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Eduardo Dayán
Entre Amores
"Entre amores", 2008, es un libro compuesto por tres cuentos para chicos
publicado por la prestigiosa Editorial Edebé, de la calle Don Bosco 4069 para su
colección "Flecos del Sol". Los cuentos se titulan
Paloma, Toco madera y
Tiempo
Compartido y están pensados para chicos a partir de los 8 años. Las
ilustraciones son de Pablo Zweig y resultan muy atractivas para el lector. Los
textos no buscan ser ejemplificadores de conductas sino literarios, lo que se
advierte en el cuidado entrañable por las palabras en todos ellos. Los reúne la
observación de los sentimientos generados por el amor en la infancia, lo que le
asegura a los textos un lector devoto y apasionado. En la contratapa aparece el comienzo de uno de los tres cuentos que lo
integran, "Tiempo compartido": "Pocho Ochoa estaba enamorado de Tununa Gauna, pero ella ni se daba por enterada.
No había caso: no conseguía sumarla a su vida. Y estaba triste porque era
doblemente desgraciado: en amores y en matemática. Aparte la ortografía." Entrevista publicada en el diario La Capital de Mar
del Plata el domingo 24 de febrero de 2008 - Por Gabriela Urrutibehety
“LA LITERATURA INFANTIL NO PUEDE ANULAR EL DESEO, LAS
DUDAS, LOS DESGARRAMIENTOS INTERIORES O LA UTOPÍA”
DOLORES, 11.02.08.- ¿Qué es la literatura infantil? O, radicalizando más aún la
cuestión, ¿existe la literatura infantil o es sólo un fenómeno de mercado? El
escritor Eduardo Dayan, ganador de varios premios internacionales en el rubro,
dialogó con La Capital sobre una cuestión que no deja de preocupar a padres
interesados en que sus chicos adquieran el hábito de leer y, desde otro punto, a
docentes que tienen como finalidad promover en sus alumnos el gusto por meterse
en la vida de esos seres de papel de los que hablaba Roland Barthes.
¿Existe la literatura infantil? ¿Cómo la define usted?
La literatura infantil / juvenil es literatura, claro, y esto no debe
desdeñarse. Es verdad que presenta características distintivas con respecto a la
literatura para adultos. Es decir, presenta características que la diferencian
en el mismo deliberado uso estético de la lengua. Además la literatura infantil
/ juvenil tiene en la mira un segmento de público determinado al que el autor
destina su obra.
Pero tiene algunas problemáticas propias. ¿Cuáles son, en su criterio ellas?
Más que nada se presenta en forma de una serie de dudas, que son las que dan
lugar al debate. Por ejemplo: ¿tiene que establecer relaciones implícitas
o explícitas con la educación? ¿O esto le es ajeno? Estas inquietudes son ajenas
a la literatura destinada a adultos; “enseñarle algo al lector”, sólo lo he
visto en presuntos textos “poéticos” que tratan de adoctrinar a sus conjeturales
receptores sobre cómo comportarse en la vida para alcanzar la felicidad, algo
semejante a los libros de autoayuda, cadenas de correo electrónico o
procedimientos comprobados científicamente para ganarle a la ruleta.
¿Podemos agregar algunas cuestiones referidas a las temáticas?
Sí, por supuesto. Pongamos por caso: en la literatura infantil / juvenil,
¿existen temas que no pueden ser tratados? ¿Qué tipo de personajes es
conveniente poner en escena? ¿Qué sentimientos conviene hacer aparecer? ¿Existe
un límite, un umbral que no se puede transgredir?
¿Y usted qué se responde frente a esto?
La idea generalizada de que todo el mundo tiene derecho a opinar, escudada en la
infaltable y supuestamente correcta idea que se resumen en el “para mí”,
como justificativo de que todo vale, que sé, pero soy tan amplio que admito que
otro piense lo contrario, es un muro con el que debe enfrentarse el escritor que
cuestione los convencionalismos o la falsedad o el ternurismo en cualquiera de
sus manifestaciones.
De hecho, la dificultad se da porque en muchas personas se supone que la norma
es que el adulto “sabe” solamente por serlo y entonces puede decidir. Si
es docente y no ha reflexionado sobre el tema, todo se agrava aún más. En el
medio, el escritor acuciado por sus propias contradicciones y sus pasiones
literarias.
En principio me gusta compartir estas ideas que estoy tratando de poner en
palabras tan inseguras como desordenadas.
La literatura infantil / juvenil es literatura, claro, y esto no debe
desdeñarse. Es verdad que presenta características distintivas con respecto a la
literatura para adultos. Es decir, presenta características que la diferencian
en el mismo deliberado uso estético de la lengua. Además la literatura infantil
/ juvenil tiene en la mira un segmento de público determinado al que el autor
destina su obra.
La duda: ¿Tiene que establecer relaciones implícitas o explícitas con la
educación? ¿O esto le es ajeno? Estas inquietudes son ajenas a la literatura
destinada a adultos; “enseñarle algo al lector”, solo lo he visto en presuntos
textos “poéticos” que tratan de adoctrinar a sus conjeturales receptores sobre
cómo comportarse en la vida para alcanzar la felicidad, algo semejante a los
libros de autoayuda, cadenas de correo electrónico o procedimientos comprobados
científicamente para ganarle a la ruleta.
En la literatura infantil / juvenil, ¿existen temas que no pueden ser tratados?
¿Qué tipo de personajes es conveniente poner en escena? ¿Qué sentimientos
conviene hacer aparecer? ¿Existe un límite, un umbral que no se puede
transgredir? La idea generalizada de que todo el mundo tiene derecho a opinar,
escudada en la infaltable y supuestamente correcta idea que se resumen en
el “para mí”, como justificativo de que todo vale, que sé, pero soy tan amplio
que admito que otro piense lo contrario, es un muro con el que debe enfrentarse
el escritor que cuestione los convencionalismos o la falsedad o el ternurismo en
cualquiera de sus manifestaciones.
De hecho, la dificultad se da porque en muchas personas se supone que la norma
es que el adulto “sabe” solamente por serlo y entonces puede decidir. Si
es docente y no ha reflexionado sobre el tema, todo se agrava aún más. En el
medio, el escritor acuciado por sus propias contradicciones y sus pasiones
literarias.
En definitiva, ¿nos quedamos con más preguntas que respuestas?
En resumen: ¿Qué idea de la literatura y de la literatura infantil / juvenil se
tiene? La literatura infantil / juvenil: ¿debe enseñar? Si así fuera, ¿qué se
considera como literatura por quien decide la elección de textos, vista la
indefensión de los “beneficiados”? ¿Y qué lenguaje emplear? ¿Importan más las
ideas que las palabras o viceversa o deben estar fundidas las hipotéticas
oposiciones? ¿Qué hacer con quienes, y son muchos, privilegian “los buenos
sentimientos” que no cuestionan nada que no sea la aceptación de un mundo
consabido? Yo creo que la línea divisoria con la literatura para adultos no
puede anular el deseo, las dudas, los desgarramientos interiores, la utopía, el
ideal como meta.
¿Qué idea de la literatura y de la literatura infantil / juvenil se tiene? La
literatura infantil / juvenil: ¿debe enseñar? Si así fuera, ¿qué se considera
como literatura por quien decide la elección de textos, vista la indefensión de
los “beneficiados”? ¿Y qué lenguaje emplear? ¿Importan más las ideas que las
palabras o viceversa o deben estar fundidas las hipotéticas oposiciones? ¿Qué
hacer con quienes, y son muchos, privilegian “los buenos sentimientos” que no
cuestionan nada que no sea la aceptación de un mundo consabido? Yo creo que la
línea divisoria con la literatura para adultos En principio me gusta compartir
estas ideas que estoy tratando de poner en palabras tan inseguras como
desordenadas.
La literatura infantil / juvenil es literatura, claro, y esto no debe
desdeñarse. Es verdad que presenta características distintivas con respecto a la
literatura para adultos. Es decir, presenta características que la diferencian
en el mismo deliberado uso estético de la lengua. Además la literatura infantil
/ juvenil tiene en la mira un segmento de público determinado al que el autor
destina su obra.
La duda: ¿Tiene que establecer relaciones implícitas o explícitas con la
educación? ¿O esto le es ajeno? Estas inquietudes son ajenas a la literatura
destinada a adultos; “enseñarle algo al lector”, solo lo he visto en presuntos
textos “poéticos” que tratan de adoctrinar a sus conjeturales receptores sobre
cómo comportarse en la vida para alcanzar la felicidad, algo semejante a los
libros de autoayuda, cadenas de correo electrónico o procedimientos comprobados
científicamente para ganarle a la ruleta.
En la literatura infantil / juvenil, ¿existen temas que no pueden ser tratados?
¿Qué tipo de personajes es conveniente poner en escena? ¿Qué sentimientos
conviene hacer aparecer? ¿Existe un límite, un umbral que no se puede
transgredir? La idea generalizada de que todo el mundo tiene derecho a opinar,
escudada en la infaltable y supuestamente correcta idea que se resumen en
el “para mí”, como justificativo de que todo vale, que sé, pero soy tan amplio
que admito que otro piense lo contrario, es un muro con el que debe enfrentarse
el escritor que cuestione los convencionalismos o la falsedad o el ternurismo en
cualquiera de sus manifestaciones.
De hecho, la dificultad se da porque en muchas personas se supone que la norma
es que el adulto “sabe” solamente por serlo y entonces puede decidir. Si
es docente y no ha reflexionado sobre el tema, todo se agrava aún más. En el
medio, el escritor acuciado por sus propias contradicciones y sus pasiones
literarias.
En resumen: ¿Qué idea de la literatura y de la literatura infantil / juvenil se
tiene? La literatura infantil / juvenil: ¿debe enseñar? Si así fuera, ¿qué se
considera como literatura por quien decide la elección de textos, vista la
indefensión de los “beneficiados”? ¿Y qué lenguaje emplear? ¿Importan más las
ideas que las palabras o viceversa o deben estar fundidas las hipotéticas
oposiciones? ¿Qué hacer con quienes, y son muchos, privilegian “los buenos
sentimientos” que no cuestionan nada que no sea la aceptación de un mundo
consabido? Yo creo que la línea divisoria con la literatura para adultos no
puede anular el deseo, las dudas, los desgarramientos interiores, la utopía, el
ideal como meta.
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