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Eduardo Dayan:
escritor
-vecino del barrio de Almagro-
Contacto:
Eduardo Dayan
elsuspirante@yahoo.com.ar
Eduardo Dayan - Curriculum Personal
Eduardo Dayan - Bibliografía
De su diario de viaje a Bogota
Presentación de Mario Gelati. Caseros, 4 de junio de 2005
Un poco tierra y un poco agua y un poco viento
24 de marzo de 2006 en Buenos Aires - El acto estuvo en las calles
Editorial Libresa de Quito, Ecuador, notifica a Eduardo de que su libro obtuvo el premio "Finalista"
en el Concurso "Primera Edición del Concurso de Literatura Juvenil
LIBRESA-2006", por lo cual dicha editorial editará la obra ganadora
¿Y si pasa Noviembre sin tus ojos?
Adelanto del libro de Eduardo que será editado por Editorial Libresa de Ecuador:
¿Y si pasa noviembre sin tus ojos? Diario
del viaje a Ecuador
Entre Amores,
2008, Editorial Edebé, colección "Flecos del Sol"
Veredicto del Jurado del Concurso
Internacional de Literatura Juvenil Libresa, Edición 2008
Diario de su
viaje a Uruguay febrero 2009
Rumores de
Amores con Humores mayo 2009
"La Mujer de los
Viernes" obtuvo el 2do. Premio en el III
Concurso Los jóvenes del MERCOSUR.
Entrega de premios de la Editorial Comunicarte. Córdoba, 16 de
septiembre (y adicionales el 17, 18, y 19) (setiembre 2010)
Entrevista en www.imaginaria.com.ar realizada por Fabiana Margolis diciembre
2010
EDUARDO DAYAN - CURRICULUM
PERSONAL
(leido en la Universidad Nacional de La Plata, durante el Primer
Encuentro Provincial de Narración Oral)
Eduardo Dayan cursó estudios primarios en la escuela N° 1 de la ciudad de Lomas
de Zamora y fue escolta de la bandera en 4° grado, en un acto patrio del que
recuerda aún las palabras iniciales: “Estamos aquí reunidos...”.
Se graduó como Perito Mercantil en Buenos Aires en la Escuela de Comercio
Joaquín V. González, nombre que consideró a posteriori como un señal
premonitoria.
Inició y abandonó estudios en el mismo día en la Facultad de Humanidades de la
ciudad de La Plata, a cuyas aulas asistió un lunes, por la mañana y por la
tarde.
Se recibió de Profesor en Letras en el Instituto Nacional Superior del
Profesorado no casualmente conocido como “el Joaquín” y de Licenciado en Letras
en la Universidad del Salvador.
De tanto viajar en el subte “B”, “C” y “D”, para ir de un lado al otro, aprendió
a leer entre líneas.
Ganó varios premios y algunos pesos escribiendo literatura infantil, juvenil y
textos didácticos.
Trabaja en escuelas secundarias, terciarias, en la Universidad de Buenos Aires y
en la Universidad del Salvador.
Bibliografía
Introducción, notas y propuestas de trabajo de
obras para la colección LYC de la Editorial Colihue: ·
El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón, Peribáñez y el
Comendador de Ocaña, de Félix Lope de Vega, Los viajeros misteriosos, de
Jorge D´agata, Cuentos para el primer nivel III (antología), Guiones
televisivos (antología), La cola de la sirena y El pacto de Cristina, de
Conrado Nalé Roxlo, Mi pueblo, de Conrado Nalé Roxlo, Guiones
Televisivos II (antología). Estudio preliminar, notas y
propuesta de actividades de obras para la colección GOLU de la Editorial
Kapelusz: ·
La Barraca, de Vicente Blasco Ibáñez, Aeroplanos (no
publicada), de Carlos Gorostiza. Propuestas de actividades para
libros de la colección GOLU de la Editorial Kapelusz:
· El puente,
Nuestro fin de semana, La isla desierta, Saverio el cruel, Crónicas de
la conquista, Trafalgar, En el mar austral, Páginas en prosa de Gabriela
Mistral, Peribáñez y el Comendador de Ocaña, Barranca abajo, M'hijo el
dotor. Textos didácticos ·
Ortografía en uso (reflexiva y aplicada). Editorial Cántaro. ·
Suplementos de Ortografía para los Manuales de 4°, 5° y 6° años
de la EGB. Editorial “Puerto de Palos” . ·
Lengua 8 EGB (en colaboración con M.C.Planas y M.R. Guido), Editorial El
Ateneo. · La escuela
lee más, textos del Programa de la Dirección General de Escuelas de la
Provincia de Buenos Aires.
Textos de creación:
Cuentos
El casamiento de la princesa, Editorial Colihue,
colección “Cuentos del pajarito remendado", premiado en el Segundo
Concurso Nacional Docente de Cuentos Infantiles, Ctera-Colihue,
reproducido en la antología Qué me cuenta, maestro y publicado
posteriormente acompañando una edición del diario "Página 12" e
iniciando la “Antología de Literatura Infantil” presentada por la
Argentina en la Feria del Libro de Frankfurt, 2010.
Sotelo, en
...Y nos pusimos a contar, Editorial Faiga, premiado en el Concurso
Nacional de Cuentos para niños de la Fundación El Libro en homenaje a la
XX Feria del Libro, publicado posteriormente en Volar en Barrilete,
colección "Desde la gente", del Instituto Movilizador de Fondos
Cooperativos y luego en “Hologramática Literaria”, Revista Académica de
Estudios Literarios, Lingüísticos y Culturales de la Facultad de
Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Lomas de Zamora).
¡Maldita lámpara! , “Gramma”, revista de la Universidad del Salvador
(premiado en el “Concurso de cuentos para cebollita” de ALIJA,
Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina, en homenaje a los
diez años de vida de la Institución.
El punto sobre la i, en
Cuentos para soñar trotamundos, Homenaje a Javier Villafañe, Ed.
Colihue, premiado en el Concurso Nacional de Literatura Infantil y
Juvenil convocado por Hijos por la identidad y la Justicia contra el
olvido y el silencio (H.I.J.O.S.). Texto publicado por la Editorial
Colihue, 2002. El casamiento de la princesa Genoveva, en
"Gramma", revista de la Universidad del Salvador.
La parejita,
en Rumores de amores con humores, Editorial Abran Cancha.
La
escalera de sus sueños publicado en “El Monitor de la Educación” y
premiado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas
de Zamora. Los Rojas, Ramón, Prichi y ¡Justo a tiempo! en
Antologías de la Editorial A / Z. Alejandra, en Lectura en
Marcha, antología de cuentos, Editorial Edelvives.
Amores
subterráneos, Editorial Cadan, texto para adultos premiado en el
Certamen de Cartas de amor, certamen organizado por Metrovías.
Colecciones de cuentos
Amor con todas las letras, Editorial El
Ateneo.
Entre amores, Editorial e.d.b.
Jornadas Cervantinas
Internacionales en Azul, declarada ciudad cervantina de la Argentina.
Ponencias publicadas: ¿La lengua de Cervantes traduce la lengua
de los vencidos? El lector del Licenciado Vidriera, entre dudas
y perplejidades. Novelas juveniles
Palomas son tus ojos,
publicada por la Editorial Norma, premiada en el Concurso
Latinoamericano de Literatura Juvenil 2002 convocado por
Norma-Fundalectura de Bogotá, Colombia.
¿Y si pasa noviembre
sin tus ojos?, Editorial Libresa, premiada en el Concurso Internacional
de Literatura Juvenil LIBRESA 2006, realizado en Quito, Ecuador.
j@zmines.com, Editorial Libresa,
premiada en el Concurso Internacional 2008, Editorial Libresa, en
Quito, Ecuador. La mujer de los viernes, Editorial Comunicarte,
premiada en el Concurso Internacional de novela Los jóvenes del
Mercosur, 2010, en Córdoba, Argentina.
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De su diario de viaje a Bogota,
Colombia, nos regala estos extractos:
Averiguo en el fondo del avión cómo se saluda en
Bogotá: a las mujeres, sólo la mano, nunca un beso, salvo que haya mucha
confianza; exclusivamente la mano a los hombres. Jamás un beso, salvo entre hijo
y padre. (Todo comenzará a derrumbarse cuando conozca a María Castilla y decida
de inmediato que entre nosotros reina extrema confianza.) En el avión, no nos
dan nada de comer. Son las 13.20, hora argentina. Me pregunto qué huso horario
manejará esa gente: indudablemente otro que no es el del hambre de los pasajeros
que no son de primera clase; ellos se la pasan degustando manjares y bebidas. Me
consuelo escribiendo.
Finalmente, nos traen algo de comer. Son las dos menos veinte. La bajada a
tierra es la posibilidad de ver una explosión alucinada de verdes intensos y
abigarradas aglomeraciones de viviendas. Ya en el aeropuerto, distingo un cartel
que nos nombra. Allá vamos.
Con el chofer que nos vino a buscar aprendo las diferencias entre busetas,
buses, colectivos (más chicos), que las carreras corren paralelas a las
montañas, al contrario de las calles, que Colpatria, un edificio recostado
contra las montañas es el edificio más alto de Bogotá (parece una torre gemela
huérfana).
Nos recibe en el hotel María Castilla, con casi quinientos mil pesos colombianos
para gastos (unos 40 dólares por día) y dos bolsas del Congreso de Lectura con
materiales. Yo la hacía de 50 años por los mails: es súper inteligente y
sensible, de apenas 26... Nos alojamos en el Hotel de la Ópera, en el centro
histórico, La Candelaria, un emplazamiento desde donde divisamos los tejados y
escuchamos las campanadas de la iglesia. Se respira el pasado. En la habitación,
Fundalectura nos ha dejado una canasta con todo tipo de frutas, algunas
desconocidas. Después averiguaré nombres: curuba, lulo, algunas especies de
cerecitas naranjas envueltas en su propia hoja y otras conocidas. Cenamos en el
restaurante del cuarto piso.
*
Vamos a dos colegios. Llueve esta mañana, aunque no tanto. El primero en
noroccidente, el Agustiniano de Ciudad Salitre. Parece Puerto Madero por ocho, a
lo ancho y a lo alto. Súper cachetudo. Cristal, hormigón, auditorio (tipo teatro
San Martín de Buenos Aires). La zona Norte. Me reciben en el teatro (sala
Casacuberta del San Martín) con el himno colombiano, una representación hecha
por los alumnos y el juramento de fidelidad a la lengua.
Serán doscientos o más. Desde el estrado no distingo las caras Bravísimos.
Preguntas lindísimas. La primera, de una chica: "¿Qué haría usted en una
situación semejante a la que se encontraran los protagonistas de la novela?"
Explico que eso carece de importancia, que lo importante es lo que haga ella,
que no tengo recetas, ni quiero dar lecciones, que cada uno debe encontrar sus
respuestas. Una chica dice que ella es María del Carmen (se ha identificado
plenamente). Otros derraman mieles sobre mis oídos. Les hablo de la violencia y
del abismo a que conduce. En un momento y ante alguna cuestión que enfrenta
puntos de vista les leo algo de Neruda:
...y me dirán: "-Aquella / que tú amas, / no es mujer para ti, / ¿por qué la
quieres? Creo / que podrías hallar una más bella, / más seria, / más profunda, /
más otra, tú me entiendes, mírala que ligera, / y qué cabeza tiene, / y mírala
como se viste / y etcétera, y etcétera." / Y yo en estas líneas digo: / así te
quiero, amor, / amor, así te amo, / así como te vistes / y como se levanta / tu
cabellera y como / tu boca se sonríe, / ligera como el agua / del manantial
sobre las piedras puras, / así te quiero, amada. / Al pan yo no le pido que me
enseñe / sino que no me falte / durante cada día de la vida.
Alguna de las autoridades me hace saber que muchos alumnos quieren que repita
los versos y lo hago. Agradecimientos por todos lados, tanto que el Rector, un
cura, ya en confianza, me cuenta cuentos de argentinos. "Una oración católica
dice: "Sagrado corazón de Jesús, en ti confío". Los argentinos la modificamos
así: "Sagrado corazón de Jesús, confía en mí".
Averiguo que los bogotanos son rolos y los calentanos son los de tierra
caliente. En el viaje de vuelta, una promotora me cuenta que oyó que tres chicas
se quieren casar conmigo...
Vamos a la escuela Santa Teresa de Jesús. En el viaje, las promotoras contestan
como muchos colombianos: "¡Sí, señor!" como forma de afirmación absoluta. En el
colegio me reconocen y me reciben chicas de 11,12, 13, que me parecen medio
menores como para haber leído la novela. Grave error. Es un colegio no tan
importante como el otro; igual, de primera. Y todas son mujeres. Se me cuelgan
de todos lados (la monja, no). Yo las estimulo, naturalmente, es un manantial de
risas que me rodea todo el tiempo, farra pura, recién nos conocemos y ya, se
sacan fotos, les firmo los libros a montones y comienzan las preguntas. Para
qué. Me obligan con placer a pensar, a meterme en mí mismo, a recordar episodios
enterrados. Tienen bien en claro los prejuicios, las dudas, el amor. No
terminamos de despedirnos. Hasta las promotoras, que han asistido a las
presentaciones en los colegios, dirán en Norma refiriéndose a mí: "¿Cuándo
vuelve"?
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Presentación de Mario Gelati. Caseros, 4 de junio de 2005
Eduardo Dayan
elsuspirante@yahoo.com.ar
Los textos breves y elocuentes mantienen desde
siempre una relación amistosa con el hombre. Populares o letrados, lo han acompañado
perseverantemente en sus distintas variantes y en las
diferentes culturas. Funcionan generalmente como
variedades de las formas tradicionales de la literatura,
aunque sus límites no siempre son precisos.
Un recorrido por las
tradicionales formas de la brevedad, esa muestra de la anónima
sabiduría nacida en el pueblo, que son los refranes, muestra cómo se aprovechan
su estructura escueta y su ritmo para formular experiencias contradictorias,
pero válidas para diferentes ocasiones.
Se sabe: los refranes
son aplicables a situaciones antagónicas sin menoscabo de su efectividad,
igualmente sinceros, directos, ceremoniosos:
“Al que madruga, Dios lo ayuda”. “No por mucho
madrugar amanece más temprano”.
Los aforismos
muchas veces son de un cinismo corrosivo o de un pesimismo desencantado. "En
los celos hay más amor propio que amor", dice el pensador alemán del siglo
XIX Friedrich Hebbel. “La liberalidad no es, las más de las veces,
otra cosa sino el nombre con que se designa la vanidad de dar”, asevera
el duque francés La Rochefoucauld.
Contemporáneas formas poéticas o prosísticas, no
se limitan a la ocurrencia
brillante que busca deleitarnos con su ingenio. Sentenciosos o creativos,
todos buscan explorar los móviles de la conducta humana para agrandar el
conocimiento de la condición humana. A veces es una mirada
comprensiva del prójimo: “La elegancia es una cuestión de esqueleto”,
afirma y busca el reconocimiento de su concluyente afirmación el aforista
italiano conocido con el seudónimo de “Pitigrilli”.
Los Breves de Mario han de añadirse a la vasta colección de formas
breves que conocemos:
refranes, aforismos, paradojas, máximas, proverbios, sentencias, apotegmas,
epigramas, apuntes, adagios, notas, humoradas, locuciones, ocurrencias,
caprichos, greguerías, fragmentos filosóficos, instantáneas líricas, ocurrencias
de todo tipo.
Algunas le son muy cercanas a nuestro escritor y merecen recordarse: una de la
década del treinta, que aparece en la Antología del disparate de 1934
escrita por Francisco Ortiga Anckerman, el popularmente conocido como “Pescatore
di Perle”.
Allí aparece comentada una información de la revista
Para Ti, del 30 de agosto de 1927. La noticia era esta:
Shakespeare era muy amigo de un vecino muy avaro y, ¡cosa rara!, poeta también.
Habíanse prometido que el que muriese primero haría el epitafio del otro.
Y la observación, inevitable: Imaginad el dilema
del que murió primero: no pudo mantener su palabra.
Otras son muy posteriores. Como las de un poeta
de un poeta de estirpe de poetas: César Fernández Moreno que crea una
nueva categoría: el ambage a partir de la consabida frase de decirlo
sin ambages (sin rodeos). Su creador, apuesta a la variante poética:
las dos manos me dejaría cortar
por saber tocar el piano
Colón descubrió América por la
cintura
el sustantivo cerveza exige el
adjetivo otra
que importa no tener agua
lo malo es no tener sed
si has de resbalar
hijo mío
que sea por pisar fuerte
una pipa es un mate que se ceba
con fuego
Cuidar una hoguera significa
ayudarla a que se queme
el hombre generoso
destapa la botella y tira el corcho
Y ahora, afines y diferentes, los Breves de
Mario. ¿Dentro de qué rama de la literatura sino dentro de las formas de
la brevedad incorporar este libro, deslindando su prosapia, entendiendo su
estirpe, admitiendo su linaje.
La lectura de los Breves de Mario no dura no más de un minuto. No parece
que pueda decirse demasiado, salvo que se advierta que un minuto puede
ser una eternidad para unos, un instante fugaz para otros. Es mucho para:
-Una madre que está en proceso de parto esperando que su hijo nazca “dentro de
un minuto, señora”.
-Un buzo que está en el fondo del mar al que se le acabó el aire.
-Un periodista de televisión que está en directo y se quedó sin libreto.
-El dueño de casa que llama a la policía porque lo están robando en su casa (“en
este momento las líneas están ocupadas y no podemos atenderlo... un minuto, por
favor...”. )
-El minuto en el que suena el teléfono, el tipo se pega con la pata de la cama,
vuelca encima el café caliente, rompe la taza, mancha la colcha y cuando logra
contestar le preguntan: ¿Con el Pami?
El primer aforismo de la historia fue escrito por
un médico, Hipócrates y decía: “La vida es corta, el arte largo, la ocasión
súbita, la experiencia engañosa y el juicio difícil”.
Si la vida es breve, ¿qué mejor que leer los
Breves de Mario? El sinsentido, lo contradictorio, el choque, la sacudida la
fricción del encuentro inesperado o testarudo de las palabras y sus múltiples
significados, abonan el terreno de los inesperados textos de Mario Gelatti. Ante
ellos sólo cabe estar alerta, acomodándose con agilidad mental a situaciones
inesperadas, sorpresivas, paradojales. Siempre es relación, semejanza,
contraposición, sorpresa.
Y todo se puede apreciar en la inesperado colisión generadora de las
previsibles palabras que, a partir de hoy, deberemos vigilar al emplearlas.
Porque el uso habitual ya no garantiza nada. Los estereotipos mentales, los
clisés, lo invariable, ya sentimos que nos aprietan demasiado, nos limitan, nos
confinan, nos circunscriben a moldes que resultan apretados para nuestras vidas.
Quebrar los órdenes de lo previsible nos permite, para decirlo brevemente,
aumentar la capacidad de asociación que genera el desorden de las
posibilidades, acrecienta el trabajo neuronal
de cada lector, obliga a leer en estado de alerta, atento a lo
imprevisible y al juego. Mario se pregunta como Julio Cortázar: "Si le regalamos
al lector imaginación, creatividad, ideas y sentimientos, ¿por qué hemos de
evitarle trabajo?
Así circula Mario Gelati, con la mente interesado a todo y a nada, la
mirada y el oído atentos para recibir a lo asombroso que pasa ante nuestros
ojos. Así construye una novedosa máquina de imaginar que, más allá de las
travesuras o las picardías del lenguaje, está siempre vigilante, con la mirada
divergente, con la falta de conformidad con lo establecido, asumiendo la dura
tarea de entender al prójimo.
Mario no está solo. Por todos lados, también en
las ciencias surgen otro Marios que resumen con humor el pasmo, el asombro ante
el mundo. A la manera de Jorge Wagensberg, director del Museo de la Ciencia de
Barcelona, que para referirse a que hay muchas más maneras de no ser que de ser,
consuela de esta manera: Lo lamento, hermano: de poco te sirvió llegar
segundo en aquella memorable carrera de medio millón de espermatozoides.
Como explican los prologuistas, Roberto Surra y Graciela Montenegro
es meritorio por demás que
un ingeniero hidráulico sea el que nos instale en un universo
humanístico. Y sin hacer agua en sus formulaciones, agrego inevitablemente.
Y los breves apuntan sus dardos hacia todos lados, porque nada de lo que
es humano les es ajeno. Y dice Mario con humor:
El transporte ferroviario no parece ser tan buen
negocio, porque los trenes están siempre en la vía.
También la creación de palabras es una constante:
Durante el invierno, los titiriteros
titirititan de frío.
O ejercicios impecables de Lógica:
—Señor—dijo el empleado—. Tengo que informarle
que el señor López no vendrá hoy a la oficina. Se ha caído de la escalera y
guarda cama.
—¡Caramba!—comentó el jefe—, cuando yo me caí de
la cama no pensé para nada en guardar escalera.
Y siempre la ironía:
Al que madruga, Dios lo ayuda... Señor, no me
ayudarías lo mismo aunque me levante un poco más tarde?
El ojo del amo engorda el ganado. Nunca pude
entender que el amo pague tan alto precio para engordar sus animales.
Todos los genios son distraídos... Es cierto,
pero no te entusiasmes, ¡la recíproca no es cierta!...
O los breves, muy breves:
En la ciudad de Colonia, toda el agua corriente es perfumada.
O la reflexión sobre las formas del
autoritarismo:
Aquel general cargaba innumerables culpas sobre
su conciencia, pero fue beneficiado por las leyes de Punto final y de Obediencia
Debida. Atormentado por los remordimientos decidió ir al Oriente y refugiarse en
un monasterio budista. Allí, en un ambiente de profundo recogimiento, encontró
el punto final para sus tormentos y experimentó un cambio de vida: se olvidó de
la Obediencia Debida para someterse a la Obediencia de Buda.
O las perlas que le ofrecen a manos llenas los
vendedores que circulan por los medios de transporte:
En el tren, un vendedor ofrece una pistola
eléctrica para soldar todo con una barra de silicona, y explica que la
silicona es un líquido sólido y transparente.
O los golpes de la vida que obligan a arrugar, aquí o en España:
Hasta los más experimentados pilotos de las
principales líneas aéreas, cuando tienen que aterrizar en Madrid, se van a
Barajas.
Humor sí, pero también una mirada breve y
profunda a sus extraños semejantes. A Mario le queda un largo camino en la
creación de nuevas formas breves: la búsqueda de gazapos en diarios,
revistas, radio y televisión, la creación de minicuentos, aforismos,
y cuantas variantes de la brevedad conozca y se le ocurran. Las esperamos
con ganas, porque los breves, si buenos, dos veces breves, afirma Mario
parafraseando a Gracián.
También aguardamos más
breves. Porque vecina en el diccionario entre
breva y brindis, la palabra breve es ahora consustancial a
Mario Gelati. Por su primer fruto de la higuera, brindamos. Sus breves
son tan estimulantes como los que todos escribiremos esta noche, a solas, para
despuntar el vicio de la literatura. Y para recordar al autor, para quien parece
haber sido escrito el poema de Armando Tejada Gómez:
Hay gente que con sólo decir
una palabra / enciende la ilusión y los rosales; / que con sólo sonreír entre
los ojos / nos invita a viajar por otras zonas, / nos hace recorrer toda la
magia. / Hay gente que con sólo dar la mano / rompe la soledad, pone la mesa, /
sirve el puchero, coloca las guirnaldas; / que con sólo empuñar una guitarra
/ hace una sinfonía de entrecasa. / Hay gente que con sólo abrir la boca / llega
hasta todos los límites del alma, / alimenta una flor, inventa sueños, / hace
cantar el vino en las tinajas / y se queda después como si nada. / Y uno se va
de novio con la vida / desterrando una muerte solitaria / pues sabe que a la
vuelta de la esquina / hay gente que es así, tan necesaria.
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Un poco tierra y un
poco agua y un poco viento
Eduardo Dayan
elsuspirante@yahoo.com.ar
presentado en el Primer Encuentro Provincial de Narración Oral
“Celebración de la palabra, la palabra viva, la palabra-imagen”
Es difícil decir algo sutil, atinado, seductor,
en esta época, en este lugar y ante tan florido auditorio, para peor frente
a numerosos contadores de cuentos o potenciales narradores de historias. Sin
embargo no crean que me voy a achicar: aquí estoy y si se cuadra,
también me pongo a contar, porque parafraseando a Martín Fierro (estamos en
tierras de la provincia de Buenos Aires) no me hago al lado de la güella
/ aunque vengan degollando, y dende que todos cuentan / yo también quiero
contar. Aunque, les soy franco, yo soy letrado, pero igual que los
cuenteros populares, que no le eran, que tenían otra sabiduría, también como
ellos: yo he conocido cuenteros / que era un gusto el escuchar, / mas no
quieren opinar / y se divierten contando, / pero yo cuento opinando, que es
mi modo de contar.
Y ahora, obvio, les cuento una
vieja historia:
El diablo vino un día a la Argentina y
comprobó indignado que se encontraba entre gentes que aún creían en el bien.
Lo indignó ver que las personas vivían relativamente calmas y hasta se
pensaban felices y esperanzadas. ¡Incluso sostenían la palabra empeñada,
valoraban el esfuerzo del trabajo, aspiraban a un futuro mejor para sus
familias! Entonces decidió aplicar sobre ellas sus demoníacas artes y sedujo
a la multitud con sus palabras. La muchedumbre lo adoró, e inclinó su cabeza
ante él. ¿Qué era lo que más ambicionaban?, quiso saber. “Nosotros queremos
ser salvados, pero más queremos salvar a nuestros hijos, evitarles la
condena de la ignorancia”, gritaron frenéticamente: “¿qué debemos hacer por
ellos?” “Yo les daré la manera de redimirlos”, fue la respuesta. Y les dio
la fórmula: “El niño ama la naturaleza: enciérrenlo en salones cerrados. El
chico ama jugar: háganlo trabajar. Una criatura disfruta cuando su actividad
sirve para algo: traten de que su trabajo no interese para nada a
nadie. Quiere moverse: oblíguenlo a permanecer inmóvil. Un chico”, dijo, “se
regocija al manipular los objetos: pónganlo en contacto solamente con ideas.
Goza al hablar: fuércenlo al silencio. Valora razonar: háganlo memorizar
todo como norma. Celebra poder investigar: dénselo todo servido. Quisiera
apasionarse: impídanselo. Aprecia la apertura al mundo que le proponen los
cuentos. Oblíguenlos a reconocer que lo importante en un texto narrativo es
diferenciar núcleos de catálisis e indicios. Saborean las palabras que
simplemente dicen, ensénenselas grandilocuentes, pomposas, solemnes,
campanudas. En fin, un chico busca conseguir confianza en sí mismo: impongan
en su conducta la obediencia ciega”. Así dijo, y de esa manera hicieron.
Poco a poco el régimen dio sus frutos. El demonio la disfrutó: los
hombres habían creado la escuela tradicional.
La escuela tradicional, se dijo y se rió con ganas el Maligno,
que no enseña ni educa.
Años después el diablo volvió a la Argentina.
Asombradísimo vio que, pese a todo, increíblemente, contra todos sus deseos,
los destinatarios de sus mandatos, mal o bien, habían logrado remontar
la condena de la incultura a la que los habían castigado. Sorprendentemente,
habían aprendido. La realidad de la vida se había impuesto a sus
desdichadas enseñanzas.
Al pobre diablo se lo vio lo vio vagabundear,
más que inquieto, impresionado, siempre inexpresivo, por la capital y por
las provincias. “¿De dónde mi fracaso?”, se cuestionaba. Interesado,
curioso, anduvo y anduvo. Fue entrelazando y anudando hilos para entender la
experiencia peculiar de ese extraño pueblo. “¿Vas a destruirlos,
finalmente?”, le preguntó su demoníaco secretario. El perverso ya
había entendido y sonrió. “Curiosamente”, reflexionó en voz alta, “a esta
gente, les gusta demoler lo poco que consiguen”, abrió su mano al espacio
infinito, “todo lo desvanecen en el aire...”. “¿Entonces no vas a
derramar lluvia y fuego para arruinar la Argentina hasta que sea cubierta
por las aguas, abrasada por las llamas y toda su gente exterminada?
“¿Para qué habría de esforzarme?...”. Dejó inconclusa la respuesta; se dio
su tiempo de silencio para crear un clima de espera, y entonces remató con
ganas su conclusión: “De eso se encarga ya la
Ley Federal de Educación...”.
Cuando una sociedad se corrompe, dice Octavio
Paz, lo primero que se pervierte es el lenguaje.
Hoy se nos llena y llenamos el éter de
palabras vaciadas de significado, dichas irreflexivamente o no. Ellas
parecieran transitar los caminos previsibles y pautados
o imaginables de la relación estímulo / respuesta.
Empleadas para la resignación, las
palabras que buscan imponerse en la sociedad insisten en desmoralizarnos
y nos denuncian. Así, se toma naturalmente el desguace de
significados, a lo sumo se lo toma con una presunta ironía: ¿Cómo una
persona tan incapaz está a cargo de la atención al público? /
Y... es lo que hay... / ¿Qué pasó? / Lo asesinó, pero mal
(¿Hay otra manera de realizar un crimen que mal?, se pregunta uno) /
¿Cómo estás? / Sobreviviendo... / Entonces ¿todo bien? / Todo
bien... / Pero, ¿qué pasó? / Nada... le estropeó la vida, se fue con
otro, le vació la casa, le embargó todos su bienes, pero bueno, que
agradezca que tiene trabajo... (¿Nada? Parece todo lo contrario... Y es
obvio que el trabajo no se agradece porque es un derecho y los
derechos deben ser ejercidos y no suplicados). Estuvo doce horas sobre el
asfalto desangrándose delante de sus hijos, pero ya se murió... / Bueno,
ahora me quedo más tranquilo... Que los huérfanos se pongan las pilas, bajen
los decibeles y trabajen a full, hay que apostar al futuro.
Sé que estoy exagerando y no todo es así, pero a
efectos ilustrativos diré que estos grupos de palabras vueltos fórmulas
rituales sirven para mantener el statu quo. Perdido el rumbo, ya
no se distinguen, como diría Machado,
los ecos de las voces. A lo más que se atreven los habladores es a
describir la patética conspiración que impide otras
posibilidades: “¿Sabés lo que pasa?”. No, no sé, pero ya puedo
adelantarles mi respuesta: “Hay algo que no me cierra...”.
Siempre que los significados sean
compartidos, nombrar las cosas permite
reconocerlas. Ocurre que, como en la historia con la que comencé mi
exposición, la realidad no cede, desmiente las palabras vacías y nadie puede
asumir como propio los floricientos discursos de la inmovilización
que, eso sí, buscan adecuarse a la normativa vigente.
Si de verdad se quiere operar una
transformación del mundo, en contra de lo que se supone, hay que insistir
en el recreo permanente. Claro que recreo en el sentido
etimológico, en el sentido de volver a crear, que es volver a
creer. La escuela actual, con la que tantos se llenan de palabras la
boca, es víctima de los prejuicios pesimistas, de las rigideces de los
bancos escolares alineados y fijos, de los horarios fijos e inamovibles, de
cuanto intente cambiar el orden establecido, el de que no hay nada que
señale los indicios de que
hay vida después de la escuela.
Hay que reconocer, para liquidarlas, las
palabras que desgastan conceptos hasta no significar nada. Algunos aseguran
que no es posible hacerlo, explican que no queda otra.
Mentira, claro que queda otra, y muchas otras posibilidades, tan cierto como
que también hay vida inteligente en este planeta.
Frente a la proliferación de tanta palabra fofa
que ensalza las bondades de la situación actual que todos vivimos, lo que
cabe es preguntarse: Si según los discursos de los funcionarios todo está
tan bien, ¿por qué todo está tan mal? Es que realidad insiste en
no acomodarse a los deseos, no se ajusta a las palabras.
Según informa el diario “El día” del 25
de agosto en la EGB de 7 y 32 la Vicedirectora de la Escuela advirtió que
debido al estado de abandono del edificio escolar —no había luz, los techos
eran un cielo abierto por la persistente lluvia—, los padres debían hacerse
responsables de la seguridad física de sus hijos si se animaban a dejarlos
allí. La historia ganó la calle y la prensa. Los trabajos se iniciaron de
apuro, igual que años atrás los casamientos de chicas inesperadamente
embarazadas. La Vicedirectora se salvó: no perdió su puesto bajo condición
de que no hablara con nadie...
Independientemente de esto, en los edificios
destinados a la enseñanza, ¿qué lugar merecen en la consideración los
espacios que ocupan las personas que trabajan o estudian? ¿Está jerarquizada
la biblioteca como centro irradiador de ideas, como foco significativo
de la actividad escolar y ocupa un área importante porque ofrece atractivas
cosas distintas de las que se encuentran en casa? ¿Hay debates, coros,
recitales, fiestas, bailes, espectáculos, muestras? ¿O lo único importante
es que nada se mueva? ¿No era que el eje de la actividad escolar era la
lectura? ¿No le compete al Estado garantizar el derecho a la lectura, por
medio de la creación de bibliotecas, salas de lectura y escuelas adecuadas?
¿No le incumbe la formación y remuneración adecuada para los profesionales
comprometidos en la tarea y el estímulo a la creación intelectual, cultural
y científica? ¿Para cuándo una Editorial estatal ajena a los cantos de
sirena del lucro perpetuo, el monotributo para los creadores y los impuestos
para los libros como si fueran artículos suntuarios?
¿Qué comentarios puede merecer lo sucedido en la
EGB “Dardo Rocha”?: “No se puede creer...” “Y, ¿qué querés? Es la
Argentina...”. Después, en el próximo discurso del increíble festejo
celebratorio del llamado Día de la Raza
alguien dirá: “Estamos aquí reunidos...” ¿Re–unidos?Re-separados,
sería mejor decir... Evitar la experiencia de un baño de realidad es
condenarnos a la irrelevancia.
Ya nadie piensa que hay una sola versión del
pasado que deba solemnizarse, celebrarse, añorarse, porque era un tiempo en
que no había disputas ni conflictos. Parche sobre parche y parche,
conviven entre nosotros dos narrativas heterogéneas e injuntables:
las de los que proclaman las bondad del sistema y las de los que la padecen.
Así estamos. La psicogénesis
explica que se aprende de los errores: mal leída en la Argentina se entendió
que se debe persistir en el error. Entonces se dan respuestas a
preguntas inexistentes y lo peor, con un vocabulario ajeno a la verdad que
se vive, siendo que
la ética de las palabras
consiste en hundirlas en la realidad buscando modificar el presente con
vistas al futuro.
En educación el pasado pertenece al recuerdo, y
no para ser añorado. Sin embargo, todo el tiempo se estimula lo imposible,
lo inoperante, lo supuestamente inocuo, el volver a un ayer donde cada uno
ocupaba su lugar, y se ensalzan desde los medios masivos un tipo de
enseñanza que se puede resumir en esta frase: “Hay que volver a
Patoruzito”. Lo dice la publicidad dirigida a padres y docentes de
un canoro diario de la mañana de amplia difusión: las revistas que lo
acompañan en los quioscos, este mes traen dos sorpresas: cursos de
capacitación para docentes con el cebo del puntaje y la incorporación de un
nuevo "compañero" en las láminas y actividades de cada mes: “el entrañable
Patoruzito”.
Si el héroe nuestro va a ser el después
latifundista Patoruzú, que si sé de dónde saca sus riquezas, o su amigo el
racista Isidoro Cañones, es posible que se imponga también la ética del
tío Patilludo y la estética de un mono con navaja.
Si yo viviera en los Estados Unidos seguramente
pensaría: Houston, tenemos un problema. Volver al pasado sin
hacer su crítica, no. Está claro que la lectura y lo que provoca en la
sociedad en esta área es un problema que excede los métodos de enseñanza y
se juzgar su importancia social, política y económica con todo lo que ello
implica.
Entonces lo que cuenta, las voces dichas y
escritas, con significado, vivas, emocionadas. El futuro no se gana con
las fórmulas degradadas del ayer, ni en con la diversión para que pase el
tiempo, mientras se lo va matando lentamente. Las palabras que importan,
como explica el poeta mexicano Paco Ignacio Taibo II: "donde Lenin falla,
Robin Hood es infalible".
Desde chicos, desde la escuela, se trata de que
se privilegie la palabra, lo que ellas guardan, porque en la historias que
se leen o se escuchan siempre se cuenta algo que rebota en la historia
personal del lector, porque siempre lo inusual subyace en lo frecuente, la
promesa de la espera, en la realización del prodigio. En la supuesta
literatura de baja intensidad que se estimula, ¿no se piensa en los
daños colaterales? ¿Dónde la introspección, la reserva, la emotividad,
el despojamiento, la respuesta a las preocupaciones para completar la vida?
En el cuerpo de las palabras están los anhelos
más profundos del existir humano. Más allá de las explicaciones y
conveniencias ellas crean emociones inéditas para el lector o para el
oyente, dan posibilidades de vida soñadas, posibles, incumplidas. Pero,
deben ser voces que transmitan la convicción de quien las dice, que lleven
el temblor transmisible que suscitan, el sentimiento de sueño que se busca
compartir, de maravilla y de extrañeza, ancladas en nuestro tiempo y en
nuestro espacio. ¿Y dónde si no desde la escuela empezar a poner el libro
en la conversación de las gentes?
¿Adonde va la escuela sino adonde va el país,
mas allá de las ocurrencias de los pedagogos de despacho? Y sin embargo en
las voces que nacen en las escuelas existe todavía una posibilidad de
salida. El esfuerzo de tornar real la irrealidad cotidiana nos ha encerrado
en una confusión ordenada, un círculo enfermizo, virtual, que se multiplica
sin realizarse nunca, una serpiente enroscada en el vacío. Como dijo
Leopoldo Marechal con toda la ambigüedad y riqueza de las interpretaciones
que provoca, “de todo laberinto se sale por arriba”.
Cuenta Eduardo Galeano:
“Los niños de Colombia, que antes se llamaban
gamines, ahora se llaman desechables, y están marcados para
morir. No hace mucho los desechables colombianos emergieron de debajo
de las piedras y se juntaron para gritar. La manifestación estalló cuando se
supo que los escuadrones parapoliciales, "los grupos de limpieza social",
mataban indigentes para venderlos a los estudiantes que aprenden anatomía en
la Universidad libre de Barranquilla.
Y entonces Buenventura Vidal, contador de
cuentos, les contó la verdadera historia de la Creación. Ante los vomitados
del sistema, Buenaventura contó que a Dios le sobraban pedacitos de todo lo
que creaba. Mientras nacían de su mano el Sol y la Luna, el tiempo, el
mundo, los mares y las selvas, Dios iba arrojando al abismo los desechos de
lo que le sobraba. Pero Dios, distraído, se había olvidado de la mujer
y del hombre, que esperaban allá en el fondo del abismo, queriendo existir.
Y ante los hijos de la basura, Buenaventura contó que la mujer y el hombre
no habían tenido más remedio que hacerse a sí mismos, y se habían creado con
aquellas sobras de Dios. Y por eso nosotros, nacidos de la basura, tenemos
todos algo de día y algo de noche, y somos un poco tierra y un poco agua y
un poco viento.”
Somos nosotros, también hechos de nuestras
palabras.
Y estamos y estaremos, los que lo son, los
que lo fueron antes, los que por siempre tenemos de estudiantes, para toda
la vida el corazón.
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