HISTORIAS
CURIOSAS DE LOS BARRIOS PORTEÑOS
El Paseo de San Benito de Palermo
16/09/2008
por
Mabel Alicia Crego

La historia de Barracas comienza a modelarse a fines del siglo XVIII, con el
“Riachuelo” como el principal protagonista y las “Barracas” que se erigen en sus
costas. Por necesidad de comunicación, se construye el puente “Barracas” en
maderas duras, hasta el de hierro, que se levanto en el siglo XIX.
Como complemento y a continuación del puente se mejora el “Camino de
Barracas” hasta el centro de la ciudad, conocido después como el de “La Calle
Larga” actual avenida Montes de Oca. Su traza corta los campos y sigue a
un costado de “los corrales del alto”. En esa época pasaban sus días de
descanso en las chacras de Barracas, personajes famosos, entre ellos los Alzaga,
Cambaceres, Sáenz Valiente, Guerrero, Nicolás Avellaneda, Luis Sáenz Peña,
Manuel Augusto Montes de Oca y Guillermo Rawson.
En el año 1836 Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos
Aires compra varios terrenos en la zona norte, llamada entonces
“bañado de Palermo”.
Para esa época las familias mas importantes de la élite porteña tenían sus
residencias, en la elegante “Calle Larga” de Barracas, pero el
gobernador Rosas, tenía una personalidad muy particular y prefería
la soledad y los bañados de Palermo, al contacto con las familias
mas adineradas de Buenos Aires, de la bulliciosa y concurrida zona “paqueta”
de Barracas.
En el libro “Buenos Aires de Antaño” de Luis Cánepa dice: “...el paseo
de Palermo fue antiguamente un lugar inculto y abandonado, don Juan Manuel de
Rosas adquirió esos terrenos para levantar su residencia veraniega... ”
Los terrenos eran bajos, arenosos y arcillosos, llenos de pajonales y con
patos silvestres, para poder utilizar los terrenos, hubo que rellenarlos en su
mayor parte, se dice que el mismo Rosas se ocupaba personalmente de rellenar los
bajos anegados, para lo cual se traían carretas cargadas con tierra desde las
barrancas de Belgrano donde Rosas tenía otras propiedades.
Había un monte natural de sauces, ceibos, espinillos y mimbres en este bañado
y llevó años sanearlo, haciendo habitable el entorno natural de la residencia.
Se arreglaron y rellenaron los intransitables caminos de entrada y los
laterales, cubriéndolos con conchillas blancas, llamado macadán de conchillas
que le daba solidez y durabilidad.
Su nombre se cree que se originó, por haber existido cerca de allí, en
dirección a Belgrano, una capillita llamada San Benito de Palermo, santo negro y
a Rosas se le ocurrió bautizar su propiedad con el nombre Palermo de San Benito,
pues así encabezaba los documentos y correspondencia que firmaba.
La construcción de la Residencia de Rosas, al mismo tiempo sede del Gobierno
de la provincia de Buenos Aires, se realizo con barro y argamasa que se extraía
de una calera de Belgrano. La obra se termino en 1838. El maestro Miguel Cabrera
realiza una segunda construcción en 1843.
Habitaba su residencia de San Benito de Palermo cuando no estaba en su casa,
ubicada en la actual calle Moreno y Bolívar, en el centro urbano de la gran
aldea.
Nos cuenta Manuel Bilbao en su libro “Buenos Aires” periodo comprendido entre
los siglos XVIII y XIX, que era una casa de bajos con corredores de arcos a los
lados, teniendo en cada ángulo recto de los extremos, un baluarte.
Manuela Rosas ocupaba cuatro habitaciones en la parte oeste del edificio y
Rosas ocupaba las del este, frente al Rio de la Plata.
Su habitación personal tenía el siguiente mobiliario, una cama de bronce, un
armario en la pared, sobre la estufa un gran espejo. Enfrente de su cama tenía
su escritorio particular y en el medio de la pieza, una gran mesa llena de
expedientes.
Dos chiffoniers de caoba, en uno guardaba su dinero particular y en el otro
lo del estado, completaban el decorado de la pieza.
El salón de recibo estaba al oeste, abundando los espejos y muebles de caoba.
En la parte sur había una capillita en la que había una imagen de la
purísima. Era su capellán un franciscano, que habitaba una pieza de las del
oeste con don Máximo Terrero, ( futuro esposo de Manuela ).
Después de la misa de los domingos, el capellán entonaba el cántico
siguiente:
Y todos los oyentes al finalizar decían, ¡Ave María!.
Las cuentas de este rosario
Son balas de artillería
Que todo el infierno tiembla
En diciendo ¡Ave María!
Los pisos eran de baldosas muy limpias, los cielos rasos de madera pintada de
blanco y el alumbrado se hacía con lámparas de aceite, que no tenían rival en su
época.
La maestranza ocupada por una escolta compuesta de hombres de confianza de
Rosas, la mayor parte de ellos peones de sus estancias, estaba situada donde
está el cuartel de infantería en la esquina de las avenidas Alvear y Sarmiento.
El camino a Palermo se encontraba muy bien cuidado y el macadán de conchilla
que allí había no ha sido superado en solidez por el actual hormigón. En el
camino de Palermo se encontraba el almacén de Roque, donde paraban las carretas
que venían de San Isidro.
El camino de entrada estaba adornado por postes pintados de rojo y unidos por
cadenas, también canalizó un arroyo, profundizándolo que circulaba en línea
recta hacia el Río de la Plata. Creando también un estanque, que fue el primer
lago artificial de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de
Santa María de los Buenos Aires, para solaz y esparcimiento.
Las plantaciones de Palermo especialmente los naranjos, como otros árboles,
eran cuidados prolijamente por una cantidad de gallegos que Rosas, que gustaba
mucho de las naranjas y de los higos que se producían en su quinta, tenía
dedicados especialmente para ello.
Dormía con las puertas abiertas y no tenía en su casa mas gente armada que
sus asistentes.
En los salones de atención y honores se hacían veladas muy importantes ya que
Palermo fue durante el gobierno de Rosas, el punto donde se resolvían las
grandes cuestiones nacionales. Fue el sitio que frecuentaron los personajes
nacionales y extranjeros, funcionarios y diplomáticos acreditados en Buenos
Aires, hombres de gran cultura de la época.
Siempre había músicos y maestros de las artes corales y los instrumentos más
comunes eran el piano, flauta y violines. En aquellas reuniones abundaba el
chocolate y el mate de leche aromatizado con canela o vainilla.
Después de la batalla de Caseros, Urquiza ocupo la casa con su ejército
destruyendo mucho de lo que en él había. Con posterioridad a esos años agitados
la casona fue sede de la escuela de Artes y Oficios del Colegio militar y de la
escuela Naval.
El 11 de noviembre de 1875, una comisión compuesta por José A. Guiraldes,
Carlos Pellegrini; Julio Dormal y Eduardo Wilde, presidida por Sarmiento,
fue la encargada de convertir a Palermo en un paseo público, inaugurando el
“Parque Tres de Febrero”.
Poco después fueron creados el Jardín botánico y el Jardín Zoológico.
El tango se afincó también en Palermo y “Hansen” fue su mitológico escenario,
por el tiempo en el que aún el arroyo Maldonado se encontraba a cielo abierto y
las esquinas del barrio no soñaban que tiempo después cobijarían la leyenda de
acunar en sus ochavas a guapos y malevos.
Poco a poco desaparecieron los restos del pasado, el 3 de febrero de 1899 fue
demolida por el intendente Bullrich, la majestuosa casona del Restaurador.
En 1917 desaparecieron dos de las tres puertas de ingreso, que cerraban por
las noches el paseo, sólo queda como inmóvil testigo, una de las puertas de
acceso al parque, que vemos hoy delante del Zoológico de la ciudad de Buenos
Aires.
Mabel Alicia Crego - Maestra
de Sección Escuela Nº 15 Barracas Fotos:
Obtenidas de los sitios
www.agenciaelvigia.com.ar/barracas.htm
http://www.edesideriogarcia.com.ar/XXII_jmderosas/1-rosasambientalista/rosasprecursor.htm
Fuentes:
“Vida de Don Juan Manuel de Rosas” de Manuel Galvez Bs. As. 1974
“Buenos Aires” periodo siglos XVIII y XIX de Manuel Bilbao 1902
“Buenos Aires de Antaño” de Luis Cánepa
“Arqueología Argentina, las excavaciones de Palermo” de Daniel Schalvenzón
y Jorge Ramos. Historia N° 29 Bs. As. 1988
“La calle larga” de Enrique H. Puccia |