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02/09/2008 Silvana Haydee Tocci
Nacida y criada en Boedo
Hola mi nombre es Silvana Haydee Tocci, nací y me crie en Boedo hasta los 15
años y hoy, después de 30 años, lo sigo llevando en mi corazón.
Viví en una casona,
en Boedo 786, al lado de Banco Provincia y debajo de mi casa estaba la casa de
carteras Primicia.
Enfrente estaba el cine Los Andes, el bar Dante, en la
cuadra de mi casa había un colegio industrial que cuando yo era muy chica se
incendiaron unos talleres. Después llegó el colegio que hoy está.
Recuerdo a mis amigos, a mi colegio el Patricias Argentinas, mi lugar de encuentro con
los chicos y chicas Estados Unidos y Colombres, el bodegón de DON PANTALEON. Ahí
vivía mi amiga Eva Russo con su familia.
¿Saben? papá tenia un puesto en el mercado
de Independencia, tenía el puesto sobre Colombres: vendía vino, aceituna, aceite y
otras cosas todo suelto, mamá tenía una academia de peluquería en la misma casa
que vivíamos.
Recuerdo tantas cosas, sus calles. Mi primer novio, ROMAN SANTA MARIA, vivía sobre Estados Unidos a metros de Boedo.
Después de unos años nos mudamos a
EEUU 3857, frente a la fabrica de sidra La Victoria. Fueron años hermosos por mi
edad. Después papá cambio de rubro y de mercado, se fue a el mercado de Quintino,
tenía el puesto de la entrada, era de flores, por cierto las más lindas. Allí conocí
tanta gente linda: DON ARMANDO era el verdulero, su señora DOÑA MARIA, DON
ALBERTO era carnicero, ANA MARIA vendía ropa al igual que DOÑA MARIA, la fábrica
de pastas. Uhii!! tantas cosas que espero no aburrirlos pero creo que ustedes son
los únicos que me entienden el sentimiento que llevo dentro, por eso quiero dejar acá besos a mis amigos de esa
época: ROMAN (te llevo siempre en mi corazón), EVA
RUSSO, SUSANA MORINI, DANIEL GLADYS, GRACIELA GALFRASCOLI, MARIA DEL CARMEN
PEREYRA, ETC, ETC Y A TODOS LOS QUE HICIERON POSIBLE QUE ESTE CARIÑO LO LLEVE
HASTA EL DIA DE MI MUERTE (¿saben? mi familia tiene órdenes de que si alguna vez me
pasa algo, mis cenizas sean esparcidas en sus calles).
SILVANA, PERDONEN SI LOS
ABURRI

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23/06/2008 Ricardo Lopa
Te imagino Homero. TU PORTEÑA AÑATUYA Corregime si estoy equivocado. Te imagino en tu Añatuya, santiagueña
ella, que no es mía sino tuya. Veo un pibe, bien pibe, y un rrope, bien
perro, de ladero cómplice de travesuras. Ciudad ferroviaria, que te vio
nacer un 1º de noviembre de 1907. El silbo de tren, presagia la llegada del
hijo prodigo. En el medio de la pebetada, con cortos bancados por el
tirador, y de zapatos, te imagino, transpirando la musculosa en pos de la
pelotita. Tu físico derrochaba la opulencia, del que los que juegan porque
es el dueño del fútbol, ó porque la mueven bien, no hay tutía. Quedate
tranquilo, a vos, te manyo y te inserto entre los gorditos que la
escolaseaban.
Te imagino, en esas interminables tardes de lluvia, contemplando, ventana
mediante, el campo cada vez más “Verde Esperanza”, como adelanto de
nacimiento, justo al año de tu nacimiento y el mismo día, del club de tus
amores, allá en la porteña Pompeya, que va a ser tuya. Te manyo, piantándole
a los jovatos, buscando la complicidad del gomía, sí, el sapo que se te
aparece revoloteando en la laguna vecina, que acompaña, esperando el tristón
envejecimiento del día. De seguro, en rueda familiar, de mate en mate,
haciendo más llevadera la búsqueda de la luna que siempre está, y que asoma
para saludarte. La fichás, y parece decirte, salgo para vos, par iluminar tu
vida. Solo te queda añorar que amanezca, con melancólico dejo y soñar,
soñar. Toda tu vida fue un sueño del que algún días vas a despertar y
aparecerás de seguro, por Pompeya, Patricios y Boedo, el Sur de tus amores.
Barba, seguí soñando, dale, que tu sueño nos hace feliz.
“Noches, noches de mi pueblo,/donde los recuerdos salen a rondar, /Noches
llenas de fragancia/Noches de la infancia que no vuelven más.
Calles llenas de misterio/Donde están los sueños de juventud. /Luna, luna de
mi pueblo
Cuando me halle lejos, buscaré tu luz….
Noches, noches provincianas /Junto a mi ventana, maduré la fe. /Noche de mi
pueblo viejo /Siento que me alejo, que no volveré…. (“Noches Provincianas”.
Manzi-Piana)
Me doy cuenta y comprendo el amor imperecedero por Santiago, que acompañó tu
vida y lo volcaste en letras. Si hasta te imaginaste, el amor con delantal y
trenzas sueltas que no tuviste y le robaste en el sendero el sobe que no
fue. Volviste, lo buscaste, lo encontraste, y fue:
Llegabas por el sendero/Delantal y trenzas sueltas…./Volví por caminos
blancos,
Volví sin poder llegar…/Tristeza de haber querido/Tu rubor en un
sendero…/Volví por los caminos muertos,/Volví sin poder llegar. /Grité con
tu nombre bueno,/ Lloré sin saber llorar. (“Milonga Triste” Manzi-Piana)
El amor matinal inconcluso en tu “Añamía”, ese cariño por el terruño
primero, no ensombreció tu denuncia sobre la expoliación que marginó y sumió
en la indigencia a su gente, que es la “Tuya”.
“… Santiago del Estero es una víctima de la política del litoral; como
todas sus hermanas mediterráneas….Sostengo que su economía ha sido víctima
de la política ferrocarrilera y que el ferrocarril sólo fue a mi tierra a
sacar, sin dejar nada. Sostengo, también, que en cuarenta años de
explotación del monte, se produjo la decadencia terrible de Santiago…”
(1) (Poemas, Prosa y Cuentos Cortos de Homero Manzi. Corregidor. 1998. Mi
Visita, pág. 46)
No tengo dudas que tu infancia, con sus componentes, tiene la premonición de
tu barrio de tango, más campo que ciudad por aquellos tiempos, y que el
Pompeya ferroviario, poblado del misterio que su luna develará, buscando en
vano la del terruño que nunca olvidarás, tiene algo de tu Añatuya que de
cuore imaginás. Y que el barrilete ausente en Santiago, lo remontaste entre
tranway y tranway en Garay y Danel, del Boedo prepotente que se mete de
hecho como cuña entre San Cristóbal y Almagro. El cable de la luz de la
esquina, logística necesaria de la elevación, fue testigo del sueño
cumplido, que lo imaginaste en un tren volador con forma de sol, que llevaba
consigno la esperanza del pibe
“…Canto el ritmo del tren sobre los rieles,/acompañando una canción
sencilla/y tiro una pelota de papeles,/sobre el paisaje de la ventanilla./El
mismo sol con su calor intenso/recortando su cola en la barranca,/volverá a
ser un barrilete inmenso/remontado en el cielo de la pampa (2)
(Poemas, Prosa y Cuentos Cortos de Homero Manzi. Corregidor. 1998. Tren,
pág. 79)
Decieme si, la soledad y el ladrido de la Pompeya juvenil, no es otra cosa,
que la misma cosa, que el misterio del rrope de las sombras y la pagura que
brota de la soledad de las noches santiagueñas, amortiguadas por el amor de
padre y en el rrioba por el amor escondido en el portón.
Un ladrido de perros a la luna./El amor escondido en un portón./Y los sapos
redoblando en la laguna,/Y a lo lejos la voz del bandoneón. .” (“Barrio de
Tango” Manzi-Troilo)
“… Voy a sentir un silencioso miedo/después que el perro de las sombras
ladre/y haré otra vez de cuenta que me quedo/dormido en las rodillas de mi
padre (3) (Poemas, Prosa y Cuentos Cortos de Homero Manzi. Corregidor. 1998.
Tren, pág. 79)
Y no atrevas a desmentir, que el “farol balanceando en la barrera”, de tu
Pompeya es el tu Añatuya
“..Ya junto a una estación vendrá la noche/trayendo en ancas su olorcito a
pastos,/y el chirriar de las ruedas de algún coche,/que se va desbordando de
canastos./¡La candidez del alma que se asombra/recibirá el rigor de dos
ultrajes…!/¡El ojo de un farol que está en la sombra/y el pito que se clava
en el paisaje…! (4) (Poemas, Prosa y Cuentos Cortos de Homero Manzi.
Corregidor. 1998. Tren, pág. 79)
Y, el silbo del tren, que arrima a tu Boedo el viento sur de tu Pompeya ¿no
es sinonimia de compañía infantil de tu pueblo ferrocarrilero?, segurola, y
quizás, te apoliyes ‘Silbando’, anticipadamente, el tango con música de
Cátulo, que Pepe, indefectiblemente, letra le dará. Cátulo, que va a ser tu
amigo y ya conocés sin haberlo todavía manyado. Y él te conoce sin haberte
visto, y te espera, para ir juntos a caminar, ya mozos, Cochabamba al este
en busca del Comité de la octava de Oruro y 24 de noviembre. (5) (“Jauretche
y su Época…” pag. 261 .Galasso, N. Ed. P. Lillo.1985).
Y No me digas, que del Luppi del internado, al fichar por Centenera la
barrera y el farol balancéndose cruzando la diagonal de la Perito, no son
remembranzas de sensaciones misteriosas del piante de Añatuya del tren que
fue, y esperás que vuelva, para alguna vez volver, pues siempre está
volviendo, como vos Homero.
“Un pedazo de barrio, allá en Pompeya, /durmiéndose al costado del
terraplén./Un farol balanceando en la barrera/Y el misterio de adiós que
siembra el tren. (“Barrio de Tango” Manzi-Troilo)
Y tu Añatuya, fue tu Santiago que nunca olvidaste. ¡Qué tipo fiel a sus
raíces! A pesar de los pocos años vividos de purrete, que compensaste como
pudiste y cuando pudiste recorriéndola en profundidad ya mayor. Tu provincia
siempre está presente, como también lo está tu Sur. Y cuando el terruño
matinal te necesitó dijiste presente, “aquí estoy como hijo pródigo para
servirte”, claro, con lo tuyo y en lo tuyo, que fue y es la palabra
imperecedera.
Y Ante la extraordinaria sequía que envolvió a tu provincia a fines del 37’
principio del 38’, la palabra se transformó en denuncia, Que no fue
una “compaña de mendicidad”, como la calificó el fantasioso mosquetero
socialista que nunca llegó a ser cuchillero. Y denunciaste, pues
“hay que hacer llegar al pueblo todos los dolores concretos para que no
continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira de una prosperidad
que sólo se ve en los balances del puerto”
Y no te amilanaste y seguiste denunciando, aunque a la clase dominante y sus
aliados de derecha y de izquierda le retorciera la zapan. Sabías que les iba
a caer mal y le ibas a caer mal y que implicaba tu marginación en las
publicaciones que manejaban, y persististe de puro paisano corajudo y guapo
arrabalero. Conjunción, que muy pocos argentinos pueden exhibir con el
orgullo que vos exhibías.
“…Es necesario que los lectores vomiten de asco y de vergüenza frente a la
realidad de Santiago del Estero, provincia olvidada por la oligarquía y que,
como todas sus hermanas del interior, soporta desde que las instituciones se
centralizaron en el puerto desalmado y traficante que sólo se ocupa del
buscar su propia prosperidad en desmedro directo de la felicidad de todos,
una larga penuria, cuyo fin habrá de ser –tal vez- el fin de la vida
misma….”
Y fundamentaste tu posición, y vaya se la fundamentaste:
….Señalare algunos fenómenos irrebatibles: El paisano santiageño, de
espíritu sedentario, fue convertido en nómade, por la costumbre de ir detrás
del trabajo.. Fue arrancado de sus labores habituales, agricultura,
ganadería e industria menos, para ser enganchado al obraje…Fue alejado de
sus centros naturales, junto con su familia, privando con ello a los hijos
de educación…Se lo llevó a vivir en pésimas condiciones de higiene…Se le
estableció la ruda tarea del hacha no por jornada de horas normales sino por
tarea o rendimiento…Se le estableció la obligación de consumir en la
proveeduría del obraje…Se hacía el enganche de peones en los centros más
poblados, donde socios frecuentes de los comisarios compraban los brazos con
el adelanto de cantidades casi fabulosas para esa gente y que eran
absorbidos en pocas horas por el prostíbulo y el despacho de pésimas bebida.
La plata hay que gastarla adelantada, si total la pagan adelantada. Hay que
comprar con ella el alcoholismo, la venérea, la sífilis, que también son
manifestaciones del progreso…
Y propusiste y vaya si propusiste,
“Hoy, esa región tiene que desandar muchos años de civilización. Rehacer su
agricultura, crear su ganadería…. Vencer los intereses creados de los
pueblos fabricados en zonas antinaturales y acostumbrar a la población del
campo a comer, a educarse y a luchar contra el raquitismo, la tuberculosis,
la tracoma y las venéreas. A destruir la fama de haraganería que le hicieron
los que se enriquecieron con su trabajo…” (5 bis) (“Homero Manzi y su
tiempo” pag. 183 a 186 . Salas, Horacio. Ed. Vergara. 2007)
Te fuiste muy pronto y muy joven, querido Gordo. Fuiste un hombre que
acumuló la virtudes del rescate de lo santiagueño, de lo porteño, en suma de
lo nacional, cosa, que pocos argentinos se pueden dar el lujo.
Chau, nos vemos en El Japonés de tu esquina.
Ricardo Lopa
Boedo, junio 4 de 2008
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