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05/09/2006
Ricardo Lopa:
La de Constitución y el año de los paraísos perdidos
Estimada Mónica: Tratando de ser lo más objetivo posible, relaté parte de las
vivencias en mi 'escuelita' primaria de Boedo, de la cual hoy soy
docente en la 'secundaria'. Atte., te saluda Ricardo Lopa
La de Constitución y el año de los paraísos perdidos
Le cuento que el profe Ricardo, supo ser una vez Ricardito, y
como integrante de la familia boedense no podía escapar de la
primaria en la Escuela de Constitución, entonces Intendente Alvear.
Al pibe le laburaba el bocho; “voy a ir al colegio donde fueron
todos los muchachos grandes, que orgullo”. De la mano de mamá Elsa, y previo jopo engominado, obra de arte
de la abuela China, hace su aparición en el turno tarde, en aquel
glorioso año del Libertador General San Martín. Se lo ve bajando las
escaleras enfrascado en el delantal que hacía de guiaba de tan duro
que estaba. Testigo mudo es la foto familiar que por ahí debe andar,
que uno no se anima a desempolvar, será; ¿de puro nostálgico? ó para
que no deschave la falta de un par de molares. Aseguro que la
ausencia de los masticables inflacionariamente fue en aumento; con
la diferencia que ahora no se nota, bueno eso creo. ¿por qué el
recuerdo de la salida y no la entrada al colegio? ¿Será el alivio
lógico de la tensión del primer día ó que como a todos los pibes les
gusta más salir que entrar?. Aconsejo, para acertar, hay que jugarle
sin miedo a lo último. ¿Quizás no cuente nada en especial que no difiera de otro
cualquier inicio de clases de un pibe de seis años?. Nada distinto
por aquel tiempo, pero hay que recordar que efectivamente era el
primer día que pasaba unas horas fuera del hogar, pues minga jardín
de infantes ó las famosas salitas de la actualidad. Además hijo y
nieto único. Si hasta contrataron a un tipo con pinta de profesional
para que sellara el acontecimiento; ¡nene!, ya te empezaba a pesar
la mochila. Tercer grado, Ricardito porta la nacional, arrebatándole el
derecho consuetudinario a los de sexto. ¡qué tal! Era tan chiquito
que en el primer intento de ensartarla en el apoyo de la banda casi
sucumbe, ¿será por la Brancato que recargaba el elevado peinado de
moda? o seguramente por ser la nuestra la de más peso. ¡Qué orgullo!
Juro por Dios nuestro Señor que en lo posible hago lo imposible por
lo nacional, pero a veces me siento contramano en mi patria y hasta
en mi barrio. ¿Cómo, sos tangero? Y que corno querés si nací y vivo
en el Boedo de Homero, Julián, Cátulo, entre otros muchos, que no es
poco. Pobre Homero, el que eligió escribir letras para los hombres
en vez de ser un hombre de letras, si se viera encapsulado en una
esquina. Pero en realidad la culpa no la tiene la esquina, que
encima lo rescata, sino los hombres para los cuales escribió que no
lo leen, ni se preocupan por saber que el tipo que los eligió para
escribirles era algo más que una esquina.
¡Hay la bandera!. Confieso que doña Elsa, de vez en cuando, una
atención le enviaba a la maestra, pero doy palabra de honor, que el
nene a pesar de su corta edad, se negó en todas las ocasiones de
arrimarle personalmente el obsequio, no quita que llegara a destino
por vía materna. Grado va grado viene llegó el quinto, con Torraza, el primer
maestro varón.
Año jodido, como quien dice. Primero una gran decepción, no todas
son flores. Había clase de canto grupal. La profesora de música en
uno de esos días cantando la Zamba de Vargas, “vení Ricardito”,
primero el jopo rabioso y luego el nene sacando pecho, ”esta es la
mía”, “Si señorita”, “mirá , vos serás muy buen alumno pero en mi
clase tan solo mové los labios hacé que cantás pero no emitas
sonido, te libero. ¿qué habrá pasado en la mente de un pibe de 11
años, seguramente desentonaba, un rrope como quien dice?; la
cuestión que Ricardito tuvo la voz prohibida al igual que el pobre
Felipe, que cayó en el Pozo del que nunca pudo salir.
No pierdo el optimismo, que algún día de esos, me sorprendan en el
cole, violando la orden de la de música, cantando la Zamba de
Vargas, pero, con los retoques que le debe dar la otra historia a
los blancos bigotes del caudillo. Supongo que la señorita me estará
fichando desde el cielo y comprenderá. ¡Año complicado!. Era un día de esos que no se empardan, prueba
de lengua. Ricardito meta y ponga, nervios, baño, responsabilidad,
colegio, pizarrón, tema a la vista. Cuando apareció, tipo mediodía,
la salvación para los pibes y la muerte para muchos. Estruendos en
la calle, (“festejos no puede ser, pues lo único que le faltaría al
pobre Belgrano, que encima que quedó estacado en la Bandera, tiremos
anticipadamente cuetes por el aniversario de su fallecimiento”)
movimientos en el colegio. De repente el jovato, pucha si era la
primera vez que aparecía y trajeado el hombre. ¡pasará algo en
casa!. El temor individual se fue disipando al aparecer familiares
de compañeros, y pasó a ser colectivo. El retiro fue masivo. Ya en
la calle los confites continuaban con mayor intensidad en aquel
fatídico mediodía del 16 de junio de 1955. El rumor fue corriendo de
boca en boca, era la aviación naval, junto con algunos prestigiosos
civiles, que según se comentaba tratando de matar al presidente,
bombardeaba y ametrallaba al pueblo indefenso; o su verdadero
objetivo, según decían algunos mayores más serenos, era darle un
escarmiento a la masa popular último sustento del poder político,
¿vaya uno a saber?. La realidad fue que quedó un reguero de sangre
argentina, que es la única verdad.
¿Qué hizo Ricardito?. Que puede pensar y hacer un pibe de 11 años.
Primero abrir lo más grande posible los ojos y observar extasiado el
espectáculo que lo circunda. Como pretendiéndose alejar de la plata
de la avenida, aliado a la constitución que le enseñaron a respetar,
dejando atrás a los orientales y a Quintino el brasileño, aparece
Castro como escala previa a don Mariano, la encara, siempre con la
mano apretada de papá Antonio. Se dibujan en la mente recargada,
infinidad de camionetas de una empresa de productos lácteos de la
época que se apropian de la calle, desplazando ese día aciago el
monopolio de la Nena, si la yegua de Carlitos el lechero que lo
acompañaba en la recorrida de los clientes vecinos tan solo por un
simple silbo. Está de más aclarar que nuestro lechero iba a pie y la
pobre Nena le hacía el aguante a su manera, llevándole la carga
abastecedora de recambio. No me diga ¿qué de chico no le gustó ser
lechero?.
La presencia de vehículos se justificaba pues el edificio del
sindicato de los lecheros se encontraba un poco más allá de la mitad
de cuadra, tirando Justo para la liminar Pavón de la doblez . Al
rato nomás, se le agregan, unos cuantos camiones repletos de hombres
con palos y banderas argentinas, vitoreando al presidente. Por ahí
se escucha, “van a La Plaza a defender a Pocho”, “están locos, palos
contra bombas y metralla”.
Con el alboroto de los acontecimientos junianos, los viejos en un
momento dado perdieron a Ricardito que para no desentonar también
hizo travesuras, claro, menos atroces. En la confusión aparece en la
casa vecina de su amiguito Coqui que abarcaba toda la esquina
juntándose con nuestra Tarija. Inmensa; pero lo más preciado era LA
TERRAZA, no cualquiera la tenía, que va a hacer son lujos que se
daban los porteños del 50’, tener un lugar bien alto para contemplar
más cerca nuestro cielo. Para la ocasión el nene fue testigo de lo
que nunca hubiera querido ver; innumerables aviones que se lanzaban
en picada sobre el centro de la Ciudad de Buenos Aires, bombardeando
una y otra vez. La réplica se hizo esperar un poco, pero llegó y
llenó de fuego el panorama; eran bolas que iluminaban la tarde
oscura como queriendo que los habitantes vieran como se mataban
entre argentinos. Mientras se pudo, y lo fue por largo rato,
presenció como por su cabeza boedense usaban el barrio para efectuar
el radio de giro los revolucionarios para volver a atacar. Mientras
se pudo, porque tipo media hora apareció mamá Elsa al rescate.
Descifrar su expresión al día de hoy es un enigma, mezcla de alegría
por el hallazgo y de azorada porque no podía creer que su Ricardito
se le hubiera piantado provocándole la angustia que solo ella sería
capaz de experimentar. La vieja era tan piola, que hasta me dejó el
tiempo necesario para que fuese testigo calificado del horror de
aquel día aciago de junio del 55’. ¿Cómo siguió la cosa?, escuchar, escuchar; a los viejos, la radio
en su apogeo. “Se rajaron a Montevideo”. Pucha empezaron a brotar
dudas, preguntas; ¿esto no es la ficción de las películas yanquis de
moda? Era la cruda realidad. Muertos en serio. La cosa venía fulería.
“uno se amasijó” evidentemente no era el muchachito, que minga va a
morir. ¿Tomó consciencia?. El pibe no alcanzaba a comprender ¿por
qué eran recibidos como héroes en la vecina orilla? ¿daba para tanto
la cosa? ¿el odio, justifica lo injustificable? Fracasada la revoluta, el invierno del 55’ llegó sin muchas
ganas, llevaba demasiadas muertes de argentinos a cuesta, hubo que
pasarlo, el frío se hizo sentir con mayor intensidad que otros años,
hasta le diría que con algo de nieve en julio, parecía que la
huesuda lo acompañaba en el duro trajinar en busca de las flores de
primavera.
Acercándonos a la nueva estación, se conmociona nuevamente el barrio
¡renunció el presidente! La recidiva del desfile en apoyatura del
líder. La cuadra lechera cambia los palos de junio, por bandera y
bombos en apoyo a su hombre. La tragedia toma otra cara, se nota en
los rostros de esos hombres el fervor ingenuo del amor sin
condiciones, a pesar de las imputaciones de maniobra política del
hecho en que se involucran.
El agosto 31 de la renuncia y del cinco por uno ya es pasado,
mientras a Ricardito se le pronuncian sus vellos juveniles, la
primavera es reacia a imitarlo y decir presente. En sus
proximidades, la sensacionalista radio Colonia anuncia un nuevo foco
revolucionario tantas veces amagado y esta vez no desmentido;
Córdoba. Esa noche del 16 de setiembre, la novedad; reflectores
sobre el cielo boedense que si bien decían que buscaban aviones que
nunca aparecieron, para los pibes del barrio era un chiche nuevo,
descubrir estrellas que jamás hubieran podido reconocer sino por
culpa de la incipiente revolución. ¡para algo sirvieron!. Otra vez
la sensación horrible e imborrable del bombardeo y la metralla.
¿será posible?. Noches frías, heladas por lo temerosas, ¡recuerde
viejo que el que bombardea y metralla una vez! . La amenaza de los
buques de la armada sublevada era cierta, los pibes del barrio nos
preguntábamos ¿llegarán los refucilos hasta Boedo? ¿se dice que
tienen alcance hasta Liniers? ¡Será verdad!. ¿nos visitará otra vez
la parca? El presidente no les dio ocasión de probarlo, renunció y
se tomó el piro al Paraguay. Para muestra vale un botón.
Ese año, los porteños no abrimos la ventanas a la vida. La primavera
no pasó por Boedo, los árboles angustiosamente recién brotaron
tenuemente llegando el verano, el odio impidió el normal
crecimiento. Fue el año de los paraísos perdidos. Ricardo, sube como unos muchos cuantos años atrás las escaleras
del ahora el secundario Comercial 22, y le confieso, gracias a Dios,
sin dificultad. Me están esperando mis alumnos a los que todos los
años, indefectiblemente, les cuento la experiencia primaria del 55’,
en realidad dudo si el relato es para ellos o para mí. Bueno que más
da, es indudable que aquel fatídico año se archivó en la mente de
Ricardito y cada tanto reaparece como un virus imposible de borrar.
Boedo, año lectivo de 2006 |
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- 02/08/2006
Ricardo Lopa AL GASÓMETRO DE MIS RECUERDOS
Sábado, audición, preocupación extra-escolar mañana jugábamos en
el Gasómetro, parada difícil, como quien dice. Setiembre ventoso, noche nublada ¿lloverá? Quería ir a jugármela,
porque yo también me creía parte del asunto. Sabe, cuando se es niño
uno se la cree.
El viernes por la noche, Cacho, el inolvidable, anunciaba la
formación del equipo, previa verba florida de Julián. En las finales del morfi dominguero timbre, es Coco el vecino
apurándonos para ir a la cancha. En realidad yo estaba presto desde
el viernes pos Cacho, vea como concentrado a la par de los
jugadores, abrigadito para no resfriarme, no ir a la casa de ningún
amiguito cuestión de no trasnochar, pero el viejo Antonio estaba en
otra, era medio lenteja, será que le llegaba menos o ya no se la
creía, me inclino por lo último “nene no te hagas malasangre, no ves
que el fútbol es un negocio que lucran unos pocos con el sentimiento
de muchos”. No obstante persistía. Por fin saldamos la morosidad partimos, mano apretada del papi,
como queriéndome decir, vamos compartamos la fiesta. Como cada
quince días, ah me imagino que sabe que el domingo además del día
del Señor era el del Fútbol, Castro, Pavón, Mármol, Garay, Muñiz y
ahí estaba con entrada y gimnasio nuevo a partir del ’50, año del
Libertador General San Martín. Socios, inclusive Ricardito. Para asegurarme me colocó en la
platea baja oficial de los pibes. Se ve que el viejo no manyaba los
códigos futboleros En realidad comenzó a frecuentar el Gasómetro,
cuando casorio de por medio, ancló orgullosamente en Boedo, barrio
proletario y culto por ese entonces, y cuando el pibe le dio la
excusa de mandarse. Pero al pobre papi le habían ganado de mano,
copado la parada, el nene ya profesaba otros colores, pero nobleza
obliga, se la bancó intentando una leve contraofensiva, yo también
aguanté, no me costó mucho. Penal, el payo, gol, grito con el alma. Cuando deposito los pies
en la tierra, tres o cuatro pebetes de mi edad, me insultan e
intentan algo más. Nunca fui guapo, pero como le dije, me la banqué
y no pasó a mayores ¿y si hacemos otros qué hago, me controlaré?,
lamentablemente no tuve ocasión de verificarlo. En el entretiempo aparece don Antonio “¿nene estás cómodo ó
querés venir conmigo a la tribuna?. Ocasión para rajar dignamente
“mejor voy con vos”. Por supuesto, perdimos 3 a 1. Fue mi primera experiencia futbolera clásica. En mi se daban
sentimientos encontrados, me gustaba frecuentar diariamente el
Gasómetro y sus instalaciones adyacentes, quizás me había encariñado
sin darme cuenta y por eso estoy escribiendo estas líneas, pero
quería ganarle a toda costa cuando jugaba contra mi equipo, cosas de
la vida. El Gasómetro no era solo fútbol, como le dije. Cumplimentando mis
obligaciones primarias en el Intendente Alvear y la leche de la
tarde; mirada cómplice con papi; “vamos nene” Inclán mirando al sur, previo paso por dos planchones uno a la
derecha y otro a la izquierda, la cancha de bochas donde los viejos
se sacaban chispas, era la antesala del gimnasio donde el General
San Martín, previa ayuda del Sargento Cabral, acompañado de Parizzia
y Vasino, hacían de las suyas. Viernes por la noche Básquet, ¡qué
equipo!
Pasillo de los trofeos en busca de la pileta olímpica, hasta tribuna
tenía, me parecía inmensa. Previa recorrida por el Tiro, Bowling,
Gimnasio y el gran Galtieri, anclaba, irremediablemente con un pan
francés de cocido y queso sobrenatural, en las canchas de Pelota a
Paleta, el viejo me lo daba de a trozos para que durara más. Nunca
disfruté tanto los sándwichs, hechos al toque en la confitería de
los billares bajo la platea oficial. Saliendo de la confitería como quien va al oeste, me topaba con
las canchitas de fútbol bajo la tribuna de Av. La Plata, donde, en
un día que me salían todas, el Toto me pidió el documento para una
prueba. Los viejos; ¡el documento!, negativo. Las vueltas de la
vida.
A la derecha el salón de Ajedrez, sabe, Ricardito se la rebuscaba.
De acostumbrarme a ganar y para no perder dejé de jugar, de
competitivo a cobarde el tramo no es muy extenso. ¡Qué error! Nuevo playón, hockey en patines donde se me inflaba el pecho
orgulloso, pues siempre mandábamos nosotros, lástima que nadie le
daba bolilla.
Continuando, ya en el límite con la Avenida, extasiado observaba
algo que diariamente me llamaba la atención y aun hoy no deja de
sorprenderme: una cancha de Básquet, pero de polvo de ladrillo.
‘Nene ese es Capeci’, después comprendí quien era: precursor de
campeones, Ya en mi adolescencia, me mandé solo; intenté el Tenis del
querido manquito Inclán al este. El jugar, con el gordo Donato, era
tan solo una excusa para morfar. Con el afable pertuso hice que
practicaba Básquet. Al día de hoy no pude averiguar si le decían o
se llamaba de esa manera. Culminé mi campaña deportiva en el Gasómetro allá por el ’66. Con
los muchachos del barrio participamos en un campeonato de Papi
Fútbol, deportivamente nuestra actuación fue desastrosa, pero
ganamos en otro aspecto. Fuimos lo protomalvineros, nuestro equipo
se llamaba Malvinas Argentinas y en el corazón ostentábamos con
orgullo su dibujo con los colores nacionales. Ricardito tuvo el
honor de proponer el nombre, tratando de interpretar el deseo de
todos los argentinos. Con el tiempo fui cobrando vuelo, acompañaba al viejo un tiempo;
en el segundo si mi equipo jugaba en Capital, me mandaba a verlo.
Una tarde bondi 4 de por medio, Liniers, che abran la puerta, porque
ganamos uno a cero se hacen los estrechos. La vuelta fue penosa, la
puerta la abrieron para ver dos goles del rival. Le dije que siempre
me la banqué y continúo. Quiero agradecerle al mítico Gasómetro, circunstancias que la
vida me ha hecho valorar ya de grande, no la milonga de carnaval,
que no difería de cualquier otra, sino las grandes orquestas típicas
que puede ver trepado en la platea mayor: Pugliese, D’Arienzo, Di
Sarli, Pontier, Varela, Mores y los respectivos cantores de
jerarquía, vea viejo eso si que no se emparda. Hay circunstancias que son insoslayables, sucedieron y punto, ahí
están en el prontuario de la vida, quiéralo o no; viejo Gasómetro
sos parte de la mía, y no me arrepiento fui feliz. Vea no quiero pecar de demagogo, ni pretendo quedar bien con el
presunto rival, a los sesenta no tengo ambiciones, las flores no son
para un muerto sino para algo que está vivo en mi corazón rojo con
una hache dibujada. Soy quemero hasta el tuétano, amo al Globo más de lo que se
imagina, le confieso: uno de los placeres más grandes de mi vida es
cuando les ganamos a los cuervos, pero viejo gasómetro como te
extraño.
Boedo, recuerdo escrito el 2 de
diciembre de 2004.
Ricardito |
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- 12/10/2005
Alberto F. Graziano
Nací el 20/10/49 en av. Boedo
y Tarija, muchos son los recuerdos de chico, no quiero aburrir con mis
anécdotas pero voy a tratar de se breve (aunque no lo creo ni yo).
Bueno, a los recuerdos:
Era muy chico y recuerdo el
negocio de mis padres que habían heredado de mi abuela (Bazar
de Harenne, que luego
fue Bazar y Juguetería Graziano o más
conocido como Don Antonio)
Como olvidar cuando por
Tarija desde Castro hacia V. Liniers pasaba el lechero con su vaca y ternero;
el que pasaba vendiendo pavos y gallinas; y el lechero el famoso Vasquito que
pasaba con su carro tirado por un caballo cansino, vendiendo leche en los
tarros que uno siempre quiso tener. Como olvidar al Flaco Juan Carlos García
muy jovencito en esa época, (actualmente actor-animador) cuando trabajaba en
Tousssonian y yo lo cargaba cuando perdía River.
Para los fines de año con mis
primos Tichen-Cacho y otros amigos Guillermo-Pitín-Ernesto-Roberto colocábamos
chapitas con pólvora en la vías del tranvía, que venia por Boedo desde
Constitución hacia Tarija y como venía desde la barranca a cierta velocidad y
no podía parar era un estallido constante.
Ah, las fogatas de San Pedro
y San Pablo, con los chicos que jugábamos a la pelota en Gerli (Tarija entre
Colombres y Castro Barros) hicimos una fogata que no nos dejaban prender de lo
alta y ancha que era, por miedo que se prendieran los cables de luz, hasta
habían mandado un policía para controlarnos y evitar que la encendiéramos,
pero quien iba a parar a esos chicos que tenían la alegría de demostrar que
era la mejor fogata del barrio, y mientras el "cana" iba para un lado le
tirábamos kerosene por otro y de repente ahí nomás la prendimos, no solamente
nosotros sino todos los vecinos que estaban aplaudíamos y gritábamos por el
logro. Terminó la fiesta cuando ya todo era brasas, con los famosos choripanes,
y papas en las cenizas.
Considero que Boedo es un
gran Barrio, y lo que voy a contar es con todo respeto a los hinchas y
vecinos, y comprendan que si escribo es por que soy parte de Boedo y lo tengo
en mi corazón, pero... Era la época donde la sangre hervía en los jóvenes y
junto con otros 10 ó 15 hinchas (entre ellos Enrique, Ronco...) en Cochabamba
y Boedo cerca de Capusta, en la vereda de Robercó, enfrente de Savoia, (y más
y más recuerdos) nos juntábamos en un camión para ir a ver a Boca, con
banderas, bombos y paraguas. A pesar de ser simpatizantes de otro club (CABJ)
nos respetaban, pasaban y esbozaban una sonrisa o alguna que otra cargada que
iba y venía de los vecinos. Pero siempre con respeto.
El Manto Sagrado en
Technicolor, era "la película" que fuimos a ver al Los Andes con mis padres y mi hermana, también el Halcón y la Flecha y tantas
otras, pero no terminaba ahí, cuando salíamos del cine pasábamos porSol Di Napoli,
(que pizza señor !!) y luego... nos cruzábamos y terminábamos comiendo ese
helado interminable de Savoia.
Atentamente Alberto
- 13/03/2005:
Alberto F. Graziano:
Hola !!! Me alegro de encontrar una persona que se ocupe de los
Barrios y si es de Boedo, mejor. Nací en Boedo, aunque mi corazón
esta en la Boca (soy hincha de glorioso Boca Jrs) , esto no quita mi
simpatía por San Lorenzo, ya que de chico iba al viejo Gasómetro a
nadar, patinar, y ver partidos con amigos del Barrio. Anécdotas,
bastantes, si te interesa puedo enviar algunas. Te felicito por la
inquietud de mantener vivo el barrio, los barros.
- 03/03/2005:
Mario Repiso: La Pizzería SAN LORENZO
Nací y me crié en Boedo. Aunque vivo en otro barrio hoy, siempre
vuelvo. Por más que busque y busque, me sorprende que nadie hable de
un lugar fundamental en la historia del Barrio. Quizá mi motivo sea
muy personal, pero resulta que cuando tenía diez años -en 1974- mi
tío me llevó a trabajar con él a la Pizzería San Lorenzo, que estaba
en Boedo 745, al lado del Dante. Pasé ahí los mejores momentos de mi
infancia y lo hice trabajando durante casi cinco años. Para los que
no recuerdan, la pizzería había sido inicialmente de un tal Don
Tranquilo...., que en la década del 50 se la vendió a Don Luís
Iannone, con quien trabajé. En 1978 el negocio pasó a las manos de
los españoles Pis, Testa y Cia que en poco tiempo la hicieron
desaparecer. Tengo mucho datos sobre el barrio en mi cabeza,
innumerables. Y puedo describir detalles edilicios, costumbres tanto
de la pizzería como de las dos escuelas a las que asistí, la
Patricias Argentinas y la Martina S. de Gurruchaga. Tengan en cuenta
que nací en 1964, era otra Bs. As. y Boedo era otro aunque mantiene
su encanto. Si quieren hacer contacto conmigo escríbanme. Y si
tienen fotos del lugar que les cuento, voy a estar muy agradecido.
jjrepiso@yahoo.com.ar
- 23/02/2005:
Mario Lazzarin: recuerdos del barrio: EL
CINE LOS ANDES
Otro recuerdo grato del barrio era el CINE LOS ANDES que se
encontraba en la avenida Boedo al 700. lamentablemente también
desapareció y hoy en día es un supermercado. Saludos.
- 16/02/2005:
Mario Lazzarin:
EL
CORSO
Recuerdo de este barrio los grandes corsos que se hacían en carnaval, eran realmente algo impresionante. Todo el barrio
salía a la calle y se iban al corso.
Después de aquellos corsos nunca mas pude ver algo igual. Los corsos se
hacían en la Avenida Boedo, la cual
permanecía cortada desde Avenida Independencia hasta Avenida San Juan. Eran realmente toda una gran
alegría .
Saludos.
- 12/10/2004:
Matilde Arias "Creo dentro de la historia del barrio, se olvidan de la confitería “El Trianón” que era especialista en
sándwich de pavita, o lo que significó la “Pizzeria La Flor” con sus empanadas y “El Sol de Nápoles”. La cortada de San Ignacio tenía un club muy importante que todavía está,
el “Club Baleares”
y, en esa cortada, funcionó una de las peñas mas importantes de los
anarquistas. También olvidan los corsos y los desfiles de carrozas
del día de la primavera. Más alejada de San Juan y Boedo estaba la
cortada de Danel donde los veinticinco de Mayo había fiesta durante
todo el día, y en la plaza Martín Fierro se pasaba cine los sábados
a partir de las 19 hs. Como así también de montones de negocios que
hicieron a la historia del barrio (el almacén de los
hermanos Corujoen la esquina de Liniers y San Juan, dos fábricas de plásticos
Baltasar,y el depósito de la famosa Bidú cola, después de la
Crush). Y si les pregunto quién fue el ultimo director del Florencio
Sánchez que murió en julio de 1991... ¿lo saben? Bueno investiguen un poquito más, yo nací en ese barrio y lo quiero mucho. "
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