|
Historias del Bicentenario
06/06/2010
“Los juegos en la época colonial"
por
Mabel Alicia Crego

Siempre
me intrigaba saber cuales serían los juegos y diversiones de nuestros
compatriotas en la época colonial. Sabemos que ellos tenían mucho tiempo
disponible, pero cuales serían sus pasatiempos preferidos? Durante la
época colonial, en Buenos Aires, se realizaban multitud de juegos y pasatiempos
muchos de los cuales diferían según el grupo social que los practicaba.
Desde 1811 se celebraron en Buenos Aires las "fiestas mayas", en conmemoración
de la Revolución de 1810. La gente de la ciudad se reunía en la Plaza Mayor,
donde se realizaban distintos juegos. Se instalaban varios "palos enjabonados"
que en la punta tenían premios: chales, bolsas con dinero, relojes. Los jóvenes
que se arriesgaban a subir obtenían uno de los premios si lograban llegar al
extremo del palo.
Otro de los juegos que se desarrollaba era "el
rompecabezas". Consistía en una estaca o barra de equilibrio ubicada en altura
sobre dos pivotes. Quien lograba caminar por la barra sin caerse recibía como
premio una moneda.
Por la noche se escuchaba música, se bailaba y se
disfrutaba de los fuegos artificiales.
Fuera de estos festejos especiales
un pasatiempo que contaba con numerosos partidarios, era el dominó, un sencillo
juego de origen presumiblemente oriental que habían puesto de moda los italianos
en el siglo XVIII. Se jugaba, como en la actualidad, con 28 fichas
rectangulares, fabricadas en hueso o marfil y punteadas desde el "doble cero"
hasta el "doble seis".
También se practicaba, entre adultos, el juego de
la oca, descendiente de los "jardines de la oca" del medioevo alemán. Como en
los juegos modernos se trataba de un tablero de cartón con una espiral de 63
casillas, con figuras pintadas, y para practicarlo se empleaban dos dados y unas
pequeñas piezas de plomo que representaban a las "ocas" de cada jugador.
La ruleta y los juegos de azar tenían su sede en la casa de Martín Echarte una
especie de casino colonial donde también se jugaba a las damas y al ajedrez y
por supuesto se hablaba de política.
Convocaban por igual a ricos y
pobres las corridas de toros. En 1791 el virrey Arredondo inauguró la pequeña
plaza de toros de Monserrat (ubicada en la actual manzana de 9 de julio y
Belgrano) con una capacidad para unas dos mil personas. Pero fue quedando chica,
así que fue demolida y se construyó una nueva plaza para 10.000 personas en el
Retiro en la que alguna vez supo torear don Juan Lavalle. En las afueras
de la ciudad se corrían carreras de sortijas, los protagonistas pertenecían a
otro grupo social: los gauchos. Los gauchos se dedicaban a las tareas del campo,
muchas de ellas vinculadas con la ganadería, requerían del uso del caballo, en
el que los gauchos eran muy diestros. Esta habilidad era demostrada en algunos
juegos en los que se utilizaba el caballo: las carreras, las carreras de
sortijas, el pato. Reunidos en las pulperías, lugar de encuentro de la
gente del campo, tocaban la guitarra y jugaban juegos de naipes que habían sido
introducidos por los españoles: el tutte de codillo, el tutte de remate, el
monte, la clavada, palito dentro de ella, gana el que lo puso, y si cae fuera,
gana el otro, o viceversa. Con el cubilete y los dados se practicaban
diferentes juegos de azar naturalmente prohibidos por las autoridades.
Se
apostaba también a la perinola, que era un pequeño trompo de cuatro caras
marcadas con las letras S (saca), P (pone), D (deja) y T (todo), que indicaban
la actitud que debían seguir los apostadores con respecto a lo "envitado"; a la
mosqueta, con el concurso de las clásicas medias cáscaras de nuez; a la
corregüela, que según el Diccionario de la Academia es un "juego de muchachos
que se hace con una correa con las dos puntas cosidas”. El que tiene la correa
la presenta doblada con varios pliegues, y otro mete dentro de ellos un palito;
si al soltar (o retirar) la correa resulta el palito dentro de ella, gana el que
lo puso, y si cae fuera, gana el otro, etcétera.
Los gauchos eran el
grupo social que más se vinculaba con el "indio" y la "frontera" era su lugar de
encuentro. Los indígenas de nuestro país practicaban gran cantidad de juegos
de carácter deportivo. A diferencia de lo que ocurría en otros grupos sociales,
las mujeres tenían un rol protagónico en estas actividades.
Las distintas
comunidades originarias realizaban diferentes juegos: carreras a pie y a
caballo, carreras con salto, diversos juegos de pelota donde se realizaban los
pases con la cabeza y el empeine o las manos, según el juego.
El juego de
la "chueca", antecesor indígena del hockey se jugó en casi todo el territorio
argentino. Los mapuches lo llamaban "uiñu" o " palín", los tobas:"tol", los
pilagá: "elemrak" y los mocobíes lo llamaban "leremá".Los adultos varones y, en
algunas comunidades los niños, jugaban este juego. El número de jugadores y las
dimensiones del campo de juego variaban según los distintos pueblos. Se alentaba
a los equipos con cánticos y el vencedor ganaba además un premio, muchas veces
se apostaba un caballo, que era un bien muy preciado. Para vencer era
necesario lograr una diferencia de 4 tantos, por lo que algunas veces los
partidos se extendían durante varios días.
Estos juegos servían para
dirimir conflictos y para tomar decisiones, ya que se creía que la suerte del
equipo era determinada por los dioses. En ocasiones para zanjar alguna
diferencia entre tribus se jugaba un partido de "chueca", el vencedor obtenía el
derecho a decidir sobre la cuestión en disputa.
El candombe era la
diversión más difundida del grupo de los esclavos, de raza negra. En esta danza,
acompañada por el tamboril, "los negros" realizaban una pantomima de la
coronación de reyes congos. Luego se incorporaron elementos de la cultura
hispana, representando en el candombe, varios personajes: "el gramillero", brujo
o curandero de la tribu africana, que cura con yuyos o gramillas; la mama vieja,
que imita a su "ama" vistiéndose con las ropas de la señora, lleva una sombrilla
y un abanico; el lubolo representado por un blanco que se pinta de negro para
participar en la comparsa; el escobero o bastonero, que mandaba la ronda
golpeando en el piso, realizaba maravillosas destrezas. En los tiempos
coloniales los niños, sobre todo si eran pobres, empezaban a trabajar desde muy
chicos. La infancia duraba muy poco tiempo. A los 8 o 9 años era común que
empezaran a ayudar a sus padres en los trabajos.
Los chicos practicaban
muchos juegos que hoy todavía se conocen. Adivinanzas y juegos de prendas. El
gran bonete. El veo, veo, juego de naipes y loterías en los que podía jugar toda
la familia se practicaban en tertulias en casa de familia. La farolera. Las
esquinitas. A la lata al latero. Las estatuas. El oficio mudo. Antón pirulero.
La rayuela. ¿Lobo está? El patrón de la vereda. La sillita de oro. La
escondida. La payana. Trompos, bolitas y figuritas formaban parte del patrimonio
lúdico de la infancia conservado como herencia de antiquísimos juegos europeos.
Mabel Alicia Crego
Maestra Secretaria
JIC Nº 4 D.E. 6º
FUENTES:
www.elhistoriador.com.ar
www.educared.org.ar
www.Acanomas.com
www.Molinacampos.net
Sandra Luz
Imágenes:
"Fiestas Mayas" 1841 - Carlos Enrique Pellegrini
obtenida de la revista Historias de la ciudad - Una revista de Buenos Aires
|