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02/10/2006
- Ricardo Lopa:
La Perla del Once
No se ¿ni cómo?, ¿y por qué? Aparecí, ahí estaba como diciéndome
estoy aquí para servirte. ¿Como recalé?, vaya uno a saber. El destino, la casualidad. En
realidad no lo busqué, es como la mujer de su vida, no se busca
hasta que aparece y para siempre. Aquí apareció, me sirvió y
desapareció, evidentemente era otro tipo de afecto, vaya uno a
saber. ¿Por qué? me aquerencié, te sufrí, disfruté, triunfé y luego te
abandoné, vaya uno a saber. Allá por el 69’, la joya de la casa, deambulaba en la mediocridad
estudiantina universitaria, luego de haber cursado honrosamente la
secundaria. El resultado en abogacía no era el esperado. Sin ser
vago, no le encontraba la vuelta a la cosa. Pibe de clase media,
familia, incomodidades crónicas para el estudio. Había que dar el
salto, pero ¿dónde? No hay que ser muy lúcido para encontrar la
respuesta: la biblioteca. Tanto la residencia en la Cané de Boedo,
como la Nacional, del genio incorregible de Borges, y la larga noche
de los bastones de Derecho, no lo conformaban. Indudablemente, su
personalidad, requería otro tipo de ambiente, no la paz de los
cementerios. No se quién, ni cómo, en un día de esos que no se empardan, a la
promesa lo vemos sentando en una mesa de un bar rodeado de libros,
café de por medio. A su alrededor otras mesas, con otros estudiantes
de facultades diversas. La cosa empezó a cambiar, se le había
incorporado algo nuevo a su estudio: la vida. El pibe estaba en el
ascenso de la cuesta, la sangre le hervía, no necesitaba derramarla
pero sí usarla, el lugar lo ameritaba. Era la vida puesta al
servicio de la vida, para el caso no solo del estudio, sino del
conocimiento que te brinda el trato cotidiano con la realidad, era
el pequeño agujerito por donde empezó a brotar la experiencia, la
madre de las ciencias.
Era el complemento imprescindible para alcanzar la meta, sabe, lo
teórico no alcanza, la universidad de la calle.
Te conocí y saqué carta de ciudadanía del Once. Vea, fue mi segunda
casa, complemento necesario de la primera.
La avenida de los 35 km; ¡qué extensa! ¿será tan importante el tipo
del premio? ¡Mejor, no lo averigüe!
Los estudias solían frecuentar las mesas del fondo, las sobras,
¡cómo quién dice!. Entrada por la lateral patriota del éxodo;
lógicamente la principal reservada para el más importante. ¡Mejor,
no lo averigüe! Vea hasta mausoleo tiene en plena plaza, para
recordarnos su eterna presencia, pero ¿era tan importante? ¡Mejor,
no lo averigüe! Las chicas de la vida le hacían compañía, haciendo su entrada
triunfal previo guiño del más importante, que siempre le gustaron
las minas, máxime si provenían de La Rioja. ¡Mejor, averigüe! Bueno, a lo importante, los señores de blanco en la principal
servían a la distinguida clientela, en el anexo aguantaban como
podían al “pueblo estudiantil”. En realidad tenían una paciencia de
esas, para bancarse tanta juventud en preliminares de exámenes, al
borde de un ataque de nervios.
En el reglamento de hecho, había varias llamadas. Ricardito se
anotaba en la 1ª y en la 2ª. Finalizada la rendidora mañana, en la
pausa del mediodía, la muchachada, se tomaba la atribución
consentida de dejar la mesa reservada con los libros de custodia.
Previo almuerzo, afeitada y otras yerbas en la casa familiar
boedense, retorno tipo 15 hs, ahí estaban los brolis, al igual que
don José, que con jeta de malo venía a cobrarnos el cortadito que
consumimos hacía 7 hs, además de cuidarnos los elementos. De cabrón
solo tenía la cara.
Previo pago, gran ceremonia, el cambio de guardia. Generalmente
tomaba la posta el gallego Álvarez. Tipo no querido por los
muchachos. Cierta vez recibió un trompis en una ira de histeria
juvenil, derramando la jarra de agua caliente para té sobre un
parroquiano. Se imagina el revuelo. En realidad Ricardito tenía con
el fulano un muy buen trato, resultado del respeto mutuo. En el
tercer llamado, al que Ricardito excepcionalmente se anotaba, estaba
manejado, por el petiso, por toda identificación. Había que tener
muñeca para pilotear la noche y al sotipe le sobraba para lidiar con
la más fulera ó quizás estaba en su salsa, como pez en el agua que
mordía el anzuelo cuando le gustaba la carnada, con la diferencia
que siempre seguía nadando. Como le comenté, el consorcio estudiantil lo formaba avanzados
estudiantes de Facultades diversas, con preeminencia de Medicina,
Filosofía y Derecho. En el turno mañana e inclusive a primera de la
tarde, los jóvenes de tiempo completo. La caída del sol es un
adelanto del turno noche; el de los laburantes.
Dentro de los de medicina, en el Bar de la Cultura no podía faltar
la intelectualidad, el espectáculo y la música. La primera tenía
como representante a Blanquita, hija de Cesar Tiempo, siempre tan
simpática como agradable. Por ahí me enteré que la Dra. anduvo por
mi barrio de Boedo inaugurando una esquina con el nombre del viejo.
En el segundo se anotaba Pintito, el hijo de Fidel, se que es un
médico deportólogo de prima, bravo. En el rubro final el Flaco
Fabiano, hermano del músico don Fabián, compositor amateur, hacía
presencia “llegando la noche con su estampa elegante” ¿viviría
metido penando un querer?, todo puede ser. Finalizo con los afectos,
ahí está el gordo Quaglia, con el que llegamos a ser compinches por
un tiempo. De repente me enteré que el tordo se había casoriado y
chau.
En la lista de abogados se anotan el Tano Zappia y su alpargata
traviesa, El Negro Mercado, bondad y guapeza, Julito y su vozarrón,
Enrique, sus andanzas sentimentales y el jovato como detective,
Chombi con su fineza y educación, Donato, amigo y padrino, el hombre
cábala, para el caso las medialunas antes del examen.
Ud, me dirá y los de Filosofía, no hubo relación; lo único para
resaltar las señoritas que la representaban, repito no hubo
relación.
Aunque parezca mentira en tan importante concentración estudiantil
la política estuvo ausente. Motivos: temor, falta de militancia. Me
inclino por lo último y hoy lamento el tiempo desperdiciado, que
quizás nos salvó a muchos la vida.
Me veo en marzo del 71’, la última materia. El gaita Álvarez tomó
nota. En la oportunidad clientes de la principal cometieron la
osadía de venir al anexo estudiantil a tomar un feca y charlar
amigablemente. El gallego imaginando la molestia los rajó. Su
protegido sacó distinguido y él sobresaliente. Los tipos no
entendían nada, hasta el día de hoy se lo estarán preguntando.
Gracias dolape. El recorrido imaginario va quedando atrás, cualquier día de estos
agarro un libro, invito a Donato y recalamos, y por ahí se escucha
“que van a tomar” levanto la vista y veo al bueno de Álvarez con las
alpargatas del Tano, el vozarrón de Julito y las espaldas del Negro,
“dos cortados por favor”. “ah, y un par de medialunas, las cabuleras”
Voy al baño y se me aparece Tanguito acompañado de Litto siempre
solo, triste y abandonado viajando en Balsa. Es un gusto que me lo
voy a dar, ¿Donato, me acompañás? |
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20/09/2006:
Ing. David Omar Castelli:
Las Torres de Balvanera y 11 de
Septiembre
Estimada Srta. Mónica:
Quedo muy agradecido por su pronta respuesta
a mi inquietud.
Desde que llegué de visita de la lejana Salta
de mi infancia hacen más de 50 años quedé fascinado por Buenos
Aires, fascinación que inmediatamente se convirtió en cariño. Años
después en la década del 60 residí por razones de estudio en una
vieja casona de departamentos de Rivadavia 3589 (que se llevó la
piqueta), cerca de la estación Loria, en un antiguo piso que poseía
una tía ya fallecida. Mi mayor entretenimiento fue deambular por la
ciudad en mis ratos libres tratando de conocer lo más posible. Es
tan grande la personalidad de la gran ciudad que hasta los nombres
de plazas y calles suenan distintos que las otras ciudades aunque
rememoren a las mismas personas, eventos o pueblos. ¿Donde hay otro
Once, otra Libertador, otra Constitución...?
Visito Buenos Aires frecuentemente, sobre
todo ahora que tengo a mi hijo Martín viviendo en Balvanera,
(Venezuela casi esquina Urquiza) que estudió y obtuvo su título de
Licenciado en Audiovisión en la Universidad de Lanús. Cuando estoy
allí, liberado de mis obligaciones laborales aprovecho para
deambular por barrios y lugares que de turísticos no tienen nada,
pero si de la magia y el encanto que han pintado también tantos
poetas y músicos. Hasta Jorge Luis Borges, gran erudito e
investigador de sagas nórdicas quedó fascinado por las historias de
guapos, cuchillos y esquinas rosadas. Por el conocí sin conocerlo al
arroyo Maldonado domado ahora por la Juan B. Justo y llegaron a mis
oídos los sones tangueros de los bailongos de su alrededor. Siempre
quise conocer las famosas Torres ahora en mi próximo viaje lo haré
gracias a su buena voluntad.
Mi memoria guarda imágenes de los tranvías
ciudadanos, de los "troles", de los antiguos coches con interiores
de madera, vidrios de cristales y apliques de yeso de los antiguos
coches de la línea A, y hasta de un muy antiguo tranvía de dos pisos
en el que viajé cuando era muy chico. Los edificios monumentales del
microcentro y el espanto de los huecos en el pavimento y las paredes
hechos por las bombas y los cañones del 16 de Junio del 55. La
extraña Plaza Roberto Artl, el misterio de la Iglesia circular de
Cabildo y Juramento, señalada por Sábato como entrada al mundo de
los ciegos......y tantas cosas más....Como verá Ud. mi admiración no
tiene límites...
La historia de nuestra Patria también es
objeto de mi afición y me alegro que le haya sido útil mi aclaración
sobre el 11 de Septiembre. No hay obra sin errores (o mejor dicho
confusión en este caso), es más si estos no existieran ellas serían
imposibles de mejorar y todo sería muy aburrido. Hasta el genial Van
Goch pintó cuadro sobre cuadro para corregir lo que él consideraba
error ¡...!
Permítame expresarle mi reconocimiento y
agradecimiento por la página que Ud. redacta robando horas al
descanso (o quizás así descansando) donde se reúne el pasado, el
presente y quizás el porvenir.
Atentamente.
David Omar Castelli |
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18/09/2006: Ing. David Omar Castelli:
Las Torres de Balvanera Estimados Señores: Como amante de la hermosa Ciudad de Buenos Aires y el haber sido
vecino muchos años atrás del importante barrio de Balvanera y
actualmente con un hijo viviendo allí, tengo la inquietud de saber a
que se refiere Jorge Luís Borges cuando menciona "Las Torres de
Balvanera" en su magistral "Milonga de Jacinto Chiclana", he tratado
de encontrar esa información preguntando a porteños memoriosos, en
variada literatura y también en Internet pero con resultados
negativos, pienso que Uds. son los más indicados para satisfacer esa
curiosidad. Incluyo el texto de la citada milonga que estoy seguro conocen y
aprecian.
Milonga de Jacinto Chiclana
de Jorge Luis BORGES y Astor PIAZZOLLA
Me acuerdo. Fue en Balvanera,
En una noche lejana
Que alguien dejó caer el nombre
De un tal Jacinto Chiclana.
Algo se dijo también
De una esquina y de un cuchillo;
Los años nos dejan ver
El entrevero y el brillo.
Quién sabe por qué razón
Me anda buscando ese nombre;
Me gustaría saber
Cómo habrá sido aquel hombre.
Alto lo veo y cabal,
Con el alma comedida,
Capaz de no alzar la voz
Y de jugarse la vida.
Nadie con paso más firme
Habrá pisado la tierra;
Nadie habrá habido como él
En el amor y en la guerra.
Sobre la huerta y el patio
Las torres de Balvanera
Y aquella muerte casual
En una esquina cualquiera.
No veo los rasgos. Veo,
Bajo el farol amarillo,
El choque de hombres o sombras
Y esa víbora, el cuchillo.
Acaso en aquel momento
En que le entraba la herida,
Pensó que a un varón le cuadra
No demorar la partida.
Sólo Dios puede saber
La laya fiel de aquel hombre;
Señores, yo estoy cantando
Lo que se cifra en el nombre.
Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente.
Siempre el coraje es mejor,
La esperanza nunca es vana;
Vaya pues esta milonga
Para Jacinto Chiclana.
Quedo muy agradecido y a la espera de vuestra respuesta. Reciban
también mis felicitaciones por la excelente e informativa página que
han creado y mantienen.
Desde Córdoba. Ing. David Omar
Castelli
Respuesta de
www.barriada.com.ar Consultado
Anibal Lomba al respecto nos responde: ""No soy tanguero ni tampoco
experto en Borges, pero me parece que no pueden existir dudas que
Las torres de Balbanera son las dos torres de la Iglesia Nuestra
Señora de Balvanera, en cuyo atrio fueron célebres los entreveros
por las luchas políticas en la época en que las libretas se
compraban. Es más, en el mapa que editó la Dirección de Patrimonio,
Colección Recorridos Barriales, junto a la fotografía de la Iglesia
se encuentra, precisamente, los ocho versos de la milonga Jacinto
Chiclana. La Iglesia esta en Bartolomé Mitre 2431, erigida en 1833.
En 1856 se reformó y obtuvo sus actuales características (extraído
del mapa en cuestión)"
Anibal Lomba es el presidente
de la Junta de Estudios Históricos del barrio de Boedo. Fue
Presidente de la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad
de Buenos Aires durante varios años. Es Director Periodístico de
Nuevo Ciclo,
excelente periódico vecinal y página web. Es autor de libros tales
como "De Tangos y Tangueros 2". |