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El
barrio de Boedo se encuentra galardonado con
el Paseo de las Esculturas, que debe su existencia a la decisión y
tenacidad de la Junta de Estudios Históricos presidida por Aníbal
Lomba.
A
cielo abierto y en pocas cuadras, se disfruta de siete obras de arte
que han sido donadas por sus autores para el regocijo de aquellos que
transitan la Avenida Boedo.
Este proyecto es más ambicioso ya que más adelante, se completará el
número de veinticuatro esculturas en el tramo de la Av. Boedo que va
desde su cruce con Av. Independencia hasta la intersección con Av.
San Juan.
La
ley 1411, promulgada
el 31 de Agosto de 2004 (consultar texto completo al pie de esta
página), acepta las donaciones, y autoriza el emplazamiento de las
mismas, haciendo mención específica a la ubicación que cada una de
ellas ocupa en la actualidad.
Las obras son:
Cholita
- Francisco Reyes
Artículo 1° - Acéptase la donación de la escultura "Cholita", de
Francisco Reyes, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de
avenida Boedo 853, en concordancia con la Ley N° 494.
Francisco Reyes:
"Nuestro recordatorio de hoy estará vinculado con uno de los
escultores contemporáneos, quizá quién más ha dejado huella de su
impronta personal en el barrio de Boedo. Me estoy refiriendo al
maestro Francisco Reyes. Muchas veces he tenido que recordarlo
públicamente y siempre me ha gustado hacerlo especialmente desde el
punto de vista humano, dejando si se quiere para un reducido espacio
final la mención de sus logros artísticos. Retrocediendo en el tiempo
debo situarme allá por 1972, la primera noche que conocí a Reyes, al
concurrir invitado a una reunión del Rotary Club de Boedo. El
escultor, en ese momento, disfrutando ya del ganado prestigio
derivado de la obtención de los más importantes premios que la
plástica argentina ofrece a sus artistas, fue el primero en acercarse
para saludarme y hacerme sentir -no como extraño- sino como un nuevo
amigo. Me impactó entonces su cordialidad, su exrema sencillez, su
decir pausado y firme "Modesto y humilde como las piedras de la
calle", diría años más tarde su único biográfo, Manuel Baquera. Y
así, semana tras semana, comenzamos a construir los cimientos de una
amistad que no se terminó con su muerte, porque se continúa en el
cariño que nos profesamos con su esposa Ana, con sus hijos Rodolfo y
Osvaldo y con toda la familia Reyes.
Francisco Reyes no supo de descanso durante el transcurrir de su
vida en Argentina, tras aquel 1928 que señala su ingreso al país, uno
más de los tantos inmigrantes jóvenes que para favor de estas tierras
nos enviaban los países europeos, en este caso nuestra Madre Patria.
Y no supo de descanso porque aquellas horas libres que podía haber
aprovechado para su mejor solaz, las dedicó a su otra gran pasión,
además del arte: el sentimiento de pertenencia a su comunidad, que le
llevó a asumir compromisos de participación y solidaridad. Hablé ya
del Rotary Club de Boedo, prestigiosa institución del barrio que lo
tuvo como presidente, desde donde organizó las primeras exposicionmes
de escultura "a cielo abierto" que registra la historia capitalina y
fue precisamente sobre la Cortada San Ingnacio, donde decenas de
obras de prestigiosos y laureados artistas se expusieron a la
contemplación del paseante boedense. Pero ya antes de ello había
tenido destacada participación en la Peña Pacha Camac, junto a
colegas suyos como Antonio Sassone, Vicente Roselli, Sepuccio Tidone.
Domingo Mazza y muchos otros. En Parque de los Patricios es figura
esencial de la mítica Agrupación Bohemia, aquella nacida en el bar de
Labardén y Patagones, que congregó en su seno lo mejor de la plástica
porteña.
Colborador infatigable de toda entidad de bien público que lo
mereciera, trabajó asiduamente con la Asociación Amigos del Barrio de
Boedo, con las Asociaciones de Fomento y Juntas Vecinales. Reyes, por
reconocimiento de sus colegas, fue presidente de la Asociación
Argentina de Artistas Escultores y de la Asociación Estímulo de
Bellas Artes. También en mérito a su arte, pero especialmente por su
calidad humana, fue investido como Miembro de Número de la Academia
Porteña del Lunfardo. Impulsor del Fogón de los Arrieros, la
agrupación de artistas que convirtió a la ciudad de Resistencia en
Patrimonio de la Unesco, por el incalculable valor, no solo monetario
sino esencialmente estético y educativo, que representan las cientos
de esculturas erigidas en sus aceras, en el frente de sus edificios
públicos, en sus plazas.
La actividad docente de Reyes no se agotó en las aulas de las
principales instituciones de dicadas al arte. Fue constante su
presencia en las escuelas municipales de Boedo, de Almagro, de
Flores, de Parque de los Patricios. No en cargos estables, sino dando
clases ilustrativas, ofreciéndose como jurado en todo concurso de
dibujo o pintura que se realizara, aconsejando, guiando a sus jóvenes
alumnos.
Fue miembro fundador de la Cofradía de la Orden del Lengue,
institución nacida en el seno de su hogar, cuyo propósito fue y sigue
siendo premiar anualmente a aquellos personajes de la cultura
boedense que se destaquen por su arte y su personalidad.Fue uno de
los tres fundadores de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de
Boedo, nacida en el seno de la mencionada Cofradía.
Su nombre fue impuesto a las de museos y exposiciones y, en
nuestro medio -Boedo- a la intersección norte de la esquina
conformada por la Av. Boedo y Pasaje San Ignacio, aquel de las
primeras exposiciones al aire libre. Las aceras de Boedo lucen
orgullosas sus obras "La madre" y "Cholita", formando parte del Paseo
de las Escultruas del Barrio de Boedo.
Reyes, que obtuvo el Gran Premio de Honor en el Salón Nacional en
1958, por su obra "Mujer sentada", habia nacido el 9 de mayo de 1915.
Falleció el 16 de abril de 1988.".
Referencia: Periódico ABC, nota
escrita por Anibal Lomba, presidente de la Junta de Estudios
Históricos de Boedo.
La Bestia
-
Oscar de Bueno
Artículo 3°
- Acéptase
la donación de la escultura "La
Bestia",
de
Oscar De Bueno,
autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida
Boedo 878,
en concordancia con la Ley N° 494.
Oscar de Bueno:
"Escultor OSCAR DE BUENO. ¿Signo del Pasaje San Ignacio?
El interrogante puede convertirse en afirmación si al señalar su
nombre como artista escultor inmediatamente evocamos otros momentos
trascendentes ocurridos en la quietud del pasaje, como –por ejemplo-
la figura de aquel entrañable artista co-fundador de la Peña Pacha
Camac, que se llamó Rodolfo Bertugno, cuyo domicilio de San Ignacio
3650 era frecuentemente visitado por sus colegas de la época, de cuya
historia de vida nos ocuparemos próximamente. O más cerca en el
tiempo, la memoria nos atrapa en 1980 y 1982, cuando decenas de
artistas escultores mostraron su arte en el Pasaje, en las primeras
exposiciones a “cielo abierto” que conoció la ciudad. O el bautizo de
su intersección con Boedo, con el nombre del maestro insigne:
Francisco Reyes. Oscar de Bueno proviene de una de las familias
tradicionales de Boedo, afincada desde principios del siglo XX en el
incipiente suburbio de la ciudad. Su abuelo Alfonso había llegado
desde Calabria y tras una corta residencia en Valentín Alsina recaló
en Independencia y Maza comenzando a formar familia. Trabajo y
esfuerzo le permitieron edificar su vivienda propia en San Ignacio
3631 y allí creció y se formó su familia. De sus cuatro hijos el
menor, Juan, siguió la carrera de medicina poniendo su profesión al
servicio del barrio durante toda su vida. Con Nélida, su esposa
prolongaron su estirpe y le dieron a Boedo seis hijos. Oscar, el
quinto de ellos, vio la luz en 1961 y, habitante de la casa paterna,
se enamoró también de Boedo. Luego de realizar sus estudios primarios
y secundarios en el Colegio San José de Calasanz, ingresó a la
facultad de Agronomía, buscando un destino que no era el suyo.
Muy pronto advirtió que esa facilidad para el dibujo y la pintura
que mostraba desde niño era su pasíón y por decisión propia abandonó
la carrera para ingresar, ahora sí, en la Escuela Nacional de Bellas
Artes “Prilidiano Pueyrredón”.
El artista recuerda en nuestra conversación el interés y el
impacto que le causaron las obras de los grandes maestros que se
expusieron, como dijimos, en 1980 y 1982 en las muestras organizadas
sobre la Cortada de San Ignacio por el Rotary Club de Boedo,
presentadas por el maestro Francisco Reyes. Allí, aún muy joven y
estudiante de Agronomía, conoció las tres dimensiones en las artes
plásticas y retiene aún nombres que en aquel momento le fueron
extraños y luego fueron sus maestros y colegas; con algunos comparte
ahora las veredas de Boedo: Balietti, Álvarez Lomba, Vinci, Reyes,
Oriana. También quienes marcaron su camino: Romano, Locaso, Azcárate...
¿Sería extraño entonces que aquella visión determinara luego su
vocación por el arte?
Tras su entusiasta y exitoso paso las aulas académicas, en 1988
egresa con el título de Profesor de Escultura y el Diploma de Honor
al mejor promedio de su promoción bajo su brazo. Allí fueron sus
maestros Rubén Locaso, Enrique Romano y Aroldo Lewy, a quienes Oscar
sigue testimoniando su reconocimiento.
Consecuencia de la alta distinción recibida , De Bueno es
designado inmediatamente como profesor ayudante, iniciando entonces
una ininterrumpida carrera docente que lo encuentra ahora como
Profesor Titular de la Cátedra O.T.A. V. Escultura I, II y III del
Instituto Universitario Nacional de Arte (I.U.N.A.). Ha sido docente
en la Escuela Nacional de Danzas “María Ruanova”, en el Instituto
Nacional Superior del Profesorado en Folclore y en la Escuela
Municipal de Bellas Artes “Rogelio Yrurtia.”.
También en aquel año de su graduación inicia su trayectoria como
expositor, obteniendo su primera distinción: el “Premio Estímulo al
alumno más destacado” otorgado por la Asociación de Amigos del Salón
Nacional.. Se suceden luego los premios recibiendo, entre otros, el
Tercer Premio en el XLV Salón Municipal Manuel Belgrano. Invitado a
simposios y encuentros de escultores, participa desde hace varios
años en ellos, siendo galardonado en varias oportunidades. Obras de
su autoría se encuentran emplazadas en Carlos Casares, General Roca,
San Bernardo, San Martín de los Andes, Resistencia y ahora también en
el Paseo de las Esculturas de Boedo. En total ha participado en más
de sesenta muestras, simposios y eventos de escultura y artes
visuales.
Invitamos a los lectores de esta columna de Periódico ABC a recorrer la Av.
Boedo, entre Independencia y San Juan, donde podrán admirar las nueve
obras que conforman inicialmente el Paseo de las Esculturas de Boedo,
entre las que se encuentra La Bestia, emplazada frente al Nº 878,
obra de Oscar De Bueno."
Referencia: Periódico ABC, nota
escrita por Anibal Lomba, presidente de la Junta de Estudios
Históricos de Boedo.
Tango íntimo
- Leo Vinci
Artículo 5°
- Acéptase la donación de la escultura "Tango íntimo", de
Leo Vinci, autorizando su
emplazamiento frente al inmueble de avenida
Boedo 883,
en concordancia con la Ley N° 494.
La
ubicación fue más tarde modificada y hoy se encuentra en
Boedo
901.
Leo Vinci:
Nació en Buenos Aires en 1931. Egresó de las Escuelas Nacionales de
Bellas Artes Ernesto de la Cárcova Patrocinado por el Fondo Nacional
de las Artes, realizó un viaje de estudios por Europa. Desde el año
1962 hasta 1976 ejerció la docencia en las Escuelas Nacionales de
Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón. En 1989 es
designado Comisario del Envio Argentino a la Bienal de Venecia,
Italia.
Referencia:
Artesur
Interiores
- Arturo Álvarez Lomba
Artículo 4°
- Acéptase
la donación de la escultura "Interiores",
de Arturo Álvarez Lomba, autorizando su
emplazamiento frente al inmueble de avenida
Boedo 901,
en concordancia con la Ley N° 494.
La ubicación fue más tarde modificada y hoy se encuentra en
Boedo
883.
Arturo Alvarez
Lomba:
"Arturo Álvarez Lomba nació el 26 de marzo de 1942 en un entonces
pequeño pero hermoso pueblito de la costa gallega, A Guarda o,
castellanizado, La Guardia. Cuarto hijo de un laborioso matrimonio
que, expulsado de su tierra natal por las precarias condiciones de
vida de la época, llega en 1953 con su familia al puerto de Buenos
Aires, junto a cientos de paisanos embarcados en el vapor Córdoba,
superando la tristeza del abandono del terruño con la alegría del
reencuentro y el abrazo con familiares directos que les esperaban en
nuestra país y la esperanza de encontrar una tierra que les
permitiera vivir en paz, trabajar, progresar y educar a sus hijos. Y
comienza para ellos una nueva etapa de su sacrificio personal, del
trabajo sin descanso que con los años obtiene el premio de la casa
propia, de la buscada educación de sus hijos. Radicados en Banfield,
Pcia. de Buenos Aires, Arturo inicia sus estudios en la Escuela Nº 7
de dicha localidad, comenzando a mostrar allí una singular e innata
capacidad para el dibujo. Iniciada años después su carrera
profesional como "vidrierista" de la fábrica de calzados Grimoldi,
uno de sus compañeros lo insta para que se inscriba en una academia
de dibujo, consejo que acepta anotándose en MEEBA, entonces
prestigiosa institución ubicada en la calle Cerrito 1233. Corría el
año 1962. Cuenta la historia que una tarde -como parte del curso- su
maestro, Gino Gurrieri, recorre con todos sus alumnos los distintos
talleres y aulas de la casa. Uno de ellos fue el taller de escultura,
donde dictaba su clase Zulema Adaime. El futuro artista recibió en
ese momento una impresión tan honda que, nos dice, "se le apretó el
corazón". Esa tarde conoció la arcilla, comenzando a modelar un
pequeño trozo de ella que le alcanzó la profesora. Con el material en
sus manos llegó a su casa y esa noche sin sueño lo decidió. En la
mañana siguiente le dijo a su madre: "mamá, voy a ser escultor".
Comentada su decisión con el profesor Gurrieri, éste lo guió para sus
pasos inmediatos, que lo llevarían a las clases de escultura de
Enrique Azcárate (hoy presidente de la Asoc. Arg. de Artistas
Escultores). En 1964 recibe una beca de la institución, que le
permite durante cuatro años tener como maestros a Antonio Sassone,
Antonio Mazzitelli y Mariano Pagés. En 1967 obtiene su primer
reconocimiento, al recibir una Mención Especial en el XII Salón de
Otoño de San Fernando. Comienza allí su exitosa labor artística que
alcanza su punto culminante en 1993, al obtener el 1er. Premio en al
LXXI Salón Nacional de Artes Plásticas, luego de haber accedido en
años anteriores al Premio Artistas Extranjeros (1974), 2º Premio
Salón Nacional de Artes Plásticas (1979), 1er. Premio Salón Municipal
de Artes Plásticas de la MCBA (1979), Gran Premio de Honor Salón de
Artes Plásticas de Morón (1987) 2º Premio Salón de Escultura en
Madera (Resistencia), 2º Premio Primera Trienal Americana de
Escultura en Madera (Reistencia). Luego vendrían otras disrtinciones
como el 2º y 1er. Premio del Salón Anual Santa Fé, etc. Partició como
invitado en las Primera Trienal Americana de Escultura en Madera, en
la Primera Trienal Argentina de Escultura en Madera, de la Segunda
Trienal Americana de Escultua en Madera, todas ellas en Resistencia
(Chaco), en el Primer Simposio Internacional de Escultura en L.N.Alem,
Misiones, y en el Primer Simposio Internacional de Escultura en Ichon,
República de Korea. Obras de su autoría se encuentran emplazadas en
distintos parques y paseos del país, incluyendo el Paseo de las
Esculturas de la Ciudad de Resistencia, Chaco, y -ahora, el Paseo de
las Esculturas de Boedo, Buenos Aires, donde se encuentra emplazada
su obra Interiores, ubicada frente al Nº 883 de la avenida. En
oportunidad de presentar sus obras en una muestra desarrollada en el
Museo Perlotti, Cesar Fioravanti dijo de él:"La abstracción deja de
ser tal, al potenciar con las imágenes que de ellas emergen, la
concreción de las formas".
Referencia: Periódico ABC, nota
escrita por Anibal Lomba, presidente de la Junta de Estudios
Históricos de Boedo.
Súplica
- Antonio Oriana
Artículo 6°
- Acéptase la donación de la escultura "Súplica", de
Antonio Oriana,
autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida
Boedo 944,
en concordancia con la Ley N° 494.
Antonio Oriana:
"... Nos referimos a
Antonio Oriana, que forma parte del patrimonio viviente de Parque de
los Patricios, donde su figura es por demás conocida. Hijo del
matrimonio de origen calabrés integrado por Carlo Oriana y María
Belardo, llegaron a nuestras costas durante la década del 1920,
acompañados ya por su pequeño hijo, Pablo, de unos pocos años.
Estibador y pintor de barcos, no le fue fácil la subsistencia en esta
ciudad puerto, no obstante lo cual, con el sacrificio que fue norma
de los inmigrantes europeos, la familia–ya alegrada por la llegada de
dos nuevos hijos, el menor de ellos Antonio (25 de agosto de 1931),
logró abandonar el conventillo que los albergaba para inaugurar su
modesta casita en el barrio de Saavedra. En ese entorno barrial los
hermanos cursaron la escolaridad primaria, comenzando ya a destacarse
Antonio por sus dibujos y modelados en barro o pequeños tallados en
madera, que despertaron el interés de su maestro de cuarto grado,
quién lo impulsó para que continuara estudiando dibujo. Esta
circunstancia y su propia vocación lo llevaron a inscribirse en la
Escuela de Bellas Artes “Manuel Belgrano”. Se inicia así su etapa de
aprendizaje, que culminaría con su egreso, en 1952, de la Escuela de
Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”. Durante gran parte de su vida
ejerció la docencia, desempeñándose como profesor en la Asociación
Estímulo de Bellas Artes, en la Escuela Superior de Bellas Artes
“Ernesto de la Cárcova”, en el museo Rómulo Ragio, en el Instituto
del Profesorado CONDUSEC, etc. La enseñanza si se quiere oficial se
unía a las clases particulares que aún sigue dando, formando así
cientos de alumnos.
No fue asiduo concurrente a los salones oficiales, nacionales,
provinciales o municipales, muchas veces en desacuerdo con distintas
circunstancias puntuales. Su primer medalla la obtuvo en el II Salón
Nacional de Bellas Artes, en 1964, haciéndose acreedor al Premio
“Mención Especial”. Su última distinción la recibió en el Segundo
Encuentro Nacional de Escultura en Madera, realizado en Rosario
(Santa Fe). En 1976 y 1981 viajó a París invitado por el Mozarteun
Argentino, exponiendo sus obras en la Galería Salles Sandoz, junto a
artistas de 38 paises. Es creador de una veintena de estatuillas y
trofeos por encargo de entidades públicas y privadas, para su entrega
como premio en distintas actividades, congresos y/o concursos.
Obras suyas se encuentran emplazadas en paseos y lugares públicos
en distintas ciudades del país (Resistencia, Carlos Casares, San
Luis, Posadas, Olivos, Villa Alem, etc. En esta Capital son conocidas
sus creaciones donadas al Museo Manoblanca del barrio de Nueva
Pompeya (Homero Manzi, Sebastián Piana, José Dames, Daniel Garibaldi,
Astor Piazzolla, Nelly Omar, Enzo Valentino, Ben Molar, entre otros.
Su obra Súplica, se integra al Paseo de las Esculturas de Boedo,
emplazada frente al N° 944 de la popular arteria.
Debemos destacar en Antonio Oriana su extrema sencillez, la
afabilidad de su trato, su compromiso permanente con la difusión de
su arte, cualidades que han hecho del artista una de las más queridas
personalidades del ambiente."
Referencia: Periódico ABC, nota
escrita por Anibal Lomba, presidente de la Junta de Estudios
Históricos de Boedo.
Reposo - Stephan
Erzia
A
raíz de la solicitud de la Junta de estudios históricos del barrio de
Boedo, la Dirección de Monumentos y Obras de Arte (GCBA), trasladó la
escultura "Reposo",
que se encontraba en el depósito de Palermo, del artista
Stephan Erzia a
Boedo 943. La escultura está realizada en mármol
siberiano y la misma fue adquirida en 1936 por la Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires. Stephan Erzia, artista ruso, residía en
nuestro país desde 1927, en el barrio de Boedo en aquellos tiempos.
La obra fue denominada Mujer Sentada y fue esculpida en Rusia, su
país de origen. La misma fue trasladada a Buenos Aires para integrar
su primera exposición, en los "Amigos del Arte", en el año 1927.
Stephan Erzia:
"Prosiguiendo este itinerario por los caminos del arte, vamos a
referirnos en esta oportunidad a una de las figuras más
significativas que, desde el plano internacional, ocupa un lugar de
privilegio en el palacio de las musas boedenses. Me estoy refiriendo
a Stephan Dimietrovich Nefedor, conocido luego como Stephan Erzia, al
adoptar el escultor ruso, como apelativo, la denominación de una de
las tres etnias que conformaron la identidad del imperio y que era su
propia raiz: Erzia.La limitada extensión de este trabajo nos va a
imponer una dificultosa síntesis de su vida. Comencemos diciendo que
tras una niñez azarosa, en las llanuras del Volga, donde se inició en
los misterios de la pintura, especialmente aquella de carácter
religioso, llegó a Moscú cursando, pese a las dificultades económicas
y políticas de la época (1905) estudios en la Academia de Bellas
Artes, viajando -tras su graduación- a Europa, recalando primero en
Italia, comenzando a recorrer de la mano de algunos mecenas
oportunistas y luego por su propio esfuerzo, la dificil escalera al
éxito. En pocos años gozó del favor de la crítica y sus obras se
expusieron en los principales salones y galerías de Europa. Tras un
regreso por pocos años a su Rusia natal, donde ejerció la docencia y
distintas funciones por designación de las autoridades del nuevo
régimen gobernante, regresó a Europa donde se contactó con ciudadanos
argentinos y, también, con quién sería luego presidente de nuestro
país:Marcelo T. De Alvear. Invitado por éste llegó a Buenos Aires en
1927, con el propósito de realizar una exposición de sus obras en
"Amigos del Arte", tradicional galería porteña. Las circunstancias de
la vida (o del momento) hicieron que Erzia se afincara poco tiempo
después en Boedo, instalando su taller en el viejo edificio de una ex
licorería, en la calle Zañartú, que dejaría para trasladarse a Av. La
Plata 577, donde permaneció por muchos años. El espíritu libertario
de Boedo, encarnado en aquellos tiempos por la figura de D. José
González Castillo, fundador de la Universidad Popular de Boedo debió
impactar en su espíritu, conviriténdose en amigo inseparable del
autor de Los dientes del perro, con quién colaboró en la fundación de
la mítica peña Pacha Camac. Allí compartió inquietudes estéticas con
Antonio Sassone, Agustín Riganelli, Sepuccio Tidone, Eolo Pons, Luis
Dottori, Rodolfo Bertugno y tantos otros artistas plásticos que
formaban la vanguardia artística de la década. Su figura se hizo
popular en el barrio y sus obras dieron brillo a más de una
exposición organizada en la zona. El "Rodín ruso" como fue bautizado
en Europa, que había llegado a Buenos Aires para realizar a lo sumo
un par de muestras, permaneció en nuestra ciudad por casi 25 años,
realizando en ese lapso lo más importante de su producción, siendo el
primero en descubrir las virtudes de las maderas duras de nuestro
territorio chaqueño: el quebracho y el lapacho. Ya anciano, llegó a
Buenos Aires con más de 50 años vividos, la añoranza de su tierra y
la circunstancia de reanurarse las relaciones diplomáticas entre
Argentina y Rusia, motivaron su regreso a Moscú, en 1952. Llevó
consigo más de 200 obras realizadas en Buenos Aires y algunas decenas
de troncos de quebracho, con los cuales siguió trabajando en su
pequeño taller de la capital rusa. Recibido primero friamente por las
autoridades, muy pronto el mismo pueblo comenzó a reconocerlo como
"maestro", siendo entones reconocido oficialmente. Fue condecorado,
se le organizó una exposición y hasta gozó de un escaso subsidio.
Falleció el 26 de noviembre de 1959, a los 84 años, mientras modelaba
una gran cabeza. Con los años, un viejo sueño del gran maestro se
hizo realidad: Su propio museo. En la ciudad de Saransk, capital de
Mordovia, se inauguró la Galeria de Arte de aquella ciudad, en cuyas
salas se exponen, esencialmente, las doscientas piezas traídas desde
Argentina. Su nombre es reverenciado y varios libros se han escrito
sobre su novelesca vida. Recientemente se realizó en Buenos Aires,
organizado por la embajada rusa, una exposición de las obras que se
conservan en el país, algunas de ellas en museos oficiales y otras en
colecciones privadas. Quién firma anunció ya, en otras ocasiones, la
publicación de su libro De las arenas del Volga a la ciudad de Boedo,
que expresará el fruto de las investigaciones y recopilación de
antecedentes llevados a cabo durante más de diez años. Motivos
diversos postergaron el propósito que, esperamos, pueda cumplirse en
el presente año. Será un homenaje de Boedo a uno de las figuras
esenciales de su historia socio-cultura."
Referencia: Periódico ABC, nota
escrita por Anibal Lomba, presidente de la Junta de Estudios
Históricos de Boedo.
Testimonio
- Alberto Balietti

Artículo 2°
- Acéptase la donación de la escultura "Testimonio", de
Alberto Balietti,
autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida
Boedo 966,
en concordancia con la Ley N° 494.
Esta obra fue un homenaje de su autor a la gesta de Malvinas.
Alberto Bailetti:
"Continuando con el recuerdo de los artistas plásticos vinculados
en una u otra forma al historial cultural de Boedo, dedicaremos la
columna de esta edición a la evocación de Alberto Balietti,
reconocido y laureado escultor argentino, una de cuyas obras se
emplaza a pocos metros de la intersección de San Juan y Boedo,
formando parte del Paseo de las Esculturas inaugurado en noviembre
pasado. Sin que el autor llegara a saberlo, éste fue su regreso al
barrio que lo vio nacer, el 10 de diciembre de 1917, en la casa que
sus padres, Atilio Balietti y Enriqueta Grillo, habitaban en la calle
Cochabamba, casi en el deslinde –en aquellos años- de la iniciada
urbanización de la zona. Atilio, con sólo once años, había llegado al
país desde Recanati, pequeña ciudad situada en el fértil valle de
Potenza, que se enorgullecía de haber sido suelo natal del poeta
Giácomo Leopardi y que lo sería también del tenor Beniamino Gigli.
Con trabajo y esfuerzo se inició en el oficio de yesero, que le
permitió luego un bien ganado prestigio. Fue precisamente el
desempeño de esta actividad paterna el factor incidente en la
posterior elección de Alberto por las artes plásticas. Acompañando a
su padre se entretenía dibujando las paredes, hecho que fue advertido
por los arquitectos con los cuales trabajaba su progenitor, quienes
fueron los primeros en reconocer las dotes del futuro escultor,
recomendando a Atilio Balietti lo inscribiera en la Escuela Nacional
de Bellas Artes “Manuel Belgrano”, de donde egresó en 1938 con el
título de Profesor Nacional de Dibujo, Pintura y Escultura. En su
paso por dicha casa de estudios y por la Escuela Nacional de Bellas
Artes “Prilidiano Pueyrredón, tuvo como maestros a personalidades
como Lino E. Spilimbergo, Alfredo Bigatti, José Fioravanti y Alberto
Lagos. En 1944 recibe su primera distinción, el “Premio Estímulo” en
el Salón Nacional, iniciando así una trayectoria jalonada de exitos y
reconocimientos que, podría decirse, culminaría, pero no terminaría,
en 1966 con la obtención del “Gran Premio de Honor” del Salón
Nacional, con su obra Kirie. En la docencia desempeñó importante
labor, dejando su impronta de maestro tanto en institutos oficiales
como privados, en escuelas de nivel medio y terciario. Llamado por
Elías Spilimbergo, ejerció la Dirección del Departamento de Pintura
durante un largo período en la Universidad de Tucumán. Para entonces,
y desde 1949, había formado su hogar, casando con Rita Kafetzis, en
esa época una de sus discípulas y luego brillante pintora. De esa
unión nacieron Déborah, Guillermo y Liliana.
Así como los premios obtenidos fueron innumerables, también lo son
las obras emplazadas en lugares públicos, tanto en esta Capital como
en distintos puntos del país. Visitó Roma y Madrid como representante
del Arte Latino Americano, exponiendo allí sus obras. Para finalizar
diremos que la escultura Testimonio, que se puede admirar en Boedo
fue un homenaje del artista hacia los centenares de jóvenes caídos en
Malvinas. Alberto Balietti falleció el 26 de octubre de 1993 y en el
que fuera su estudio, en la localidad de Castelar, existe una
exposición permanente de sus esculturas y dibujos."
Referencia: Periódico ABC, nota
escrita por Anibal Lomba, presidente de la Junta de Estudios
Históricos de Boedo. |