, queso, uvas secas, almendras y vino carlón. Fue un excelente almuerzo y luego
mate, mientras los postillones ensillaban los caballos para retomar el viaje.”
A través de estos testimonios, tenemos una idea más precisa de cómo
funcionaban las pulperías y postas en tiempos de nuestra Independencia.
Mabel Alicia Crego
Maestra Secretaria
JIC Nº 4 D.E. 6º
“Los caminos, viajes, postas y pulperías en 1816 (1º parte)
Fuentes de la recopilación histórica:
“Anatomia
de la pulpería Porteña” de Mayo, Miranda y Cabrejas. “Pulperos y
pulperías de Buenos Aires” 1740-1830 Biblos 2000 p14
http://www.federaciongaucha.com.ar/Tradiciones/Pulperias.htm
H. Armaignac
http://viejoboliche.blogspot.com/2009_05_10_archive.html
Emeric Essex Vidal “Buenos Aires” de Manuel Bilbao “Buenos Aires desde 70 años atras” de Jose Antonio Wilde “Tradiciones de Buenos
Aires” de Pastor Obligado, Victor Gálvez
Fotos:
Camino de las pulperías en Mercedes de Mabel Crego
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