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"Curiosidades e Historias de los barrios porteños" por Mabel Alicia Crego

 

Ricardo Lopa escribe sobre Buenos Aires

 

Cristina Suárez nos cuenta historias y anécdotas de los barrios porteños 

 

Eduardo Dayan: escritor
 -vecino del barrio de Almagro-

 

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 Entre Amores

 

Entre Amores, 2008 

"Entre amores", 2008, es un libro compuesto por tres cuentos para chicos publicado por la prestigiosa Editorial Edebé, de la calle Don Bosco 4069 para su colección "Flecos del Sol". Los cuentos se titulan Paloma, Toco madera y Tiempo Compartido y están pensados para chicos a partir de los 8 años. Las ilustraciones son de Pablo Zweig y resultan muy atractivas para el lector. Los textos no buscan ser ejemplificadores de conductas sino literarios, lo que se advierte en el cuidado entrañable por las palabras en todos ellos. Los reúne la observación de los sentimientos generados por el amor en la infancia, lo que le asegura a los textos un lector devoto y apasionado.

 

En la contratapa aparece el comienzo de uno de los tres cuentos que lo integran, "Tiempo compartido":

"Pocho Ochoa estaba enamorado de Tununa Gauna, pero ella ni se daba por enterada. No había caso: no conseguía sumarla a su vida. Y estaba triste porque era doblemente desgraciado: en amores y en matemática. Aparte la ortografía."

 

Entrevista publicada en el diario La Capital de Mar del Plata el domingo 24 de febrero de 2008 -  Por Gabriela Urrutibehety


“LA LITERATURA INFANTIL NO PUEDE ANULAR EL DESEO, LAS DUDAS, LOS DESGARRAMIENTOS INTERIORES O LA UTOPÍA”

 
DOLORES, 11.02.08.- ¿Qué es la literatura infantil? O, radicalizando más aún la cuestión, ¿existe la literatura infantil o es sólo un fenómeno de mercado? El escritor Eduardo Dayan, ganador de varios premios internacionales en el rubro, dialogó con La Capital sobre una cuestión que no deja de preocupar a padres interesados en que sus chicos adquieran el hábito de leer y, desde otro punto, a docentes que tienen como finalidad promover en sus alumnos el gusto por meterse en la vida de esos seres de papel de los que hablaba Roland Barthes.
 
¿Existe la literatura infantil? ¿Cómo la define usted?
La literatura infantil / juvenil es literatura, claro, y esto no debe desdeñarse. Es verdad que presenta características distintivas con respecto a la literatura para adultos. Es decir, presenta características que la diferencian en el mismo deliberado uso estético de la lengua. Además la literatura infantil / juvenil tiene en la mira un segmento de público determinado al que el autor destina su obra.
 
Pero tiene algunas problemáticas propias. ¿Cuáles son, en su criterio ellas?
Más que nada se presenta en forma de una serie de dudas, que son las que dan lugar al debate. Por ejemplo:  ¿tiene que establecer relaciones implícitas o explícitas con la educación? ¿O esto le es ajeno? Estas inquietudes son ajenas a la literatura destinada a adultos; “enseñarle algo al lector”, sólo lo he visto en presuntos textos “poéticos” que tratan de adoctrinar a sus conjeturales receptores sobre cómo comportarse en la vida para alcanzar la felicidad, algo semejante a los libros de autoayuda, cadenas de correo electrónico o procedimientos comprobados científicamente para ganarle a la ruleta.
 
¿Podemos agregar algunas cuestiones referidas a las temáticas?
Sí, por supuesto. Pongamos por caso: en la literatura infantil / juvenil, ¿existen temas que no pueden ser tratados? ¿Qué tipo de personajes es conveniente poner en escena? ¿Qué sentimientos conviene hacer aparecer? ¿Existe un límite, un umbral que no se puede transgredir?
 
¿Y usted qué se responde frente a esto?
La idea generalizada de que todo el mundo tiene derecho a opinar, escudada en la infaltable  y supuestamente correcta idea que se resumen en el “para mí”, como justificativo de que todo vale, que sé, pero soy tan amplio que admito que otro piense lo contrario, es un muro con el que debe enfrentarse el escritor que cuestione los convencionalismos o la falsedad o el ternurismo en cualquiera de sus manifestaciones.
 
De hecho, la dificultad se da porque en muchas personas se supone que la norma es que el adulto “sabe” solamente  por serlo y entonces puede decidir. Si es docente y no ha reflexionado sobre el tema, todo se agrava aún más. En el medio, el escritor acuciado por sus propias contradicciones y sus pasiones literarias.
 
En principio me gusta compartir estas ideas que estoy tratando de poner en palabras tan inseguras como desordenadas.
 
La literatura infantil / juvenil es literatura, claro, y esto no debe desdeñarse. Es verdad que presenta características distintivas con respecto a la literatura para adultos. Es decir, presenta características que la diferencian en el mismo deliberado uso estético de la lengua. Además la literatura infantil / juvenil tiene en la mira un segmento de público determinado al que el autor destina su obra.
 
La duda: ¿Tiene que establecer relaciones implícitas o explícitas con la educación? ¿O esto le es ajeno? Estas inquietudes son ajenas a la literatura destinada a adultos; “enseñarle algo al lector”, solo lo he visto en presuntos textos “poéticos” que tratan de adoctrinar a sus conjeturales receptores sobre cómo comportarse en la vida para alcanzar la felicidad, algo semejante a los libros de autoayuda, cadenas de correo electrónico o procedimientos comprobados científicamente para ganarle a la ruleta.
 
En la literatura infantil / juvenil, ¿existen temas que no pueden ser tratados? ¿Qué tipo de personajes es conveniente poner en escena? ¿Qué sentimientos conviene hacer aparecer? ¿Existe un límite, un umbral que no se puede transgredir? La idea generalizada de que todo el mundo tiene derecho a opinar, escudada en la infaltable  y supuestamente correcta idea que se resumen en el “para mí”, como justificativo de que todo vale, que sé, pero soy tan amplio que admito que otro piense lo contrario, es un muro con el que debe enfrentarse el escritor que cuestione los convencionalismos o la falsedad o el ternurismo en cualquiera de sus manifestaciones.
 
De hecho, la dificultad se da porque en muchas personas se supone que la norma es que el adulto “sabe” solamente  por serlo y entonces puede decidir. Si es docente y no ha reflexionado sobre el tema, todo se agrava aún más. En el medio, el escritor acuciado por sus propias contradicciones y sus pasiones literarias.
 
En definitiva, ¿nos quedamos con más preguntas que respuestas?
En resumen: ¿Qué idea de la literatura y de la literatura infantil / juvenil se tiene? La literatura infantil / juvenil: ¿debe enseñar? Si así fuera, ¿qué se considera como literatura por quien decide la elección de textos, vista la indefensión de los “beneficiados”? ¿Y qué lenguaje emplear? ¿Importan más las ideas que las palabras o viceversa o deben estar fundidas las hipotéticas oposiciones? ¿Qué hacer con quienes, y son muchos, privilegian “los buenos sentimientos” que no cuestionan nada que no sea la aceptación de un mundo consabido? Yo creo que la línea divisoria con la literatura para adultos no puede anular el deseo, las dudas, los desgarramientos interiores, la utopía, el ideal como meta.
¿Qué idea de la literatura y de la literatura infantil / juvenil se tiene? La literatura infantil / juvenil: ¿debe enseñar? Si así fuera, ¿qué se considera como literatura por quien decide la elección de textos, vista la indefensión de los “beneficiados”? ¿Y qué lenguaje emplear? ¿Importan más las ideas que las palabras o viceversa o deben estar fundidas las hipotéticas oposiciones? ¿Qué hacer con quienes, y son muchos, privilegian “los buenos sentimientos” que no cuestionan nada que no sea la aceptación de un mundo consabido? Yo creo que la línea divisoria con la literatura para adultos En principio me gusta compartir estas ideas que estoy tratando de poner en palabras tan inseguras como desordenadas.
 
La literatura infantil / juvenil es literatura, claro, y esto no debe desdeñarse. Es verdad que presenta características distintivas con respecto a la literatura para adultos. Es decir, presenta características que la diferencian en el mismo deliberado uso estético de la lengua. Además la literatura infantil / juvenil tiene en la mira un segmento de público determinado al que el autor destina su obra.
 
La duda: ¿Tiene que establecer relaciones implícitas o explícitas con la educación? ¿O esto le es ajeno? Estas inquietudes son ajenas a la literatura destinada a adultos; “enseñarle algo al lector”, solo lo he visto en presuntos textos “poéticos” que tratan de adoctrinar a sus conjeturales receptores sobre cómo comportarse en la vida para alcanzar la felicidad, algo semejante a los libros de autoayuda, cadenas de correo electrónico o procedimientos comprobados científicamente para ganarle a la ruleta.
 
En la literatura infantil / juvenil, ¿existen temas que no pueden ser tratados? ¿Qué tipo de personajes es conveniente poner en escena? ¿Qué sentimientos conviene hacer aparecer? ¿Existe un límite, un umbral que no se puede transgredir? La idea generalizada de que todo el mundo tiene derecho a opinar, escudada en la infaltable  y supuestamente correcta idea que se resumen en el “para mí”, como justificativo de que todo vale, que sé, pero soy tan amplio que admito que otro piense lo contrario, es un muro con el que debe enfrentarse el escritor que cuestione los convencionalismos o la falsedad o el ternurismo en cualquiera de sus manifestaciones.
 
De hecho, la dificultad se da porque en muchas personas se supone que la norma es que el adulto “sabe” solamente  por serlo y entonces puede decidir. Si es docente y no ha reflexionado sobre el tema, todo se agrava aún más. En el medio, el escritor acuciado por sus propias contradicciones y sus pasiones literarias.
 
En resumen: ¿Qué idea de la literatura y de la literatura infantil / juvenil se tiene? La literatura infantil / juvenil: ¿debe enseñar? Si así fuera, ¿qué se considera como literatura por quien decide la elección de textos, vista la indefensión de los “beneficiados”? ¿Y qué lenguaje emplear? ¿Importan más las ideas que las palabras o viceversa o deben estar fundidas las hipotéticas oposiciones? ¿Qué hacer con quienes, y son muchos, privilegian “los buenos sentimientos” que no cuestionan nada que no sea la aceptación de un mundo consabido? Yo creo que la línea divisoria con la literatura para adultos no puede anular el deseo, las dudas, los desgarramientos interiores, la utopía, el ideal como meta.

 

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