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Eduardo Dayán
"Entrega de
premios de la Editorial Comunicarte. Córdoba, 16 de septiembre
(y adicionales el 17, 18, y 19)
La Mujer de los Viernes"
obtuvo el 2do. Premio en el III Concurso Los jóvenes del MERCOSUR

A las 8.15 del jueves 16 de septiembre llegamos al hotel Felipe II, en el
centro de Córdoba, yo invitado por la Editorial Comunicarte y Alicia de
acompañante. Mientras terminan de asear la habitación, voy a comprar La voz del
Interior al kiosco de la esquina. Lo saco de la pila y le pido también al
vendedor La mañana para ver si hay noticias del acto de Comunicarte de hoy. Le
hago una broma al vendedor que está leyendo el último ejemplar de ese diario y
va por la mitad de su lectura. Suspende su lectura, lo dobla y me lo entrega.
“¡No, este diario ya está usado”, le digo, pero el humor cordobés es mucho más
rápido que el mío: “¡No, padre, si apenas está amansado!”. Lo de siempre: colas
de jubilados, falta de cospeles para subir al colectivo, pero claro cuando uno
está de paseo, todo lo ve pintoresco. Nos acomodamos, y marchamos a la Plaza San
Martín hasta el estand de la Editorial donde ya está el libro, muy hermosamente
ilustrado en su tapa por Mónica Weiss. Mariela, profesora y promotora deja su
puesto para saludarme y emocionarse en palabras que vuelan de placer, se deshace
en mieles hablando del libro, cuenta de su lectura en la escuela y la copia que
le ha dado a una profesora de Lengua que se quedó en su casa leyéndolo a su hijo
la noche anterior, hasta cuando es alta la mañana y entre los renglones leídos
en voz alta se mezclaban las risas y los amagos de lágrimas. Volvemos al
hotel donde hay ya gente suelta en el bar. Nos sentamos, desconocidos, a la
expectativa. A las 12.00, la hora pactada, viene alguien y todos nos damos
cuenta que es la persona que esperábamos, Agustina, carita de intelectual de
marca mayor y sonrisa abierta la que viene a saludarnos. Nos reconocemos, todos
nos presentamos. Todos compartimos un café, el gusto de estar juntos y marchar a
la Feria del Libro, para verla, vernos. Después nosotros nos vamos a comer
a la parrilla de Raúl, abundosa, bien atendida y supersimpática. Después la
siesta y el acto de premiación en el Cabildo, planta alta, Obispo Trejo 171. Me
quedo hablando con quien dirige la parte de Letras de la Municipalidad, una
muchacha que sabe lo que hace y con la que da gusto conversar. Están Sara Díaz y
Quique, gente amiga que conocemos de Villa Giardino y han venido a ser parte del
encuentro. Quique, el doctor Prá, ¡¡¡conoce a Graciela Pedraza desde hace muchos
años!!! Las vidas y los caminos paralelos que se cruzan. Con Graciela hablamos
poco, no la volveremos a ver y nos quedamos con ganas de más. La presentación es
de primera. Perla Suez, muy afectuosa, no requiere presentación y Karina es una
dama refinada que presenta a las figuritas nuevas en un salón lleno de grandes y
de chicos. Pasa al frente Fernando, de abuelo mago, poeta y dentista, es un
orador emotivo y fresco, que nos trae a la hermosa Paula y la tinta nueva (que
no el tinto, que también consideraríamos mucho) desde San Rafael, Mendoza,
aireada en su voz y en sus creaciones. Con Daniel, ingeniero, llega Marisa, pura
sensibilidad emotiva. Ella nos muestra lo mejor de nosotros. Y Liza, una fuerza
pasional que con esfuerzo controla para que no se le desborde en impulsos
temperamentalmente juveniles. Habla de su novela que la nombra, mucho y desde
allí la tanta emotividad. Después yo, descontracturado, contador de historias de
identidades que nacen de mis nombres, y finalmente Rubén, cordobés distendido,
riguroso en su escritura y muy ameno. Una profesora me pregunta por qué elijo
como protagonistas a mujeres, y me desconcierta. Después una alumna suya, de
catorce me dará consejos acerca de cómo escribir. ¿No es maravilloso? Y yo les
agradezco y con qué ganas. Creo que el público nos considera a todos personajes,
pero no somos más un espejo que los refleja, cambiados, distintos, sin
demasiadas inhibiciones, contentos del aire climatizado del bienestar colectivo
instalado en la sala desde el primer momento. Y la seguimos en radio Nacional.
Da gusto tratar con tantas esforzadas muchachas de Comunicarte, que se afanan en
allanarnos el camino para que todo salga de lo mejor. Conversamos con un
entrevistador barbado, ¡que es como si hubiera estado con nosotros todo el
tiempo de la presentación, y nos conociera y ya fuera uno de los nuestros!
Además, es bravísimo, está cebado, pero no trata con angelitos que no se sepan
defender. Piensa casi en exclusiva en sus oyentes, los quiere cómplices, amigos
y avanza sobre nosotros hasta donde sabe que se puede. Los entrevistados estamos
al corriente de lo que es pensar en nuestros lectores, y es el mismo juego. Y
los entrevistados y los que no, todos nos sentimos parte de lo mismo. Un
descanso, un pasear entre las carpas, un sueño entre libros y hasta la noche que
se va a cerrar en Mandarina, un lugar cómodo, elegante, refinado. Allá vamos, y
antes de ingresar nos encontramos con los dueños del hotel Victoria, de
Giardino, que han venido a vernos desde Unquillo, pero han llegado tarde a la
premiación. Conversamos algo, nos despedimos y pasamos al salón. Entonces el
rito colectivo de la cena, pizza, cerveza, pizza, agua, pizza, gaseosas, pizza y
pizza, rosas crocantes de chocolate, cascaritas confitadas, marshmallow de rosas
(una tontería yanqui), champán y brindis. Lo que se nos ocurra está disponible
para ser biencomido y bienbebido. Da gusto excederse ante la inédita situación
de tanta gente desconocida ese mismo día con la que es tan fácil unirse y
reunirse enunhiloinvisiblequetodossegregamosapartirdela
mismasintoníaqueregistramosenigualmagnituddeonda. ¡Si hasta al mismo Marcelo, un
galán del cine mexicano, del tipo de Arturo de Córdova (era así con ve corta),
participa con ganas y se lo ve tan bien como el galán de Dios se lo pague!
Karina que ya me escuchó con asombro en el acto, me pide que cuente otra
historia y yo cuento y cuento. El grupo se prende y acompaña y qué gusto. Y
Karina ha venido liviana y contenta porque ha resuelto algunos problemas que la
preocupaban y canta finito Naranjo en flor, un modo liviano de la felicidad. La mañana nos reencuentra en la Librería del Palacio. Café, libros, arte y
chicas talentosas abajo, arriba, Silvia, Fernanda, otras de cuyos nombres me
olvido y libros que nos definen. Por la tarde visitamos el Palacio Ferreyra,
deslumbrante. Nos adherimos a unas chicas que estudian Turismo y que andan con
una guía. Dolores. La belleza y el buen gusto impresionan, solo gente muy
formada estéticamente puede poner en el estado en que se encuentra ese edificio.
La visita es de costo mínimo o gratuito. Sabemos que su conservación y puesta en
valor —es de comienzos del siglo XX—, ha sido cuestionado, pero qué importa: el
producto terminado es de primera. Incluso la mansarda, donde vivían las criadas,
¡ya la quisiera para mí! Y las paredes, las arañas, los pisos, las ventanas, los
balcones, el parque, los cuadros que vemos don un dechado de placer. En la
mansarda, el exceso necesario: los cuadros de Carlos Alonso que aluden a la
violencia, lo irracional, la tortura, demuelen al más templado y yo no puedo
parar de pensar en el sufrimiento del pintor mientras pintaba el horror,
sangrando por la herida. Vamos a la iglesia de los Capuchinos, de un gótico
que eleva el espíritu. Por afuera, las figuras están cuidadas y son muy
atractivas, más bello el exterior que el interior del edificio. O tal vez lo
digo porque da rabia tener que volver para verla en su interior, porque la
siesta es sagrada y está cerrada. Después el Paseo del Buen Pastor, excárcel de
mujeres y el restaurante Faustino, lugares en los que el buen gusto se adueñó
del territorio. Y en las calles, por todos lados, chicas y chicos, de primaria,
secundaria, universitaria, de excursión, de visita, de paseo, de actividades que
buscan ofrecer “un techo para mi país”. Y siguiendo la propuesta de M.
T.Andruetto, nos vamos al santelmito de la calle Belgrano, a ver antigüedades,
el museo de Artesanías, la Cañada, el color local. Y fin de fiesta, nos
encontramos y vamos con Liza a la galería de arte de María Elena Kravetz, donde
Nicolás Bravo expone Autorretratos hechos en colaboración con el fotógrafo, una
serie de fotografías dentro del Festival de la Luz, 2010, que se anuncia también
como 19 consejos prácticos para mejorar sus fotografías, algunos cargados de
humor. El sábado es la manzana jesuítica y el museo Emilio Caraffa,
expresamente construido para ser lo que es: un edificio vivo y en constante
actividad. Allá esta vez viven las coloridas mujeres que crecen en líneas netas
de cuerpos femeninos que crea Marisol San Jorge, Kuitca dibuja el pesado mundo
de la vida en mundos provisorios, una selección de Arte Ba 2010, fotos
intervenidas y Retratos. La camisa de Jorge Stolkiner muestra como eje una
camisa de alguien que se murió puesta en la historia y en el cuerpo del
fotógrafo Rem, que la adapta sobre sí. Y Pablo Scheibengraf es un laberinto
continuado de ondulantes intimidades no realistas en un viaje a la emoción.
Bastón Díaz nos muestra restos y encuentros de barcos y pájaros metalizados en
la ribera, todo para nuestro placer. Roberto Aisenberg, en su producción del 50
al 80, se regodea con el lápiz sobre el papel con geometrías que nacen de un
chico feliz. Y de paso compramos unos libritos en una pecera que tiene la
Universidad de Córdoba en la vía pública y mantenemos el siguiente diálogo con
el vendedor, antes de que nos cobre: —¿Por qué dejaste Letras?— le pregunto. —... pero... —balbucea—estudié Psicología... me recibí... —No me contestaste. —Fue hace mucho, y en Río Cuarto... es que la profesora de Gramática y yo... no
había manera de armonizarnos... pero ¿cómo supo que yo abandoné la carrera? —Soy muy perceptivo. Y dejo que le flote el misterio, ¿qué valor tendría una
explicación racional, sea cual fuere la que diera? Y el domingo temprano es
el sol y el cititour en el primer piso de un colectivo inglés, abierto al cielo
entre nómades brasileños, chilenos, argentinos, obviamente con ganas de pasarla
bien, lo que ayuda mucho. —¿Ustedes son argentinas? —Chilenas... por eso
somos tan graciosas. La tarde es el descanso y el paseo, perdernos por calles
desconocidas, disfrutar el sol. Y después, prepararse para la partida, irnos.
Para nosotros, a partir de estos días, siempre Córdoba estará de temporada.
RUMORES DE AMORES CON HUMORES
Cuentos
Adela
Basch,
Eduardo Dayan, Alejandra Erbiti,
Lucía Laragione, Luciana Murzi y
Liliana Sosa - Ilustraciones de María Licciardo
Colección Caballo Rayo 14 x
19 cm. / 40 págs. ISBN 978-987-23451-7-4
Historias divertidas y muy románticas: un amor de sur a
norte, cartas que resumen un enamoramiento, ojos que iluminan la noche como
luciérnagas, un amor en blanco y negro, la búsqueda de un nombre perdido y el
extraño caso del gato y la Luna.
Seis autores que creen en el amor y en el aleteo de
mariposas en los corazones enamorados.
Seis cuentos que dan ganas de enamorarse y de rumorear por el aire las nuevas
pasiones.
Seis amores que llegan de improviso para
recordarnos lo divertido que puede ser que el mundo se vuelva rosado y con forma
de corazón.
(Comentario aparecido en
http://30editoriales09.wordpress.com/abran-cancha-2/novedades-abran-cancha/)
Ediciones Abran Cancha
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