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Elda Belcastro, nació en Buenos Aires, es
pintora, argentina
y vecina orgullosa del barrio de Villa Luro: “Un barrio poco conocido y sin
embargo lleno de artistas, de poetas, escultores, pintores, compositores...
Si hasta sus calles tiene nombres tales como Byron, Dante, Moliere,
Virgilio, Lope de Vega, Victor Hugo...”.
Hasta el momento en que decide dedicar su vida al
arte nunca había pintado. Es más, en la escuela no le gustaba la materia.
Sin embargo, cuando rinde el examen de aptitud para ingresar a la Escuela
Nacional de Artes Visuales Manuel Belgrano, ya con la carbonilla en la mano,
cumple fácilmente con el trabajo propuesto, como si le fluyera sin esfuerzo,
como si trajera su arte de otro lado.
Recuerda que luego de pasar por el Manuel Belgrano
su aprendizaje continuó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano
Pueyrredón. Allí fue consolidando su confianza como artista, en especial
luego de ver sus cuadros expuestos: “al principio pasaba desapercibida, o no
era del todo considerada, debido a que me gustaba hacer obras muy grandes”
Dedicada de lleno al arte, no tuvo problemas en
salir con sus cuadros bajo el brazo a recorrer galerías de arte. Así conoció
a mucha gente valiosa e interesante.
Su proceso creativo surge a partir del silencio y
del aislamiento, de la introspección que la comunica con aquello que pugna
por salir, que busca hacerse forma y color para expresarse.
Su pintura posee un estilo propio, cercano por
momentos al impresionismo, aunque de acuerdo a la época de trabajo que
consideremos puede tener puntos de contacto con Modigliani (los cuellos
largos y esbeltos de algunas de sus pinturas) o con Spilimbergo (seres de
ojos grandes y expresivos, capaces de comunicar sin decir, de trasuntar
sensaciones profundas que viene del alma). “Es sabido que los ojos reflejan
los sentimientos”, nos dice Elda y parece no equivocarse.
La paleta de su pintura pasó por distintos
momentos: al principio tendía hacia la oscuridad de los azules, ahora pasa
por una etapa de los colores brillantes.
Partiendo del óleo clásico pasó por diversas etapas
en las que experimentó con todo tipo de materiales. “Uno descubre cosas
haciendo experimentos. Nunca pinté con una sola técnica”.
Junto a compañeras del Bellas Artes conformó el
Grupo Alfa, que durante años se mantuvo unido, exponiendo juntas en
distintos lugares.
Para exponer en la Feria de las Artes de San Telmo
(que lideraba el Arquitecto Peña) se les pedía a los artistas que usaran
alguna técnica propia, novedosa, que pudiese singularizarlos y distinguirlos
de los demás. En tal instancia surge lo que dio en llamar CAFITEM
(carbonilla, fijador y témpera).
“Pintaba con esa técnica en unos cartones especiales que se podían enrollar
como telas, de tal forma las obras no necesitaban vidrio”, comenta Elda. A
partir de esa técnica y de su inclusión en la feria, sus cuadros viajaron
por el mundo.
“Expuse en la Plaza Dorrego y en la calle Alsina,
frente a la Basílica de San Francisco. Hasta allí llegaban gran cantidad de
turistas que terminaban convirtiéndose en compradores. En realidad nunca me
gustó vender mis cuadros, porque cada uno es como un hijo. Cada obra nace de
vos. Y, ¿quién quiere vender a un hijo, deshacerse de él?. Aunque vaya a
reposar en las mejores manos y le den el valor que uno cree que merece, el
desprenderse de la obra es siempre doloroso”.
Últimamente ha incursionando en el uso de
marcadores a los que aplica capas de fijador. Prefiere no usar aerógrafo
sino un pequeño dispositivo por el cual sopla. Este logra pulverizar la
sustancia de manera personal, logrando que los colores tomen nuevo brillo y
textura consiguiendo una amalgama singular que los vincula y diferencia con
los trazos de carbonilla.
Elda Belcastro expuso en lugares de distinta
llegada. Desde el Hotel Provincial (en Mar del Plata) hasta la feria de
Mataderos, pasando por la Confitería Ideal (bar notable) hace apenas unos
meses. Expuso también junto al reconocido Vito Campanela.
Además de su arte, ejerció por años la docencia
trabajando en artes plásticas con chicos de la escuela primaria y del nivel
secundario. Recuerda que en la primaria le dieron un taller de 10 m x 6 mts. “Estaba todo venido abajo
y me dije: aquí no nos vamos a aburrir. Hice que los chicos pintaran las paredes: hicieron unos
murales lindísimos”.
“También hicimos un teatro de títeres para ayudar a
los alumnos que tenían problemas. Con pedacitos de trapos y palitos cada uno
hacía su muñeco. El portero construyó el teatro, era fabuloso, hasta tenía luces. Cada chico expresaba allí lo que sentía. Fue una experiencia
enriquecedora”.
“Además, experimentamos el teatro. Poníamos las
sillas como si fueran asientos de un micro y jugaban al colectivo. Ellos no
se daban cuenta que así aprendían a crear. Armaban también la escenografía
con sus pinturas, y cuando finalmente actuaban, cada uno componía a su
personaje. Tengo chicos que actualmente están en la universidad y que me
vienen a ver para recordar aquellos momentos”.
Con esa rica experiencia escribió: "El teatro en el
taller de plástica", que actualmente se puede bajar de la página "Banco de
Experiencias Pedagógicas" del Gobiernos de la Ciudad de Buenos Aires. Baje
aquí su
escrito o bájelo de la
página del sitio del
G.C.B.A.
Frases que nos
quedaron dando vueltas:
"Me gustan las personas que saben ver y sentir lo que yo trato de transmitir
y me lo dicen"
"Suelo estar sin música porque tengo diálogos internos que luego plasmo en
mi pintura"
"La obra no está terminada hasta que tiene vida"
"No suelo trabajar con modelos, mi pintura surge de mi imaginación"
"Me encanta crear. Siempre quise hacer algo que saliera de mi y que
expresara mis sentimientos"
A continuación
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