“HISTORIAS DE
AYER Y DE HOY” La Santa Patrona del barrio de Barracas por
Mabel Alicia Crego

Cada año, el 13 de diciembre, la avenida Montes de Oca se puebla
de un clima festivo y alegre, el perfume de los jazmines
invade todo el barrio, los puestitos con rosquillas e imágenes de la
virgen se multiplican, uno a uno. Desde muy temprano, por la mañana, ya se observa el ambiente de
fiesta, la gente comienza a agruparse en la entrada de la iglesia,
una valla contenedora marca un camino, en hilera para que los fieles
puedan entrar al templo a rezarle a la virgen,
repitiéndose el mismo ritual año tras año en el barrio de
Barracas. Por la tarde ya armado el escenario donde se dará la misa al
aire libre, cortan la avenida Montes de Oca en la calle Suárez
y todo el tránsito circula por la calle Isabel la Católica,
desviando hacia el centro por Av. Martín García, y por Hornos hacia
el Puente Pueyrredón. A las 6 de la tarde, con campanadas y por los altoparlantes a viva
voz, anuncian la salida de la virgen del templo y entre rezos,
pañuelos blancos y aplausos de la muchedumbre, sale de iglesia la
imagen sobre un estrado adornado de jazmines. La virgen en alto va soportada por seis hombres, que
abriéndose paso entre la multitud que la aclama, comienzan a
dirigirse lentamente hacia la calle Martín García. Un séquito de
niños y niñas con sus trajes de comunión la preceden y detrás de la
imagen la acompañan los fieles, a su paso le arrojan jazmines con
pedidos y rezos a lo largo de la avenida Montes de Oca. Luego doblan en Ituzaingó y retoman por la misma arteria hasta
la calle Brandsen. Es emocionante ver como cantidades de jazmines van
cayendo desde los balcones, de los altos edificios como una
lluvia perfumada, mientras que detrás de la virgen sigue los fieles
cantando y rezando. Al llegar al altar preparado al frente de la Iglesia, todos la
saludan con sus pañuelos blancos bajo la luz del sol de diciembre y
los repiques de las campanas, luego comienza la
misa de las seis de la tarde.
La devoción a Santa Lucía se inició en 1733 en una capillita
existente en una quinta ubicada donde hoy se cruzan las calles
Sarmiento y Montevideo (en ese momento, muy lejana al
centro de la aldea, la plaza Mayor). El culto popular se remonta al año 1793, cuando el obispo Sebastián
Malvar y Pinto concedió el permiso a doña María Josefa de
Alquizalete para que en la quinta de su propiedad de Barracas,
(ubicada en el camino de la ensenada de Barragán y Pampas, luego
llamada calle Larga, después avenida Santa Lucía y hoy avenida
Montes de Oca), se edificara una pequeña capilla de ocho por
siete metros. La zona de Barracas en ese entonces, pertenecía a la parroquia de la
Catedral, cuyo límite sur, era el Riachuelo. Este era el
límite que la separaba de la parroquia de la Magdalena, creada
en 1930. Mas tarde el 31 de mayo del año 1803, el obispo Benito de Lué y
Riega, convirtió a la capilla en Oratorio Público. La quinta fue vendida en varias oportunidades, hasta que en 1862 la
adquirió Teodoro Serrantes, ésta familia finalmente vendió los
terrenos donde se levanta el templo al arzobispo Dr. Federico
Aneiros, ...“quien actuó como comprador en nombre de la iglesia
Argentina...”
En 1838 bajo el gobierno de Rosas, Pastor Obligado describía la
tradicional procesión de la Virgen Siracusana diciendo ...” y es de
esta capilla de Santa Lucía, que sacaban la pequeña imagen el 13 de
diciembre, entre repiques, bombas, cohetes y camaretas, orquesta de
negros y mulatos con bombos platillos y chinescos delante, y
abastecedores, matarifes y devoto paisanaje a la
retaguardia.”... Años antes, cuando fueron prohibidas las corridas de toros que
solían organizarse para celebrar las fiestas de Santa Lucía,
comenzaron a realizarse carreras de sortijas, en un
trayecto que iba desde la esquina de “La Banderita” hasta la quinta
de Casajemas, (se dice que Casajemas era propietario de una isla
desaparecida en el Riachuelo, citada en el libro de “Amalia” de
Jorge Amado, como la isla de Casajemas. Según Antonio Pujia,
historiador del Barrio de Barracas, dice que Rafael Casajemas,
catedrático de la universidad en tiempos del gobernador Rosas,
poseía una quinta frente al Riachuelo, quizá la isla desaparecida, y
es por eso que la calle Olavarría hace 150 años se llamó Calle de
Casajema o Casagema), siendo luego la argolla ofrendada a la
virgen.
En febrero de 1871 se produjo la llamada “Procesión de la sequía”. Los fieles de la capilla se unían a las rogativas generales para que
se produjera la lluvia que pusiera termino a la terrible sequía que
por varios meses azotaba el país entero. La Santa fue sacada de la capilla en solemne procesión, a las seis
de la tarde por la calle Larga, todo el pueblo estaba reunido orando
bajo un despejado cielo azul, al terminar el recorrido cayó una
torrencial lluvia dando alivio a los campos y a la ciudad, se unió
en una misma plegaria la petición y la acción de gracia.
En 1882, los hermanos Serrantes, hijos de Don Teodoro, propietarios
de los terrenos donde se hallaba instalada la capilla, que ostentaba
el numero 78 de la avenida Santa Lucía, propusieron trasladarla a
otro lugar de la propiedad, a la vuelta, en el terreno que miraba al
sur, (hoy calle Wenceslao Villafañe) frente a una pequeña plazoleta
que allí existía. El vecindario no estaba conforme con ese traslado, máxime que se
hacía a una calle transversal sin mayor tráfico y reduciendo sus
dimensiones. Asimismo el periodismo de la época no cesaba de expresar su
disgusto. El 22 de noviembre de 1882 “El Diario” que no se caracterizaba por
su orientación católica, publicaba lo siguiente: ...”Santa
Lucía, la pequeña capilla de la calle Larga de Barracas,
convertida hoy en avenida, está en vísperas de desaparecer o de
cambiar su ubicación. Situada en terrenos particulares y capilla privada en un tiempo, los
terrenos en que está edificada, pasaran de sus antiguos dueños a
otras manos que no tienen empeño en conservarla para el culto, y
decidieron aprovechar el terreno que ocupa dando el frente a la
avenida, para construir en él edificios modernos”... (Para deleite de las nuevas generaciones, que deseamos conservar el
patrimonio histórico y cultural de Barracas, la Capilla
finalmente fue comprada a nombre de la Iglesia por el obispo
Federico Aneiros).
En diciembre de 1883 se celebraron los grandes festejos de las
fiestas del centenario de la capilla. Los diarios anunciaron los festejos preparados entre los días 13 y
16 de diciembre diciendo: ...” las fiestas serán espléndidas y
la iluminación será mucho mas espectacular que en años anteriores,
debido a que la Intendencia Municipal ha tenido a su cargo la
colocación de los arcos y pago del alumbrado..” Los actos incluían salvas de bombas, repiques de campanas, cánticos
de los fieles que estarían a la salida del sol del día 13,
frente a la Capilla. Una gran peregrinación que partiendo del templo de la Inmaculada
Concepción llegaría hasta Barracas, con solemne ceremonia y
sermón a cargo de uno de los oradores sagrados de mas fama, grandes
grupos corales e instrumentales, integrados por distintos artistas,
bazares, rifas, juegos populares con calesitas, cucuñas,
trapecistas, rompecabezas, carpas, palos enjabonados y otras
diversiones al atardecer, después de la misa de seis. Mas tarde, corso a lo largo de la avenida, con la actuación de
varias bandas, gran iluminación “al giorno” y luz eléctrica que
llamaría la atención por su novedad. Por la noche fuegos artificiales, “colocados en competencia
por dos de los mejores pirotécnicos, recibiendo un premio al que
ofrezca mas novedades”. En tal ocasión salió premiado el que ideó “la paloma de fuego”
que partiendo de unos castillos chisporroteantes,
montados en la vecina quinta de la familia Lavallol, cruzó en el
momento culminante la arteria hasta la capilla, para encender con su
pico las luces de colores que adornaban la fachada de la Capilla. El programa indicaba además que la avenida, en toda su extensión
estaría adornada con arcos triunfales, cubiertos de mirto y laurel,
coronas de flores y vistosos estandartes y gallardetes. El pavimento sería regado y alfombrado de hinojo, colocándose
banderas de todas las naciones a ambos lados de la avenida.
Siguiendo con la tradición, mas de 600 personas se reunieron el
trece de diciembre
frente al templo saludando con sus pañuelos blancos a la virgen,
demostrando que a través de los años el barrio de Barracas
sigue fielmente rindiendo homenaje a su Santa Patrona, Lucía
de Siracusa protectora de la vista, también de los campesinos,
electricistas, afiladores, cortadores y escritores.
Fuentes: Archivo general de la nación Barracas en la historia y la tradición de 1536-1935 Enrique
Puccia Historias de la calle Larga Archivo de Estudios Históricos de Barracas, Fundación Fraga Las fotos que ilustran la nota son de
Mabel Crego. |