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2006 - Año del Bicentenario de la Reconquista
de la Ciudad de Buenos Aires

2006 - Año del Bicentenario de la Reconquista de Buenos Aires

El 1º de diciembre de 2005, fue tratado y aprobado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el proyecto de ley 2899 (ley 1869 promulgada por el decreto Nº 17 del 10 de enero de 2006) por el cual se declara al año 2006 como "Año del Bicentenario de la Reconquista de Buenos Aires".

Día de la Reconquista de Buenos Aires

ORDENANZA Nº 45.125 - B.M. 19.114 Publ. 11/09/1991

Artículo 1º - Declárase el día 12 de agosto "Día de la Reconquista de Buenos Aires", jornada de evocación en todo el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.

Art 2º. - El Departamento Ejecutivo procederá a embanderar todos los edificios municipales, y a invitar a hacer lo propio a los organismos nacionales y a los particulares.

Art. 3º. - En todos los establecimientos educacionales de jurisdicción municipal se dictarán clases alusivas y se llevarán a cabo actos especiales en recordación de la fecha histórica.

12 de Agosto 1806

Reconquista de la Ciudad de Santisima Trinidad

y Puerto de Santa Maria de los Buenos Aires

A fines del siglo XVIII, el ejército Británico estaba en pleno plan de expansión y, por ese momento, las colonias del Río de la Plata aparecían como uno de los principales puntos de acercamiento para  llegar a la plata de las minas del Potosí.

Virrey Rafael de SobremonteFue para ese entonces  que se rompe la alianza entre Francia y España. En 1804, poco tiempo después de ser coronado Napoleón como emperador de Francia, inicia la guerra con Inglaterra y asume Rafael de Sobremonte (en la imagen de la izquierda) como virrey del Río de la Plata. Inglaterra (que codician los dominios de los españoles) derrota a España en Trafalgar en el año 1805. Pero Napoleón rechaza a Inglaterra, mientras él adquiere cada vez más poder.

En 1800, entre el ejército británico, se gestan dos planes para desembarcar en las aguas del Río de la Plata: el de Nicholas Vansittart y el del general Tomas Naitland, a quienes los unía la misma idea de una invasión "en arco", que tomara a Buenos Aires, que luego siguiera hasta Chile y desde allí fuera hasta el Perú. Henry Dundas, quien era secretario de Guerra, estaba convencido que lo primordial para Inglaterra era conquistar nuevos mercados en América del Sur. La invasión no se llevó a cabo pero quedó latente en el interés de ejército británico. Adentrado el año 1804 el lord del Almirantazgo, Henry Melville, el primer ministro, William Pitt y el comodoro Home Riggs Popham, se reúnen para reflotar el plan de conquista. Popham no era un improvisado, por el contrario, era un experto en la organización de expediciones y su propuesta se basaba en que la ocupación militar debería servir de base para una expansión comercial, ideas que eran acordes a las de sus colegas. En 1804, entonces, el centro de la discusión es cuál es la manera conveniente de llevar a cabo la ocupación. Llegaron a la conclusión de que lo mejor era no  desencadenar una revolución, sino por el contrario, favorecer una independencia supervisada por ejército británico.

Hacia mediados de 1805, Popham recibe la orden de escoltar hasta Ciudad del Cabo a la expedición del general David Baird. Allí llegan en enero de 1806 y recuperan Ciudad del Cabo. Mientras allí permanece, llegan a oídos de Popham noticias sobre la batalla de Trafalgar en la cual Nelson descompone el poderío naval franco-español. Comienza a pensar en llevar a cabo en Buenos Aires una campaña similar a la acaecida en Ciudad del Cabo. Como anillo al dedo le llega una orden de enviar una fragata a un sitio de la costa sudamericana entre Río de Janeiro y el Río de la Plata, con el fin de hacer inteligencia militar. Al mismo tiempo, le llegaban noticias sobre Buenos Aires a través de su exsocio que se hallaba en la India. Popham habla con su comandante exponiéndole sobre su propósito de tomar el Río de la Plata, aún sin importarle si tenía apoyo del ejército. El Comandante Baird acepta y pone a su disposición al  71º RegimientoWilliam Carr Beresford de Infantería, la artillería necesaria y 1.000 hombres. Como el comandante no se fiaba plenamente de que la empresa fuera exitosa, asciende a general al coronel William Carr Beresford (llamado en realidad William Carr, vizconde de Beresford, al que podemos ver en la imagen de la derecha) y emite la orden de que debería ser nombrado vicegobernador. En realidad la idea era descartar de plano la posibilidad de que Buenos Aires se declarara independiente. Popham creía que el arribo de las fuerzas británicas atraería la adhesión de los partidarios del libre comercio, pero la realidad le demostró que estaba errado.

El 4 de Abril de 1806, desde Ciudad del Cabo, parte Popham, haciendo escala en Santa Elena. Allí se suman refuerzos y la cifra de hombres sube a 1500 (36 de ellos son oficiales). Contaba con cinco buques, pero en el Narcissus iban los mandos de la fuerza quienes, cuando estaban a mitad de camino, deciden atacar a Buenos Aires, dejando de lado la idea de Beresford de bajar en Montevideo.

El 8 de Junio, en la ciudad de Montevideo, avistaron a una escuadra inglesa en el río de la Plata. Fue avisado el virrey Rafael de Sobremonte, quien no quiso dar crédito a lo que le decían. Pero el 25 de junio se vio al ejército británico haciendo estudio de aguas frente a la capital. El desembarco fue rápido. En apenas unas horas se encontraban en la playa de Quilmes. Lloviznaba y hacía frío. La noticia comienza a correr por la ciudad pero, según cuenta el historiador Busaniche, "la ciudad prestó oficial acatamiento al monarca inglés" dado que Beresford, como primera medida, le exige al pueblo el juramento de fidelidad al rey Jorge III.

Ante esta realidad el virrey Rafael de Sobremonte, conforme a directivas escritas, pone a resguardo los caudales públicos, y se dirige hacia Córdoba, a los efectos de programar la defensa y organizar una resistencia. Los caudales son depositados en la villa de Luján, adonde llegan después de tres días.

Entre los vecinos reinaba la confusión por culpa de los espías británicos tales con Ogorman, Saturnino Rodriguez Peña, y otros enemigos. El 27, las tropas británicas remontan las lomas  y luego de un día de marcha acampan en la ribera del río de Barracas. Ese mismo día, el ejército británico ingresa por la calle de la Residencia (hoy Defensa) hasta adueñarse del Fuerte y de la ciudad, algo después de medio día.

El brigadier William Carr Beresford se instala en el fuerte y se convierte en la mayor autoridad de Buenos Aires. En ese momento no imaginaba que su gobierno duraría apenas 46 días, para ser exactos, hasta la rendición de ejército británico el 12 de agosto de 1806. La capital del Virreinato del Río de la Plata fue por un rato una colonia del Reino Unido de Gran Bretaña, pero el gobierno británico no sabía que la ciudad de Buenos Aires estaba ocupada por sus propias tropas.

Santiago de Liniers y BremondEl 1º de Julio de 1806, en el Convento de Santo Domingo, el Capitán de Navío de la Real Armada, Don Santiago de Liniers y Bremond - imagen de la izquierda - (marino francés que por más de treinta años había servido a la corona de España) que acaba de llegar a Buenos Aires con el permiso de Beresford para ingresar en la ciudad, mantiene una conversación en secreto con Fray Gregorio Torres en la cual le cuenta de su determinación de luchar por recuperar a Buenos Aires. Hasta el momento había permanecido como comandante militar de la batería de la Ensenada, lejos de los combates que terminaron con la derrota de las fuerzas del Virreinato del Río de la Plata, lo cual lo deja libre del compromiso que se imponía a los soldados españoles capturados, de no volver a tomar las armas contra ejército británico. Acongojado por ello, Santiago de Liniers hizo un voto a Nuestra Señora del Rosario, ofreciéndole las banderas que tomase al invasor si reconquistaba la ciudad, firmemente persuadido que lo lograría bajo tan alta y maternal protección.

Pasados nueve días e informado sobre los distintos trabajos de resistencia que organizan en la ciudad grupos a cargo del caudillo Martín de Alzaga, Liniers se dirige a la actual zona del Tigre, en ese momento el llamado Puerto de Las Conchas y se embarca rumbo a la Banda Oriental. La finalidad de este viaje es acordar con el gobernador de Montevideo, brigadier Pascual Ruiz Huidobro, qué operaciones podrían realizar en conjunto, ya que el gobernador también tiene como objetivo realizar un ataque para desalojar al ejército británico de Buenos Aires.

Mientras ello sucede, Beresford se autotitula gobernador de Buenos Aires en nombre del rey de Inglaterra y dicta medidas liberales de gobierno para congraciarse con la población, creyendo que esta política acarreará buenos resultados para los intereses británicos, aún si sus tropas tuvieran que dejar Buenos Aires en caso que la ciudad fuera reintegrada a los españoles. Por otro lado, Beresford, al enterarse que el tesoro se encuentra en la Villa de Luján, manda a sus hombres a recuperarlo y lo logra. El caudal (alrededor de 1.000.000 de pesos fuertes, algo así como dos millones de duros) es puesto a bordo de la de una de las fragatas de Popham con rumbo a Gran Bretaña (más tarde habría de ser repartido entre los jefes, oficiales y soldados que estuvieron en la expedición).

Buenos Aires arde de ideas conspirativas, lo cual induce a que muchos soldados británicos deserten. Ello motiva que Beresford amenace con pena de muerte a todo aquel que impulse a los soldados a abandonar la tropa.

En la ciudad aparecen distintos grupos dispuestos a luchar en contra de ejército británico. Felipe Sentenach, Gerardo Estevé y Llach, José Fornaguera, Esquiza y Juan de Dios Dozo son quienes idean el “plan de las minas” con el fin de volar las instalaciones de las tropas británicas: el Fuerte y el cuartel de la Ranchería (ubicado en la actual esquina de Perú y Alsina). Sentenach fue nombrado como jefe del grupo y se pone a la cabeza de los trabajos de excavación de los túneles.

Juan Martín de PueyrredónSantiago de Liniers y Bremond llega, por fin, el 16 de julio a Montevideo donde también se encontraba Juan Martín de Pueyrredón  (en la imagen de la derecha), otro criollo decidido a dejar su vida por recuperar la ciudad. En la entrevista con Huidobro le ofrece sus servicios para dirigir la marcha a Buenos Aires. Los 3 se reúnen, y luego de evaluar la situación, deciden que Pueyrredón vuelva a Buenos Aires con el objetivo de reunir la mayor cantidad de gente que apoye el desembarco de las fuerzas que llegarán desde Uruguay.

Huidobro y Liniers, en Montevideo, cuentan con el apoyo de la población, lo cual hace fácil organizar fuerzas que marchen sobre Buenos Aires.  Allí organizan, con el entusiasta apoyo de la población, a las fuerzas que habrán de marchar sobre Buenos Aires.

Pueyrredón congrega a muchos paisanos que llegan deseosos por participar de la capital y de los partidos de Pilar, Morón, San Isidro y Luján. El punto de concentración que elige es la Chacra de Perdriel (a unos 30 km. de Buenos Aires), propiedad del padre de Manuel Belgrano (situada entre lo que hoy conocemos como Ramos Mejía y Chacarita). En la chacra, más de mil hombres a caballo se hallaban reunidos el 31 de julio.

Mientras, esa misma noche, Beresford disfrutaba una de una función en el Teatro de la Comedia. Sabe está incubándose la revolución y ha dado la orden de que sus fuerzas permanezcan acuarteladas y armadas. Al finalizar la función, vuelve al fuerte donde uno de sus espías lo pone al tanto sobre que en la chacra de Perdriel hay un montón de hombres armados que responden a  Pueyrredón.

Beresford no vacila. Ordena al coronel Sir Denis Pack, jefe del regimiento 71, que marche de inmediato con 500 soldados de su unidad y 50 del batallón de Santa Elena, sobre la Chacra de Perdriel. En la madrugada del 1º de Agosto el ejército británico, encabezado por Beresford, parte al encuentro de las fuerzas de Pueyrredón. Llegan exhaustos hacia las 8 de la mañana y, después de una marcha agotadora, el ejército británico arrolla el campamento de Perdriel. Las tropas de Pueyrredón, pese al intento de resistencia, no tardan en desperdigarse.
Pero Pueyrredón, junto a unos 10 seguidores, se lanza sobre ejército británico con el objetivo de apoderarse de su artillería, consiguiendo su cometido ante la sorpresa de ejército enemigo. Cuando se retiraban, un piquete del regimiento 71 los enfrenta con armas haciendo fuego, haciendo que ruede, sin vida, el caballo de Pueyrredón, alcanzado por un proyectil. Cuando todo parecía perdido aparece Lorenzo López, el que al galope levanta a Pueyrredón, salvándole la vida.

En pocos momentos, menos de 20 minutos, Beresford es quien ostenta la victoria, con un saldo de sólo cinco hombres heridos. Pero nada detiene a Pueyrredón y a sus paisanos, quienes vuelven a congregarse, añadiéndose poco después a las fuerzas que comanda Liniers.
Beresford vuelve a Buenos Aires después de unas horas con 200 cañoncitos secuestrados y apenas algunos heridos y 5 prisioneros, uno de los cuales es un desertor de su ejército. El desertor era un soldado alemán que pasó a las filas de los españoles y que fue mandado fusilar por Beresford para sentar un ejemplo.

El 1º de agosto, Liniers arriba por tierra a la Colonia, donde se encuentra con el capitán de navío don Juan Gutiérrez Concha, quien tiene a cargo de una escuadrilla que se unirá a las tropas de Liniers. Se embarcan partiendo de la Colonia el 3 de agosto.

El día 4 de Agosto de 1806, a las nueve de la mañana, en el fondeadero del río Las Conchas se congregan decenas de embarcaciones que se acercan a la costa. De las mismas descienden las tropas de Liniers, dando así comienzo a la reconquista de Buenos Aires.

Tardan menos de una hora en desembarcar. También desembarcan más de 300 marineros al mando del Brigadier Juan Gutiérrez de la Concha que se integran las fuerzas de Liniers. Pasan la noche en el lugar, soportando una copiosa lluvia que, con esporádicas interrupciones, se mantiene hasta el 8 de agosto.

Marcharon hasta la parte alta de San Fernando y de San Isidro, lugar en el que se encuentra con las nutridas tropas de Pueyrredón, que contaban con mulas, caballos y bueyes que los vecinos habían aportado. El apoyo popular era total. Los vecinos no dudaban en tirar abajo parte de sus casas para rellenar con material sólido los pantanos que obstruían la calle, mientras otros rompían sus cercos para permitir el paso de las tropas a través de su propiedad.

La tormenta es decisiva para el resultado del combate ya que Beresford, que estaba decidido a enfrentar a Liniers a campo abierto, decide quedarse en la capital porque carecía de tropas de caballería y le parecía una imprudencia hacer marchar a sus soldados por caminos de barro.
Pero las tropas españolas y criollas se adentran a pie en el lodo. Pocos tenían la suerte de marchar a caballo como lo hacían la compañía de Dragones y la caballería voluntaria al mando de Pueyrredón. Llegan a San Isidro. El 9 de agosto por la mañana, el tiempo mejora y
Liniers reanuda la marcha.

El 10 de agosto el padre Larrañaga, capellán de las tropas, celebra una misa al aire libre, en los cuarteles de la Chacarita y, a su finalización, se dio la orden de marchar a los Corrales de Miserere (Plaza Once) a pocos kilómetros hacia el oeste de la ciudad de Buenos Aires con alrededor de tres mil hombres. Al reconocerlo, la juventud y el pueblo se aúna al paso de del Capitán de Navío de la Real Armada, Don Santiago de Liniers y Bremond, armados o no, pero todos a caballo.

Beresford, en la ciudad, comprueba preocupado el clima de  discordia que cunde entre la población. Los negocios y pulperías cierran sus puertas y en ese momento, el inglés se da cuenta que será imposible sostenerse en un lugar en el cual pueden quedar atrapados.

Su pensamiento es retirarse por Riachuelo hacia el puerto de la Ensenada donde se embarcaría en los navíos de Popham.

Beresford cruza el Riachuelo - imagen de http://www.oni.escuelas.edu.ar

Por la tarde un emisario de Liniers, el capitán Hilarión de la Quintana, se apersona ante Beresford y le extiende una intimación de rendición. Beresford rechaza la rendición y, sospechando un ataque nocturno, congrega a sus fuerzas en torno de la Plaza Mayor y,  además, decide montar guardia en el centro de la ciudad.

Mientras tanto, Liniers lleva a sus tropas flanqueando el Retiro. A su paso cientos de vecinos, de todas las edades, se pliegan a sus tropas, ayudando a arrastrar a los cañones sobre el barro, hecho que garantizaba el triunfo de Liniers.

Llegan a su destino el 11 de agosto. Ya la ciudad se había rebelado. Las tropas de Liniers avanzan sobre la ciudad, atravesando techos y azoteas, haciendo fuego sobre ejército británico que tratan de dejar la plaza para salvar el destacamento que se encuentra en El Retiro. Liniers destruye rápidamente al ejército enemigo.

Beresford se anoticiaba de que desde todas partes aparecían fuerzas enemigas aniquilando a su paso los puestos británicos. Ese mismo día, Popham encuentra a Beresford quien le hace un detalle de la situación desesperada. Ambos se dan cuenta de que lo importante ahora es salvar a la tropa. Toman la decisión de que esa noche subirán a bordo a los heridos, mujeres e hijos de los soldados (por esa época, cuando las campañas eran de larga duración, las familias acompañaban a los soldados). Por ello, las tropas inglesas deberán abandonar la ciudad y marchar al puerto de Ensenada para embarcar. Pero Liniers, su ejército y el pueblo de Buenos Aires, evitarán la huida.

El 12 de agosto de 1806, avanzan las fuerzas de la reconquista, atravesando las calles que desembocan en la Plaza Mayor.

Liniers se encuentra instalado con sus lugartenientes en el atrio de la iglesia de la Merced.

A esta altura ha perdido el control de las operaciones: los soldados entreverados con el pueblo ya no escuchan a sus oficiales. Las avanzadas del Feijo y los voluntarios catalanes, que se habían puesto el nombre de Migueletes comenzaron el ataque sin orden expresa del general. Liniers, viendo el compromiso de su gente, decide entrar haciendo fuego con todas sus tropas. Una columna marchaba por la calle actual de San Martín. Otra columna por la de la Reconquista. La multitud desbordada por el fragor del combate colmó las calles de la Victoria, de Rivadavia y de Bolívar. El ejército británico abandona el Cabildo y la Recoba Nueva (Crisol) y se concentra en la Recoba Vieja. Una lluvia de fuego se desencadena sobre ejército británico en la plaza. Allí se encuentra Beresford, espada en mano, en el arco de la recoba, rodeado de escoceses, manteniendo su última resistencia. El inglés ve cómo sus hombres caen a sus pies bajo el fuego enemigo. No consiguieron mantenerse allí, por lo cual se encerraron detrás de las murallas y los fosos del Fuerte. Momentos después, iza la bandera blanca del parlamento.

Este grabado representa el ataque de los ingleses a Buenos Aires en 1806, pero en realidad son las fuerzas de Liniers en búsqueda de la reconquista; además se considera inexacto ya que las fuerzas entraron por el norte de la ciudad - imagen de http://www.oni.escuelas.edu.ar

El pueblo está enardecido. Un enviado de Liniers, el edecán Hilarión de la Quintana, llega al fuerte para negociar la rendición que deberá ser sin condiciones, ya que Beresford proponía reembarcarse. El pueblo exige que Beresford arroje la espada. Ante la multitud que lo increpa Beresford debe presenciar como antes de que sus soldados depongan las armas, se enarbola una bandera española. Beresford, Quintana y otros oficiales, marchan hacia Liniers. Ambos jefes se abrazan. Liniers felicita a Beresford por su valiente resistencia y le notifica que sus tropas deben abandonar el Fuerte, depositando sus armas al pie de la galería del Cabildo, para que las fuerzas españolas les rindan honores de la guerra.

El 12 de Agosto de 1806, a las 15 horas, el regimiento 71 desfila en la Plaza Mayor de Buenos Aires. Marcha, con sus banderas desplegadas, el ejército británico entre dos filas de soldados españoles que presentan armas. Llegados al Cabildo arrojan sus fusiles al pie del jefe vencedor.
El destino de los oficiales británicos se distribuyó entre Catamarca, Córdoba y Cuyo a excepción de Beresford y de Pack (coronel del 71), quienes dieran su palabra de honor de que permanecerían en Buenos Aires y que mientras durara la guerra no participarían en ninguna nueva expedición. Ese trato los dejó totalmente libres dentro de la ciudad. Beresford rápidamente se integró a la sociedad e hizo amistad con Liniers.


Fuente de información:

http://www.historiadelpais.com.ar/revolucion_e_independencia.htm

http://www.nuevaalejandria.com/archivos-curriculares/sociales/nota-012.htm

http://www.saber.golwen.com.ar/inva.htm

http://comunidad.ciudad.com.ar/ciudadanos/candido/virreinato.htm

 
 
CONVOCATORIA A AUDIENCIA PÚBLICA
31/07/18 13 h.

Ley inicial publicada en el BOCBA 5388 del 6 de junio de 2018 referente al Expte. 86-D-2018 y Agreg. Con el objeto de que los interesados presenten los reclamos y observaciones que consideren pertinentes con relación a la Ley.

Convocatoria a Audiencia Pública

Palermo Mío

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