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"Curiosidades e Historias de los barrios porteños" por Mabel Alicia Crego

 

Ricardo Lopa escribe sobre Buenos Aires

 

Cristina Suárez nos cuenta historias y anécdotas de los barrios porteños 

 
Eduardo Dayan: escritor
 -vecino del barrio de Almagro-

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Diario de su Viaje a Uruguay - febrero 2009

 

Dia 1 - Viernes 20 de julio de 2007 Día 1 - viernes 20 de febrero de 2009

El viernes 20 de febrero de 2009 Alicia y yo bajamos de Buquebús y allí nos espera Débora, enrulada y sonriente. Me complace oírla hablar mientras viajamos a la casa de Rosa. Ella habla naturalmente, y es un gusto cuando me señala que, en el colectivo, me acabo de sentar en el asiento maternal, voz mucho más tierna que mi habitual lectura de “asiento para discapacitados y/o embarazadas”, y que mejor nos vamos al fondo. Aquí viven gurises, chiquilines, algunos malenseñados, explica, mientras nos adensamos en una zona campestre hasta llegar a Ciudad de la Costa, en Canelones, un departamento (provincia) vecino a Montevideo. Vuelvo a escuchar su clásico ahí va, cuando acierto en expresar algo. Me apresto (preparo) para todo; estoy pronto (listo). Y aquí estamos y está Rosa en el trabajo, nos abrirá las puertas anchas de su corazón, que las de la casa ya nos han recibido. Vendrá más tarde, Débora habrá de irse y el espacio es nuestro. La casa queda en el barrio, en “Losocho”, porque fueron ocho de ideas afines con respecto a la vida los que compraron en su momento una parcela de terreno y la subdividieron y construyeron sus casas. Aquí, pienso mientras nos inunda el sol, el verde, la tranquilidad, las calles de tierra, da gusto inventarse una infancia apócrifa, decirse que uno ha vuelto al país de la infancia, en busca de sus raíces, entonar como en el tango: “Todo está igual / nada ha cambiado / la misma hiedra / el mismo sol... / También comprender que la historia del tiempo detenido es una mentira y la realidad es que Solymar es una zona que está creciendo, que están los hijos de Rosa, Victoria, una adolescente de trece, que va y viene en bicicleta, y Emiliano, de veinte. Ya sabíamos que refrescos son nuestras “gaseosas”, pero aprendemos esta palabra que es usual, lambrin, una serie de tablas de madera que se encastran al armar una puerta interior. En cambio plancha es un personaje medio despreciado, de variada condición social, en movimiento perpetuo hacia atrás y hacia delante cuando está de pie. Si se lo exagera al ponerlo en escena, es capaz de decir ¡qué hacés amistad!, para salir al encuentro de un amigo. Y también nos aparece el vocabulario muy adolescente de Victoria para enfrentar a la madre: qué encajás (qué sabés), manejate (no me jodas). Fue bueno traer a Victoria un libro desdeñado “Cumbio”, que habla de la flogger más conocida de la Argentina, de 17, en el que cuenta su vida. Claro que no es literatura, pero la hija de Rosa no arrancará los ojos de sus páginas, aunque desestime mucho de lo que cuente. La lectura, me digo, conoce momentos distintos, como edades que conectan con las edades y la forma de ser de los destinatarios. Escucho radio El Espectador y otras con los mismos vicios que las argentinas: se plantea una pregunta tonta: ¿vos sos celoso? y los oyentes responden, cuentan sucedidos personales, y hacen gratis el programa. Nos asomamos a la barriada, llegamos a la intendencia de la comunidad canaria, llega la Rosa, hablamos, cenamos, dormimos: la dueña de casa, que ha usado la palabra reclame (oferta), que no figura desde hace tanto en nuestro vocabulario, nos ha destinado una habitación, la de Emiliano.

 

Dia 1 - Viernes 20 de julio de 2007 Día 2 - sábado 21 de febrero de 2009

El sábado 21 caminamos entre amplias avenidas de tierra e historias, cortados por dos carreteras muy importantes: la ruta Interbalnearia y Giannattasio. Ambas derraman montevideanos por la ribera que hilvana las arenas a lo largo del Río de la Plata. Vamos a la playa de Solymar, ciudad de la Costa, que luce pequeños médanos en su ingreso y un agua invitante. Aunque el día esté ventoso, gris, nos bañamos igual y yo recupero bajo los pies la arena que conocí del otro lado del río, cuando uno se podía bañar en las ahora contaminadas aguas del lado de allá. Volvemos al mediodía. Me llama la atención una verdulería que toma como unidad de peso el kilo y medio (!), la yerba mate “Silueta ideal”, que modela el cuerpo (!). Rosa cuenta historias de la remontada de cometas, de los cuatro indios charrúas llevados a Francia y obligados a trabajar en circos, todos humillados en Europa. Todo a cuento de unas construcciones hechas en barro, con viejas técnicas mejoradas por unas mujeres que se autotitulan las guyunusas. Ellas emplean su técnica de construir en barro, mejorada por el tiempo. Rosa me hace conocer el libro “León de Biblioteca de Michèlle Knudsen, editado por Ekaré de España”, “El general extranjero de hojalata y la vieja dama de hierro”, de Raymond Briggs, versión de Rosa Montero, y de Anthony Browne “Voces en el parque”, que son cuatro y da gusto leer, como a todos los otros. Por la noche nos vamos los remanentes de la casa, Rosa, Miguel, su compañero, Alicia y yo a cenar. El resto se ha dispersado por distintos rumbos. Vamos a “Portugalia”, un lugar muy acogedor, donde comemos en una terraza que da a la ruta, la pizza uruguaya rectangular, pero en porciones abundantes, acompañada de fainá del orillo (?), la fina pizza de garbanzo, y Patricia, la cerveza uruguaya. Y ya que estamos algunas papas fritas muy bien hechas y postres para las damas. Alicia el famoso Chajá, “el de la medallita”. Rosa, un helado en formato de sándwich. Estamos en el kilómetro 24.100 de la Avenida Giannattasio. Un remís nos devuelve a casa, a dormir.

 

Dia 1 - Viernes 20 de julio de 2007 Día 3 - domingo 22 de febrero de 2009

El domingo 22 es día de viento y lluvia, imparables. Entonces, libros. A Rosa le abundan. Leo “La composición” de Antonio Skármeta, con ilustraciones de una belleza temible. Todo el cuento es el avance del comprender de Pedro, un chico, acerca de cómo debe protegerse ante el avance de la dictadura chilena. Inevitablemente asocié con “El chico del piyama a rayas”, la película. Hay libros y libros. Evito curiosear y me sumerjo en “Una lectora nada común” de Alan Bennett (Anagrama). Copio lo que dice: “Aleccionar es sucinto, concreto y pertinente. Leer es desordenado, disperso y siempre incitante. El aleccionamiento cierra un tema, la lectura lo abre.” Y parafraseando lo que cuenta digo que los libros no hablan de pasar el tiempo; si quisiéramos podríamos ir a Solymar a la playa bajo la lluvia... el libro es delicioso, me pregunto qué contestarían demasiadas personas públicas de aquí y de allá si se les preguntara a boca de jarro: “¿Qué está Ud. leyendo ahora?”, como aparece en el libro. Imagino que después los posibles involucrados se estudiarían las respuestas. Débora me trae reconstruido un libro casi inhallable, “Si yo volviera a ser niño” de Janusz Korczak, que he encontrado a último momento en el desorden de mi biblioteca. Se ha hecho una copia que va a enrular, anillar. Y se lleva de regalo mi ejemplar del “Diario de un maestro” de Jesualdo, que es uruguayo, y ella merece tener más que yo. Vemos un terrible documental uruguayo acerca de la hija de una pareja desaparecida que se niega a reconocer su identidad biológica, enfrentada a toda la sociedad. Comemos una picadilla (picada, entremeses), antes de la cena, terminamos de secar bolsos y documentos que por descuido se nos han mojado y contratamos un taxi para el lunes temprano. Mientras vemos fotos y fotos de las Caperucitas Cómplices, en el Museo de la Memoria. Ellas están pal cuento, qué se le va a hacer. Nos despedimos de Trotsky, la perra, y tres gatas que circulan por toda la casa.

 

Dia 1 - Viernes 20 de julio de 2007 Día 4 - lunes 23 de febrero de 2009

El lunes 23, vamos a Buquebús donde el personal finge estar al servicio del viajero, pero todo está armado buscando la manera de despojar de dinero a quien necesita algo adicional al cruce ya pagado, siempre con cortesía. Llegamos a Buenos Aires, el viaje ha sido tranquilo, hay sol. Afortunadamente. Rosa y Débora, las mejores.

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